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El futuro de la guerra y de la paz

“Los objetivos de la Federación Rusa no han cambiado, no los han abandonado y hablan de ello públicamente”, afirmó ayer Kirilo Budanov en una entrevista concedida a Ukrinform en la que proclama cuáles eran las expectativas de la Federación Rusa en febrero de 2022 y qué queda de ellas ahora, una información de la que el jefe de la inteligencia militar no puede disponer, pero cuya desinformación es presentada por los medios ucranianos como hecho que no precisa de verificación. No hace falta tampoco tener en cuenta que la diseminación de información falsa e interpretaciones interesadas forma parte importante de su cargo. En este sentido, Budanov se ciñe al discurso occidental oficial según el cual la guerra está causada por el imperialismo ruso, el deseo de reunificar la Unión Soviética y que el objetivo era absorber y ocupar toda Ucrania para hacer desaparecer a la nación ucraniana, una captura que el Kremlin esperaba realizar en tres días, algo que Moscú jamás dijo y que siempre ha sido parte de la propaganda británica.

Budanov se permite también comentar la situación económica rusa. “Ya han aparecido problemas, pero no hay que engañarse. Incluso según los datos oficiales, el 41% corresponde al presupuesto de defensa. Son cifras anormales, y casi todos los programas sociales, médicos y educativos se redujeron para hacer frente a este presupuesto… En otras palabras, el impacto financiero y económico negativo en la Federación Rusa ya es palpable”, afirma sin recordar que la guerra supone más del 50% del presupuesto de Ucrania, cuya capacidad de seguir financiando a su ejército y Estado depende de las subvenciones extranjeras. Pero pese a que el análisis del jefe de la desinformación ucraniana peca de confundir los deseos con los hechos para exagerar al máximo las dificultades ajenas mientras se ignoran las propias -de ello depende que los aliados sigan creyendo en Ucrania y continúen financiando su esfuerzo militar-, su discurso es más realista que algunos artículos que aún pueden leerse en la prensa occidental. “Donald Trump puede poner fin al gobierno de Vladimir Putin”, escribía, por ejemplo, la revista Time antes de que Donald Trump virara en su estrategia de la paz por medio de la fuerza al intento de atraer a Rusia a la negociación ofreciendo alicientes. “Rusia está en verdaderos apuros mientras su economía implosiona y Putin está destruyendo Rusia”, añadía observando una implosión que no existe. “Repito: mientras haya petróleo, gas, metal, metales preciosos y piedras, hasta entonces se equilibrarán”, admite Budanov.

“Su líder supremo dice que hay que alcanzar los objetivos de la operación militar especial”, continúa el jefe de la inteligencia ucraniana, que añade falsamente que “lo dijeron bien: «Kiev en tres días» se convirtió en el tercer aniversario de una invasión a gran escala. Así que obviamente, como se suele decir, algo «salió mal». ¿Cómo evaluar su estado ahora? El ejército profesional fue exterminado en el período en algún lugar hasta 2023, entonces Rusia está luchando movilizado. Aunque técnicamente son todos soldados contratados, pero el enfoque es el mismo, es decir, se lleva a una persona, un máximo de dos semanas y al frente. Luchan puramente en números”. Teniendo en cuenta las dificultades que Ucrania está sufriendo para reponer sus filas, sería posible preguntar a Budanov qué fue del ejército ucraniano que inició la defensa tras la invasión rusa, cómo el país está reclutando forzosamente a hombres que tratan de resistirse -algunos de ellos hasta la muerte, como ha podido verse esta semana en un vídeo publicado en las redes- y cuánto tiempo de instrucción reciben los nuevos soldados. Un reportaje publicado hace unas semanas por The New York Times muestra la elevada edad de los soldados, en ocasiones en condiciones físicas que distan de ser óptimas y que son enviados al frente sin apenas entrenamiento. A lo largo de estos tres años han sido muchas las declaraciones de comandantes ucranianos que han llamado la atención sobre la escasa esperanza de vida de los soldados movilizados en las trincheras del frente de Donbass.

La narrativa de Budanov, como la de Ucrania y sus aliados europeos, está formada por un doble discurso. Rusia sufre bajas insostenibles, sus soldados carecen de instrucción y su economía sufre cada vez más pero, al mismo tiempo, es preciso aumentar el gasto militar mucho más allá del 2% del PIB que hasta ahora exigía la OTAN. “La OTAN gasta 1.305 billones de dólares anuales en su ejército, mientras que Rusia gasta 84 billones de dólares anuales. Al igual que en la Guerra Fría, la amenaza militar rusa se está exagerando de forma masiva e intencionada. Nos están engañando”, ha escrito esta semana el británico Mark Seddon, que recuerda que el Reino Unido, en paz, gasta prácticamente la misma cantidad en defensa que la Federación Rusa en guerra. La exageración del peligro de invasión rusa de países de la OTAN ha llegado estos últimos meses de los servicios secretos de los países bálticos y nórdicos, en ocasiones presentando solo escenarios hipotéticos que los medios han publicado como declaraciones oficiales de intenciones rusas, un argumento útil a la hora de consolidar la idea de la necesidad de duplicar el gasto militar a costa de los mismos recortes que Budanov acusa de hacer a Rusia y que Ucrania ha utilizado activamente desde 2014.

Ante la amenaza de paz, que aún es únicamente relativa, ya que ni siquiera han empezado las negociaciones e incluso su principal impulsor, Donald Trump, deja la puerta abierta a la posibilidad de que no haya acuerdo, Ucrania recupera sus habituales argumentos para aferrarse al statu quo. Y también en ello se observa con claridad el doble discurso de la victoria inminente o el colapso de la civilización ante la invasión rusa de Europa.

“La degradación del arsenal del ejército ruso es visible tanto desde el espacio como a través de una mira. Las imágenes por satélite revelan el agotamiento de lo que antaño fueron arsenales sin fondo de la era soviética. A través de la mira de las fuerzas ucranianas, se pueden ver patinetes eléctricos, motocicletas, cacharros civiles en lugar de vehículos blindados, e incluso burros que forman la nueva columna vertebral de la logística enemiga. Pokrovsk y Chasiv Yar se mantienen firmes. Nuestra cabeza de puente en la región de Kursk está aplastando a la infantería enemiga. En ninguna parte a lo largo de los mil kilómetros de línea del frente el magro avance del enemigo amenaza con colapsar la defensa de Ucrania”, escribió Mijailo Podolyak en un texto en el que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. El evidente objetivo es insistir en el inminente colapso ruso para exigir la continuación de la guerra hasta la victoria final, que precisa del mantenimiento del flujo de armento, munición, financiación e inteligencia fundamentalmente de Estados Unidos.

Ese es el objetivo de Volodymyr Zelensky tanto en la negociación del acuerdo de extracción de minerales como en su visita de hoy a Washington. El presidente ucraniano se ha mostrado orgulloso de haber logrado su exigencia de que el documento contuviera un artículo dedicado a las garantías de seguridad. Conseguir que el flujo de material y la presencia estadounidense se prolongue más allá de un hipotético acuerdo de paz es la principal obsesión del presidente ucraniano a día de hoy. No son suficientes para Zelensky las garantías de seguridad en forma de misión de paz que Keir Starmer y Emmanuel Macron han presentado a Donald Trump en sus visitas a la Casa Blanca esta semana.

Aunque parte más débil de una relación desigual, Ucrania ha dejado claro que su principal negociación no será con Rusia, sino con Estados Unidos. “No habrá alto el fuego sin garantías de seguridad”, declaró el miércoles Volodymyr Zelensky. Horas antes, Sergey Lavrov se había manifestado en términos similares. El deseo de evitar un alto el fuego que permita a la otra parte reforzarse y reiniciar la guerra es uno de los escasos aspectos en los que Kiev, Moscú y Washington están de acuerdo. De ahí que garantizar el suministro militar siga siendo la prioridad de Ucrania, que al contrario que Rusia, precisa de sus aliados para obtener el armamento necesario.

“Si no tenemos esto, nada funcionará. Necesito entender qué nos pasará a nosotros, a nuestras familias mañana, y cuál es su posición No sólo necesitamos acuerdos sobre dinero: estamos tratando de sobrevivir. Mi primera pregunta es: ¿Estados Unidos detendrá la ayuda militar?», afirmó el miércoles por la noche un visiblemente alterado Volodymyr Zelensky. Donald Trump ya ha declarado no estar dispuesto a ofrecer “muchas más garantías de seguridad”, que pretende dejar en manos de los países europeos. La redacción del artículo 10 del acuerdo de extracción de minerales, el principal éxito de Ucrania al conseguir la mención a las garantías de seguridad, es suficiente para que Zelensky pueda seguir negociando, pero deja claras las intenciones de partida.

El acuerdo no es sino un marco en el que aún restan por negociar los detalles más importantes (ante todo qué capacidad tendrá Ucrania de acceder al dinero que ingresa en ese fondo común con Estados Unidos y qué implicaciones tendrá en el futuro en cuanto a presencia estadounidense en el país) y su artículo décimo es un buen ejemplo de ello. “El Gobierno de Estados Unidos apoya los esfuerzos de Ucrania por obtener las garantías de seguridad necesarias para establecer la paz duradera. Los participantes tratarán de determinar las medidas necesarias para proteger las inversiones mutuas, tal como se definen en el acuerdo del Fondo”, afirma con una redacción en la que queda claro que Washington no quiere comprometerse a ofrecer garantías de seguridad a Ucrania aunque, como ya había publicado la NBC, sí parece abierto a encargarse de la seguridad de sus inversiones.

Ayer, The Economist afirmaba que Volodymyr Zelensky insiste en que no firmará el acuerdo si no implica unas garantías de seguridad de Estados Unidos. De ello depende, a juzgar por la postura ucraniana, el futuro de la guerra y de la paz. Y puede que también la letra pequeña del acuerdo de extracción de minerales en Ucrania.

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