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Alto el fuego, Ejército Ucraniano, Estados Unidos, Kursk, Rusia, Ucrania

La pelota sobre su tejado

El cisma atlantista vivió ayer el inicio de la reconciliación con un fulgurante realineamiento en favor del acuerdo alcanzado en Arabia Saudí por Andriy Ermak, enviado de Zelensky, y Marco Rubio, el hombre que hace solo unos días daba plantón a Kaja Kallas, jefa de la diplomacia de la Unión Europea. De la misma forma que hace unos días los y las representantes de las instituciones continentales se coordinaban para utilizar una misma frase “sed fuertes, sed valientes, no tengáis miedo” (“Be strong, be brave, be fearless”), ayer el lema generalizado era el mismo que había utilizado el neocon Secretario de Estado y que fue repetido por Donald Trump y todo el establishment europeo de von der Leyen a Macron pasando por Starmer: la pelota está sobre el tejado de Rusia. Rápidamente, los mismos países que han hecho todo lo posible por mantener el statu quo y han alertado del peligro de la paz o de un alto el fuego prematuro, se presentan como firmes defensores de lo acordado en Yeda por Estados Unidos y Ucrania.

El único reproche ayer no fue contra la posibilidad de un cese de la violencia, sino contra quienes hasta ahora lo habían rechazado. “Llevamos tres años pidiendo un alto el fuego y conversaciones de paz en Ucrania, solo para ser insultados por nuestra postura”, afirmó Péter Szijjártó, ministro de Asuntos Exteriores de Hungría, uno de los escasos países que se había mostrado partidario de una negociación directa entre Rusia y Ucrania en busca de la paz y cuyo presidente incluso había viajado a Kiev y Moscú, visita por la que fue reprendido por las autoridades de la Unión Europea y los países miembros a excepción de Eslovaquia. “Ahora, tres años después, por fin se está discutiendo el alto el fuego y las negociaciones. Quizás si hubiera habido menos condenas, cientos de miles menos habrían muerto, millones menos habrían sido desplazados y los daños serían mucho menores”, reprochó el ministro. “No es buena señal para el liberalismo en Europa que sea el gobierno de Orbán el que diga lo obvio” comentaba al respecto el periodista opositor ruso Leonid Ragozin.

“Hablo muy en serio y para mí es importante poner fin a la guerra. Quiero que el presidente de Estados Unidos lo vea, quiero que Europa, todo el mundo esté en una alianza para obligar a Rusia a poner fin a la guerra”, afirmó ayer Volodymyr Zelensky, que al igual que las autoridades europeas, se ha alineado con la idea de que la paz es posible y el alto el fuego de 30 días es la vía para conseguirlo. Lo ha hecho para la alegría de Donald Trump y su equipo, dispuestos a utilizar la fe para tomar la literalidad de las palabras sin tener en cuenta que el discurso oficial ucraniano era, hasta hace escasamente dos semanas, que no podía haber alto el fuego sin garantías de seguridad robustas. Es decir, Kiev exigía a sus aliados, fundamentalmente a Estados Unidos, un compromiso militar vinculante y a largo plazo para poder pensar en detener temporalmente la guerra en busca de un acuerdo con Rusia. Zelensky, principal defensor ahora de la necesidad de un alto el fuego prorrogable de 30 días, ni siquiera era partidario de ese formato la mañana en la que comenzó a negociarse.

“Los historiadores subestiman el papel del agotamiento humano en la toma de decisiones históricas. Es en esas últimas horas del final de la partida, cuando el cansancio ya se hace sentir, cuando de repente se hace posible salir del punto muerto e incluso hacer difíciles concesiones. En resumen, la montaña se la lleva el que es capaz de tirar del último kilómetro y medio a fuerza de voluntad y carácter”, escribió en un mensaje publicado en Facebook Georgy Tiji, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Ucrania, que da a entender que el cansancio de una maratoniana reunión tuvo el efecto de desbloqueo. Sin necesidad de decir todas las palabras, el subtexto del mensaje indica que se produjo un cambio de actitud en alguna de las partes, que ante la insistencia y las horas de negociación, modificó su postura desbloqueando las decisiones finales. Teniendo en cuenta que Ucrania había propuesto públicamente un alto el fuego parcial, que solo implicara la guerra aérea y naval, rechazando toda posibilidad de renunciar a la terrestre, no es difícil comprender que fue Ucrania quien se vio obligada a modificar su postura para adaptarse a unas necesidades que ahora exige que también Rusia acepte.

Ayer ante la prensa, Zelensky insistió en la línea roja de Ucrania, que no es solo su rechazo a reconocer la soberanía rusa sobre ninguno de los territorios perdidos, sino el hecho de que “ningún ucraniano” olvidará nunca que esos territorios le pertenecen. Aunque ninguno de los escenarios de alto el fuego, armisticio o acuerdo final plantean que vaya a haber más que un reconocimiento de facto de la pérdida de territorios ucranianos en favor de Rusia, una pérdida de Ucrania insiste en que será únicamente temporal, Zelensky siente la necesidad de insistir sobre ello. Sin embargo, esa no es la única línea roja de Ucrania, que mantiene su rechazo a la negociación con Moscú, especialmente ahora que ha recuperado el favor de Estados Unidos, que tras la reunión del martes hizo exactamente lo que Kiev deseaba: plantear que Rusia debe aceptar una propuesta de alto el fuego en cuya negociación no ha participado.

“Es probable que el presidente ruso, Vladimir Putin, intente prolongar el plazo para acordar cualquier cese de los combates en Ucrania para asegurarse de que se consigan los términos más favorables posibles para Moscú, dijeron varias personas con conocimiento de la situación”, escribía ayer Bloomberg, uno de los pocos medios que pretendía hacer algo más que especular sobre cuál será la respuesta rusa a la propuesta de alto el fuego de Estados Unidos, a la que Ucrania se ha sumado muy probablemente con la esperanza de que sea rechazada por Moscú. El medio afirma, citando a sus fuentes, que es probable que el Kremlin acabe por aceptar la propuesta, si bien introduciendo algunas condiciones que, por el momento, no especula. Como era de esperar, Moscú ha reaccionado con tranquilidad y sin una declaración oficial. Dmitry Peskov, portavoz del presidente ruso, insistió ayer en que Moscú esperará a ser notificada por Estados Unidos, momento en el que analizará la propuesta.

La naturaleza temporal del alto el fuego “podría hacer que Putin acepte el alto el fuego a pesar de la evidente desventaja para las fuerzas rusas que avanzan. Esto devolverá la pelota al tejado de Ucrania y le permitirá presionar para obtener más concesiones de Kiev”, explicaba ayer Leonid Ragozin. El compromiso no sería permanente, por lo que no sería una contradicción expresa a las condiciones que el Kremlin ha marcado hasta ahora. Se especula ya con el momento en el que se producirá la siguiente conversación telefónica entre Vladimir Putin y Donald Trump, momento en el que previsiblemente se planteen las condiciones rusas, que pueden limitarse a modificar la franja temporal del alto el fuego para extenderla a 90 días, algo que beneficiaría a ambas partes, necesitadas de una pausa en la lucha, y se conoce que Steve Witkoff visitará Moscú esta misma semana.

Por el momento, nada ha cambiado para Rusia, que continúa con su rápido avance en Kursk, donde elimina una de las mejores cartas de negociación a disposición de Ucrania, al menos en su aspiración a recuperar algunos de sus territorios perdidos. Todo indica que ni siquiera un alto el fuego podría proteger a Ucrania contra la rápida pérdida de territorio en Rusia. Si 24 horas antes se mostraba la imagen de un soldado ruso en las afueras orientales de Suya, ayer por la mañana los medios rusos se jactaban ya de la bandera tricolor ondeando en la Plaza Soviética en el centro de Suya, la misma en la que las tropas ucranianas destruyeron la estatua de Lenin, y se da por hecha la retirada ucraniana a las afueras de la única ciudad mínimamente relevante que había capturado Ucrania en la aventura rusa que Zelensky calificó hace apenas unas semanas como “una de las mayores victorias ucranianas de la guerra”. Aunque los avances rusos comenzaron a principios de este mes, ha sido en los últimos días cuando se ha acelerado, como muestran los mapas diarios que presenta la fuente ucraniana Deepstate, que en su informe de ayer limitaba a 140 kilómetros cuadrados, la décima parte de la mayor extensión que había alegado Kiev, el territorio aún bajo control ucraniano. Ayer, la situación le costó el puesto a Dmytro Krasilnikov, comandante encargado de la operación, aunque las autoridades mantienen un silencio que pretende decir que todo va bien.

Kursk ya no importa, ha dejado de ser útil tanto para el discurso como para la negociación, por lo que no hace falta explicar siquiera por qué han muerto tantos soldados en una operación que siempre pareció suicida. En esa actitud, Ucrania cuenta, como es habitual, con el favor de la prensa. “El silencio mediático occidental sobre el reciente colapso de Ucrania en Kursk es impresionante. ¡Eso sí que es disciplina! A diferencia de los villanos rusos, nuestros principales medios de comunicación no necesitan un Roskomnadzor que los obligue a obedecer. Se autocensuran por iniciativa propia, ¡qué maravilla!”, escribía ayer el periodista estadounidense Mark Ames para llamar la atención sobre la actitud de la prensa hacia el desarrollo de los acontecimientos en Kursk en las últimas horas. Quizá el mejor ejemplo de la voluntad de los medios de ver en los partes de guerra ucranianos la verdad objetiva se produjo ayer en El Mundo, que en un artículo escribía que “la operación de Kursk, como misión temporal que era, acaba para los ucranianos habiendo conseguido gran parte de sus objetivos: sus pérdidas fueron moderadas en comparación con las rusas, a veces con ratios de uno a cuatro muertos”. Con la fe como única vía de verificación de esas afirmaciones, el artículo añade también que “la retirada está motivada, desde un punto de vista militar, por el agravamiento de la logística ucraniana. Los rusos ya tenían a tiro de artillería y dron las carreteras para abastecer las posiciones defensivas ucranianas. Además, comenzadas ayer martes las negociaciones en Arabia Saudí, según varios analistas los ucranianos comprobaron que la carta de Kursk como comodín para intercambios quizá no iba a ser tan útil como imaginaban”. Ucrania no ha perdido Kursk, simplemente ha decidido que esa carta no iba a funcionar, por lo que abandona sin mayor explicación su principal victoria del último año. Esa visión que presentan estos días algunos medios ni siquiera es coherente con el discurso oficial ucraniano. Ayer mismo, el jefe del Estado Mayor de Ucrania afirmó que las tropas seguirán luchando en Kursk.

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