“Según Bloomberg, Putin busca restaurar a Rusia como un «gran imperio» en Europa y, por lo tanto, seguirá intentando conquistar las antiguas repúblicas soviéticas y destruir la OTAN. Siempre digo que es el moderno ejército ucraniano, junto con sus aliados y las tropas europeas, el que es capaz de destruir todas las ambiciones de los rusos respecto a la guerra en Europa”, escribió ayer Andriy Ermak en referencia a un artículo de opinión titulado “Putin preocupa a la OTAN mucho más de lo que cree” y en el que, otorgando a Rusia intenciones que no ha mostrado y capacidades que no tiene insiste en que “es hora de poner fin al debate sobre si existe un riesgo real de ataque a la alianza. Lo hay”. Ese es exactamente el tipo de discurso alarmista que Kiev desea leer en la prensa occidental para seguir insistiendo en la vía de la fuerza como única vía aceptable de resolución.
Hasta ayer, Ucrania había incluso puesto en duda su presencia en Turquía, una evidente maniobra de despiste teniendo en cuenta que Kiev no puede permitirse hacer ver a Donald Trump que no está interesada en el proceso de negociación en busca de la paz. Hubo que esperar a que Keith Kellogg, el más proucraniano de los miembros del equipo de política exterior estadounidense, manifestara públicamente haber recomendado al equipo ucraniano que se presentara a la reunión. “Una parte de la vida es aparecer”, afirmó en una entrevista concedida a la televisión estadounidense ABC. En sus palabras quedaba implícita la idea de complacer a Donald Trump y evitar que el presidente de Estados Unidos vuelva a culpar a Kiev del bloqueo en un intento de conseguir la paz en el que, según el general, ha puesto en juego “su reputación”.
El discurso de Kellogg, que no parece esperar ningún avance en la reunión del lunes, tiene ecos de los momentos en los que Victoria Nuland o Kurt Volker exigían a Ucrania prolongar el periodo de vigencia de la ley de estatus especial para Donbass que nunca entró en vigor. Como entonces, el objetivo es siempre culpar a Rusia de un bloqueo que nunca ha sido unilateral por parte de Moscú y al que Kiev ha contribuido decisivamente. Todo proceso de negociación tiene un punto de dramatización y el momento actual se presta a que sea el elemento central, especialmente cuando las partes que han de negociar tienen entre sus prioridades apelar al mediador para que entienda que es la otra parte la que hace imposible la paz.
“Rusia debe ser obligada a la paz por la fuerza. Y el castigo por mentir, la falta del «memorándum» prometido a los socios y la falta de voluntad de alto el fuego también deben ser tangibles económicamente para los rusos”, añadió en su mensaje de ayer Andriy Ermak, insistiendo en la única línea que Kiev ha mantenido consistentemente esta semana. Pese a haber confirmado su presencia, e insistir en una reunión entre presidentes, propuesta para la que ha obtenido el apoyo de Turquía, que trata de posicionarse de forma definitiva como mediadora, Ucrania insiste en la necesidad de obtener el memorando ruso de paz antes de la reunión. La lógica es la misma que la de la periodista estadounidense que entrevistaba a Keith Kellogg, que al cuestionar el motivo por el que Moscú no ha hecho público el documento, añadía el comentario de que era preciso que el memorando fuera entregado antes de la reunión “para que podamos prepararla”.
Pese a la exageración de la amenaza rusa en Europa, que curiosamente coincide con un momento en el que los avances rusos en el frente -modestos y lentos, pero reales, al contrario que el imaginario control ucraniano de partes de Kursk- no impiden la proliferación de artículos que pregonan que “Rusia ha comenzado a perder la guerra” y la insistencia en el contenido del memorando ruso, la situación continúa siendo la misma. Como es habitual, la única claridad sobre el estado en el que se encuentran el proceso de negociación procede de Keith Kellogg, que desde un punto de vista claramente proucraniano no duda en mostrar su interés por lograr el fin de la guerra. El general, inicialmente designado enviado para Rusia y Ucrania, pero rechazado por Moscú como mediador, volvió a insistir en su entrevista más reciente en que Estados Unidos ya ha recibido el memorando, la hoja de términos, de Ucrania y por primera vez de forma clara identificó ese documento como el texto obtenido en Londres, es decir, la hoja de ruta planteada por Ucrania y sus aliados europeos.
Durante la conversación, la periodista de ABC preguntó a Keith Kellogg por los términos rusos, publicados a modo de exclusiva por la agencia Reuters, que no incluye el memorando, sino las exigencias rusas de seguridad. Frente a las exigencias maximalistas que Ucrania afirma que Rusia realizó en Estambul, solicitando íntegramente las cuatro regiones del sur en las que sus tropas tienen presencia y amenazando a Kiev con reclamar más oblasts a modo de advertencia en caso de continuar la guerra, lo publicado por el artículo es más parecido a los términos de negociación que exigía Kellogg.
“Las condiciones del presidente Vladimir Putin para poner fin a la guerra en Ucrania incluyen la exigencia de que los líderes occidentales se comprometan por escrito a detener la ampliación de la OTAN hacia el este y a levantar una parte de las sanciones impuestas a Rusia, según tres fuentes rusas con conocimiento de las negociaciones”, afirma Reuters. Como ya quedó claro hace tres años y como Estados Unidos parece haber comprendido ya, el principal problema para resolver esta guerra no será el territorial sino el referente a la seguridad, una exigencia “justa” según el general Kellogg, que en la entrevista menciona el rechazo ruso a la adhesión a la OTAN de países como Ucrania, “por supuesto”, Moldavia y Georgia. En realidad la exclusiva de Reuters contiene únicamente una novedad, el hecho de que Rusia exija un compromiso firme y por escrito de los países de la OTAN de no expandirse hacia las fronteras rusas.
La experiencia de los años 90, cuando Gorbachov no fue capaz de obtener por escrito la promesa implícita de que la Alianza de la Guerra Fría no se extendería hacia el este se une ahora a la certeza de que las promesas de un presidente pueden no perpetuarse en el tiempo en el momento en el que se produzca un cambio político. En su aparición en ABC, Kellogg insistió en que, para la administración estadounidense, la adhesión de Ucrania en la OTAN “no está sobre la mesa” y añadió que “puedo decir otros cuatro países más” que “también tienen sus dudas”. El general insistió en que la cuestión de la seguridad es la que va a marcar el proceso, pero, aun así, reafirmó la hoja de ruta ucraniana, que incluye la presencia militar de países de la OTAN en territorio ucraniano como un documento sensible y factible. En sus contradicciones, Kellogg, que minutos antes ha dado la razón a Rusia en su queja por la expansión de la OTAN a sus fronteras, destaca el temor finlandés a Rusia y califica de peligro la construcción rusa de bases militares cerca de la frontera rusofinlandesa, en realidad consecuencia del abandono de la neutralidad y la adhesión del país a la Alianza.
Las experiencias recientes y la inconsistencia estadounidense a la hora de cumplir las promesas realizadas hace inviable para Rusia aceptar la presencia de la OTAN en sus fronteras ucranianas como parte de un acuerdo de paz, algo que debería resultar evidente para quienes admiten que la expansión de la Alianza hacia el este es un problema legítimo del que Moscú tiene derecho a quejarse. Sin embargo, en ocasiones con sutileza, en otras con contradicciones evidentes y últimamente también con amenazas y órdenes de alto el fuego por medio de las redes sociales, Kellogg intenta presentar el plan europeo de oficializar la presencia de la OTAN a escasa distancia del frente en unas condiciones de paz armada, conflicto perpetuo y sin siquiera ofrecer un levantamiento de sanciones, como una hoja de ruta práctica y que Rusia debería aceptar. Esa postura y no el rechazo ruso a publicar el contenido del memorando de paz, la posición negociadora con la que Moscú quiere negociar directamente con Ucrania y no con sus aliados, es ahora mismo el principal escollo para que el proceso de diplomacia logre siquiera comenzar.
De continuar, algo que no está garantizado, ya que depende del interés de Donald Trump por mantener su implicación, el proceso de negociación chocará rápidamente con la contradicción más evidente entre las partes. El artículo de Reuters añade un detalle más a la exigencia principal de Rusia. Hasta ahora, Moscú siempre había querido negociar la no expansión de la OTAN directamente con el país que marcaba el rumbo, Estados Unidos. Sin embargo, ahora, esa promesa -incluso firmada a modo de acuerdo entre países- ya no es suficiente. Puede que pese en esa lógica la facilidad con la que Donald Trump se deshizo del acuerdo nuclear con Irán, que Biden tampoco recuperó pese a que esa había sido su promesa. “Las tres fuentes rusas afirmaron que Putin quiere que las principales potencias occidentales se comprometan «por escrito» a no ampliar hacia el este la alianza de la OTAN liderada por Estados Unidos, una forma abreviada de descartar formalmente la adhesión de Ucrania, Georgia y Moldavia y otras antiguas repúblicas soviéticas”, explica Reuters, una petición a priori razonable, pero que Moscú debió buscar en 1989, no en 2025, en plena dinámica europea de rearme contra Rusia, cuando parece solo un sueño imposible.
Comentarios
Aún no hay comentarios.