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Planes europeos para Ucrania

“Ante varios centenares de planificadores militares -principalmente de Europa, pero también de países como Australia, Canadá y Nueva Zelanda- Starmer afirmó que era esencial estar preparados para actuar con rapidez en caso de alto el fuego”, afirma esta semana Financial Times en su información sobre los planes de sir Keir Starmer, uno de los dos aspirantes al liderazgo europeo de la futura paz armada en lo que se seguirá denominando frente oriental. En su mentalidad de la Guerra Fría, en la que el continente europeo tuvo un protagonismo político que el establishment aún no ha comprendido que actualmente carece, la amenaza de Moscú justifica la expansión de la OTAN hacia el este, la militarización, el rearme y el apoyo a movimientos nacionalistas de extrema derecha que se están haciendo fuertes en las Fuerzas Armadas de Ucrania. Ese ejército, reforzado con ayuda de Occidente no solo desde 2022 sino desde 2014, será, según los planes de personas como Starmer o Macron, la base de las garantías de seguridad de la Ucrania del futuro, dependiente económicamente de Occidente y fuertemente militarizada.

“Tienen la capacidad, tienen los números y tienen la experiencia en primera línea”, afirmó el primer ministro británico en su visita al cuartel general militar británico de Northwood para añadir que “no estamos hablando de algo que sustituya a esa capacidad, sino de algo que la refuerce y ponga a su alrededor capacidades en relación con el aire, el agua, el mar y la tierra”. Ausentes en las negociaciones en las que se decide el marco político que debe sostener un alto el fuego, se exigen concesiones a ambos bandos y se trata de determinar cuáles serán las fronteras de facto entre los dos países, los países europeos tratan de mantener cierta relevancia a base de preparar planes para el día después, momento en el que Donald Trump ha dejado claro que tendrán que hacerse cargo de la gestión y del coste de todo lo que conlleve garantizar la seguridad de Ucrania y el mantenimiento de la paz.

El 6 de marzo, en un artículo publicado por Al Jazeera, el periodista opositor ruso Leonid Ragozin opinaba que “puede que los políticos europeos pronuncien palabras altisonantes sobre el apoyo inquebrantable a Ucrania, pero el matiz es siempre que Estados Unidos debe permanecer a bordo. Cuando el primer ministro británico, Keir Starmer, habló de una «coalición de voluntarios» europeos para ayudar a Ucrania a conseguir un acuerdo mucho mejor que el de Minsk «con, si es necesario, botas sobre el terreno y aviones en el aire», admitió que depende totalmente de un «fuerte respaldo estadounidense»”. Desde entonces, Ucrania y Estados Unidos pactaron una tregua completa de 30 días que, tras las negociaciones entre Washington y Moscú se convirtió en un alto el fuego parcial de 30 días que nadie sabe aún si está en vigor.

Las circunstancias y el oportunismo de tratar de culpar a Rusia de la paz ha hecho que finalmente también la Unión Europea haya virado su discurso oficial hacia las bondades de un alto el fuego que hasta hace unas semanas calificaban de más peligroso que la guerra. El objetivo era mantener el statu quo, ya fuera por medio de la guerra eterna hasta lograr que Ucrania pudiera negociar en una posición de fuerza que no se prevé incluso a largo plazo o gracias a su presencia en el país. De esa lógica nacieron el plan anglo-francés que Starmer y Macron presentaron por separado a Donald Trump horas antes de que la humillación de Zelensky en el Despacho Oval hiciera descarrilar gran parte del los esfuerzos por atraer a Estados Unidos a ese plan de paz por medio de la fuerza que no tenía ninguna opción de ser aceptado por Rusia, de cuya firma, al igual que de la de Ucrania, depende que haya o no un documento que ponga fin a la guerra al menos de forma temporal.

Tras las reuniones presididas por Macron en París y las convocadas por Starmer en Londres, el premier británico anunció que se pasaba ya a la fase operacional de la preparación y para ello había convocado a los representantes militares de los países que han participado en este proceso aparentemente conjunto en el que Francia y el Reino Unido aspiraban a presentar un plan europeo para garantizar la seguridad de Ucrania, una muestra de autonomía estratégica y capacidad de organización y liderazgo que dependía de la reticente participación de Estados Unidos. Olvidando deliberadamente que el rechazo de Donald Trump a participar se había producido de forma repetida e incluso pública, Starmer continuó con los planes sin querer admitir que la misión europea de disuasión dependía de la participación de Washington y la aceptación de Moscú. Aún más ajeno a la realidad, Emmanuel Macron llegó a afirmar que los países europeos no precisaban de un acuerdo con Rusia para introducir esa misión. No hace falta experiencia en el campo de las relaciones internacionales para saber que si una misión armada es parte de un acuerdo de paz, ese documento precisa de la firma de todas las partes en conflicto.

La realidad manda incluso aunque trate de evitarse. “Putin ha dejado claro que no toleraría la presencia de tropas de los países de la OTAN en Ucrania bajo ningún acuerdo de paz y la complejidad militar de un gran despliegue multilateral de tropas es considerable. Starmer también ha admitido que hasta ahora no hay indicios de que el presidente estadounidense, Donald Trump, vaya a proporcionar el «respaldo» militar que requeriría una fuerza de garantía de la paz de este tipo”, escribe Financial Times, que admite que el premier británico busca una alternativa al plan de boots on the ground que había intentado promocionar junto a Emmanuel Macron, que también se desmarca ahora de la idea. Según Financial Times, Starmer parece estar a punto de abandonar su idea original de una fuerza de paz de 30.000 soldados europeos, “unos pocos miles por país”, estacionados en la retaguardia y con la cobertura de Estados Unidos para centrarse en algo como “apoyo aéreo y marítimo para defender Ucrania”. Aunque más realista que una misión armada que requeriría el acuerdo de Rusia y la participación de Estados Unidos, el apoyo externo sin tropas sobre el terreno y la asistencia a la hora de mantener un ejército de grandes dimensiones está lejos de cumplir con las características que Zelensky espera de las garantías de seguridad que exige de los mismos aliados que se las negaron durante la negociación de Estambul en 2022.

Distanciándose del plan original, aunque siempre sin renunciar explícitamente a él como opción preferente si Estados Unidos acepta participar y obligar a Rusia a aceptarlo, también el presidente francés busca alterativas. “Emmanuel Macron está explorando activamente alternativas a poner botas europeas sobre el terreno en Ucrania, su plan elaborado con sir Keir Starmer. The Telegraph entiende que el presidente francés está considerando la posibilidad de una misión para proteger un futuro acuerdo de paz dirigido por las Naciones Unidas”, escribe el medio británico para presentar la última ocurrencia de Macron, que cuenta con el mismo problema que su misión de paz, que requeriría del apoyo de Rusia, con capacidad de veto en el Consejo de Seguridad.

La idea francesa, que ha recibido también el rechazo de Zelensky, que no la considera una garantía de seguridad suficiente, “se produce cuando el primer ministro está dando muestras de estar dejando de centrarse en las «botas sobre el terreno» europeas para garantizar un acuerdo de paz con Rusia y, en su lugar, se está centrando en el apoyo aéreo y marítimo para defender a Ucrania”, añade el medio británico que dice disponer de fuentes que afirman que la aviación británica “está en conversaciones para que aviones británicos vigilen los cielos de Ucrania, según las propuestas que está debatiendo la «coalición de voluntarios» de sir Keir”.

La suma de la idea de Macron de una misión de Naciones Unidas y el apoyo externo de los países europeos para controlar los cielos, el mar y las fronteras de Ucrania apunta al objetivo real del Reino Unido, Francia y la Unión Europea en general: control de lo importante en la distancia mientras que son otras las tropas que se arriesgan sobre el terreno a una posible reanudación de la guerra, más posible en caso de militarización del país de la forma en que Londres, París y Bruselas quieren rearmar Ucrania para continuar presionando a Rusia por la vía económica y provocando una nueva carrera armamentística que haga del continente, partido en dos otra vez, una repetición del escenario de hace varias décadas. De la guerra eterna a la paz eternamente armada como eje y justificación principal del rearme a nivel del continente.

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