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Biden después de las elecciones

Días antes de la celebración de las elecciones en Estados Unidos, dos artículos -uno en The Washington Post y el otro en The Guardian– planteaban las posibilidades que se abrían para los últimos 76 días de legislatura, momento en el que Joe Biden dispondría de una última fase de mandato en la que poder forzar la máquina para hacer todo lo posible por ayudar a Ucrania en el objetivo común de derrotar militarmente a Rusia. Entre las propuestas que planteaban aquellos artículos, destacaban dos: levantar el veto al uso de armamento occidental de largo alcance contra territorio ruso y ofrecer a Ucrania la invitación de adhesión a la OTAN. Aunque ambas propuestas contienen grandes dosis de provocación, la segunda sería considerada un paso extremadamente peligroso para Moscú.

Desde la derrota electoral Demócrata del 5 de noviembre, Joe Biden y sus aliados europeos han anunciado el permiso de utilizar los misiles occidentales en el territorio de la Federación Rusa y los bombardeos han comenzado ya, aunque esos actos no han supuesto ningún cambio en la tendencia del frente. Rusia sigue avanzando en Donbass y recuperando poco a poco terreno en Kursk mientras Ucrania se centra en causar las máximas pérdidas posibles a Rusia en la retaguardia utilizando sus misiles occidentales y drones de producción propia. Ayer, Rusia confirmaba nuevos ataques con misiles occidentales, mostraba imágenes de los restos de algunos de esos proyectiles y admitía daños (Ucrania afirma haber destruido sistemas de defensa aérea S-400) en una de sus bases aéreas en Kursk.

Los actos y las palabras de Ucrania constatan que Kiev prioriza la cuestión de la seguridad a la recuperación del territorio perdido. No se trata, de ninguna manera, de un cambio de postura que implique la renuncia a territorios, sino de lograr el objetivo a priori más difícil, el de las garantías de seguridad. Kiev no se conforma con un acuerdo bilateral con alguno de sus aliados, sino que aspira a conseguir que Occidente cruce la principal línea roja para Rusia en esta guerra: la entrada de Ucrania en la OTAN. Ese paso haría completamente imposible para Moscú todo acuerdo diplomático, uno de los motivos por los que Kiev aspira a conseguir ese objetivo por encima de la recuperación de la integridad territorial. Como ha admitido estos días en los que promociona sus memorias Ángela Merkel, la adhesión de Ucrania a la OTAN siempre iba a suponer la guerra para Rusia. Una invitación de la Alianza a Ucrania ahora supondría irremediablemente la continuación del escenario bélico hasta que uno de los bandos fuera militarmente derrotado. No existe otra vía posible para que Rusia pueda aceptar la llegada del bloque militar occidental a sus fronteras con una Ucrania militarizada y sede de paquetes de disuasión, es decir, misiles occidentales. Esa posición, algo comparable a lo que Israel supone para Occidente en Oriente Medio, un portaaviones que no puede hundirse, es a la que aspira Kiev, que no ha tratado de ocultar que se presenta como una frontera exterior del mundo occidental dirigida explícitamente contra Rusia.

Avanzar esa voluntad está siendo uno de los objetivos más trabajados por Ucrania en los últimos años y es aún más importante ahora, cuando Kiev espera la llegada al poder de alguien que no ha mostrado particular cercanía a la OTAN, especialmente a su ampliación. De ahí las prisas ucranianas a la hora de lograr la invitación, un paso que generalmente no tiene vuelta atrás.

Ninguno de los artículos mencionados sobre el qué hacer de Biden en sus últimos dos meses en el poder siquiera se planteaba extender la invitación a Ucrania de adhesión a la Alianza en caso de derrota electoral el 5 de noviembre. Sin embargo, tras el provocador paso de la Casa Blanca al permitir el uso de misiles occidentales contra territorio ruso, Joe Biden parece haberse planteado incluso cruzar la que quizá sea la línea roja más clara para Moscú: la del acceso de Ucrania a la OTAN.

“Cuando Putin y otros oficiales del Kremlin hablan de impedir que Ucrania se una a la OTAN, es fácil porque no está seriamente en la agenda. El presidente electo ha dicho que la idea de que ocurra pronto es «descabellada» y los funcionarios alemanes expresan sentimientos similares en un lenguaje menos trumpiano”, afirmaba la semana pasada un artículo publicado por The Times que se plantea qué tipo de acuerdo es posible alcanzar en busca de la paz. El punto de partida es comprender lo más básico: si verdaderamente se aspira a la paz, la OTAN no puede ser parte de ella y su expansión a Ucrania solo puede suponer un factor de desestabilización y, en las condiciones actuales, más guerra. “Habríamos asistido a un conflicto militar incluso antes. Para mí estaba totalmente claro que el Presidente Putin no se habría quedado de brazos cruzados viendo cómo Ucrania se unía a la OTAN”, ha afirmado Ángela Merkel en una entrevista a la BBC en la que, aunque ha recibido presiones e insultos, añade que no se arrepiente de haber vetado el acceso de Ucrania a la Alianza en 2008. Pese a la insistencia en que Ucrania sería miembro de la Alianza en el futuro, también Estados Unidos se encontraba entre la lista de países conscientes de que esa adhesión sería problemática y no iba a producirse a corto ni medio plazo.

Sin embargo, la derrota electoral, la voluntad de condicionar la política del próximo presidente y la necesidad de apoyar al máximo a Ucrania en un momento en el que varias de sus líneas de defensa se tambalean parece haber hecho olvidar certezas que, hasta hace no tanto tiempo, parecían claras. “La administración Biden también había considerado la posibilidad de pedir públicamente una invitación oficial para ingresar en la OTAN, pero decidió no hacerlo dadas las escasas probabilidades de éxito a corto plazo. Putin también ha enmarcado la adhesión, que los aliados dijeron en julio que era inevitable, como un casus belli”, escribía la semana pasada Bloomberg. Según el medio estadounidense, el motivo por el que la iniciativa no ha seguido adelante no es el peligro de perpetuar la guerra, algo que nunca parece haber preocupado a la administración Demócrata, sino que no tendría efecto de forma inminente.

Los países occidentales continúan dispuestos a cruzar peligrosas líneas rojas con el objetivo de impedir que Ucrania llegue a una posible negociación en una posición que no sea de fuerza. El lunes, Le Monde recuperaba la propuesta de Emmanuel Macron que causó gran polémica hace unos meses y afirmaba que Francia y el Reino Unido discuten formas de cooperación militar “sobre la cooperación de defensa, concretamente con el objetivo de crear una base de aliados en Europa centrados en Ucrania y la seguridad europea en general”, declaró una fuente británica al medio francés que, citando a numerosas fuentes, afirma que “a medida que el conflicto ucraniano entra en una nueva fase de escalada, las discusiones sobre el envío de tropas occidentales y compañías de seguridad privadas a territorio ucraniano han vuelto a reactivarse”. La dinámica de escalada vuelve a poner sobre la mesa líneas rojas que hasta ahora parecían inviolables.

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