Prácticamente olvidado entre la retórica cada vez más imperialista de Donald Trump, que en su primer mes de retorno al poder está marcando la agenda internacional a base de amenazas cada vez más exageradas, menos legales y completamente fuera de lugar, el frente ucraniano continúa según los parámetros de los últimos meses. Como zona prioritaria en la que presionar a Rusia con el objetivo de conseguir mejores cartas ante una posible negociación, Ucrania realiza actualmente un nuevo intento de avanzar sobre el territorio de la región de Kursk. Como hace unas semanas, el impulso inicial dio algunos avances, en parte gracias a la niebla, que impidió el uso de aviación y drones rusos con la intensidad necesaria, pero la situación sigue sin ser especialmente favorable a Kiev, cuyos mayores éxitos están en la lucha, en muchos casos imaginaria, contra las tropas norcoreanas. El contingente de la República Popular de Corea fue utilizado como argumento para aprobar el uso de misiles occidentales contra territorio ruso y para exigir más rapidez en las entregas de armas. De esas tropas se ha dicho que carecían de humanidad, que actuaban como hordas humanas, que eran adictas a la pornografía, que habían muerto masivamente, que por problemas de idioma eran víctimas del fuego amigo, que asesinaban a los soldados rusos o incluso que sus caras eran quemadas para evitar que fueran reconocidas.
Después de meses y artículos en grandes medios anunciando su llegada, muerte masiva y retirada, sigue sin haber signo de esas tropas. El único indicio tangible de la presencia coreana en Kursk es un vídeo en el que Ucrania presentaba a dos prisioneros de guerra supuestamente coreanos, información que Rusia negaba alegando que eran soldados rusos naturales de la región de Tuva. Como comentaba la analista Patricia Marins, es difícilmente creíble que un contingente de una decena de miles de soldados y bajas tan elevadas que ha tenido que ser retirado del frente ofrezca como única evidencia de su existencia un vídeo de dos soldados capturados, especialmente si, como afirman las inteligencias ucraniana y surcoreana, actuaban en mareas humanas atacando al enemigo como carne de cañón. La palabra de Ucrania sigue siendo dogma y los medios han reportado la historia tal y como se la ha contado Kiev, fundamentalmente en boca de la inteligencia militar de Kirilo Budanov, el hombre que decía estar preparando campamentos para alojar a las masas de soldados norcoreanos que desertaran a Ucrania. Estos éxitos contra la República Popular de Corea son una forma de medir los resultados estratégicos que Ucrania ha conseguido hasta ahora en su aventura rusa, que ha conseguido avergonzar ligeramente a Rusia, que sigue sin poder recuperar todo su territorio, pero que no ha cambiado sustancialmente la dinámica del frente principal.
Ayer, varios días después de que se conociera la captura de la mina Toretska en la zona industrial de la localidad, que una vez más ha actuado a modo de escudo para que Ucrania pudiera resistir un tiempo más el asalto ruso, las fuentes rusas comienzan a hablar la liberación de Toretsk, que al igual que otras ciudades de la PRD recuperadas por las tropas rusas, recuperará su anterior denominación, Dzerzhinsk. Menos mediática que otras batallas, la lucha por la ciudad ha sido larga, tediosa y ha dado como resultado una enorme destrucción de la ciudad y un número indeterminado de bajas. El objetivo ruso en Dzerzhisnk era claro. Por una parte, sigue siendo necesario alejar al máximo el frente de las ciudades de la República Popular de Donetsk. Tras la pérdida de Avdeevka y posteriormente Kurajovo, Ucrania no puede ya utilizar su artillería más barata, los proyectiles de 155 milímetros que tanto ha utilizado para amedrentar a la población de Donetsk-Makeevka, una aglomeración urbana que albergaba a alrededor de un millón de personas antes de la guerra. Sin embargo, Gorlovka continúa expuesta. La caída de Niu York, primer ladrillo en el muro ucraniano de la primera línea de defensa abrió la puerta al avance sobre Toretsk, donde las tropas de Oleksandr Syrksy han luchado hasta el final. En su línea habitual de priorizar batallas que considera importantes, el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania envió allí a tropas de confianza a modo de refuerzo. Si en el caso de Avdeevka los elegidos fueron los soldados de la Tercera Brigada de Asalto de Andriy Biletsky, en esta ocasión han sido los de la 12ª Brigada de la Guardia Nacional de Ucrania, el Azov de Denis Prokopenko. Los refuerzos, la voluntad de continuar luchando mientras han podido aferrarse a una parte de la ciudad y la posibilidad de continuar recibiendo suministros ha hecho que la batalla se haya extendido hasta esta semana. Ucrania se aferra a parte de las afueras, suficiente para que Deepstate afirme que la lucha aún no ha terminado. Sin embargo, hace tiempo que es evidente que la batalla está sentenciada. La noticia de la caída de Toretsk ha tenido ya una primera consecuencia, el anuncio por parte de Zelensky de que las tropas norcoreanas han regresado al frente de Kursk. Una vez más, el guion necesita un giro y el la República Popular de Corea la que se utiliza como herramienta creativa.
El anuncio de la captura de la ciudad constata la prudencia con la que sigue actuando el comando ruso, sin prisa por jactarse de sus avances, que no confirma hasta que las posiciones se han consolidado y no hay riesgo de contraataque inmediato por parte de Ucrania. El final de la batalla por Dzerzhinsk supone derribar la última barrera al sur de Konstantinovka, la última ciudad relevante antes de la aglomeración urbana de Slavyansk-Kramatorsk, a la que Rusia aspira a aproximarse en dos direcciones, desde el sur y el este. Aún más lenta que la batalla por Dzerzhisnk, la lucha por Chasov Yar, al este de Konstantinovka, continúa. Solo entonces ambas ciudades formarán parte de un mismo frente de aproximación en dirección a Slavyansk-Kramatorsk, un objetivo que no se vislumbra a corto plazo.
Además de avanzar hacia dejar a Gorlovka en la retaguardia, la captura de Dzerzhinsk implica también liberar a una parte de esas tropas para incorporarse a la lucha por Pokrovsk-Krasnoarmeisk, un objetivo mucho más complicado y donde la operación no pasa por un asalto directo como ha ocurrido en Toretsk, sino por rodear la ciudad, crear un cerco operativo que elimine todo el valor estratégico de la ciudad y minar los esfuerzos defensivos ucranianos a base de evitar el suministro. Tampoco este objetivo va a lograrse de forma rápida, ya que la resistencia ucraniana en esta zona se considera estratégica pese a que Kiev haya perdido ya, por ejemplo, el acceso a la mina de Pokrovsk, cuyo carbón sostenía la industria metalúrgica del país.
Para continuar luchando, como desea hacer Ucrania, es necesario que continúe el suministro de armas. Según el presidente ucraniano, la producción doméstica aporta el 40% de las armas de la guerra, una cifra aún menos creíble que los 45.000 soldados que Zelensky afirma que el país ha perdido en casi tres años. Aunque la industria nacional aporta una parte importante de los drones utilizados, la dependencia ucraniana del armamento occidental, sobre todo del estadounidense es absoluta. Así lo demuestra el armamento utilizado en el frente y, sobre todo, la insistencia ucraniana en mantener el suministro de Estados Unidos, a quien Kiev está dispuesta a entregar sus reservas minerales para garantizar que continúe. Al igual que las tropas norcoreanas, un peligro para Ucrania cuando son necesarias para justificar la exigencia de más ayuda y desaparecidas cuando lo que se requiere es vender un éxito real o imaginario, las armas son nacionales o estadounidenses según las exigencias del guion. Ucrania, cuya única ideología es el nacionalismo, necesita jactarse de su producción propia, pero siempre sin dejar de destacar el papel imprescindible del país excepcional, Estados Unidos, que según Zelensky aporta el 30% de las armas de la guerra.
“Los envíos estadounidenses de armas a Ucrania se detuvieron brevemente en los últimos días antes de reanudarse durante el fin de semana mientras la administración Trump debatía su política hacia Kiev, según cuatro personas informadas sobre el asunto”, escribía el lunes la agencia Reuters para anunciar la vuelta a la normalidad tras un parón a raíz de las nuevas medidas impuestas por la administración estadounidense. Pero la tranquilidad no es completa en Ucrania, consciente de que los fondos aprobados por el Congreso en 2024 se acaban. “Los fondos que el Congreso aprobó para paquetes de armas a Ucrania durante la administración Biden están casi vacíos, con la mayoría de las armas ya en Ucrania”, afirmaba el miércoles Yahoo News. Ucrania cuenta ya con toda la asistencia militar que va a recibir en un tiempo. “Es demasiado pronto” para hablar de un nuevo paquete de ayuda militar, admitió Zelensky en una de las entrevistas que ha concedido esta semana. En plena temporada de recortes, es improbable que la Casa Blanca vaya a aprobar de forma urgente -aunque no es descartable a más largo plazo, especialmente si Rusia no accede a un alto el fuego previo a las negociaciones- nuevos fondos para la asistencia militar a Ucrania. El jueves, Keith Kellogg volvió a insistir en la posibilidad de endurecer las sanciones como herramienta para debilitar a Rusia. Esa y no la entrega de armas a Ucrania, como preveía su plan publicado el año pasado, parece ser la vía con la que Estados Unidos pretende obligar a Moscú a realizar concesiones a Ucrania en un futuro proceso diplomático.
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