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Diplomacia, Ejército Ucraniano, Estados Unidos, Rusia, Sanciones, Ucrania

Renuncias temporales

El incesante flujo de acciones y reacciones vinculadas al anuncio estadounidense de imposición de aranceles a los productos de prácticamente todos los territorios del mundo, incluso aquellos que ni siquiera están poblados, ha dejado en segundo plano los progresos, o la ausencia de ellos, en el intento de reconducir el conflicto rusoucaniano hacia la diplomacia. Aun así, y pese a que la cuestión económica es ahora mismo prioritaria incluso para la Unión Europea, diferentes actores han continuado reuniéndose para tratar de imponer su postura sobre el modelo de resolución o qué tiene que ocurrir a partir de ahora y especialmente más allá de la firma de un acuerdo de alto el fuego. En Europa, la representación diplomática de los países de la OTAN se reunió ayer para dar a Marco Rubio una plataforma para reafirmar la exigencia estadounidense de aumentar el gasto militar al 5% del PIB, es decir, para duplicar el suministro militar. “Una alianza de la OTAN fuerte hace el mundo más seguro”, afirmó Rubio, dejando claro que Estados Unidos no solo no pretende abandonar la organización como han especulado en ocasiones sectores Demócratas, “pero requiere que todos y cada uno de los miembros haga su parte”.

“La OTAN es una orquesta poderosa, no un solo! «Uno para todos y todos para uno»: esto ha fortalecido a nuestra Alianza de Defensa durante más de 75 años. La OTAN es fuerte cuando todos cantamos al unísono”, afirmó la ministra de Asuntos Exteriores de Alemania, Annalena Baerbock. La prioridad de los países de la Unión Europea sigue siendo la misma, preservar el statu quo, recuperar el favor de Washington y lograr que se mantenga la presión militar, económica y política contra Rusia para proteger a Ucrania de la diplomacia. En su mensaje, Alemania insiste en que la Unión Europea ha tomado la iniciativa para aumentar su aportación a la alianza, algo que es más evidente aún en el caso del control de la guerra de Ucrania, en la que se ha convertido en la parte más beligerante de aquellas que participan directa o indirectamente.

Como recogían el jueves por la noche medios ucranianos como The Kyiv Independent, incluso la postura de Ucrania es más realista que la de la Unión Europea. Mientras los comunicados de grupos como Weimar+ insisten en que no puede haber un acuerdo que no garantice la integridad territorial de Ucrania, incluso Kiev acepta ya que “la diplomacia puede ser la única manera de recuperar los territorios ocupados”. “Rusia ocupa actualmente alrededor del 20% de Ucrania y las fuerzas rusas controlan partes de los oblasts Donetsk, Lugansk, Zaporozhie y Jersón y también ocupan Crimea desde la anexión ilegal de 2014”, recuerda el medio, que insiste en que “Ucrania nunca reconocerá los territorios ocupados como rusos”. “Esos son territorios ucranianos, esta es una de las principales líneas rojas para nosotros. En cualquier caso, es una ocupación temporal de los territorios”, afirmó Zelensky, que añadió que “si es posible encontrar un compromiso para el retorno de esos territorios por medios diplomáticos, en lo que respecta a algunos territorios en cuestión, creo que esa será la única vía”.

Con esas palabras, el presidente ucraniano trata de equilibrar las necesidades internas y las externas. En términos domésticos, Zelensky no puede permitirse admitir que aquello que no ha conseguido recuperar por la vía militar quedará bajo control ruso, para lo que añade la coletilla temporal al término ocupación, algo que suena vacío, por ejemplo, en los casos de Crimea, donde la población siempre favoreció a Rusia frente a Ucrania, o en Donbass, donde la población resistió con las armas en la mano la agresión ucraniana de 2014. Insistir en que no hay concesión, que no habrá aceptación, sino que se optará por una vía diplomática que promete que dará resultados tangibles es la forma de Zelensky de no admitir una derrota política.

La renuncia temporal a recuperar los territorios por la vía militar es una necesidad objetiva en las condiciones actuales. A lo largo de la última semana, varios medios han insistido en que Donald Trump se ha mostrado molesto tanto con Vladimir Putin como con Volodymyr Zelensky. Los reproches estadounidenses al líder ucraniano se centran fundamentalmente en el intento de Kiev de rebajar las exigencias de Washington en lo que respecta a la cuestión del acuerdo de extracción de minerales, que la Casa Blanca exige que sea firmado con rapidez y en su forma actual. El enfado ante la posibilidad de que las negociaciones se dilaten en exceso se dirige, por el momento, a Moscú y no a Kiev, aunque la insistencia en la recuperación de los territorios perdidos, algo que Pete Hegseth ya ha afirmado que no es un objetivo realista en vistas a un acuerdo de paz, podría volver a provocar la ira de la Casa Blanca. La renuncia temporal a los territorios perdidos en el sur y el este del país es un paso imprescindible para preservar las actuales negociaciones, a su vez prerrequisito para que Ucrania no pierda el suministro de armas, financiación e inteligencia de Estados Unidos, sin las que Kiev no podría seguir luchando con garantías durante mucho tiempo. El reticente realismo de Ucrania es obligado por las circunstancias, aunque aun así ha llegado antes que el de la Unión Europea, centrada en su guerra contra Rusia y aparentemente dispuesta a luchar hasta el último ucraniano.

Al margen de los deseos de Ucrania y la Unión Europea, que aún conscientes del tipo de resolución que puede lograrse en esta guerra -congelar del frente como frontera de facto y posponer temporalmente la adhesión de Ucrania a la OTAN, siguen presionando para que cualquier acuerdo sea unilateral e impuesto sobre Rusia, Estados Unidos insiste en que sus contactos avanzan y los progresos son enormes. Los avances son perceptibles al menos en la mente de Donald Trump. Sobre el terreno, aunque se ha constatado un descenso en los ataques aéreos, las partes siguen acusándose mutuamente de infringir la tregua en las infraestructuras energéticas. La Unión Europea, por su parte, se reafirma en que, en lugar de negociar, Rusia ha de acatar unilateralmente el alto el fuego de 30 días que Kiev aceptó bajo presión de Estados Unidos y que nunca tuvo intención de cumplir. Pese a la distención aparente que muestran las palabras de Zelensky sobre la posibilidad de renunciar temporalmente a los territorios perdidos, los objetivos de Kiev no han cambiado, sino que se adaptan a las necesidades del momento y Ucrania sabe que su prioridad ha de ser, ante todo, mantener a su lado a Estados Unidos, algo que pasa por mostrar la disposición a realizar concesiones.

En el caso ruso, la estrategia pasa por centrarse en la vía diplomática, aun a costa de reducir la presión militar en el frente. “El Kremlin no está preocupado por las amenazas de Trump de imponer punitivas sanciones secundarias al petróleo ruso a causa de la falta de progreso hacia un alto el fuego”, afirma Bloomberg, que añade que “el presidente Vladimir Putin es consciente de que Trump supone la mejor oportunidad de llevar la guerra a su fin y quiere continuar la vía diplomática”. A ello se debe la visita de esta semana de Kiril Dmitriev a Washington, de la que apenas han trascendido detalles, pero de la que se conoce que ha sido fundamentalmente económica.

“Uno de los principales temas”, afirmó Dmitriev en una entrevista concedida a CNN, ha sido el restablecimiento de las relaciones rusoamericanas”. La prioridad rusa sigue siendo recuperar la relación con Estados Unidos para tratar de avanzar hacia una resolución del conflicto en el que también es consciente de que no obtendrá todos sus objetivos. Ninguno de los dos bandos va a lograr todo lo que pide, insistió en una entrevista emitida en Fox News Keith Kellogg, enviado de Trump para Ucrania. Por ahora, Rusia es consciente de que las sanciones económicas van a seguir formando parte de su día a día. “En este punto, no estamos pidiendo que se levanten las sanciones. Solo estamos discutiendo que, si Estados Unidos quiere tener más negocios con Rusia, entonces por supuesto que Estados Unidos puede hacerlo”, insistió Dmitriev. También Rusia comprende que debe ceder ante Estados Unidos para evitar la ira de Donald Trump y garantizar así que el proceso diplomático, con el que no conseguirá todos sus objetivos pero puede lograr el más importante, el de la seguridad, siga adelante.

Las contradicciones entre las partes siguen siendo incompatibles, ya que lo que para Rusia es una línea roja, el acceso de Ucrania a la OTAN, es la principal exigencia de Kiev. Sin embargo, ambas partes son conscientes de que es Estados Unidos quien tiene la capacidad de decidir si el conflicto continúa o no. Mantener a Washington interesado y de su parte implica para Kiev y Moscú renunciar a parte de sus exigencias, ya sea el levantamiento de las sanciones o la recuperación de su territorio perdido. Al menos temporalmente.

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