Dos siguen siendo los principales focos de atención en el frente de la guerra de Ucrania: la parte occidental de la región de Donetsk y la parte de Kursk bajo control ucraniano. En Donbass, perdura la dinámica de sostenido avance ruso, aunque quizá algo más lento que en semanas anteriores. Como admiten medios ucranianos, Rusia amenaza seriamente con aislar la localidad de Ugledar, en el extremo sur del territorio aún bajo control de las tropas de Kiev, una demostración de mejora de las condiciones de ataque en comparación con los catastróficos intentos de ofensiva local rusa hace un año. Situado en una elevación suficiente para disponer de una vista privilegiada a la hora de detectar convoyes blindados enemigos, Ugledar nunca se ha prestado al asalto frontal que Rusia ha intentado sin éxito en al menos dos ocasiones. El aprendizaje de la guerra implica también ver la necesidad del cambio de táctica que se observa actualmente: Rusia ha capturado Vodyane, en las inmediaciones y avanza desde Pavlovka para tratar de flanquear la ciudad y hacer imposible su defensa amenazando con dejar aislada a la guarnición de la ciudad. La táctica es la misma en Ukrainsk, algo más al norte, donde Ucrania planta resistencia para intentar impedir el progreso ruso hacia el sur, donde Rusia podría cerrar un cerco que lograría un avance territorial importante, especialmente a la hora de alejar el frente de la ciudad de Donetsk. Y aunque más lentos debido a la condición de guerra urbana, los avances se constatan también en Dzerzhinsk-Toretsk, en la zona de Gorlovka, donde se conoce que Ucrania ha enviado refuerzos, concretamente a la Brigada Azov de la Guardia Nacional.
La confirmación del traslado de refuerzos desde otras zonas del frente (la brigada comandada por Denis Prokopenko ha luchado fundamentalmente en los bosques de Kremennaya en la RPL) indica la gravedad de la situación para las tropas ucranianas, que se han encontrado con una Rusia reforzada y centrada en este territorio prioritario en un momento en el que una parte de quienes luchaban ahí había sido trasladada a Kursk para tratar de conseguir un resultado táctico -o quizá incluso estratégico- con el que recuperar iniciativa militar y, a raíz de ello, también política. El objetivo, el éxito de las primeras horas y la sorpresa que causó en Moscú que las tropas ucranianas invadieran con tal facilidad la región de Kursk, donde la posibilidad debió ser considerada, ha hecho que la ofensiva ucraniana eclipse mediáticamente al desarrollo de los acontecimientos en Donbass, a priori un frente mucho más relevante para el devenir de la guerra. No es de extrañar así que lo que está ocurriendo en Rusia fuera uno de los temas estrella en la inusual aparición pública conjunta de los directores del MI6 británico y la CIA estadounidense. “Vemos que ha hecho surgir preguntas a una parte de las élites rusas sobre hacia dónde va todo esto”, se jactó Burns, que calificó la aventura de “éxito táctico significativo” para Ucrania y ensalzó que había puesto de manifiesto las vulnerabilidades militares rusas. Su homólogo británico, por su parte, la calificó de “audaz”. Eso sí, Moore fue cauto: “Es demasiado pronto para decir cuánto tiempo van a poder aguantar ahí los ucranianos”.
Desde su inicio el pasado agosto, la ofensiva ucraniana en Kursk ha causado, a partes iguales, triunfalismo y escepticismo para los expertos y medios de comunicación occidentales. Su objetivo político, forzar una de las líneas rojas de Moscú -la seguridad de su territorio- como herramienta de presión para lograr que Rusia tenga más voluntad de negociar según los términos de Ucrania, siempre estuvo claro. Sin embargo, requería también un éxito estratégico en términos de avances territoriales, algo improbable, por lo que los objetivos militares de la operación no han quedado tan claros. Hasta ahora, Kiev no ha logrado los dos principales objetivos tácticos que sin duda buscaba: una ruptura profunda que amenace localidades clave o la central nuclear de Kursk y que Rusia se vea obligada a renunciar a su ofensiva en Donbass para proteger su territorio.
El lunes, tras semanas en las que el nacionalismo ruso se preguntaba por qué Rusia no respondía a la ofensiva y el nacionalismo ucraniano se jactaba de que Moscú no era capaz de plantar cara a la invasión ucraniana, comenzaron los primeros movimientos ofensivos de la Federación Rusa para tratar de expulsar gradualmente a Ucrania de la región de Kursk. Esos movimientos contraofensivos rusos son buen momento para recuperar en qué condiciones se produjo el ataque ucraniano y qué ha logrado hasta ahora.
Desde principios de año, e incluso durante gran parte de 2023, ha quedado claro que el único lugar en el que Rusia aspira a avanzar para proteger y ampliar el territorio bajo su control es Donbass. De ahí el aumento del uso de la aviación, la readaptación de la táctica y la continuación de la ofensiva sobre Avdeevka pese a las elevadas bajas de personal y pérdidas materiales de la primera fase del acercamiento al último fortín ucraniano en los alrededores de la ciudad de Donetsk. La captura de Avdeevka, donde finalmente se forzó el colapso de las defensas ucranianas y la llegada de la Tercera Brigada de Asalto no pudo sino cubrir la retirada de la 47ª Brigada, hizo viable un avance hacia el oeste que había sido imposible desde 2014. Aprovechándose de la rotación de tropas ucranianas y demostrando así una mejor inteligencia, Rusia capturó con facilidad y una sorprendente rapidez la ciudad de Ocheretino, base desde la que se ha producido el avance que ha hecho posible que ahora estén seriamente amenazadas Ukrainsk, Selidovo y, en un futuro, Mirgorod y Pokrovsk, última gran barrera ucraniana hasta la frontera de la región de Donetsk.
En una fase ofensiva y en la que había conseguido recuperar claramente la iniciativa en el frente, Rusia trató de avanzar sobre el norte de Járkov. Lo hizo con unas fuerzas que dejaban claro que no buscaban capturar la ciudad y el resultado fue un avance rápido inicial para caer nuevamente en la guerra de trincheras que aún continúa. El único logro tangible de la operación fue obligar a Ucrania a desviar tropas y utilizar parte de sus reservas para rechazar la ofensiva. Allí fue enviada, por ejemplo, la Tercera Brigada de Asalto, cuya labor no era, en esta ocasión, cubrir la retirada sino impedir el avance ruso y recuperar territorio.
El ataque ucraniano en Kursk es similar en naturaleza -al menos en su aspecto militar- al intento ruso en el norte de Járkov. Por una parte, Ucrania mostraba que disponía de reservas y buscaba obligar a su oponente a invertir una cantidad importante de recursos en un lugar lejano al frente principal. Sin embargo, Ucrania abría un nuevo frente en un momento de la guerra que, al contrario que para Rusia en Járkov, era desfavorable. Contrariamente a las palabras de Zelensky, que en una rueda de prensa afirmó que las tropas rusas avanzaban en Donbass de forma más lenta desde el inicio de la ofensiva de Kursk, la velocidad de avance ha aumentado notablemente en comparación con meses anteriores. Rusia no ha realizado el contraataque precipitado que quizá deseaba Ucrania y que habría sido capaz de destruir con facilidad. Incapaz de prever una ofensiva en territorio ruso, Moscú resguardaba la frontera con una cantidad claramente insuficiente de soldados que no estaban preparados para responder a un ataque, por lo que un intento de contraataque en esas condiciones habría resultado indudablemente catastrófico. La necesidad de enviar refuerzos y la facilidad con la que Ucrania obtuvo un éxito táctico indudable muestran las carencias rusas tanto en personal como, sobre todo, en inteligencia. Sin embargo, sin un avance profundo, Kiev no puede aspirar a lograr un éxito estratégico e incluso sus ganancias se ven oscurecidas por el hecho de que el esfuerzo que supone para Ucrania abrir un nuevo frente se esté produciendo a costa de sacrificar solvencia defensiva en Donbass.
La situación actual es confusa y la información, escasa. Fuentes ucranianas admiten avances rusos en Vodyanoe y Ukrainsk, ciudad que parece a punto de caer en manos rusas pese a estar mejor defendida que otras localidades de la zona. Se habla también del inicio de la recuperación rusa de varias localidades en la región de Kursk. Las tropas rusas se centran en el sector más occidental de la parte ocupada por Ucrania para comenzar a limitar el alcance de ese territorio e impedir las amenazas sobre localidades más importantes, especialmente Korenevo, donde Ucrania aún presiona. Suriyak afirmaba ayer que “en 72 horas, el territorio bajo control del ejército ucraniano en Kursk ha pasado de 930 kilómetros cuadrados a 785”, datos que varían cada hora, pero que tendrán que ser consolidados en los próximos días. La respuesta ucraniana no se ha hecho esperar y fuentes rusas anunciaban ayer un intento ucraniano de atacar la región de Kursk en una zona diferente, concretamente en la retaguardia del territorio sobre el que intenta avanzar Rusia. El juego del ataque-contraataque no ha hecho más que comenzar y serán los próximos días los que confirmen si se ha iniciado realmente un intento serio de expulsar a las tropas ucranianas de la región de Kursk o si se trata simplemente de una forma de defensa activa frente la que Ucrania inicia un nuevo ataque.
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