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Ejército Ucraniano, Política, Rusia, Ucrania

El mito de la unidad

Después de presentar su Fórmula de paz, un documento de capitulación dirigido a Rusia, y su Plan de Victoria, la enumeración de lo que sus aliados extranjeros han de hacer para derrotar a Rusia y los beneficios económicos que pueden obtener, Zelensky presenta estos días el primer esbozo de su Plan de Resiliencia. Tras los dos planes dirigidos a su enemigo y a sus proveedores, el tercero en discordia debía dirigirse a la población. Uno de los puntos del tan esperado plan de la Oficina del Presidente para la población es la unidad. Zelensky propone, por ejemplo, la creación de un ministerio dedicado a ello, aunque por el momento no se ha especificado cuáles serían sus competencias. Como en los casos anteriores, la presentación de la enésima propuesta quedó en una enumeración de áreas en las que el país tienen problemas, contra los que el Gobierno no llega a proponer más que vaguedades, frases hechas y deseos de futuro.

El discurso de unidad ha sido clave en la narrativa ucraniana, que ha sustituido con esa idea la necesidad de legitimación de un presidente cuyo mandato expiró hace meses. Gracias al buen manejo de la comunicación y al inestimable apoyo de la maquinaria de prensa occidental, Ucrania ha construido para su presidente un personaje heroico y que está por encima de cualquier división que pudiera haber existido en el país en el pasado. De la misma forma, la idea de “los ucranianos” ha sido utilizada como un todo uniforme, una sociedad que sigue, sin dudarlo, a su presidente y a su Gobierno. Durante mucho tiempo, especialmente en los primeros meses, las encuestas han favorecido también ese discurso. Los sondeos que se publicaban para monitorizar la opinión de la población mostraban el acuerdo de la mayoría con sus autoridades: una amplia mayoría quería seguir luchando y rechazaba concesiones territoriales a modo de compromiso para lograr el fin de la guerra. Los datos siempre están sujetos a los matices, generalmente ignorados. ¿En qué medida podían ser representativas las encuestas en Ucrania cuando millones de personas habían huido del país o se encontraban desplazadas internamente, con las dificultades de conexión y acceso a las personas? ¿Se podía realmente acceder a la población cercana al frente? Todos esos aspectos han sido generalmente ignorados a la hora de analizar los resultados, fundamentalmente porque los datos eran coherentes con el guion de las autoridades.

Pese a la escasa importancia que se le ha dado, el detalle más importante de las encuestas que se han realizado en Ucrania en la última década ha sido excluir a la población fuera de control de Kiev. Desde 2014, Ucrania no ha tenido intención de conocer ni respetar la opinión de la población de Donbass y Crimea, territorios que seguía reivindicando como propios. Desde la invasión rusa de 2022, ha ocurrido lo mismo con la de quienes han permanecido en las zonas bajo control ruso, han retornado a ellas en algún momento o se han refugiado en Rusia. Esa población, cuyas opiniones son incómodas para Ucrania al romper con el discurso de unidad de todo el pueblo ucraniano, ha sido hecha desaparecer, dejando claro que, para el Gobierno de Kiev, simplemente no cuentan. Lo mismo ocurre en la última encuesta publicada por Gallup, que muestra el cambio que se ha producido en las respuestas del pueblo ucraniano ante las preguntas más importantes: si desean continuar luchando hasta la victoria final y si están dispuestos a realizar concesiones territoriales a cambio de la paz. “En 2023 y 2024, algunos territorios ocupados con control ruso arraigado quedaron excluidos por falta de cobertura de los operadores de telefonía móvil ucranianos. La exclusión representa aproximadamente entre el 10% y el 12% de la población”, escribe la empresa demoscópica estimando el volumen de la población teórica de Ucrania que cree que permanece en los territorios de Jersón, Zaporozhie, Donetsk, Lugansk y Crimea, muy probablemente subestimándola.

Incluso a pesar de excluir a la parte de la población más prorrusa -Ucrania puede alegar que la ocupación rusa de Crimea y Donbass para negar la realidad, aunque la última década deja claro que miles de ucranianos han luchado activamente contra las tropas de Kiev y tienen una opinión propia y negativa sobre el país que quiere reconquistar su territorio-, los datos publicados por Gallup dan muestra de tremendo cansancio de la guerra y ciertas dosis de desesperanza. Es especialmente representativo el descenso de la proporción de población que cree que Ucrania será admitida en la OTAN en la próxima década, que pasa del 69% al 51%  en solo un año. Igualmente significativa es la pérdida de fe en la adhesión a la Unión Europea, mucho más factible y prácticamente un hecho consumado, que desciende del 73% al 61%. El 22% y el 15% opinan que Ucrania jamás logrará entrar en la OTAN y en la UE respectivamente, signo de pérdida de confianza en los aliados europeos, no necesariamente de pérdida de deseo de unirse a esos bloques. Llama también la atención el descenso en la confianza en Estados Unidos, que no solo aparece este año -en periodo electoral y con gran incertidumbre sobre la postura de ambos candidatos (la encuesta se realizó en octubre)- sino también en 2023. Y pese a haber negado a Ucrania su petición más repetida, la confianza en el liderazgo de Alemania, que se ha mantenido relativamente estable sin la gran subida de 2022 que sí tuvo Estados Unidos, se encuentra diez puntos por encima.

Lo más representativo el estudio es, sin duda, la evolución de la proporción de población ucraniana residente en los territorios bajo control de Kiev que está dispuesta a seguir luchando hasta la victoria final y la postura sobre la posibilidades de realizar concesiones territoriales como compromiso para lograr el final de la guerra. El resultado que más ha llamado la atención estos días es el gráfico que muestra la evolución de quienes se muestran partidarios de luchar hasta ganar la guerra y quienes defienden que es preciso negociar para finalizar el conflicto lo antes posible. Del 73% de 2022, la cresta de la ola nacionalista, el inicio del flujo de suministro de armas y las tres grandes victorias de Ucrania (Kiev, Jersón, Járkov), se ha pasado a un pobre 38% en estos momentos. El porcentaje de población que ve la necesidad de buscar un final negociado supera por primera vez, y lo hace con claridad (52% frente a 38%) a quienes desean seguir luchando. Hasta ahora, las encuestas habían reflejado un descenso en la proporción dispuesta a luchar en el frente, una postura que era compatible con entender que Ucrania debía seguir luchando. Los datos actuales ya no avalan la teoría de la unidad y, más preocupante para Zelensky, tampoco la fe en la victoria o la necesidad de esperar hasta lograr una posición de fuerza para iniciar negociaciones con Rusia.

Cambio en la postura de la población ucraniana sobre el apoyo a continuar luchando entre 2022 y 2024.

A la hora de mostrar datos regionales, Gallup divide Ucrania en cinco regiones: norte (Yiomir, Kiev, Sumi y Chernigov), sur (Nikolaev, Odessa y Jersón), este (Dnipropetrovsk, Donetsk, Zaporozhie y Járkov), centro (Vinnitsa, Kirovograd, Poltava y Cherkasi) y oeste (Ivano-Frankoivsk, Jmelnitski, Volinia, Transcarpatia, Lviv, Rovno, Tenopil y Chernivtsi). Quedan completamente excluidas aquellas regiones de Ucrania según sus fronteras de 1991 en las que no hay ninguna población relevante bajo control de Ucrania, es decir, no solo Crimea, sino también Lugansk, bajo control ruso prácticamente en su totalidad. El descenso en la proporción de población dispuesta a seguir luchando es dramático en las zonas en las que el frente está más cerca (27% en el este, 40% en el sur), pero también es significativo incluso en las zonas más alejadas, como el feudo nacionalista del oeste, que cae del 83% al 43%.

Otro dato que no había aparecido hasta ahora es la mayoría favorable a una negociación incluso a pesar de que pudiera implicar concesiones territoriales, el gran tabú al que Kiev se ha negado rotundamente durante años. “Más de la mitad de este grupo (52%) está de acuerdo en que Ucrania debería estar abierta a hacer algunas concesiones territoriales como parte de un acuerdo de paz para poner fin a la guerra, mientras que el 38% está en desacuerdo y otro 10% no sabe. Gallup no preguntó más detalles sobre el nivel de concesiones territoriales al que la población estaría dispuesta”, explica el informe.

“La mayoría de los ucranianos quieren que su gobierno negocie un armisticio lo antes posible. En contra de los ucranianos están sus llamados “partidarios” en los medios de comunicación de élite, los centros de estudios y la clase política de los Estados Unidos y la Unión Europea, que siguen presionando a Ucrania para que luche hasta el último ucraniano”, escribió en su perfil en las redes sociales el periodista Mark Ames. Si así lo deseara, Zelensky podría agarrarse a la opinión de la población y no únicamente a la creciente certeza entre sus socios de que la guerra no puede ganarse, para dar el paso a la diplomacia. Pero mientras el equilibrio de fuerzas no permita a Ucrania negociar en posición de fuerza, la escalada, especialmente ahora que Kiev dispone del permiso occidental al uso de misiles de largo alcance en territorio ruso, seguirá siendo la única vía aceptable.

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