“En el Día de los Defensores, en la Fiesta de la Intercesión, ampliamos otra de nuestras tradiciones de respeto y gratitud. Desde el comienzo de la guerra a gran escala, el título más alto de Héroe de Ucrania se ha otorgado solo a los guerreros: ucranianos que se distinguieron extraordinariamente en el combate, en la defensa de nuestro estado, nuestras posiciones y nuestro pueblo. 722 de estos guerreros ya se han convertido en Héroes de Ucrania, 445 de ellos póstumamente. Hoy firmé los decretos que otorgan el título de Héroe de Ucrania a otros cuatro ucranianos, trágicamente y a título póstumo: Andriy Parubiy, Hennadii Afanasiev, Stepan Chubenko y Volodymyr Vakulenko”, comunicó ayer Zelensky, convirtiendo en Héroe de Ucrania al asesinado Parubiy, expresidente de la Rada y miembro a lo largo de toda su vida de movimientos de extrema derecha, algunos de ellos paramilitares. Según Zelensky, los condecorados son también defensores de la patria por haber defendido la “idea de Ucrania”. En el caso de Paruiby, miembro de la organización paramilitar de extrema derecha Patriota de Ucrania, esa idea incluía una ideología de odio, no solo al extranjero, sino también a compatriotas cuya identidad o ideología no se ajustara a las líneas marcadas por el nacionalismo.
Ese no fue el único anuncio del presidente, sino que otra de las noticias del día se refería a otro ilustre veterano de Patriota de Ucrania. “Zelensky le otorgó a Andriy Biletsky, comandante del Tercer Cuerpo de Ejército, el grado de general de brigada. Una trayectoria profesional meteórica y vertiginosa para un ultranacionalista: desde el autoproclamado Führer Blanco, que una vez vociferó sobre la raza blanca y una conspiración judía, hasta un miembro condecorado de la élite militar ucraniana, bajo un presidente de ascendencia judía”, escribía Marta Havrishko, historiadora ucraniana, habitualmente insultada, amenazada y hostigada por la extrema derecha pese a encontrarse en Estados Unidos.
“El blanqueo está en pleno apogeo. También hay un artículo en Foreign Policy hoy que glorifica al líder blanco. El verdadero problema ni siquiera es la ideología extremista, que puede ser ajustada, embellecida y blanqueada por expertos en manipulación mediática. Es el crimen organizado al mando del Estado”, denunciaba ayer el periodista opositor ruso Leonid Ragozin, cuya tolerancia por la extrema derecha es notablemente inferior a la de los medios generalistas europeos y estadounidenses. “Hoy en día, la extrema derecha no tiene presencia alguna en Ucrania. En las últimas elecciones, celebradas en 2019, un bloque de partidos de extrema derecha obtuvo algo más del 2% de los votos.”, afirma el artículo publicado ayer al que se refería Ragozin. El argumento, repetido hasta la saciedad por quienes se limitan a repasar los resultados electorales para analizar los equilibrios de poder del país, sigue siendo llamativo, no solo por coincidir con un nuevo ascenso del líder espiritual, político y, si hay que creer a medios como The Times, también militar de la extrema derecha ucraniana, Andriy Biletsky, fundador de Azov, a quien Foreign Policy dedica un amplio reportaje.
“La unidad Azov fue fundada como milicia voluntaria en 2014 por un grupo heterogéneo de radicales de extrema derecha. Poco después, pasó a formar parte de la Guardia Nacional, una fuerza dependiente del Ministerio del Interior. Azov fue identificado en sus inicios por su asociación con partidos y figuras de extrema derecha, exacerbada por la propaganda rusa que utilizaba esa historia como prueba de que Ucrania es un país de neonazis que amenazan con el «genocidio» a los rusoparlantes de Ucrania.”, admite en su parte inicial el artículo, que posteriormente utiliza los habituales argumentos para alegar que cualquier pecado de juventud de los dirigentes de Azov en el pasado, quedó atrás. El hecho de que los líderes sigan siendo los mismos, que tanto Biletsky como Prokopenko procedan de sectores duros y que no hayan mostrado en ningún momento cambios ideológicos no es relevante para quienes, por motivos de oportunismo político y geopolítico, están dispuestos a aceptar lo que en 2014 llamaba la atención incluso a medios abiertamente antirrusos como The Daily Beast, que se sorprendía de las tendencias fascistas que se observaban en el grupo. Uno de los veteranos de aquel Azov es hoy el guardián de la memoria de Ucrania desde su puesto al frente del Instituto de la Memoria Nacional. Las caras visibles no han cambiado, tampoco lo ha hecho su ideología ni el objeto de su odio, todo aquello que pueda ser identificado como ruso, su cultura, sociedad o la población de Ucrania que se siente más cercana a Moscú que a la actual Ucrania. Sin embargo, para Foreign Policy, es más relevante el resultado electoral de 2019 que el hecho de que tanto Prokopenko como Biletsky cuenten ahora con sus propios ejércitos y se hayan convertido en algunas de las unidades más relevantes en el ejército ucraniano generosamente financiado por Occidente.
Es especialmente relevante la forma en la que la prensa occidental ha hecho de Biletsky, que siempre fue un líder político para sus seguidores de extrema derecha, una referencia militar. “Odiado y temido por el presidente Putin como el rostro del nacionalismo ucraniano, el coronel Andriy Biletsky, de 46 años, ha sobrevivido a intentos de acabar con su vida y a acusaciones de neonazismo que habrían acabado con la carrera de la mayoría. Sin embargo, ahora es responsable de la vida de 20.000 soldados, tras haber ascendido al mando a pesar de no tener formación militar oficial”, escribía el pasado mes de julio, en un artículo prácticamente hagriográfico, The Times. No pasa por la cabeza del periodista pensar que el motivo por el que alguien como Biletsky, formado en las luchas callejeras y líder de las fuerzas de choque que hicieron posibles tanto Maidan como la represión contra sus detractores en ciudades como Járkov, haya alcanzado su actual relevancia precisamente por la fuerza de la extrema derecha, que ha conseguido empujar al Estado tan a la derecha que su discurso ya no se distingue de la narrativa oficial.
“Biletsky no es ajeno a la controversia y sigue siendo una figura muy polémica dentro de Ucrania, aunque es considerado por muchos como uno de los comandantes militares más eficaces del país. Aprendió a pelear con manifestantes prorrusos en las calles de su ciudad natal, Járkov, a 32 kilómetros de la frontera con Rusia, y perfeccionó sus habilidades de combate durante una estancia en prisión como líder del grupo nacionalista «Patriota de Ucrania»”, escribe el medio sin explicar cuál fue el papel de Biletsky contra Antimaidan, de la mano del entonces alcalde Kernes y el ministro del Interior Avakov, considerado su patrón, y calificando a un grupo paramilitar y tremendamente violento como Patriota de Ucrania, principal cantera del sector más movilizado del país, simplemente de nacionalista. Biletsky, conocido por no acercarse en exceso al frente y ampliamente criticado por sus compañeros de Azov por no haber hecho nada por rescatar al contingente del movimiento sitiado por las fuerzas de Rusia y la RPD en Mariupol, es convertido por la prensa occidental en un comandante de éxito con un fuerte seguimiento por parte de sus soldados.
“Cuando The Times visitó su sector del frente, los soldados hablaban de Biletsky con tono reverencial, refiriéndose a él en ausencia con el patronímico, una forma de su nombre que suele reservarse para dirigirse a alguien de manera educada en persona. «Tenemos clubes de debate en los que la gente habla de cosas que van mucho más allá de la guerra, como la tecnología del futuro, ideas de negocio o el camino a seguir por el país», explica Biletsky. «Se sienten guerreros, pero también ciudadanos, con todo el derecho a hablar y pensar en el futuro»”, continúa el artículo, que prefiere creer que esa postura de los soldados, muchos de ellos veteranos del movimiento o del partido se basa en la bondad del líder o en sus cualidades personales y militares y no en el culto cuasifascista que ha imperado en Azov desde su formación.
Pero incluso aquellos aspectos que pueden corroborarse de la forma más sencilla son puestos en cuestión solo con la respuesta del líder. “Se han dado casos de violencia como medida disciplinaria por fallos en combate o, en el pasado, por desacuerdos políticos, algo que él niega. «Hay condiciones extremas y, a veces, se toman medidas extremas. No es cierto, yo no golpeo a mis subordinados»”, afirma The Times pese a los claros ejemplos que prueban lo contrario. Uno de ellos es el de Serhiy Filimonov, ahora líder de un grupo de extrema derecha rival, los Lobos de Da Vinci, llamado a consultas en la sede de Azov y apaleado, a instancias de Biletsky, por quienes habían sido sus compañeros.
Otro de los aspectos importantes del movimiento Azov ha sido siempre la política exterior y un internacionalismo reaccionario que ha cultivado desde hace más de una década. “«Siempre le digo a mi gente: en un futuro previsible, no vamos a estar en guerra con Gran Bretaña, Estados Unidos o Francia. Por lo tanto, estamos completamente abiertos a trabajar con empresas tecnológicas de esos países», afirma. «Damos acceso total. Nuestra gran ventaja es que proporcionamos análisis posteriores a la acción, resultados de pruebas, datos reales del uso en el campo de batalla, por lo que la gente quiere trabajar con nosotros. Obviamente, eso nos da acceso a tecnologías avanzadas»”, prosigue la entrevista. El periodista no alcanza a advertir la sutil referencia del general de brigada a quienes ahora les suministran armas, pero pueden ser sus enemigos del futuro. “Primero Ucrania, después Europa”, fue uno de los lemas de política exterior de una de las ideólogas del movimiento, Olena Semenyaka.
Pero a pesar de la radicalidad que mantiene, la posición de Biletsky es más moderada que la de los halcones europeos, contrarios a un alto el fuego y más aún a un acuerdo que detenga la guerra durante un periodo prolongado. Aunque el artículo no incida en ello, Biletsky ha dejado claro en el pasado que un parón en la guerra permitiría a Ucrania realizar el trabajo de cohesión social que Azov entiende exclusivamente en forma de imposición de la visión nacionalista que defiende. “Incluso si se acordara una paz frágil, Ucrania debería militarizar su sociedad siguiendo el modelo de Israel, afirma, con vistas a recuperar el territorio. «Nuestro complejo militar-industrial puede convertirse en un importante motor de la economía ucraniana después de la guerra. No podemos vivir de donaciones y subvenciones. Nuestra experiencia y un gran ejército ucraniano podrían convertirse en un componente clave de la seguridad europea»” escribe The Times para explicar que, a pesar de todo, Biletsky es relativamente partidario de que se produzcan negociaciones con Rusia, ya que admite que, en las condiciones actuales Ucrania no es capaz de recuperar los territorios perdidos. Biletsky, parte integral del establishment del Estado ucraniano actualmente, no parece haber recibido los datos que han convencido a los más escépticos, incluso a Donald Trump, de que es posible hacerlo y recuperar la “composición original del país”.
“Creo que recuperaremos nuestro territorio”, continúa el recién nombrado general de brigada, que apunta a una solución que, curiosamente ayer fue comentada también por Dmitro Kuleba, exministro de Asuntos Exteriores de Ucrania. “Ucrania está sobreviviendo a esta guerra como Estado, saliendo de ella más fuerte, ensangrentada, pero más fuerte como Estado, como nación, sin algunos territorios, pero también sin reconocimiento legal de la pérdida de esos territorios”, comentó el exdiplomático, que mencionó dos ejemplos, Finlandia y Karabaj, como opciones de las que dispone Ucrania. Al margen de la táctica con la que afrontar los hechos a corto plazo, Kuleba apuesta por esperar “el momento en el que podamos recuperar los territorios”.
Para Biletsky, la opción está clara y es la misma. “Estoy convencido de que Rusia se enfrentará a una época de agitación interna. Para entonces, debemos tener una sociedad unida y una fuerza militar fuerte para que, al igual que Azerbaiyán en Nagorno-Karabaj, podamos recuperar rápidamente lo que es nuestro cuando se presente la oportunidad”, afirmó a The Times. Esta argumentación es la misma que realizan altos cargos del Estado como Mijailo Podolyak, que apuestan todo por crear inestabilidad en Rusia, siempre con el objetivo de aprovecharse militarmente de la oportunidad. El pasado fin de semana, Zelensky, habitualmente más comedido, llegó a referirse a provocar disturbios por el hambre. El hecho de que el ideario de Biletsky coincida cada vez más con el oficial no responde a la moderación del líder blanco sino a la radicalización del Estado. Aunque así lo intenten hacer parecer los medios occidentales, empeñados en blanquear el pasado, presente y futuro de un movimiento que, si existiera en cualquier otro país de Europa, sería considerado un peligroso grupo de extrema derecha.
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