En tiempos de convulsión política, reproches continuos sobre quién es el obstáculo para la paz y ruido general vinculado a la posición de Estados Unidos, el suministro de armas y propuestas inviables de resolución del conflicto, el día a día del frente pierde presencia en los titulares, más aún cuando los medios occidentales no disponen de buenas noticias con las que compensar la preocupación que rodea al proceso diplomático. Prácticamente desde 2022, cuando en el verano se agotó la ofensiva inicial rusa y posteriormente culminó la ucraniana con la toma de los territorios bajo control ruso en Járkov y la margen derecha del Dniéper, se ha impuesto la teoría de que el frente está estancado y los avances rusos, cuando se producen, son lentos y enormemente costosos en términos de bajas de personal y pérdidas materiales. Y, sin embargo, es Rusia quien avanza. A la certeza de que no va a haber victoria completa rusa, que las tropas de Valery Gerasimov no van a izar su bandera en Kiev, Járkov u Odessa comienza, por fin, a añadirse la idea de que tampoco las tropas de Oleksandr Syrsky van a poner colocar la suya en Sebastopol, Yalta, Donetsk o Lugansk.
La confianza de Ucrania y de quienes defienden la paz por medio de la fuerza en el sentido literal, se basa en la creencia de que el frente siempre seguirá estático o se moverá al ritmo pausado con el que Kiev puede defender las ciudades-fortín durante el tiempo considerado necesario para infligir bajas y desgastar al ejército ruso y retirarse cuando las localidades hayan perdido ya la calificación de estratégicas con las que se había justificado su defensa a ultranza. En otras palabras, la guerra terrestre no va a cambiar y siempre va a poder mantenerse bajo control. Ejemplo de ello es un comentario de Yaroslav Trofimov, corresponsal de The Wall Street Journal en respuesta a un post de Leonid Ragozin en el que el periodista opositor ruso afirmaba que Rusia cree que “puede tomar la aglomeración urbana del norte de Donetsk en un futuro relativamente cercano”, clave para el suministro de agua de la capital regional. “¿Qué te hace pensar que Rusia puede apoderarse del norte de Donetsk en un futuro cercano?”, preguntaba, para insistir en el discurso oficial, “con las tendencias actuales, podría llevar varios años y cientos de miles de tropas rusas” El mapa de DeepState con el que Ragozin justificaba su opinión ya mostraba una flecha en dirección al norte hacia Dobropilia, pero aún no se había admitido el avance rápido que se confirmó el domingo.
Antes de que los grandes medios descubrieran la existencia de Dobropilia, la localidad ya había comenzado a aparecer en los partes de guerra como claro objetivo ruso. El hecho de que el peligro de los drones rusos llegara hasta allí desde el aún lejano frente era una señal clara y ominosa de que la ofensiva rusa, en realidad la continuación de la guerra de desgaste, se encaminaba en esa dirección. Sin embargo, y pese a la constante mención de la ciudad por parte de las cuentas de las redes sociales que realizan el seguimiento de las posiciones e incluso de los impactos de proyectiles de ambos bandos en tiempo real, el avance que comenzó a anunciarse el fin de semana parece haber supuesto una sorpresa para las grandes rotativas. En apenas 48 horas, el discurso general ha pasado de ser el del frente estancado, nulos avances a dar el grito de alerta y presentar la situación prácticamente como desesperada. Hasta estas últimas horas, el discurso ucraniano, incluso el de quienes siguen la guerra o luchan en ella, se había centrado en resaltar la mala táctica rusa, que causaba catastróficas pérdidas en sus filas para no lograr ninguno de sus objetivos y, sobre todo, mofarse de la forma en la que Rusia prácticamente ha abandonado el uso de blindados para priorizar opciones hasta ahora consideradas poco ortodoxas. Sin apenas transición, periodistas, blogueros e incluso soldados han pasado de reírse de las hordas rusas que morían sin siquiera poder tomar localidades insignificantes al nerviosismo actual ante la posibilidad de perder Pokrovsk y Mirnograd, una de las dos grandes aglomeraciones urbanas de Donetsk aún bajo control ucraniano.
“Es difícil evitar ciertas dudas al cubrir la guerra. Los canales de Telegram rusos y ucranianos constantemente alternan entre la confianza absoluta y la resignación catastrofista. Un día dicen que están matando al descerebrado enemigo en cantidades industriales y el siguiente, que están siendo masacrados en las mismas cantidades por el astuto enemigo, asistido por sus propios traicioneros generales”, escribía ayer Peter Korotaev, autor del blog Events in Ukraine. El comentario es relevante, no solo debido a la propaganda de las partes y a la falta de certezas sobre cuándo los lamentos por las derrotas son solo muestras de cansancio o argumentos para exigir más medios al mando militar, sino por las naturaleza de la guerra. “Cada vez más difícil cartografiar la guerra debido a la naturaleza de los combates. A menudo no existe una verdadera línea de frente, sino una amplia zona gris”, explicaba hace unos días -en parte para justificar no haber sido capaz de detectar el emergente avance ruso hacia Dobropilia- uno de los expertos más citados de esta guerra, Rob Lee, que en su mensaje se refería a las retiradas ucranianas para evitar enfrentarse a la infantería rusa y cuestionaba el control ucraniano en toda esa zona gris, no por delante de las posiciones ucranianas, sino detrás de esa línea de defensa recién creada.
En la misma línea, explicando cómo Rusia ha roto las defensas ucranianas al noreste de Pokrovsk y específicamente el avance hacia Dobropiliia, Patricia Marins daba ayer un titular: “motocicletas, drones y muchas bombas”. “Aún quedan muchos acontecimientos por delante, y debemos observar la ocupación de las recién establecidas trincheras defensivas ucranianas. ¿Hay suficiente personal para ocuparlas? ¿Podrán los ucranianos, con un número limitado de efectivos, mantener estas posiciones? Las líneas defensivas vacías no significan nada”, insistía.
La preocupación ucraniana por el devenir de los acontecimientos en ese sector del frente es evidente. “DeepState afirma que los rusos podrían tomar Dobropilla antes de tomar Pokrovsk. La primera solía ser la principal base de suministro de la segunda, pero ahora esa ruta está cortada, al igual que la carretera de Dobropilla a Kramatorsk. En conjunto, esto significa que Ucrania defenderá el norte de la región de Donetsk, incluidos Slavyansk y Kramatorsk, después de haber perdido ya el oeste, una zona escasamente poblada y, por lo tanto, difícil de defender. Además, el avance sobre Slavyansk desde el noreste, a través del bosque de Serebrianka en dirección a Lyman, está ganando impulso”, escribió ayer Leonid Ragozin basándose exclusivamente en fuentes ucranianas. Signo de la preocupante situación es que el desarrollo de los acontecimientos alrededor de Dobropilia esté siendo más destacado en las fuentes ucranianas que en las rusas, quizá más cautelosas ante la certeza de que ningún avance es definitivo y queda aún mucho por consolidar o simplemente conscientes de que el actual empuje al norte de Pokrovsk-Mirnograd es solo una parte de una batalla mucho más grande. Esa es la visión de Ragozin, que llega a la conclusión de que la táctica rusa, mucho más eficiente y planificada que los avances a base de fuerza de infantería en luchas como la de Artyomovsk, tiene un objetivo mucho más amplio. “Este año, el mando ruso no libra batallas por Pokrovsk o Konstantinovka. Libra una batalla por toda la región de Donetsk. Pero al hacerlo, evita las carnicerías al estilo de Bajmut”. ´
Si en el pasado ha podido achacarse a Rusia unas formas de actuar excesivamente rígidas, anticuadas e ineficientes, el momento actual prueba todo lo contrario. “En las últimas semanas, he visto imágenes de soldados rusos usando animales y motocicletas para reforzar las líneas del frente. Las fotos circularon, generando risas y críticas. Pues bien, el resultado es evidente. La doctrina soviética, heredada por rusos y ucranianos, enfatiza que la logística debe adaptarse al terreno y abrir vías para las unidades de infiltración. En otras palabras, no tiene que ser estéticamente atractiva ni moderna; debe ser funcional y eficaz. Esta es una lección que Occidente debe aprender, y los ucranianos deben comprender qué adoptar de ambas doctrinas, olvidando las apariencias, que Occidente tiende a priorizar, y centrándose en cambio en la funcionalidad y la eficacia”, escribió Patricia Marins para explicar por qué esa táctica de la que expertos de la OTAN se han burlado repetidamente está dando ahora buenos resultados.
La capacidad de adaptación al entorno de la guerra moderna es evidente y las unidades rusas apenas se asemejan a las que iniciaron el largo camino a Kiev en enormes convoyes que eran fácilmente destruidos por la artillería ucraniana o a los grandes grupos de asalto de infantería que finalmente capturaron Artyomovsk, pero que pagaron un precio inmenso en forma de destrucción y vidas humanas, fundamentalmente de sus propios soldados. Las mejoras en los drones Geran-2, aún conocidos en la prensa occidental como “drones iraníes Shahed”, o la introducción de grandes cantidades de drones de fibra óptica han cambiado la forma en la que se lucha actualmente en el frente más importante, el de Donbass. Como demuestra el intento ruso de obtener la parte de Donbass bajo control de Kiev a cambio de territorios ucranianos bajo su control en otras regiones, Donetsk es el foco principal de la ofensiva rusa. No se entregará ningún territorio que no se haya ganado o por el que se haya luchado, ha insistido el embajador de Donald Trump en la OTAN en referencia a esa inviable propuesta rusa de obtener aquello que no ha podido lograr por la vía militar. Sin embargo, en las últimas horas, el progreso ruso ha sido tal que expertos ven en estos días el momento decisivo en el que se determinará la batalla por el norte de Donetsk.
Como viene siendo habitual, ante el peligro de una situación que aún no es crítica pero que incluso las fuentes ucranianas admiten que podría serlo, las acusaciones se dirigen única y exclusivamente a Oleksandr Syrsky, que reacciona también de forma previsible y envía a la zona a sus tropas de confianza. Si la Tercera Brigada de Asalto, es decir, el Azov vinculado a Andriy Biletsky fue enviado a cubrir la retirada de Avdeevka y posteriormente a Kupyansk, en esta ocasión, Syrsky se aferra al otro Azov vinculado a Denis Prokopenko. Ayer, confirmando la información, la antigua Brigada Azov, escribía que “hace unos días, el Primer Cuerpo Azov de la Guardia Nacional de Ucrania asumió la responsabilidad de la zona de defensa designada en el sector de Pokrovsk. La situación sigue siendo compleja y dinámica. El enemigo intenta avanzar en esta dirección a costa de pérdidas significativas de personal y equipo. Las unidades del cuerpo han planeado y ejecutado acciones para bloquear a las fuerzas enemigas en la zona. Se proporcionará información sobre los resultados más adelante”. En términos similares se mostraban ayer, tras días evitando comentar la situación, las autoridades ucranianas. “El portavoz del Estado Mayor enfatizó que algunos grupos ya han sido eliminados y el resto está en proceso de eliminación. Kovalov señaló que la situación es difícil y dinámica”, informaba Ukrinform. No puede admitirse una mala situación sin añadir la coletilla de las grandes pérdidas del enemigo.
Sin embargo, ante el evidente cambio en el mapa de control del territorio realizado incluso por las fuentes ucranianas, el discurso oficial tiene ya escaso valor. Tras semanas en las que las fuentes se vanagloriaban de la cantidad de grupos de sabotaje enemigos escasamente armados y avanzando en motocicleta hacia una muerte segura, la brecha en las líneas ucranianas al noroeste de Pokvrovsk-Mirnograd ha dejado de ser jocosa para las fuentes ucranianas y los medios internacionales, que no alcanzan a comprender cómo ha ocurrido. “Si Ucrania no logra eliminar a unos cientos de soldados rusos —a pie y lejos de su propia logística—, es poco probable que el ejército ucraniano pueda mantener el control de la región a largo plazo”, afirmó ayer el periodista de Bild Julian Röepke, demostrando que la década de seguimiento de la guerra no le ha enseñado a observar los acontecimientos con una mínima objetividad.
“La situación operativa y táctica en la dirección de Pokrovsk se está acercando gradualmente al momento en el que Pokrovsk y Mirnograd ya no puedan salvarse. Ese momento crítico aún no ha llegado. Pero, lamentablemente, todo apunta a que llegará. La aglomeración aún puede salvarse, pero eso no se consigue con ataques frontales, ¡ya lo hemos intentado! El enemigo se ha adaptado a ello desde hace mucho tiempo. Envío un gran «saludo» a aquellos que desgastan las mejores unidades en ataques frontales sin sentido”, explicaba, desde una posición mucho más racional, Bohdan Myroshnykov, que reprochaba la actitud ucraniana hasta que la situación se convirtió en peligrosa. El bloguero militar ucraniano añadía que “mientras todos estaban ocupados eliminando «grupos de sabotaje y reconocimmiento» en Pokrovsk (incluido el mando militar), aparecen problemas operativos y tácticos al noreste de la ciudad. ¿Por qué pongo grupos de sabotaje y reconocimiento entre comillas? Porque ni eran ni son ahora grupos de sabotaje y reconocimento, sino pequeños grupos de infantería del enemigo que, bajo la clara escolta de sus drones, lograron penetrar en las profundidades de nuestras órdenes. Y cuando hay varias docenas de esos pequeños grupos, pueden avanzar entre 10 y 15 kilómetros de la misma manera”.
Los avances rusos son reales, relevantes y mucho más rápidos que en meses anteriores. En lugar de asemejarse a los progresos de Artyomovsk, Chasov Yar o incluso Avdeevka en el pasado, los cambios en este sector del frente recuerdan a la flor de Popasnaya en 2022 y al sorpresivo avance ruso sobre Ocheretino en 2024, que dio lugar a un efecto dominó con el que Rusia consiguió finalmente alejar a las tropas ucranianas de Donetsk de tal manera que la principal ciudad de Donbass dejara de estar en el rango de la artillería oponente. “Las próximas 72 horas revelarán mucho sobre el futuro de Donetsk”, escribió ayer Patricia Marins. Ucrania ha iniciado la contraofensiva narrativa y ya resta importancia al avance ruso, anuncia recuperación de territorios y, sobre todo, ha enviado refuerzos a una zona que no puede permitirse el lujo de perder, especialmente esta semana en la que la fortaleza en el frente va a ser utilizada como un argumento en la gresca política que son las negociaciones de paz. Aunque por el momento no hay triunfalismo en las fuentes rusas, el empuje hacia Kupyansk, la rápida ampliación de la zona de control al noreste de Pokrovsk y los avances hacia Krasny Liman y Konstantinovka ponen a Ucrania por primera vez desde julio de 2014 en la necesidad de plantearse la defensa de Slavyansk y Kramatorsk.
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