Completamente dependiente de la voluntad de sus aliados de seguir financiando su causa, el Gobierno ucraniano ha de calibrar siempre sus palabras y sus crecientes exigencias para no ofender a sus principales proveedores. Los momentos de tensión en estos dos años y medio han sido escasos, ya que la guerra proxy contra Rusia es importante tanto para Kiev como para las capitales occidentales, pero episodios como el del ministro británico que recordó a Zelensky que debe dar las gracias de vez en cuando han resultado muy sonados. Pese a su vulnerabilidad económica y militar y la certeza de que Ucrania no podría seguir luchando si perdiera el favor de sus socios, Kiev, un subordinado exigente, nunca ha moderado sus críticas y ha intentado mantenerse firme y alzar la voz en los momentos en los que, generalmente de forma exagerada, se ha sentido agraviada. Sin embargo, las quejas, sugerencias, súplicas y lamentos no han pasado de las declaraciones en la prensa y no ha habido hasta ahora ningún tema por el que Ucrania y sus aliados se hayan enfrentado públicamente mostrando puntos de vista opuestos. Por norma, en los momentos en los que Volodymyr Zelensky consideraba que Occidente estaba cometiendo un error, el presidente ucraniano utilizaba a la sutileza y a las indirectas para reconducir la situación.
El momento actual es diferente debido a la suma del factor coyuntural -Zelensky ya no necesita adular a la administración Biden, ya en sus últimas semanas en el poder- y las dificultades militares sobre el terreno. Desde hace varios días, viene gestándose un enfrentamiento entre la Casa Blanca y Bankova a raíz del motivo de la situación actual. El último artículo de Christopher Miller en Financial Times es buen ejemplo de cómo las prisas y la necesidad de encontrar rápidamente una solución a los problemas está llevando a que los reproches se conviertan en algo más. “No se puede esperar que Ucrania pague con la juventud de nuestros hombres en el frente los retrasos en la logística o las vacilaciones en el apoyo”, afirma en el texto Dmitro Litvin, asesor de la comunicación del presidente de Ucrania.
El comentario, mucho más duro y explícito que las críticas que Ucrania se había atrevido hasta ahora contra su principal proveedor, Estados Unidos, ha surgido a raíz de la información que los medios occidentales han publicado en las últimas horas y que insiste en algo que Jake Sullivan había expresado ya: para Estados Unidos, los problemas de Ucrania no se deben a la falta de armamento, sino a una cuestión de personal. “La Casa Blanca presiona a Ucrania para movilizar a los mayores de 18 años para que tenga suficientes tropas para luchar contra Rusia”, titulaba, por ejemplo, AP. La noticia de la sugerencia estadounidense para que Ucrania modifique su ley de reclutamiento (aprobada este mismo año y que rebajó la edad de movilización de los 27 a los 25 años hace tan solo unos meses) responde a los crecientes reproches de Kiev, que no entiende como suficiente aumento de apoyo el permiso de Joe Biden para atacar territorio ruso utilizando misiles occidentales y espera un incremento más allá de lo posible y razonable en el suministro de armas de forma inmediata. Al igual que Rusia, Ucrania es consciente de que ha de acelerar el paso para lograr los mayores éxitos posibles para colocarse en una posición de relativa fuerza ante la llegada al poder de Donald Trump, cuyo planteamiento pasa por buscar una negociación que, cuando menos, congele la línea del frente. Más fuerte que en años anteriores y con cierta superioridad en número de efectivos, Rusia trabaja activamente para avanzar en Donbass y recuperar lo perdido en Kursk, mientras que Ucrania se aferra a esos territorios bajo su control en la Federación Rusa y trata de ralentizar los progresos rusos en Donetsk y Járkov.
En esa lucha, el papel que el Gobierno ucraniano ve para la administración Biden es el del suministro inmediato de enormes cantidades de armamento y munición, algo que no siempre es posible y que choca con el planteamiento de la Casa Blanca que, después de haber dado alas a cada narrativa de armas milagrosas, parece haber comprendido ahora que ningún arma va a cambiar sustancialmente la naturaleza de esta guerra. Tras las claras palabras de Jake Sullivan en ese sentido, el miércoles John Kirby, portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, añadía que su país “está dispuesto a aumentar las capacidades de entrenamiento si ellos toman las decisiones apropiadas para rellenar sus filas”. En otras palabras, Estados Unidos se ofrece a entrenar a más tropas si es que Ucrania las aporta, para lo que evidentemente es precisa una movilización aún más amplia.
En su reciente Plan de Resiliencia, tan vago que ni siquiera ha causado grandes titulares, Zelensky afirma que el reclutamiento ha de cambiar para abandonar la movilización forzosa y buscar formas más amables de lograr el número de soldados que el país precisa en cada momento. Sin embargo, como muestran cada vez más artículos de medios occidentales, la realidad del reclutamiento forzoso hace tiempo que dejó de ser un tema condenado como propaganda rusa para ser aceptado como una realidad de la vida diaria. Tanto que los propios agentes del reclutamiento relatan sus desventuras en medios como The Telegraph. “Todas las mañanas, Artyom se presenta para trabajar como uno de los temidos oficiales de reclutamiento de Ucrania en su ciudad natal, en algún lugar del este del país, devastado por la guerra. Tras una breve sesión informativa, su equipo decide adónde irán: algunos son enviados a cafeterías, restaurantes, incluso clubes nocturnos, a cualquier lugar donde puedan encontrarse hombres jóvenes en edad de combatir. A continuación, comienza el trabajo difícil”, escribe el medio británico, que cita a Artyom afirmando que “en ocasiones, es como tratar con ratas acorraladas”. Según la edición ucraniana de Forbes, ciudades como Lviv, en la parte más alejada del frente, donde se ha retornado hace mucho tiempo a la vida civil, están viendo cierres masivos de restaurantes. Incluso en uno de los lugares más nacionalistas y antirrusos del país, el temor al reclutamiento forzoso es suficiente como para paralizar una de las bases de la economía de la ciudad.

Pirámide de población de Ucrania en la que puede apreciarse la escasez de hombres en las edades que Estados Unidos espera movilizar.
Las dificultades de personal de Ucrania son evidentes y no es preciso más que escuchar a los comandantes que se encuentran en los lugares más calientes del frente, que se lamentan del bajo nivel de los reclutas, sus problemas físicos y, sobre todo, su escasez. En un artículo que aportaba los datos que consideraba más importantes de esta guerra, Financial Times cifraba en 11,1 millones a los hombres en edad de reclutamiento, entre los que 7,4 millones han sido reclutados, han huido del país o están empleados en puestos estratégicos que hace que no puedan ser movilizados. El medio cifra en 3,7 millones el pool de hombres en edades comprendidas entre 25 y 60 años que aún pueden ser captados para las Fuerzas Armadas. Sin embargo, la presión de Washington no es la de aumentar el número de efectivos, sino reducir la edad de reclutamiento, una solución más que cuestionable teniendo en cuenta lo escaso de esa generación.
“Estados Unidos ha presionado a Ucrania para que rebaje la edad de reclutamiento militar a los 18 años, con el fin de paliar la grave escasez de personal que ha debilitado su posición en el campo de batalla y ha provocado el avance más rápido de Rusia en dos años”, escribe Financial Times, que añade que un oficial de alto rango de la administración estadounidense afirmó el miércoles que “Kiev necesitaba reducir la edad mínima de reclutamiento de 25 años para ayudar a Ucrania a superar la crisis”. “La simple verdad es que Ucrania no está movilizando ni entrenando actualmente a suficientes soldados para reemplazar sus pérdidas en el campo de batalla, siguiendoel ritmo del crecimiento militar de Rusia”. Después de dos años y medio de alegar que las bajas rusas duplican o incluso cuadruplican las ucranianas y de resaltar las debilidades militares de Moscú, Rusia es ahora demasiado fuerte para Ucrania, que para compensarlo ha de sacrificar a los más jóvenes, un grupo de población tan reducido que solo podría solucionar el problema a base de diezmarse, comprometiendo así el futuro demográfico del país. Tanto es así que, por el momento, Zelensky rechaza cumplir con los deseos de sus proveedores e insiste en que no debe especularse con la cuestión y que “nuestro Estado no está preparándose para rebajar la edad de reclutamiento”. En realidad, no existe tal especulación sino puras exigencias del país que hace posible que Ucrania siga luchando. Por lo que, si esa es la voluntad de Washington, la pregunta es cuánto tiempo tardará Ucrania en aceptar la exigencia a cambio de más armas.
Comentarios
Aún no hay comentarios.