Ayer, demostrando que los contactos no se han roto del todo, Rusia y Ucrania intercambiaron un total de 370 soldados, además de una veintena de civiles. Este canje de prisioneros parece ser la única noticia positiva y de conciliación en un momento en el que las sonrisas de los y las dirigentes de los países e instituciones europeas recuperan su esplendor al referirse al aumento de su participación en la asistencia militar a Ucrania. Esta semana, Úrsula von der Leyen ha anunciado la entrega de 2.000 millones de euros para desarrollar la producción de drones y la UE ultima la fórmula según la cual Kiev pueda disponer de los activos rusos retenidos en febrero de 2022. Como han publicado varios medios y como proponía la semana pasada el canciller Friedrich Merz, todo indica que la argucia será ofrecer a Kiev un préstamo por valor de esos activos rusos, que se entregará en fases -la UE no se fía tanto de Ucrania como para poner en sus manos tal cantidad de dinero- y que Ucrania no tendrá que devolver hasta que Rusia pague reparaciones de guerra. En otras palabras, la UE, consciente de que Moscú no va a ofrecer a Kiev esa concesión, se garantiza un préstamo que Ucrania no tendrá que devolver y con la legalidad creativa contra la que advertía la semana pasada el columnista de The Times Mark Galeotti, trata de evitar que Rusia pueda litigar y salir victoriosa. El mensaje, con el que Bruselas pone cifra a las reparaciones que merece Ucrania, equivalente a los activos públicos y privados rusos que se encontraban en la Unión Europea, es también de completa ausencia de voluntad de negociación, ya que todas las partes son conscientes de que este tipo de pasos obligan a Rusia a redoblar sus esfuerzos ante la certeza de que para el bando occidental no hay más vía de resolución que la militar. Y aunque la UE trate de restarle importancia, de realizarse, esta expropiación en todo salvo en nombre sería un mensaje a otros países extracomunitarios, que podrían percibir una falta de seguridad jurídica en el sistema financiero europeo, provocando la inestabilidad de la que advertía Olaf Scholz cuando bloqueaba toda discusión en este sentido.
Se produzca o no la entrega progresiva de los activos rusos a Ucrania, es evidente que esta guerra no va a carecer de financiación, especialmente para aquellos sectores en los que la industria europea se ha quedado atrás y Kiev puede actuar como lugar de externalización de la producción. Es el caso de los drones, en los que las capitales europeas han puesto una parte importante de sus esperanzas. Es ahí, en el aspecto más innovador de esta guerra que, salvo esa excepción, era un conflicto terrestre de alta intensidad convencional, donde Kiev está teniendo más éxito. Especialmente relevante es el aumento de los ataques ucranianos contra refinerías de petróleo ruso, una actuación que cuenta con el apoyo de Estados Unidos, deseoso de hacer perder cuota de mercado de exportación a un producto rival. Según Lenta.ru, los ataques han afectado al 38% del potencial de refinado ruso, dato que Ucrania manipula para alegar que ha desactivado casi el 40% de las operaciones rusas, sin tener en cuenta la capacidad de reparación que Rusia ha demostrado en este tiempo.
Los ataques con drones a ese tipo de infraestructuras clave, que como muestra el gráfico publicado por la BBC británica, se agudizó en agosto, mes en el que se criticó solo a Rusia por mantener o aumentar su nivel de ataque en un momento en el que Estados Unidos trataba de dar un impulso a la diplomacia. La guerra aérea siempre ha sido mutua. Ahora, más distanciada de Rusia que nunca, la Casa Blanca da su apoyo explícito a acciones ofensivas ucranianas. Así lo afirma un artículo publicado ayer por The Wall Street Journal simplemente informa del apoyo de inteligencia que Estados Unidos suministra a Ucrania desde hace más de tres años.
“Estados Unidos proporcionará a Ucrania información de inteligencia para lanzar ataques con misiles de largo alcance contra la infraestructura energética de Rusia, según han declarado funcionarios estadounidenses, mientras la administración Trump sopesa enviar a Kiev armas potentes que podrían poner al alcance más objetivos dentro de Rusia. El presidente Trump ha dado recientemente su visto bueno para que las agencias de inteligencia y el Pentágono ayuden a Kiev con los ataques. Los funcionarios estadounidenses están pidiendo a los aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte que proporcionen un apoyo similar, según han declarado estas personas. La ampliación del intercambio de inteligencia con Kiev es la última señal de que Trump está profundizando su apoyo a Ucrania, ya que sus esfuerzos por avanzar en las conversaciones de paz se han estancado”, escribe el medio queriendo dar un toque de novedad a lo que, en realidad, es la constatación del apoyo de la Casa Blanca a esta guerra que ya ha hecho suya y a la continuación de las prácticas heredadas de su predecesor.
Teniendo en cuenta el importante papel del Reino Unido en el suministro de inteligencia a Kiev, también la parte de la exclusiva de The Wall Street Jounral en la el medio afirma que Estados Unidos exige a sus socios actuar de la misma manera hace parecer que la filtración pretende ser un mensaje de amenaza a Rusia, a quien se le transmite que las cosas van a empeorar con más presencia de Washington en el suministro de información precisa para los ataques profundos ucranianos que, quizá, podrán realizarse con los misiles subsónicos Tomahawk que suplica ahora Ucrania y no solo con sus drones.
El triunfalismo de la exageración de los éxitos y de dar por hecha la victoria de las promesas de futuro que, en realidad, anuncian algo que ya está ocurriendo no oculta las dificultades que Kiev está sufriendo para defenderse. Los ataques, mucho más vistosos y susceptibles de ser utilizados fuera de contexto como grandes victorias que quizá no lo sean tanto, conviven a ambos lados del frente con las dificultades de responder a las mejoras del bando enemigo.
Esta semana, Kiev vuelve a jactarse de las elevadas cantidades invertidas por algunos de los países europeos, entre los que destacan Dinamarca y Alemania, por medio del mecanismo creado por la OTAN para adquirir armamento para el frente. Aunque agradecido por la colaboración de sus socios, aliados y proveedores, Zelensky ha advertido de que Ucrania espera conseguir una cantidad que supere los mil millones de euros mensuales en armamento según este esquema, un flujo continuo y creciente que desea que comience con el aumento de entregas de sistemas antiaéreos Patriot. Esa fue la petición que el presidente ucraniano realizó ayer, una vez más, al canciller alemán. Proteger los cielos de Ucrania ha sido la obsesión desde la invasión rusa y, pese a la arrogancia que mostraba la semana pasada Andriy Ermak, que se jactaba de que “esto ya no es como en 2022”, las súplicas no decaen. La gran movilización de recursos realizada por los países europeos y otros aliados de fuera del continente, por ejemplo, Israel, que recientemente se ha unido al envío de sistemas Patriot, Kiev sigue sin poder defender de forma eficiente su espacio aéreo y solo las triunfalistas noticias de su aviación, que en la ficción propagandística diaria anuncia una tasa de interceptación que nunca ha resultado creíble, dicen lo contrario.
Solución, a ojos de Kiev, a prácticamente todos los problemas, los sistemas de defensa aérea occidentales cuentan con limitaciones y se enfrentan a un enemigo cuyo ingenio y capacidad de ampliar su potencial se ha subestimado ampliamente. Así lo constataba ayer Financial Times, que en su primera plana proclamaba que “las mejoras de los misiles rusos superan las defensas de los Patriot”. “Según funcionarios ucranianos y occidentales, los devastadores ataques aéreos rusos llevados a cabo durante meses sugieren que Moscú ha logrado modificar sus misiles para eludir las defensas aéreas de Ucrania. Los bombardeos que tuvieron como objetivo a los fabricantes de drones ucranianos este verano fueron un ejemplo destacado de la mejora de los misiles balísticos rusos para derrotar mejor a las baterías Patriot estadounidenses, según declararon a Financial Times funcionarios ucranianos y occidentales actuales y pasados”, escribe en el artículo el corresponsal Christopher Miller, veterano de esta guerra desde que comenzó en 2014 y conocido por contar con fuentes bien colocadas en el escalafón político ucraniano.
“Es probable que Rusia haya modificado su sistema móvil Iskander-M, que lanza misiles con un alcance estimado de hasta 500 km, así como los misiles balísticos lanzados desde el aire Kinzhal, que pueden volar hasta 480 km, añadieron”, continúa Miller, que añade que “los misiles siguen ahora una trayectoria típica antes de desviarse y lanzarse en picado o ejecutar maniobras que «confunden y evitan» a los interceptores Patriot”. El resultado es, según una de las fuentes del artículo “un cambio revolucionario para Rusia” que, en palabras de ese mismo exfuncionario ucraniano, se une a los retrasos que supuestamente están sufriendo las entregas de interceptores de defensa aérea. Para Ucrania, tanto las alegaciones de grandes victorias como las admisiones de serios problemas son, en realidad, ocasión para exigir a sus socios más armas, más financiación y más rapidez.
“ La tasa de interceptación de misiles balísticos de Ucrania mejoró durante el verano, alcanzando el 37 % en agosto, pero se desplomó hasta el 6 % en septiembre, a pesar de que se produjeron menos lanzamientos, según los datos públicos de la fuerza aérea ucraniana recopilados por el Centre for Information Resilience, con sede en Londres, y analizados por Financial Times”, prosigue Miller, que presenta ahí el punto más importante. Con menos proyectiles, Rusia está consiguiendo más impactos, es decir, mejores resultados a base de las mejoras que ha podido realizar en sus misiles, que se unen a la evidente modernización de los Shahed originalmente procedentes de Irán y que Ucrania ya no logra derribar con tanta facilidad como hace un año.
Tras los datos que muestran que Ucrania precisa de aún más ayuda para defender sus cielos, Miller ofrece la guinda del pastel. “Ucrania comparte datos sobre el uso del sistema Patriot con el Pentágono y los fabricantes estadounidenses del sistema de defensa aérea, según informaron funcionarios occidentales y ucranianos. La empresa Raytheon, con sede en Virginia, fabrica el sistema Patriot, mientras que Lockheed Martin, con sede en Maryland, produce los misiles interceptores del sistema. Los datos se utilizan para realizar las actualizaciones necesarias para mantenerse al día con los ajustes de Rusia, pero un funcionario dijo que esas mejoras a menudo se quedaban atrás con respecto a las tácticas en constante evolución de Moscú”, sentencia Miller. Además de herramienta de la guerra proxy común contra Rusia, Ucrania es el laboratorio ideal en el que testar las capacidades del material occidental contra las armas rusas en situación de combate de alta intensidad.
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