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En defensa de la guerra

Consciente de la importancia del momento y de la precariedad de su posición, en medio de una dura negociación con su principal aliado para tratar de garantizar que la colonización económica que desea su proveedor se produzca a cambio de presencia militar futura y no solo como pago por los servicios prestados, Volodymyr Zelensky comenzó el domingo la conmemoración del tercer aniversario de la invasión rusa del 24 de febrero de 2022. Lo hizo en un multitudinario acto en el que insistió en que no se siente molesto por haber sido calificado de dictador por Donald Trump, el hombre al que no puede permitirse ofender, insistió en que no aspira a perpetuarse en el poder durante décadas y llegó a ofrecer su dimisión si eso facilita la paz justa o la entrada de Ucrania en la OTAN.

Habituados a tomar al pie de la letra cada palabra procedente de Ucrania, los medios occidentales no tardaron en hacer de esa declaración titulares de portada pese a lo vacío de sus palabras. Zelensky ofrece su puesto a cambio de dos sueños que precisarían una guerra total contra Rusia que Washington no está dispuesta a librar. La paz justa es, en la jerga del Gobierno ucraniano, sinónimo de integridad territorial, algo que, de la misma manera que el acceso a la OTAN, es altamente improbable después de tres años de lucha contra Rusia y en una situación en la que son las tropas de Moscú las que mantienen la iniciativa en el frente y, desde hace unos días, también en la retaguardia de la diplomacia. Ayer, por primera vez desde 2022, Estados Unidos votó en contra de la resolución de Ucrania y sus aliados europeos que culpa a Rusia de la guerra y llama a la retirada completa de las tropas rusas de los territorios ucranianos según sus fronteras de 1991, es decir, incluida Crimea.

Las conversaciones de paz no han comenzado todavía -únicamente se han producido conversaciones entre Rusia y Estados Unidos para reabrir los canales de comunicación, motivo por el cual la exclusión de Ucrania de la reunión de Riad no puede considerarse una expulsión del proceso de negociación de la paz en su territorio-, pero Kiev y sus aliados europeos luchan activamente por proteger el statu quo. De ahí que la cumbre de ayer, en la que jefes de Estado y de Gobierno acudieron a Kiev en masa, presentaron sus respetos a las víctimas en la plaza de Maidan y repitieron una vez más los eslóganes de los tres últimos años, menos creíbles en esta ocasión en la que ya no cuentan con el apoyo incondicional de Estados Unidos, de quien depende el esfuerzo militar. En Kiev, la presidenta del Parlamento Europeo reclamaba “libertad para Ucrania y paz duradera para toda Europa y el mundo”, en un mensaje en el que se insistía una vez más en que “nada sobre Ucrania sin Ucrania”. “Putin quiere dividirnos. Hoy demostramos que nuestro apoyo a Ucrania es firme, unido y sin cambios”, afirmó Antonio Costa pese a que el principal aliado, Estados Unidos, no solo se encontraba ausente, sino que se ha desmarcado de los países europeos y su táctica de evitar una negociación de paz.

El hábito de realizar actos simbólicos como iluminar con los colores de la bandera ucraniana las instituciones comunitarias o hablar en forma de lemas publicitarios se repitió con cada uno de los lugares comunes que se han pronunciado los tres últimos años. “Durante tres años, el pueblo ucraniano se ha defendido con valentía y heroísmo contra la guerra de agresión rusa. Día tras día. Semana tras semana. Nadie anhela la paz más que ella. Seguimos a vuestro lado: por una paz justa y duradera”, escribió Olaf Scholz acompañando el texto con una imagen de archivo en la que observa junto a Zelensky el monumento en memoria de las víctimas. A escasa distancia puede observarse una vela con el wolfsangel modificado del movimiento Azov. Con una imagen del mismo lugar, Úrsula von der Leyen escribía que “En Maidán, honramos a los caídos y a aquellos que aún luchan en el frente. Europa está con Ucrania y fortalece su valiente resistencia. Mediante la fuerza conseguirán una paz justa y duradera. Una paz digna de su máximo sacrificio”. En la tónica habitual, los líderes occidentales ensalzaron la valentía y unidad del pueblo ucraniano olvidando a aquella parte de la población que ha sufrido durante años el asalto de las Fuerzas Armadas de Ucrania, una valentía y lucha por sus derechos que no tiene cabida en el simplista discurso de quienes a día de hoy solo quieren proteger el derecho de Ucrania a continuar la guerra hasta conseguir sus objetivos imposibles, algunos de los cuales habrían de conseguirse contra la opinión de la población local.

La presidenta de la Comisión Europea, que afirmó que “la resistencia” de Ucrania es la “prioridad absoluta”, anunció que Kiev recibirá 3.500 millones de la Unión Europea en marzo, una financiación destinada al sostenimiento del Estado, que no solo depende de subvenciones extranjeras para continuar la guerra sino también para mantenerse a flote. Sin embargo, la lucha es la razón de ser de la Ucrania actual y ayer fueron muchos los paquetes militares que se anunciaron. Por sorpresa y sin previo paso por el Parlamento, Pedro Sánchez anunció “un nuevo paquete de ayuda militar por valor de 1.000 millones de euros al pueblo ucraniano”, siempre entendido este último concepto como el pueblo ucraniano correcto. Los muertos y heridos ayer en Gorlovka, una ciudad que lleva once años en la línea del frente y siendo blanco de la artillería ucraniana no precisan de ayuda, solidaridad ni compasión.

El Reino Unido, que quiso conmemorar el tercer aniversario de la intervención militar rusa anunciando a bombo y platillo “el mayor paquete de sanciones” desde el inicio de la guerra, aprovechó también el interés mediático que iba a provocar la fecha para acompañar a las nuevas medidas coercitivas con un gran paquete de asistencia militar. Desde que Estados Unidos se desmarcó de la guerra eterna hasta conseguir los objetivos de Ucrania como única salida aceptable al conflicto, Londres se ha convertido en el principal exponente de la vía militarista que esta semana tratará de presentar a Donald Trump. “La paz duradera se forjará por medio de la fuerza”, afirmaba ayer el ministerio de Asuntos Exteriores británico en unos términos muy similares a los de Volodymyr Zelensky. “Este año debería ser el principio de una paz real y duradera”, afirmó el presidente ucraniano para añadir que “Putin no nos va a dar la paz o dárnosla a cambio de algo. Tenemos que ganar la paz por medio de la fuerza, la sabiduría y la unidad”.

Cuestionado desde la Casa Blanca, Zelensky obtuvo el apoyo incondicional de Canadá y sus aliados europeos tanto en persona como en la distancia. “Desde hace tres años, Ucrania combate con un coraje que obliga al respeto contra un agresor: Rusia. Por su soberanía y libertad. Nuestro apoyo a Ucrania seguirá siendo inquebrantable. Estoy en Washington para recordarlo y avanzar con el presidente Trump y nuestros aliados”, escribió Macron apelando a la soberanía de Ucrania, a día de hoy, con un 18% de su territorio perdido y su principal aliado exigiendo el control de sus recursos naturales, una utopía.

 “Tres años después de la bárbara invasión de Ucrania por parte de Putin, el primer ministro Starmer reiteró su apoyo al presidente Zelensky”, escribía la oficina del Primer Ministro británico, que tampoco estuvo presente en la capital ucraniana, donde sí se encontraba otro gran amigo de Ucrania, Boris Johnson. “Todo lo que estamos escuchando de que Ucrania es responsable por la guerra, se podría decir que los nadadores son responsables de los ataques de los tiburones en la película Tiburón”, afirmó en una aparición en la BBC. “Me enorgullece estar aquí, en Kiev, en el tercer aniversario de la invasión de Putin. Saludo el heroísmo constante del pueblo ucraniano al resistir un acto vil de agresión no provocada y rechazo categóricamente las estrafalarias falsedades que se están difundiendo actualmente sobre los orígenes de esa guerra. Insto a la gente a mantener la calma y a analizar los hechos del continuo apoyo de Estados Unidos a Ucrania, bajo el mando de Donald Trump, y sigo convencido de que Ucrania tendrá un gran futuro como nación libre, soberana e independiente”, escribió en las redes sociales en un mensaje que culminó con el grito de OUN “Slava Ukraini”, otra de las constantes que se repitieron a lo largo del día. Ese fue también el final elegido por la cuenta oficial de la representación alemana en la OTAN, que tras afirmar que “Alemania apoya firmemente a Ucrania y seguirá brindándole apoyo militar en forma de material, entrenamiento y coordinación internacional mientras sea necesario”, utiliza también ese eslogan utilizado por sus aliados actuales y los de antaño.

Después de tres años, la rutina vuelve a ser noticia. Úrsula von der Leyen y Antonio Costa se mostraron sonrientes a su llegada a la estación de tren de Kiev. La capital ucraniana sigue siendo el lugar en el que el establishment político europeo reafirma su apoyo incondicional a Ucrania, su compromiso con la guerra y repite una y otra vez los mismos actos que ya han fracasado anteriormente esperando un resultado diferente. Como estaba previsto, la UE anunció ayer su decimosexto paquete de sanciones contra Rusia en un momento en el que Estados Unidos comienza a hablar de la posibilidad de levantar -si se dan ciertas condiciones- algunas medidas que, de cualquier manera, no han conseguido el objetivo que buscaban, destruir la economía rusa. Aun así, y teniendo en cuenta que la lucha de propaganda y de imposición del discurso es tan importante como las batallas reales en las trincheras militares, Kaja Kallas escribió, orgullosa: “La UE cumple: los ministros de Asuntos Exteriores acaban de aprobar el 16º paquete de sanciones contra Rusia. Afecta a todo, desde la flota fantasma hasta mandos de videojuegos utilizados para controlar drones. Ahora tenemos las sanciones más extensas jamás impuestas, debilitando el esfuerzo bélico de Rusia”. Está vez sí, no como las quince anteriores, la UE va a conseguir debilitar el esfuerzo militar ruso.

En una fecha señalada, rodeado de muchos de sus principales aliados, Volodymyr Zelensky aprovechó el altavoz mediático para insistir también en su narrativa más repetida. “La OTAN es la opción más rentable para evitar otra guerra. Es la solución más simple y lógica. Si Ucrania no se une a la OTAN, tendremos que crear la OTAN dentro de Ucrania, lo que significa mantener un ejército lo suficientemente fuerte para repeler la agresión, financiarlo, producir y almacenar suficiente cantidad de nuestras propias armas y negociar con nuestros socios sobre su participación para disuadir a Rusia de iniciar otra guerra. Por eso estamos hablando de un sistema integral de garantías de seguridad: militar, económica y política. Tenemos que sopesar todo: qué es más barato, qué es más realista y qué se puede hacer más rápido”, escribió insistiendo una vez más en la idea de la adhesión a la OTAN, que también apoyó la líder de la diplomacia de la UE. Ambos son conscientes de que exigir la adhesión a la Alianza es la receta perfecta para garantizar que no pueda haber acuerdo de paz.

“La garantía de seguridad más sólida, y en realidad también la más barata, es el ingreso en la OTAN. Si el ingreso en la OTAN no está sobre la mesa, aunque hayamos acordado que el camino de Ucrania hacia la OTAN es irreversible, así lo hemos acordado. Así que, al final, Ucrania también debe formar parte de la OTAN. Si no lo es en la primera fase, entonces todos los países que han ofrecido garantías de seguridad tienen que responder a preguntas sobre tropas sobre el terreno, sobre suministros de munición, para garantizar realmente la seguridad”, afirmó ayer Kaja Kallas en una declaración tan similar a la del presidente ucraniano que podrían incluso confundirse. Las dos opciones sobre la mesa para Kallas son la adhesión a la Alianza o la presencia de tropas de países miembros, que son también las dos opciones que maneja Zelensky y son inviables como parte de un acuerdo de paz con Rusia.

En su discurso, el presidente ucraniano exigió a Rusia que se gane la confianza del mundo paso a paso, comenzando por un intercambio de prisioneros “todos por todos,” una idea que tantas veces se repitió durante los años del proceso de Minsk y que Ucrania saboteó sistemáticamente. Ahora que Kiev necesita recuperar a sus prisioneros, mucho más numerosos que los soldados rusos en manos ucranianas, para reponer sus filas, Zelensky presenta la idea como una mano tendida a Rusia. Pero más allá de esas falsamente generosas ofertas, el discurso ucraniano continúa centrado en sus proclamas habituales. “La postura del presidente y la postura de todo el equipo sigue inalterada: no puede haber compromisos en nuestra independencia, integridad territorial y soberanía”, afirmó ayer, flanqueado por el ministro de Asuntos Exteriores y el presidente de la Rada, Andriy Ermak, mano derecha de Zelensky. Recuperar sus territorios y entrar en la OTAN siguen siendo los dos objetivos de Ucrania. Tanto Kiev como quienes defienden el apoyo incondicional a Ucrania mientras sea necesario y abogan por continuar luchando hasta conseguir una posición de fuerza son conscientes de que ninguno de esos objetivos puede conseguirse por otra vía que no sea la escalada militar, opción que aparentemente se entiende como un mal menor. Como ha afirmado la primera ministra danesa Mette Frederiksen, “la paz en Ucrania podría ser más peligrosa que la actual guerra”.

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