El pasado14 de marzo, el Coronel Andriy Biletsky, comandante de la Tercera Brigada de Asalto, anunció su conversión en Tercer Cuerpo de las Fuerzas Armadas de Ucrania, formación que seguirá situándose bajo su mando. En un vídeo de difusión de la información en Instagram, Biletsky afirmaba:
“Durante tres años, hemos adquirido una experiencia única en feroces batallas, llevado a cabo contraataques exitosos, y nos hemos convertido en los más efectivos en el uso de drones en primera línea. Hemos implementado tecnologías, cambiado la aproximación a la formación de personal y creado el mejor sistema de reclutamiento del país. Hemos lanzado nuestras propias escuelas de FPV y NRC. Hemos creado proyectos culturales y educativos a gran escala. Es hora de expandir nuestros horizontes… Nuestros planes son cambiar los principios de esta guerra. Y, por lo tanto, cambiar el curso de la guerra a favor de Ucrania”.
Con ese cambio, el núcleo de la organización militar del movimiento Azov se consolida como fuerza central en las estructuras militares ucranianas. Los cuerpos militares incluyen habitualmente de cuatro a seis brigadas, además de las unidades de apoyo necesarias (ingeniería, apoyo logístico de combate, reconocimiento, artillería antiaérea, etc.) y una estructura de mando propia que haga posible una acción operativa plenamente autónoma. El movimiento político-militar que representa Biletsky podría así llegar a contar con un pequeño ejército propio y autónomo dentro del conjunto de la estructura militar ucraniana.
El 29 de marzo, en una entrevista a ArmiaTV, Biletsky explicó de forma detallada la lógica de la conversión de su brigada en un cuerpo del ejército, así como el contexto político-militar en el que se produce. La entrevista permite comprender el momento actual de la guerra ucraniano-rusa y las pretensiones del movimiento del nuevo líder del Tercer Cuerpo.
La estructura de cuerpos y la reforma de la organización militar ucraniana
En su entrevista, Biletsky indicó las razones para la conversión de la Tercera Brigada de Asalto en Cuerpo del Ejército ucraniano.
Según el líder histórico del Corpus Nacional, la primera y principal ventaja del sistema de cuerpos es la emergencia de un nuevo nivel de gestión, realmente estable, para las brigadas más potentes del ejército ucraniano. Para ellas, la conversión en cuerpos permite superar la situación actual, caracterizada por la dependencia de estructuras temporales de mando, sin base de personal estable y afectadas por rotaciones constantes de sus miembros. Se trata de estructuras en las que se desconoce, en la práctica, el nivel de competencia de las unidades asignadas y de sus comandantes, lo que exige mucho tiempo para alcanzar acuerdos organizativos y de coordinación entre unidades que no trabajan verdaderamente en equipo. Se trata de un modelo ineficaz que, según Biletsky, ha contribuido a incrementar el número de bajas del ejército ucraniano.
Al no depender de las habituales rotaciones en esas estructuras temporales y conseguir que no existan estructuras superiores que condicionen el mando de los comandantes en la determinación de las relaciones entre brigadas y unidades, las actuales brigadas ucranianas -además de reforzarse junto a otras brigadas en un cuerpo militar conjunto- conseguirán una autonomía real de funcionamiento, facilitando la acción de sus comandantes y equipos de mando. En este sentido, los nuevos cuerpos ucranianos dispondrán de un sistema de mando propio, con una estructura estable, y por ello con capacidad operativa permanente. El mando de cada cuerpo será por completo responsable de su equipo, de su preparación profesional, de su organización interna y de la forma de interrelacionarse entre sus unidades y brigadas componentes. Se busca con ello adaptar el funcionamiento del cuerpo al estilo y técnicas de los mandos de cada cuerpo, y facilitar que toda la acción militar se ajuste a unos únicos principios en la aplicación del plan de actuación definido por los comandantes responsables.
Otra ventaja de la nueva estructura, según Biletsky, es la posibilidad de una actuación militar más extensa y en profundidad en la que el control directo de todas las unidades operativas necesarias permitirá mejorar el rendimiento militar: mejor logística, mayor efectividad en las misiones de combate y mayor capacidad para hacer frente a los recursos de las fuerzas rusas, en particular de su sistema de drones. Con la estructura autónoma de mando prevista, y la extensión de las brigadas incorporadas a cada cuerpo, se garantizaría una acción eficaz, con una rápida toma de decisiones, en un margen de 100 a 150 kilómetros de territorio en el frente de batalla (frente a los alrededor de treinta kilómetros de autonomía operativa de las actuales brigadas ucranianas). Se trata, por tanto, de disponer de mayor profundidad de acción, “propia de una división y hasta de un ejército”.
En definitiva, la creación de los nuevos cuerpos tiene como objetivo mejorar la gestión militar ucraniana a la hora de hacer frente a un ejército, el ruso, al que el líder del Tercer Cuerpo reconoce explícitamente una ventaja organizativa en la actualidad. La propuesta ucraniana busca, de hecho, ajustarse al modelo de la Federación Rusa, aunque atribuyendo las funciones de los regimientos a las brigadas y las propias de las divisiones (y, de facto, hasta de los ejércitos, como sin duda pretende el Tercer Cuerpo) a los cuerpos.
Se comprueba que, aunque lo atribuye a que “Rusia copia a Estados Unidos en muchos sentidos”, Biletsky reconoce de forma explícita que el modelo batallón-regimiento-división-ejército seguido por la Federación Rusa ha situado más favorablemente al ejército ruso en su acción de 2024 en adelante respecto a la difícil posición que le caracterizó en 2022 y, en menor medida, en 2023. Según el ya Coronel del Tercer Cuerpo, esa nueva organización, acompañada con una centralización del control, apoyada en formas operativas nuevas, ha permitido a Rusia imponer su actual operación ofensiva continua en distintas direcciones. “Rusia ha sido más efectiva … ha avanzado porque se ha movido en una acción de guerra a escala completa, mecanizada, industrial, que es la actualmente en curso”, afirma.
Biletsky espera que la nueva estructura ucraniana de cuerpos sea más efectiva que la del sistema regimental-divisional ruso, lo que dependerá, en su visión, de la capacidad de adaptación de los comandantes ucranianos al nuevo marco de acción militar. Una adaptación que no sólo se traducirá en la reorganización de los cuerpos, sino en las superestructuras de mando que, también en este caso, serán similares a las rusas, con un sistema de vínculos administrativos permanentes situados por encima de la estructura de cuerpos (aparentemente con dos niveles de organización en ese marco superior al de los cuerpos, según Biletsky).
En el ámbito específico del Tercer Cuerpo, Biletsky seguirá insistiendo en la organización interna tridimensional, situando entre el equipo de oficiales al mando y los soldados de base la estructura de sargentos que, según su visión del modelo de organización del ejército estadounidense (menciona al respecto sus contactos en algún momento de 2014-2016 con la comandancia de la 82ª Airborne Division de los EEUU), constituye el rasgo determinante de una estructura militar efectiva sobre el terreno (y también el principal límite del ejército soviético). El coronel azovita considera este modelo de organización militar, apoyado en esta estructura de mandos intermedios, como uno de los aspectos que podrían volver a situar en posición de ventaja al ejército ucraniano, una postura que, teniendo en cuenta el equilibrio de fuerzas entre las partes es, cuando menos, ingenua.
El proceso de reorganización militar de las Fuerzas Armadas de Ucrania será, en cualquier caso, lento, con lo que la fase actual puede considerarse de transición, sin que aún se sepa qué unidades se integrarán o crearán en el ámbito del Tercer Cuerpo, ni tampoco las fases específicas en la reconversión de la actual Tercera Brigada. Biletsky, que dice no haberse enfrentado a límites para el reclutamiento (la Tercera Brigada ha ampliado su ámbito de reclutamiento a personal ajeno a Ucrania para rellenar su Batallón de Asalto Hispano o el nuevo Batallón Internacional), piensa en relanzar el proceso ante la perspectiva de fuerte ampliación de su personal. La magnitud del proyecto y el tiempo que requiere indica que Biletsky no está pensando únicamente en las necesidades de la guerra, sino en el día después.
La situación en el frente y el cansancio de la guerra
La entrevista a ArmiaTV no sólo resulta interesante para conocer el sentido de la reorganización de las Fuerzas Armadas ucranianas, sino que aporta igualmente pistas para valorar el estado del conflicto rusoucraniano desde el punto de vista de las fuerzas político-militares vinculadas al movimiento Azov.
Situada en el eje Kupyansk-Borova, en un frente de unos 50 kilómetros decisivos para el control del río Oskol, en la frontera natural entre las dos regiones del Donbass y el oblast de Járkov, la todavía Tercera Brigada se sitúa en uno de los puntos calientes del avance militar de la Federación Rusa. Se trata de una acción que Biletsky sitúa en el marco del concepto ruso de operación ofensiva continua, a través del despliegue constante de reservas. “Esta operativa es requerida para extenuar a las tropas”, señala.
Aunque Biletsky menciona debilidades en el modelo de intervención rusa, que considera “no muy inclinada a la planificación detallada de las operaciones y avances” y elevadas pérdidas en equipamiento -mantra habitual de la propaganda ucraniana-, reconoce mejoras en la acción del ejército ruso. Además de su modelo organizativo, destaca la acción en pequeños grupos de infantería, desplegados en un ámbito territorial extenso, pero capaces de converger en operaciones específicas de ataque, el refuerzo de la guerra electrónica, la mejora de la acción artillera y el uso de los sistemas no tripulados. Cuenta, además con el hecho determinante “de las diferencias en el número de tropas de las partes”.
En un periodo histórico en el que el desarrollo del equipamiento militar y de los sistemas no tripulados dificultan enormemente la posibilidad de rupturas en el frente y en el que las fuerzas rusas dominan en personal, Biletsky señala la hipótesis de que las fuerzas rusas no busquen realmente estas rupturas. El objetivo es más bien “la extenuación de las fuerzas ucranianas, con una táctica de miles de pequeños cortes que lleva a un debilitamiento general en los mil kilómetros de frente. Quieren extenuar moral y físicamente, tanto que ello pueda llevar a un colapso o a la comprensión de la imposibilidad de mantener el frente, de mantener la resistencia, con la firma de algún tipo de capitulación”.
La táctica, según Biletsky, es una presión constante en toda, o casi toda, la línea del frente. Se trata de una guerra de atricción como la que forzó a Finlandia a un acuerdo con la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial, con relevantes pérdidas territoriales en la región de Karelia.
A pesar del éxito de reclutamiento de la Tercera Brigada, Biletsky reconoce que la desigualdad de fuerzas humanas del ejército de Ucrania no se vincula sólo a la potencia demográfica rusa. Así, destaca la contradicción entre una realidad marcada por la continuidad de la acción militar ucraniana con la constatación de que “si el país no está combatiendo” (tal y como revela la vida normalizada en las grandes ciudades ucranianas), “el soldado no va a echar el resto”. A lo que hay que añadir el caos de las compras del Ministerio de Defensa, provocando que las unidades militares ucranianas no reciban “ni la quinta parte de lo que se necesita”, con un “suministro que no funciona adecuadamente”. De ahí que todas las unidades militares ucranianas traten de conseguir material complementario al margen del Ministerio de Defensa y del Estado.
En este marco complicado, es llamativo que Biletsky insista en la entrevista en que “una persona normal quiere la paz, incluso un soldado” y que todo el mundo está “extremadamente cansado …, preparado, pero extremadamente cansado”.
La ultraderecha ligada al movimiento Azov que representa el comandante del Tercer Cuerpo está por tanto hoy lejos del optimismo de la victoria y del afán de venganza que conformaban los sentimientos predominantes en los primeros años de la guerra, aunque sin llegar a poner en tela de juicio los límites propios que la llevaron desde 2014 a optar por la guerra. Así, esta apuesta por la paz del grupo de Biletsky “no significa que estemos preparados y estemos de acuerdo con ceder territorios y cosas así”, sólo un reconocimiento de la evidencia de que en Ucrania “todo el mundo quiere la paz, según creo”. Es una situación que, según el Coronel del Tercer Cuerpo “afecta negativamente a soldados, oficiales, y así”, “la gente está pensando en otros proyectos, no está centrada, como hace seis meses, exclusivamente en la guerra, en el cumplimiento del deber. Y eso afecta al trabajo militar”. Aunque señala que esto no afecta a la Tercera Brigada, el marco de negociaciones determina, por ejemplo, una caída de alrededor del 15% en los niveles de reclutamiento para el ejército de Ucrania.
De cara a la paz que desean grupos como los ligados a Azov, Biletsky destaca que solo dos ejércitos en el mundo disponen en la actualidad de la experiencia real de la guerra, Ucrania y Rusia, los únicos países que “realmente saben cómo combatir en una guerra moderna”. No pretende con ello subestimar a ejércitos como el francés o el británico que “tienen experiencia en conflictos recientes, fundamentalmente de baja intensidad, pero en cualquier caso, tienen experiencia constante, son bastante poderosos con una mentalidad militar bastante decente”, pero “no están preparados” para una guerra moderna.
Por esa razón, los alrededor de 20 a 30.000 soldados que podrían enviar a Ucrania el Reino Unido, Francia o Alemania serían una fuerza limitada, incluso si viniera acompañada de “50-100 aviones y unas cuantas fragatas o destructores en el Mar Negro”. Es el motivo por el que Biletsky, y las estructuras político-militares de Ucrania en general, esperan un marco de superación de la guerra que se vincula más bien con las garantías de seguridad.
En la dimensión europea, estas garantías de seguridad se vincularían en realidad con una implicación directa de esos países en la guerra en caso de que se reproduzca la confrontación con Rusia. Según Biletsky, la convicción del presidente Zelensky es que “se escribirá en el acuerdo final, … probablemente que … en caso de reanudación de las hostilidades por parte de Rusia, los ejércitos de estos países entrarán en guerra con Rusia”.
En el marco ucraniano, la pretensión de Ucrania es reforzar su ejército nacional. Un gran factor de seguridad sería así, según Biletsky “un gran ejército ucraniano”, sostenido por los países europeos a través de “un fondo para al menos diez años de cara a financiar a un grupo de 250.000 ucranianos”. Ucrania contribuiría por su parte a mantener directamente un volumen de personal equivalente para consolidar un ejército de medio millón de personas. Un ejército de soldados ucranianos en el que el líder del Tercer Cuerpo podría confiar más “porque esta es su tierra, porque ha pasado a través de lo que solo se puede aprender con sangre, estas lecciones no vienen si no es con sangre”. Y, respecto a la potencial contribución de los estadounidenses, señala que sólo se requeriría de ellos datos de inteligencia y sistemas de comunicación, en especial Starlink, aunque no sólo (por ejemplo, sistemas ARIS), además de los sistemas de defensa aérea (Patriots y similares).
El “ejército” del Tercer Cuerpo
Existe por supuesto un fuerte interés de grupo por el modelo de salida político-militar a la crisis en la propuesta de consolidación de un fuerte ejército profesional ucraniano. Según Biletsky, permitiría que “40 o 45% de la gente pueda permanecer en el ejército y eso llevaría a la paz social dentro del país; esas personas no tendrían que buscar trabajo, al menos al principio, no necesitan mucho”. Una paz social militarizada y al gusto de un movimiento cuyo símbolo no puede esconder su inspiración alemana y cuyo líder tiene una larga trayectoria de pertenencia a algunos de los movimientos de extrema derecha más radicales de Europa.
En este sentido, la entrevista a Biletsky pone de manifiesto la contradictoria dinámica de una unidad en una guerra difícil, “por la supervivencia”, por el control de “nuestra casa” y de “nuestra tierra”, con posibilidades -por ahora todavía remotas- de capitulación, pero que, al mismo tiempo, percibe con total claridad la oportunidad que supone, para el grupo procedente de Azov, la consolidación del Tercer Cuerpo, con la posibilidad incluso de ascenso del histórico líder del Corpus Nacional al generalato dentro de las fuerzas armadas. La constitución del Tercer Cuerpo abre en realidad la puerta a la constitución de un verdadero ejército dirigido por mandos vinculados a Azov y el Corpus Nacional, uno de los principales componentes de la extrema derecha nacionalista en Ucrania.
Las fuerzas del Tercer Cuerpo están también cansadas y señalan desear la paz, pero no renuncian por ello, como tampoco en su conjunto el establishment ucraniano, a la consecución de todos sus objetivos políticos a través de la guerra. Si ésta fuera necesaria, en caso de que la Federación Rusa no acepte rendirse política y militarmente, quieren contar con un ejército fuerte, financiando en un 50% por Europa y con el compromiso de los países europeos de participar en la guerra.
En ese contexto de guerra, el Tercer Cuerpo ve la perspectiva de llegar a contar con hasta 50.000 efectivos, lo que situaría a las fuerzas de Biletsky como uno de los principales “ejércitos” existentes en Europa, por encima de los efectivos operativos reales de los ejércitos de estados como Francia o el Reino Unido, los más potentes en Europa. Se trataría, en tal caso, de una fuerza de base ultranacionalista y ultraderechista con capacidad de condicionar la línea político-militar no sólo de Ucrania, sino de Europa en su conjunto.
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