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Política

La política de la guerra

“Nuestras instituciones estatales deben establecerse de tal manera que Ucrania logre todos los resultados que necesitamos para todos nosotros”, afirmó el martes por la noche en su vídeo diario a la nación el presidente Zelensky, que confirmó los rumores de que se preparaba una crisis de Gobierno.  “Para ello, tenemos que fortalecer algunas áreas en el gobierno y las decisiones de personal se han preparado”, añadió. Por la mañana, el presidente de la Rada anunciaba poco a poco las dimisiones, que eran progresivamente aprobadas por el poder legislativo, dejando vacantes varios ministerios en lo que los medios occidentales han considerado la mayor remodelación del Gobierno ucraniano desde el comienzo de la guerra, es decir, desde 2022. Estos cambios políticos aportan dos puntos de interés.

En primer lugar, quedará libre -una vez que el Parlamento consiga los votos necesarios, algo que no obtuvo ayer- el puesto de líder de la diplomacia, ya que Dmitro Kuleba, ministro de Asuntos Exteriores desde que relevó a Vadim Pristaiko en 2020, es una de las personas que presentó su dimisión. Teniendo en cuenta que se especula que sea su viceministro quien reciba el cargo, no hay que esperar cambios relevantes. Sin embargo, es representativo que el cese llegue justo en un momento en el que el diplomático había realizado algunos actos relevantes que se habían leído como una apertura a la posibilidad de negociar con Rusia, especialmente su viaje a China. Aunque esa visita no ha de ser entendida como el inicio de la renuncia a la vía militar para resolver el conflicto, sino un intento de atraer a Beijing a su postura, la situación desde entonces ha cambiado y cualquier apariencia de diplomacia es contraproducente para las necesidades de Zelensky. La ofensiva de Kursk, la aceleración del avance ruso en Donbass y los recientes ataques con misiles rusos, mucho más duros y efectivos que en ocasiones anteriores, han reavivado la guerra, que no se dirige a una reducción sino al aumento de la intensidad.

En segundo lugar, los cambios devuelven cierto protagonismo a la política, completamente eclipsada entre las prioridades militares. Pero todo ello no ha de hacer olvidar que la situación del país es extraordinaria, con el mandato del presidente caducado, con el poder legislativo a punto de expirar también su legislatura y una dependencia política, económica y militar prácticamente absoluta. La independencia de Ucrania en estos momentos es únicamente formal, ya que el país precisa de los subsidios extranjeros para mantener el Estado y las posibilidades de que su ejército pueda seguir luchando pasan por la continuación o incluso el aumento del flujo de asistencia militar. En ese contexto, todo cambio político puede ser solo parcial, algo aún más evidente teniendo en cuenta que, como Volodymyr Zelensky afirmó en una reciente entrevista concedida a NBC, el círculo de toma de decisiones es extremadamente reducido. Aunque el presidente ucraniano se refería a la cuestión militar, especialmente a la operación de Kursk, la lógica se extiende también a los temas políticos. A día de hoy, como confirman tanto los medios ucranianos como los occidentales, la figura política clave en Ucrania es Andriy Ermak, del que se afirma que es el poder tras el presidente o que incluso lo supera. La Oficina del Presidente, que Ermak dirige con mano firme, es lo más parecido a un Gobierno que existe actualmente en Ucrania. Y teniendo en cuenta la situación en la que se encuentra la Rada, con diputados tratando, sin éxito, de dimitir de sus escaños y otros presionados bajo amenaza de perder sus actas en caso de votar de forma incorrecta (es así como Zelensky ha logrado el apoyo de los diputados de los extintos partidos prorrusos), solo podría considerarse cambio político el nombramiento de ministros contrarios a la facción de Ermak, algo que no parece posible en estos momentos. Los cambios reflejan agotamiento e incapacidad de responder a los retos a los que política y económicamente se enfrenta el país, pero, sobre todo, son el reflejo de la imposibilidad de modificar el rumbo. Varios de los ministros ayer dimitidos suenan en las quinielas para ocupar otros ministerios. El cambio es inexistente, ya que, por una parte, no es deseado y, por otra, no es posible.

La política y la situación militar se confunden estos días en los que Ucrania intenta reaccionar a un momento clave en el que aquello que había mantenido bajo control hasta ahora, parece derrumbarse. Kiev insiste en centrar el discurso en obtener misiles ATACMS y permiso para su uso en Rusia. Esa es, para el Gobierno de Zelensky, la respuesta a todos los problemas. Ayer, nuevamente, el presidente ucraniano volvió a apelar a sus aliados. “Con todo respeto a cada país”, afirmó, para añadir que precisan de “permiso para usar armas de largo alcance de quienes nos las dan. Depende de ellos, no del resto de amigos. Depende de Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania”. Como ha podido saberse gracias a diferentes filtraciones, tanto Reino Unido como Francia son favorables a ese permiso y especialmente en Londres, Ucrania cuenta con personas dispuestas a ejercer informalmente la labor de lobby. Es el caso de Boris Johnson, defensor de que Kiev obtenga luz verde para atacar con libertad territorio ruso y que, engañado por los actores rusos Vovan y Lexus, ha afirmado que Ucrania debe obtener ATACMS para destruir el puente de Kerch y “poner en peligro el control de Crimea”.

Contrasta con esa opinión la postura de Alemania y Estados Unidos que, por el momento, rechazan levantar completamente el veto a los ataques de largo alcance con los que Kiev quiere responder al avance ruso en Donbass y a ataques como el que el martes causó la muerte a decenas de soldados ucranianos en Poltava. Se confirma, al menos a juzgar por lo publicado en los medios occidentales, que Rusia atacó una localización en la que se encontraba un elevado número de miembros de las Fuerzas Armadas y que las alarmas se demoraron en exceso, por lo que el tiempo entre la alerta y el estallido del primer misil impidió que muchos de los soldados pudieran guarecerse. “Los ataques se llevan a cabo estrictamente en el centro de las ciudades, en barrios residenciales o urbanizaciones compactas, así como directamente en instituciones educativas/médicas. Los ataques pueden ser dobles (un objetivo civil – doble ataque tras una pausa para cubrir una misión de rescate de civiles). Absolutamente una táctica elaborada para la destrucción deliberada a gran escala de civiles. El objetivo es obvio: intimidar, conmocionar, demostrar que no hay límites para las prácticas genocidas directas”, escribió ayer Mijailo Podolyak como introducción a su exigencia de obtener armamento para atacar territorio ruso, olvidando mencionar la palabra militar junto a la de institución educativa y sin señalar que las víctimas no son civiles. Observando el ataque de una forma igualmente selectiva, Linda Thomas-Greenfield, embajadora de Estados Unidos en Naciones Unidas afirmó el martes por la noche que “El mortal ataque ruso en Poltava, Ucrania, que mató a más de 50 personas y hirió al menos a 200, es otra atrocidad impactante. Es inconcebible atacar infraestructuras críticas y a quienes buscan refugio mientras se acerca el invierno”. Al contrario que ocurre en Gaza, donde las escuelas y otras instituciones educativas, regularmente atacadas por la aviación israelí, son utilizadas como refugio para la población que ha perdido su vivienda o se ha visto desplazada por los bombardeos o las órdenes de expulsión, la institución bombardeada ejercía la labor para la que el edificio fue concebido, como institución de instrucción militar.

Los cambios políticos, la reacción al ataque ruso y la exigencia de nuevas armas milagrosas con las que lograr éxitos rápidos intentan opacar la difícil situación que Ucrania vive en Donbass. En la parte más al sur del frente de Donetsk, las tropas rusas preparan el asalto final a Ugledar y han capturado ya localidades cercanas, de las que la infantería ucraniana se retira a pie. Abandonan rápidamente también el sector más al norte para evitar quedar sitiadas y centrar toda la defensa en la ciudad de Krasnoarmeisk-Pokrovsk. Algunos medios especulan con la posibilidad de que Syrsky haya vuelto a enviar allí a parte de las tropas trasladadas a Kursk, aunque no hay confirmación de ello. Sí se sabe debido a la presencia de los medios, que parte de la población continúa evacuando la ciudad, mientras que, poco a poco, comienzan a desaparecer servicios. Hace una semana se anunció la suspensión de los servicios bancarios, mientras que ayer se daba por hecho el final de la producción de la única central de carbón aún bajo control ucraniano. “Ucrania se prepara para la pérdida de Pokrovsk”, comentaba ayer AMK Mapping, quizá de forma prematura. Todo indica que Zelensky espera que sus tropas ofrezcan resistencia y que inflijan bajas en las filas rusas. Las declaraciones de los últimos días del presidente ucraniano apuntan al intento de plantear un escenario similar al de Artyomovsk. La duda es si Ucrania dispone ahora de la fuerza, el personal y el armamento necesario para crear ese tipo de batalla contra una Rusia que, por el contrario, se encuentra comparativamente más fuerte que hace un año.

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