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Ejército Ucraniano, Estados Unidos, Rusia, Ucrania, UE, Unión Europea

Soluciones belicistas

“Hoy, el Secretario General de la OTAN, Mark Rutte, se encuentra en Ucrania. Durante nuestra reunión, debatimos, ante todo, qué próximos pasos conjuntos podemos dar para brindar mayor seguridad a Ucrania y a toda Europa y acercar el fin real de la guerra”, escribió ayer Volodymyr Zelensky. Todas las partes dicen querer el final de la guerra, pero siempre con un matiz claro, que se cumplan sus principales exigencias. Quizá Donald Trump, que sigue insistiendo en que tanto Vladimir Putin como Volodymyr Zelensky están cansados de la guerra y quieren ponerle fin, sea la única persona que siga viendo relativamente sencillo lograr un acuerdo entre Rusia y Ucrania, para el que solo haría falta esa reunión entre presidentes que la Casa Blanca afirma que se está preparando aunque la prensa no muestre más que exigencias y reproches entre ellas. El plan de Trump es simple y se basa en su peculiar comprensión de la guerra. Entendiendo erróneamente que Rusia busca territorio, ofrece a Moscú un intercambio de territorios con el que Rusia podría conseguir algo más de lo que ha logrado capturar por la vía militar en Donbass (a cambio de territorios en otros oblasts). Con este planteamiento, Trump olvida que la cuestión de la seguridad y no el territorio es la principal prioridad para Moscú. A cambio de un compromiso territorial, la Casa Blanca está dispuesta a dar a Kiev lo que lleva años buscando -aunque a costa de pérdida de territorios-, garantías de seguridad. Ese aspecto se ha convertido en el más comentado en términos mediáticos y es ya el centro del debate político entre Kiev y Moscú, que platean sus exigencias y se reafirman en las líneas rojas en las que han insistido desde 2022.

“En medio de los reveses que sufrió Ucrania tras la reunión del presidente Trump con el presidente ruso Vladimir V. Putin en Alaska, los funcionarios de Kiev encontraron un rayo de esperanza. Aprovecharon una propuesta estadounidense para incluir garantías de seguridad para Ucrania, diseñadas para disuadir futuras agresiones rusas, en un posible acuerdo de paz”, escribía The New York Times después de la reunión entre Putin y Trump, es decir, antes de la reunión con los países europeos y Ucrania que las capitales continentales intentan presentar -fundamentalmente para resaltar su papel en la negociación, que en realidad se limitó a escuchar y reír las gracias a Donald Trump- como un gran avance para resolver la cuestión de la seguridad.

La arquitectura militar que va a resultar de esta guerra no solo es importante para Ucrania y Rusia, que ven en ella la forma de imponer unas condiciones favorables para el día después de la paz, sino también para los países europeos, que preparan una paz armada no excesivamente disimilar al escenario coreano con el que pasar de la guerra sin fin al conflicto eterno. De esa forma, el Reino Unido justificará una mayor presencia en el mar Negro, una posición que considera estratégica desde el siglo XIX, cuando junto a Francia fue a la Guerra de Crimea contra la Rusia zarista, y Bruselas podrá continuar con su política de ruptura continental, cierre de filas atlantista, rearme y sumisión política, económica y militar a Estados Unidos, ese aliado estratégico que la UE aún no ha comprendido que es un rival.

Desde la postura mostrada ayer por Kaja Kallas en la BBC, donde afirmó que la cuestión territorial es “la trampa a la que nos quiere atraer Putin”, los países europeos presionan en busca de unas garantías de seguridad para Ucrania que hagan absolutamente inviable un acuerdo con Rusia. El objetivo, cada vez menos sutil, es que sea Rusia quien rechace un posible acuerdo, apuesta para la que es clave imponer unos términos que crucen las líneas rojas de Moscú en la cuestión más importante, la presencia de la OTAN en Ucrania, que incluso Donald Trump ha mencionado como unas de las causas fundamentales de la guerra.

El énfasis en las garantías de seguridad, concretamente en unos términos que hagan inviable un acuerdo, es compartido por la clase política y mediática, que desconfía de las palabras de Trump, pero no puede evitar el triunfalismo en cada ocasión en la que el presidente de Estados Unidos muestra posiciones proucranianas. Ayer mismo, una parte importante de la prensa se jactaba de lo publicado por Donald Trump en su red social personal. “Es muy difícil, si no imposible, ganar una guerra sin atacar el país invasor. Es como un gran equipo deportivo que tiene una defensa fantástica, pero al que no se le permite jugar al ataque. ¡No hay posibilidad de ganar! Eso es lo que ocurre con Ucrania y Rusia”, escribió para posteriormente acordarse de su predecesor e insistir en que “el corrupto y tremendamente incompetente Joe Biden no permitió que Ucrania CONTRAATACARA, solo DEFENDERSE. ¿Cómo salió eso? En cualquier caso, esta es una guerra que NUNCA habría ocurrido si yo fuera presidente: CERO POSIBILIDADES. ¡¡¡Se avecinan tiempos interesantes!!!”. Ayer, el presidente de Estados Unidos volvió a insistir en mencionar el plazo de dos semanas para saber qué ocurrirá o “hacer otra cosa”.

Los medios, que han entendido las palabras de Trump como signo de la vuelta del lenguaje del ultimátum. Aunque esa versión es, sin duda, posible, lo es también que Trump busque un chivo expiatorio para justificar que no está siendo capaz de obligar a Vladimir Putin a ceder. Hasta ahora, Rusia se ha limitado a las buenas palabras, halagos que en ocasiones rozan el ridículo y promesas de una buena relación futura y no se ha plegado al alto el fuego que Estados Unidos buscó durante meses, al ultimátum europeo y ni siquiera ha aceptado realmente la reunión Zelensky-Putin que Trump llegó a dar por hecha. El presidente de Estados Unidos parece estar dándose cuenta de que es más fácil presionar a un país completamente dependiente que a uno que, solo en esta guerra, es soberano y depende únicamente de sí mismo. Aun así, los actores políticos y mediáticos buscan seguir ejerciendo presión tratando de imponer unas garantías de seguridad imposibles de aceptar para Moscú.

“Aunque los detalles de la propuesta estadounidense siguen sin estar claros, Trump afirmó que Putin estaba de acuerdo en que Ucrania debía contar con sólidas garantías de seguridad tras un acuerdo, aunque no bajo el amparo de la OTAN, según han declarado dos altos funcionarios europeos que fueron informados de la llamada. Las tropas estadounidenses podrían participar, dijo Trump a los europeos. Si la propuesta de Trump se materializara, supondría una victoria para Ucrania, que lleva mucho tiempo buscando garantías de seguridad para después de la guerra con el fin de evitar una futura invasión rusa, pero que hasta ahora solo ha recibido compromisos vagos”, escribía The New York Times a pesar de que Moscú ha dejado claro que las garantías de seguridad que está dispuesta a aceptar son aquellas dependientes de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas propuestas por Ucrania en 2022. Frente a esa idea, planteada cuando Estados Unidos y el resto de países europeos rechazaban ofrecer a Kiev garantías de seguridad, el planteamiento actual busca eliminar a cualquier país que no sea miembro de la OTAN y crear un mecanismo basado en el Artículo V de la Alianza. Políticos, periodistas y think-tankers aseguran -falsamente- que esas garantías, que implicarían presencia militar de países de la OTAN en Ucrania, serían aceptables para Rusia, ya que no supondrían la adhesión a la Alianza.

“La primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, hablaron de una garantía «similar al artículo 5» fuera de la propia OTAN, aunque basada en el compromiso recogido en la carta de la alianza de que un ataque contra un miembro se considera un ataque contra todos ellos. Pero es difícil imaginar que la OTAN no se vería rápidamente implicada si cualquier Estado miembro de la alianza con tropas estacionadas en Ucrania entrara en guerra con Rusia”, explica The New York Times, para añadir que “tampoco es seguro que Rusia cambiara su postura y aceptara que tropas de países de la OTAN pudieran estar estacionadas en Ucrania bajo una forma de garantía de facto respaldada por la OTAN”. El medio prefiere no comprender que esa certeza de la implicación de la OTAN es motivo más que suficiente para que Rusia no vaya a cambiar de postura en lo que respecta a la presencia militar de miembros de la Alianza como parte de un acuerdo de paz.

El planteamiento deseado desde Estados Unidos es conocido (y ha sido repetidamente rechazado por Moscú). “Una posible solución podría ser el despliegue de entre 15.000 y 20.000 soldados europeos en Ucrania, según Camille Grand, exsecretario general adjunto de la OTAN, que ha estudiado las opciones para tales garantías de seguridad. Las tropas estarían alejadas del frente, en apoyo del ejército ucraniano, que ya es el más grande y experimentado de Europa, con unos 900.000 efectivos”, añade el medio, que olvida que el ejército más grandes y experimentado de Europa no es el ucraniano sino el ruso. La propuesta, escasa en términos de efectivos, precisa de la asistencia de Estados Unidos para suministrar cobertura aérea, vigilancia, inteligencia y, a ser posible, participación directa de los F-35 norteamericanos que la UE espera que sean destinados a Rumanía. A juzgar por las palabras de Scottt Bessent, Estados Unidos ya no es tan reticente a participar, siempre en la distancia, más protegido incluso que las tropas europeas, que se destinarían a los lugares más seguros del país para que fueran las ucranianas las que permanecieran en un frente ampliamente militarizado. Esta semana, sin ningún pudor en admitir que Estados Unidos se lucra de la desgracia ajena que es la guerra, el secretario del Tesoro afirmó que “vendemos armas a los europeos, que luego se las venden a los ucranianos. Y el presidente Trump encarece un 10% las armas. Así que puede que ese 10% cubra los costes de la cobertura aérea”. En otras palabras, Washington no está dispuesta a renunciar a los beneficios económicos que implica la guerra que dice querer detener.

Sin ningún interés por realizar propuestas viables que acerquen la paz para que Ucrania pueda comenzar a reconstruirse y a recuperar parte de la población perdida, los planteamientos que se publican en los medios buscan únicamente escenarios de Guerra Fría con posibilidades de llegar a un enfrentamiento militar directo. “Un comunicado del Pentágono indicó que los planificadores estadounidenses y europeos habían elaborado las opciones militares para que los asesores de seguridad nacional aliados las «consideraran adecuadamente». Reuters fue el primero en informar de que los líderes militares estaban preparando las opciones”, explicaba ayer la agencia británica.

“Aún quedan por ultimar los detalles finales, según ha declarado una fuente familiarizada con el asunto, pero los países europeos aportarían «la mayor parte» de las fuerzas que participarían en las garantías de seguridad para Ucrania”, añadía el artículo, que especificaba que “una opción es enviar fuerzas europeas a Ucrania, pero poniendo a Estados Unidos a cargo de su mando y control, según han informado fuentes a Reuters. El apoyo aéreo estadounidense podría adoptar diversas formas, entre ellas proporcionar más sistemas de defensa aérea a Ucrania y hacer cumplir una zona de exclusión aérea con aviones de combate estadounidenses”.

La mención a la zona de exclusión aérea, una propuesta sin duda europea y que Estados Unidos probablemente no aceptaría, ya que implicaría derribar misiles y aeronaves rusas, invalida cualquier posibilidad de acuerdo con la Federación Rusa, ya que sería considerado prácticamente una declaración de guerra. La idea remite a una propuesta presentada hace unos meses y que ni siquiera deseaba esperar al alto el fuego. “Qué es “Escudo del Cielo”, el plan que diseña Europa para proteger a Ucrania de los misiles y drones rusos”, publicaba en abril en las redes sociales Deutsche Welle, que añadía que “el plan incluye el despliegue de una fuerza europea de 120 aviones de combate destinados a derribar bombas y drones lanzados por Rusia contra Ucrania”. El post del medio alemán se refería a una propuesta publicada inicialmente por The Guardian y que obtuvo el apoyo en las redes sociales de personas como Jessica Berlin, conocida comentarista alemana empeñada en continuar luchando contra Rusia hasta el último ucraniano. “Rusia necesita perder y perder gravemente. Rusia necesita salir de Ucrania de rodillas, implorando clemencia “, ha llegado a decir. “El plan de protección aérea de Ucrania liderado por Europa podría detener los ataques rusos con misiles”, titulaba en su información del plan el medio británico, que añadía que “la propuesta Sky Shield, elaborada por expertos militares, funcionaría al margen de la OTAN y desplegaría 120 aviones de combate”. La iniciativa comparte con los planes de Keir Starmer y Emmanuel Macron la voluntad de crear las condiciones de una paz armada más asimilable a una guerra eterna que al alto el fuego que afirman defender y al acuerdo final que persigue Donald Trump.

“Una fuerza aérea europea de 120 cazas podría desplegarse para proteger los cielos de los ataques rusos en Kiev y Ucrania occidental sin provocar necesariamente un conflicto más amplio con Moscú, según un plan elaborado por expertos militares”, escribía The Guardian con completa ingenuidad, cuando a estas alturas debería ser consciente del motivo por el que este tipo de actuación no se ha dado en Ucrania pese a los intentos de Kiev de conseguir una mayor implicación de sus aliados en la guerra. “Según sus defensores, Sky Shield sería una zona de protección aérea dirigida por Europa y gestionada al margen de la OTAN para detener los ataques rusos con misiles de crucero y aviones no tripulados contra ciudades e infraestructuras, que podría funcionar como parte de la «tregua en el cielo» propuesta por el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky”, escribía en abril The Guardian, siempre sin hacerse ninguna pregunta sobre la viabilidad de la iniciativa, las posibilidades de que una participación directa de países de la OTAN no fuera entendida como una declaración de guerra colectiva de la alianza y no de los países concretos que participaran en ella.

“Entre sus partidarios figuran Philip Breedlove, ex general de las Fuerzas Aéreas estadounidenses y comandante supremo de la OTAN en Europa”, añadía The Guardian, un detalle que, teniendo en cuenta el papel del exmilitar estadounidense en su intento de lograr una guerra en el frente oriental muchos años antes de 2022, debería ser suficiente para desestimar completamente la iniciativa. Al beligerante Breedlove hay que añadir a “sir Richard Shirreff, ex general del ejército británico y comandante supremo adjunto de la OTAN a principios de la pasada década, así como el ex presidente polaco Aleksander Kwaśniewski. Otro partidario, Gabrielius Landsbergis, ex ministro lituano de Asuntos Exteriores, declaró: «La puesta en marcha de Sky Shield sería un componente importante de la intensificación de Europa, garantizando la seguridad de Ucrania de forma eficaz y eficiente»”.

Inviable como la mayoría, Sky Shield solo es una más de las iniciativas que se han presentado desde que comenzara el impulso diplomático dirigido por Estados Unidos en busca de la paz. Sin embargo, su objetivo no es proteger a Ucrania de la guerra, sino de una negociación que pudiera detenerla, el escenario más temido para quienes, como Breedlove, llevan años tratando de provocar una guerra con Rusia. “Si hubiéramos cerrado los cielos de Ucrania en 2022, la guerra de Rusia no habría durado un año. Nunca es tarde para hacer lo correcto”, escribió Jessica Berlin, aprovechando el retorno de la idea de la zona de exclusión aérea, tan inviable y beligerante ahora como cuando la exigía Zelensky en febrero de 2022. “Empezando por Sky Shield”, sentenció. Quienes siempre han optado por la guerra no pierden la esperanza de crear las condiciones para un enfrentamiento aún más peligroso. Aunque sea en nombre de buscar la paz.

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