“El Secretario de Estado Marco Rubio detuvo el viernes el gasto en la mayoría de las subvenciones existentes para ayuda exterior durante 90 días. La orden, que sorprendió a los oficiales del Departamento de Estado, parece aplicarse a la financiación de la ayuda militar a Ucrania”, afirmó el sábado Político en un artículo que dio inicio a todo tipo de especulaciones sobre qué tipo de asistencia iba a ser detenida y las implicaciones prácticas de esta nueva política. La orden del nuevo jefe de la diplomacia estadounidense responde al inicio de una fase de estudio de esos costes en el extranjero para valorar cuáles de esas causas y actuaciones son acordes con la nueva política exterior America First que ha adoptado la Casa Blanca. “Según el documento al que ha tenido acceso Político, la directriz de Rubio, emitida a todos los puestos diplomáticos y consulares, exige a los funcionarios del departamento que emitan «órdenes de suspensión de trabajo» en casi todas las «concesiones de ayuda exterior existentes». Su entrada en vigor es inmediata”, precisaba el medio. El resultado de la evaluación, con la cancelación y reanudación de determinados programas será tan determinante para comprender las intenciones del equipo de política exterior de Donald Trump como los nombres que ha presentado para gestionarla.
Según Político, que aporta una información que no ha sido refutada ni negada por otros medios, hay dos excepciones a la orden de detención del gasto exterior: Israel y Egipto, dos países muy importantes para la proyección estadounidense en Oriente Medio y que no verán su asistencia militar limitada ni puesta en cuestión. En el caso de Israel, es representativo también que Donald Trump haya levantado la pausa al suministro de bombas de 2.000 libras, único armamento cuya entrega había suspendido temporalmente Joe Biden en el marco de la guerra de aniquilamiento y destrucción absoluta de Gaza. El anuncio de esas excepciones y el trato claramente de favor a esos dos países, especialmente a Israel, evidencia las prioridades estadounidenses y la jerarquía de intereses que muestra la nueva administración. Pese a su intento por equipararse a Israel tanto en la militarización de la sociedad como en su relación con Estados Unidos, Ucrania no ha conseguido en estos casi tres años de guerra rusoucraniana elevar su importancia para Washington de tal manera que sea percibida como un país aliado prioritario cuya asistencia no puede ponerse en duda.
“La nueva directriz significa que no se tomarán nuevas medidas para dispersar la financiación de la ayuda a programas ya aprobados por el gobierno estadounidense, según tres funcionarios actuales y dos antiguos familiarizados con la nueva directriz”, añadía Político, insistiendo en que la orden va más allá del decreto presidencial que preveía detener nuevas concesiones, aunque quedaba abierta la posibilidad de detener las ayudas según fondos previamente apropiados. Ese sería el escenario más peligroso para Ucrania, ya que la anterior administración había tratado de proteger a Kiev de una posible suspensión de nuevas ayudas a base de comprometer los fondos existentes para garantizar que estuvieran disponibles y asegurarse así de que continuara la financiación durante al menos unos meses al margen de un posible cambio de política por parte de Donald Trump. El temor a la posibilidad de que Trump fuera a “abandonar a Ucrania” había hecho que los países europeos y la administración Biden buscaran una forma de blindar la asistencia a Kiev “a prueba de Trump”, algo que quedaría en cuestión en caso de cumplirse lo que sugería Político.
Sin embargo, incluso en el documento revisado por el medio estadounidense hay matices y lugar para la interpretación y “prevé algunas excepciones. Especifica que la financiación militar extranjera para Egipto e Israel continuará y permite la ayuda alimentaria de emergencia y «gastos legítimos incurridos antes de la fecha de esta» orientación «bajo laudos existentes». En algunos puntos, también dice que las decisiones deben ser «coherentes con los términos del laudo correspondiente»”. “Un oficial actual del Departamento de Estado, además de dos ex funcionarios de la administración Biden, dijeron que la pausa parece detener la ayuda a aliados clave como Ucrania, Jordania y Taiwán”, advertía el medio.
Esta es la parte de la información que rápidamente fue cuestionada. No hay duda de que la administración Trump espera reducir partidas de gasto en asistencia en el exterior, no solo para limitar costes, sino con un fuerte componente ideológico de favorecer determinadas causas sobre otras. Sin embargo, prácticamente desde el momento en el que fue publicado el artículo de Político, otras fuentes contradijeron los términos, especialmente en el caso de Ucrania. El medio más rápido fue Voice of America en su servicio en lengua ucraniana. Ostap Yarysh, corresponsal del medio en el Pentágono, afirmó que “varias fuentes me dicen que se trata del programa FMF (Foreign Military Financing). El año pasado, el Congreso prometió 1.600 millones de dólares para ello y estos fondos se agotaron en mayo. La pausa aún no se aplica a los otros dos programas: PDA y USAI”. Según esta versión, se habría suspendido solo uno de los tres programas de asistencia a Ucrania, concretamente aquel cuyos fondos ya se habían agotado.
Sin embargo, la publicación de artículos sobre la preocupación por los fondos para Ucrania perdura y ayer Financial Times escribía que “oficiales estadounidenses presionan para eliminar a Ucrania de la lista de fondos congelados de Rubio”. “Aún no sabemos si esta petición va a ser aprobada completa o parcialmente, pero, por el momento ,hay señales positivas desde Washington, afirma USAID según cita el medio. El objetivo es la continuación de toda la asistencia a Ucrania, que actualmente depende de las subvenciones extranjeras para sostener a su ejército, pero también para alimentar a parte de su población. La guerra se lleva más de la mitad del presupuesto ucraniano, inviable sin aportaciones del exterior, y que limitan notablemente la capacidad del Estado para pagar salarios y pensiones y paliar las situaciones extremas de pobreza que implica el escenario militar, con una parte de la población internamente desplazada.
En su rueda de prensa junto a la presidenta de Moldavia Maia Sandu, Zelensky quiso zanjar la especulación y confirmó que la asistencia militar sigue fluyendo. “En cuanto a las restricciones de ayuda, no estoy preparado para dar detalles por ahora”, precisó para añadir que “sé que hay algunas restricciones de 90 días en programas humanitarios y tenemos que examinar los detalles. Yo me centro en la asistencia militar que, gracias a dios, no ha sido suspendida”. Según Reuters, se confirma que la asistencia humanitaria a Ucrania es una de las partidas que efectivamente ha sido suspendida, provocando la reacción de oficiales de USAID.
Pese a la incertidumbre existente, todos los datos indican que Estados Unidos ha suspendido durante tres meses solo una parte de la asistencia a Ucrania, entre la que destaca la que ayuda a sobrevivir a la población más vulnerable que padece los estragos de la guerra. Sin embargo, no parece haberse suspendido la asistencia militar, que garantiza que, pese a las notorias dificultades que está sufriendo, Ucrania pueda seguir defendiéndose en el frente. De esa financiación depende que Donald Trump pueda poner en marcha su plan de conseguir la paz por medio de la fuerza, una idea que exige más presión a Rusia -por medio de la continuación del escenario militar y también de la guerra económica- y garantizar que Ucrania mantenga su posición militar. Aun así, la paralización de parte de la ayuda humanitaria y las dudas sobre la continuación de la asistencia militar han de entenderse, sobre todo, como una herramienta de presión a los países europeos, sobre los que Donald Trump ha insistido en que debe recaer el peso de económico de la guerra y la asistencia y aceptación de personas refugiadas y migrantes. Los planes sobre cómo la administración Trump prevé conseguir su objetivo de detener la guerra siguen sin concretarse, pero sí ha quedado claro que Estados Unidos busca reducir los costes que le supone su participación indirecta en el conflicto y la financiación de la asistencia. Todo pasa por dejar el grueso del coste de la guerra, el mantenimiento del Estado y la reconstrucción una vez termine el conflicto en manos de las potencias europeas, que ya parecen haberse resignado a pagar la factura del cambio de postura en la administración estadounidense.
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