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Armas, Ejército Ucraniano, Estados Unidos, Rusia, Ucrania, UE, Unión Europea

El escenario coreano

Si prevalece el sentido común, alegó Vladimir Putin en una comparecencia ante los medios durante su visita a Beijing, pronto puede verse “la luz al final del túnel”. De lo contrario, continuó el dirigente ruso, las tropas proseguirán con su misión hasta conseguir los objetivos, una visión excesivamente optimista teniendo en cuenta la magnitud de la tarea y la lentitud con la que Rusia avanza en el frente más importante, el de Donbass. Sin embargo, la principal fortaleza de Moscú en esta guerra es precisamente su ejército y su capacidad de suministrarlo con sus propios recursos, por lo que la continuación de la guerra de desgaste es posible.

El planteamiento ruso no ha cambiado, ni el Kremlin se ha puesto nervioso por el ultimátum de Donald Trump de hace unas semanas, las amenazas de sanciones secundarias a sus principales clientes en la adquisición de petróleo o por la presión que supone la idea de una misión armada de países europeos con apoyo externo de Washington, principal apuesta de París, Londres y Berlín. “La guerra durará mucho tiempo”, ha llegado a decir esta semana el canciller Merz, aparentemente satisfecho con el statu quo y sin miedo a confirmar lo que la Casa Blanca filtró la semana pasada, que los países europeos se afanan en sabotear el trabajo realizado en busca de una solución negociada. De ahí que continúe el esfuerzo para imponer unos hechos consumados que Rusia no tenga la opción de rechazar. La posición europea de ver la guerra como el escenario menos malo tampoco ha cambiado, por lo que se ha acelerado el impulso de crear los mecanismos necesarios para esas garantías de seguridad que Ucrania exige para, solo entonces, abrir la posibilidad de negociar con Rusia.  

“La Coalición de los Dispuestos. La reunión ya está en marcha. Estamos dando contenido real a las garantías de seguridad a largo plazo para Ucrania y asegurando el apoyo a nuestras Fuerzas de Defensa de Ucrania desde ahora. Agradezco a todos por su compromiso y apoyo”, escribió Zelensky en un texto acompañado por un vídeo de su llegada, recibido por un eufórico Emmanuel Macron. Sigue sorprendiendo la felicidad con la que los y las dirigentes de los países e instituciones europeas tratan la cuestión de la guerra y, sobre todo, el desarrollo de unas medidas que hacen absolutamente imposible un acuerdo con Rusia, por lo que se garantiza la continuación de la lucha, que amenaza con desangrar el país que dicen defender.

Zelensky prosigue con su gira para conseguir lo que lleva tres años y medio exigiendo: más armas y financiación para Ucrania y sanciones para Rusia. “Dinamarca es uno de los países líderes en el apoyo a Ucrania. Gracias a nuestros acuerdos, la producción de armas ya está en marcha, y el modelo danés ha demostrado su eficacia. Esta es una asistencia real que fortalece nuestra defensa, y debatimos sobre la profundización de esta colaboración. También hablamos sobre la vía de la integración europea y la necesidad de ejercer una presión aún mayor sobre Rusia. El 19º paquete de sanciones de la UE debe resultar realmente doloroso para Moscú”, afirmó Zelensky en el país cuya primera ministra afirmó que la paz puede ser más peligrosa que la guerra.

El hecho de que 18 paquetes de duras medidas coercitivas no hayan logrado el objetivo no es motivo para esperar que la próxima sea la vencida “En la Cumbre Ucrania-Países Nórdicos-Bálticos, señalé que la economía rusa está en mal estado: escasez de combustible y mano de obra, y muchas industrias en declive. Putin se humilla constantemente ante China mientras intenta venderle la mayor cantidad posible de materias primas. Esto es revelador: las sanciones están funcionando”, insistio Zelensky, decidido a exagerar la situación en Rusia sin analizar la propia y esperar un resultado diferente haciendo lo mismo una y otra vez.

Completamente dependiente de la Unión Europea para mantener al menos la apariencia de tener una economía propia, Ucrania siempre ha sido un proxy exigente que no se ha conformado con nada y que no ha dudado en proyectar sus problemas en Rusia, siempre con el objetivo de obtener más de sus socios y aliados.

“En París, junto con el Secretario del Consejo de Seguridad Nacional y Defensa, Rustem Umerov, nos reunimos con el enviado especial del presidente de EE. UU., Donald Trump, Steven Wittkoff, así como con el asesor del primer ministro del Reino Unido para asuntos de seguridad nacional, Jonathan Powell, el asesor diplomático del presidente de Francia, Emmanuel Bonne, el asesor del canciller de Alemania para seguridad nacional, Günther Sautter, y el asesor diplomático del presidente del Consejo de Ministros de Italia, Fabrizio Saggio. La tarea principal es la implementación práctica de los acuerdos de los líderes de los estados sobre garantías de seguridad para Ucrania. Deben ser fuertes y efectivas en el aire, en el mar y en tierra, así como en el ciberespacio. También discutimos el aumento de la presión sancionadora, la devolución de los prisioneros ucranianos y de los niños secuestrados por Rusia”, escribió ayer Andriy Ermak planteando las exigencias mínimas y apuntando a quiénes han de cumplirlas. Es representativo que haya sido WItkoff, un hombre de total confianza de Trump, el encargado de acudir a esta importante reunión. Al contrario que Kellogg, Witkoff mantiene una posición mucho menos proucraniana, aunque es más fácilmente manipulable que el general, con un mayor conocimiento de las realidades del frente y de los objetivos de Ucrania.

Horas antes, Ermak había publicado un texto en el que anunciaba que era el momento de que cada país diera a conocer qué está dispuesto a hacer por Ucrania y comenzar a hacerlo. El deseo ucraniano es claro: que existan unos hechos consumados puestos en marcha por las potencias europeas de la OTAN y apoyados por Estados Unidos que Rusia no pueda modificar.

Según The Telegraph, la reunión de ayer de la Coalición de Voluntarios tenía tres metas. “La primera es garantizar compromisos para aumentar el apoyo al ejército ucraniano. La segunda podría ser una declaración similar al artículo 5 de la OTAN, por la que los aliados se comprometen a intervenir si Rusia vuelve a atacar Ucrania. Kiev quiere que esto sea lo más vinculante posible desde el punto de vista jurídico. La tercera es una fuerza de seguridad compuesta por tropas en Ucrania detrás de las líneas del frente, quizás en Kiev u Odessa, que estaría formada principalmente por franceses y británicos”, escribía el medio, que tras la cumbre admitió que, en la llamada posterior a Donald Trump, no se había conseguido ningún compromiso concreto de la Casa Blanca, cada vez más segura de que “Rusia y Ucrania no están preparadas para la paz”. Tampoco lo están los países europeos, que insisten en negociar entre ellos y no tener en cuenta que, en una guerra en la que no va a haber un vencedor claro que pueda imponer los términos, es preciso dialogar con el oponente. “¿Por qué nos va a interesar lo que Rusia piense de Ucrania?”, afirmó Mark Rutte, que añadió, que “Ucrania es un país soberano. No depende de Rusia  lo que Ucrania vaya a decidir”. Por si quedaba alguna duda sobre si el secretario general de la OTAN se refería a la futura adhesión a la Alianza, una de las causas más claras de esta guerra, insistió en que “Finlandia no pidió permiso de Rusia para entrar en la OTAN. Somos naciones soberanas y si Ucrania quiere fuerzas de seguridad para apoyar la paz, es su decisión”.

Evidentemente, Rutte es consciente de que, en un contexto de guerra, Rusia tiene las herramientas para rechazar los planes que ahora trazan los países europeos. El más evidente es continuar la guerra como hasta ahora rechazando, como Vladimir Putin repitió en Beijing, la presencia de tropas de la OTAN en su frontera en un escenario de paz armada sin un tratado final de resolución. Esa posibilidad no sería del desagrado de los países europeos, para los que un acuerdo según el cual una frontera a lo largo del actual frente –aunque no hubiera reconocimiento de iure-, compromiso de neutralidad sin posibilidad de presencia de tropas de la Alianza en Ucrania y la readmisión de Rusia en las relaciones internacionales de Occidente sería una derrota estratégica ante el país que decidieron destruir a raíz de la invasión de 2022.

El objetivo de los países europeos, 26 de los cuales están dispuestos a participar de alguna manera según afirmó tras la reunión Emmanuel Macron, parece ser algo similar a lo planteado por Mark Brolin en The Telegraph. “La opción menos mala ahora parece ser una congelación controlada que preserve las reivindicaciones legales de Ucrania y, al mismo tiempo, le dé a Kiev el tiempo que necesita para sobrevivir y superar a Moscú. Podríamos llamarlo un congelamiento «coreano» con un final «alemán»: una pausa que rechaza el reconocimiento de jure del territorio robado, asegura garantías de seguridad sólidas en el presente e invierte en la capacidad de Ucrania para revertir finalmente la ocupación. No se trataría de una rendición, sino de una estrategia para ganar tiempo”, escribe el articulista resumiendo unas intenciones que están claras desde hace meses. Detener el avance ruso puede conseguirse con un alto el fuego, pasando de la guerra sin fin al conflicto eterno hasta que Zelensky pueda cumplir con el objetivo que planteó el martes, recuperar todos los territorios, una quimera que implica equipararse ingenuamente a Corea del Sur y esperar que, gracias a la perpetuación de las sanciones, Rusia se convierta, de repente, en Corea del Norte. Las intenciones están claras, otra cosa es que vaya a funcionar.

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