“Un jurado federal estadounidense ha condenado a un exsoldado del ejército estadounidense que luchó contra Rusia en Ucrania por cargos que incluyen el asesinato de una pareja de Florida y la violación de la Ley de Neutralidad, vigente desde hace décadas”, escribía el martes Christopher Miller en Financial Times. La experiencia del soldado en cuestión, Craig Lang, se remonta a los años de la guerra de Donbass. Un conflicto mucho más localizado que el actual, limitado al aspecto terrestre y desde febrero de 2015 con enfrentamientos únicamente en la línea del frente, la guerra de Donbass no requería de las enormes cantidades de efectivos que demanda la situación bélica actual. Con un menor nivel de bajas en los bandos enfrentados, no era preciso tampoco un proceso de renovación constante para reponer las maltrechas filas, uno de los grandes quebraderos de cabeza para Ucrania actualmente. Kiev disponía de un ejército en proceso de refuerzo y, aunque siempre sufrió problemas de evasión del reclutamiento -las malas lenguas dicen que entre ellos estuvo el propio Zelensky-, el ejército regular, sumado a los batallones voluntarios como Azov eran más que suficiente para mantener las cifras necesarias con las que contener un frente en el que, desde la firma de los acuerdos de Minsk, las Repúblicas Populares nunca trataron de avanzar seriamente. En otras palabras, Ucrania no tenía necesidad de reclutar a figuras cuestionables que llegaran del extranjero. Sin embargo, la guerra es un reclamo para personas que, atraídas por la posibilidad de luchar, quizá incluso por las ansias de matar, son capaces de viajar a un conflicto ajeno en el que obtener una experiencia militar imposible en zonas de paz.
En el caso ucraniano, formaciones como Azov, el Praviy Sektor o la Legión Georgiana son algunos de los ejemplos de unidades con capacidad de reclutar personal extranjero, generalmente de extrema derecha. La historia de Craig Lang se cruza, de forma directa o colateral, con todos esos batallones. Como escribe ahora Miller, “la sangrienta saga” de Craig Lang ha acabado ahora en Florida con una condena por asesinato, pero mucho antes “incluyó una batalla de extradición de cuatro años en la que intervino el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y que puso de relieve los riesgos que plantean los combatientes extranjeros radicalizados que regresan de los conflictos”. Esa última frase del periodista estadounidense debería preocupar tanto a Rusia como a Ucrania, que tras la guerra pueden padecer grandes problemas a la hora de desmovilizar a una gran masa de población que ha vivido durante años de su trabajo con las armas, pero también a los países a los que va a regresar un también elevado número de mercenarios, soldados de fortuna y buscadores de experiencias extremas (y bien pagadas) que actualmente luchan en la guerra.
El periplo de Craig Lang en Ucrania es largo y conocido por quienes siguieron al detalle aquella guerra entonces abandonada. “Un exsoldado del Ejército de los Estados Unidos que luchó para un grupo paramilitar ucraniano de extrema derecha y que ha sido vinculado a un complot para cometer un atentado con bomba en los Estados Unidos ha sido detenido en Ucrania por cargos relacionados con un doble asesinato cometido el año pasado. Craig Lang, de 29 años, es uno de los dos veteranos del Ejército implicados en el asesinato de una pareja en 2018, según una denuncia penal presentada en el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos en Florida, donde ocurrió el homicidio”, informaba en septiembre de 2019 Radio Free Europe/Radio Liberty. El grupo paramilitar de extrema derecha al que se refería el medio estadounidense era el Praviy Sektor, primero de los dos por los que pasó Craig Lang antes de ser detenido al regresar a Ucrania desde Moldavia. “Este caso es uno de los muchos que involucran a ex veteranos estadounidenses y extremistas y grupos supremacistas blancos con sede en Estados Unidos que han cultivado vínculos con grupos de extrema derecha ucranianos en los últimos años”, añadía entonces el medio de propiedad gubernamental estadounidense. En aquel momento, no era problemático utilizar el término extrema derecha para formaciones como el Praviy Sektor, siempre que no se mencionara su nombre.
Tras su paso por el Praviy Sektor, Lang formó parte de otra unidad polémica, la Legión Georgiana. En el momento de la detención, fue defendido, al menos por su valor como “buen especialista”, por Mamuka Mamulashvili, líder de la Legión Georgiana hasta que, en 2024, saltara el escándalo. Como admitió, horrorizada, la prensa ucraniana, Mamulashvili había simulado un envenenamiento para justificar una recogida de fondos con la que obtuvo 20.000 dólares. “Las pruebas muestran que su líder mintió diciendo haber sido envenenado para conseguir donaciones”, afirmaba entonces el titular de Ukraine Today, que añadía que Mamulashvili “ha creado una cuestionable ONG con un estafador convicto estadounidense”.
Lang, que inicialmente planeó permanecer como soldado en las tropas del Ministerio de Defensa, abandonó Ucrania en 2016 en busca de aventuras similares en otros lugares. Junto a Alex Zwiefelhofer, el coconspirador en la causa por la que ambos han sido condenados y veterano también del Praviy Sektor en la guerra de Donbass, Lang viajó a África supuestamente para unirse a la lucha contra al Shabab. Los dos estadounidenses fueron deportados al ser detenidos tratando de cruzar la frontera con Sudán del Sur.
Esta semana en Florida, “el tribunal ha escuchado que Lang y Zwiefelhofer dispararon más de 50 balas con numerosas armas durante su mortal ataque a la pareja de Florida, que creía estar comprando un alijo de armas de fuego que los hombres habían anunciado en Armslist.com. En cambio, los agresores tendieron una emboscada a la pareja y los mataron, robándoles 3000 dólares en efectivo. El jurado dictó su veredicto de culpabilidad por seis cargos tras solo unas horas de deliberación el lunes”.
Según la información publicada en el momento de la detención y ratificada ahora por el juicio que acaba de resolverse, los dos veteranos del ejército estadounidense y de la guerra de Donbass buscaban una nueva misión, en este caso en América Latina, aunque finalmente Lang tuvo que huir a Ucrania para evitar la detención. Lang peleó contra la extradición negando los hechos pero, sobre todo, alegando arraigo, siempre consciente de que la única opción que le quedaba para eludir la cárcel era ser protegido por Ucrania por su condición de veterano de la guerra de Donbass. Según el informe del FBI publicado en el momento de la detención, Lang estaba en contacto con otro aspirante a soldado ucraniano, William Jarrett Smith. Como se publicó en los documentos presentados, Smith escribió que “tengo experiencia de combate, pero hasta octubre no podré encontrar un sitio en Ucrania, iré al ejército. Lo único que quiero es luchar. Estoy dispuesto a escuchar, aprender y entrenar. Pero necesito otro trabajo con pistola”, a lo que Lang respondió: “te pondré en contacto con el chico responsable de selección de personal. Seguro que cuidará de ti. Pero antes te tengo que advertir de que, si consigues trabajo en esta división, el Gobierno está decidido a disolverla, tendrás que luchar. Puede que te pidan matar a ciertas personas que se metan en líos serios con ciertos grupos”.
En referencia a Smith, en su artículo sobre la detención de Lang, RFE/RL añadía que el detenido “también ha sido relacionado con otro soldado estadounidense que fue detenido el 21 de septiembre en Kansas y que había pedido ayuda a Lang para viajar a Ucrania y luchar con otro grupo paramilitar de extrema derecha”.
El informe del FBI puede ayudar a determinar cuál era ese grupo de extrema derecha que RFE/RL prefiere no identificar. Como se publicó en 2019, el documento estadounidense afirmaba que “el 27 de marzo de 2019, el FBI recibió información de que el usuario de la cuenta de Facebook ID10000714556127 pertenecía a Jarrett William Smith. El FBI sabía que Smith propagaba información con instrucciones para la fabricación casera de artefactos explosivos (IEDs) y expresaba su deseo de ir a Ucrania para participar en las hostilidades en las filas del grupo paramilitar de extrema derecha con base en Ucrania, Azov”.
“Craig Lang llamó la atención de la justicia solo porque empezó a asesinar a estadounidenses. Tras acostumbrarse a la impunidad absoluta en Donbass, regresó a Estados Unidos y disparó a una pareja mayor con el objetivo de robarles. Le ayudó otro estadounidense veterano del Praviy Sektor. Según el asesino, necesitaba el dinero para viajar a Venezuela para participar en el derrocamiento del dictador comunista Nicolás Maduro. Pero, al final Lang tuvo que escapar de la justicia de su país al territorio de Ucrania, que todavía no ha extraditado a este terrorista al Departamento de Justicia y al FBI”, escribía en 2019 Andriy Manchuk, que destacaba entonces la coincidencia en el tiempo de la detención del exmiembro del Praviy Sektor con la elevación de otro de sus integrantes a héroe de Ucrania. Un joven Volodymyr Zelensky entregaba en la abarrotada Rada Suprema ese título a Dmitro Kotsiubaylo, Da Vinci, que posteriormente, al igual que Craig Lang, pasó también a ser miembro de las Fuerzas Armadas de Ucrania. Muerto el primero, convertido en mártir de la causa de la liberación nacional de Ucrania, y condenado por asesinato el segundo, Kotsiubaylo y Lang representan dos ejemplos del tipo de figura peligrosa que produce la guerra y de las consecuencias de la movilización de la extrema derecha en busca de experiencia militar.
Los dos veteranos de la guerra de Donbass, Lang y Zwiefelhofer, han sido condenados por el brutal asesinato de una pareja que creyó seguro adquirir material militar de dos extraños en una página web. Zwiefelhofer ha recibido ya la sentencia, cadena perpetua, y Lang se enfrenta a la misma posibilidad cuando su castigo sea oficial el próximo mes de marzo. Los dos exsoldados han sido también condenados por “violación de la neutralidad” de su país. Por su historial, podrían ser condenados varias veces por de ese delito, ya que lucharon en Ucrania, en Kenia y trataron de hacerlo en Sudán del Sur y Venezuela, todas ellas causas de la política exterior de su Gobierno. El destino del mercenario transita por la fina línea que le convierte de héroe invisible en villano condenado en el momento en el que se sale del camino. Pero, con experiencia de matar y capacidad de hacerlo de forma profesional, puede que para entonces se haya cruzado con una pareja de incautos de la que extraer la financiación para buscar una nueva aventura.
La condena a Lang, que en el momento de su detención fue defendido por sectores de los batallones ultras de Ucrania, es también una muestra del tipo de persona que se moviliza para las causas bélicas, especialmente en el entorno de batallones de extrema derecha como el Praviy Sektor, la difunta Legión Georgiana o el ahora muy enaltecido Azov. Las consecuencias de la guerra no se limitan al periodo bélico y pueden producirse a miles de kilómetros de la guerra con el retorno a la vida civil de los soldados de fortuna acostumbrados a resolver los problemas por la fuerza.
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