Como ya se especulaba hace más de una semana, una delegación ucraniana liderada por el jefe de la Oficina del Presidente, Andriy Ermak, y el ministro de Defensa de Ucrania, Rustem Umerov, han visitado Estados Unidos con una labor muy clara: presentar a la Casa Blanca su plan de victoria, que pasa por obtener permiso para “acercar la guerra a los hogares rusos”, una frase que Ucrania ha repetido recientemente. Kiev sabe ya que tiene luz verde y apoyo explícito a su operación terrestre en Kursk y hace tiempo que se ha levantado el veto al uso de armamento pesado y misiles contra objetivos militares en las regiones fronterizas de la Federación Rusa. Siguiendo la lógica que ha seguido hasta ahora, Ucrania comenzó a exigir permiso para atacar a más distancia y con misiles de mayor capacidad tan pronto como obtuvo la aprobación para atacar en zonas como Belgorod. El actual plan pasa por ejercer la suficiente presión mediática y política para lograr que la administración Biden dé su visto bueno a la lista de objetivos militares, previsiblemente para, una vez logrado ese objetivo, ampliar las miras, las distancias y quizá incluso el tipo de blanco a atacar.
Ese ha sido al menos el modus operandi de Ucrania en los años de guerra: exigir tanques occidentales nada más anunciado el envío de artillería de largo alcance, añadir aviación a la lista de deseos en cuanto se confirmó el suministro de tanques, añadir objetivos en Rusia tras el envío de los primeros ATACMS. Según varios medios estadounidenses, que simplemente confirman lo que ya se había anunciado antes del viaje, Ucrania entregó al equipo de Joe Biden la lista de objetivos que aspira a destruir dentro de la Federación Rusa. La renuncia de Joe Biden a la reelección, que ha reavivado las esperanzas de su partido en una victoria que parecía al alcance de la mano de los Republicanos, hace que la audiencia preferente para Ucrania sea ahora la Demócrata. De ahí que, si en ocasiones anteriores Ucrania deseaba dirigirse a Donald Trump y sus seguidores apareciendo en Fox News, las declaraciones del ministro de Defensa Umerov se hayan producido en esta ocasión en CNN. “Hemos explicado qué tipo de capacidades necesitamos para proteger a los ciudadanos contra el terror ruso que nos causan los rusos, así que espero que se nos haya escuchado”, afirmó Umerov en uno de los programas de la cadena.
Hace tiempo que Ucrania decidió que su vía a la resolución de la guerra había de realizarse a partir de una negociación en la que actuara como parte más fuerte, con una Rusia entre la espada y la pared a causa de la situación militar causada por derrotas en el frente, el caos económico provocado por las sanciones y el aislamiento internacional y la presión política de Occidente. Para ello, Kiev precisa de un régimen de sanciones que cause serios daños en la economía rusa, algo que no está consiguiendo, como tampoco ha logrado, gracias a la existencia de un Sur Global con cada vez mayor capacidad de mantener sus propias relaciones internacionales, el aislamiento político de Moscú. Sí se mantienen firmes la presión de Occidente, dispuesto a financiar la guerra y al Estado ucraniano a largo plazo, y el ansia de lograr victorias militares que pongan en peligro las verdaderas líneas rojas de Rusia: la integridad del Estado, la seguridad nuclear y, en términos territoriales, Crimea. La opción de poner en peligro el control de la península del mar Negro fracasó en 2023, por lo que, en lugar de repetir la fallida ofensiva de Zaporozhie en dirección a Melitopol-Crimea, Ucrania ha optado por la opción alternativa. Su ofensiva en Kursk es en sí una amenaza a la integridad del Estado y a su seguridad nuclear -el Organismo Internacional de la Energía Atómica ya ha dado la alerta sobre el peligro de combatir en las inmediaciones de la central nuclear de Kursk-, aunque los resultados de la ofensiva indican que Ucrania precisa de una victoria militar mucho mayor para colocarse en la situación de fuerza en la que está dispuesta a negociar. Para ello, Kiev no desea ya misiles de crucero sino una gran cantidad de ATACMS y el permiso para utilizarlos contra los objetivos rusos que ha presentado este fin de semana a sus patrones estadounidenses. La diferencia entre ambos es fundamentalmente su velocidad, lo que hace a los ATACMS mucho más difíciles de interceptar que otro tipo de misiles. En otras palabras, Ucrania aspira a infligir serios daños en la retaguardia rusa para obligar a Moscú a sentarse en la mesa de negociaciones sobre la base, no del documento de Estambul, sino del plan de paz de Volodymyr Zelensky.
Sin embargo, pese a que todo su discurso se basa en la defensa de la soberanía y la independencia, Ucrania depende íntegramente de sus aliados para aspirar a poner en marcha todos y cada uno de sus planes. En este caso, la concesión de misiles y el permiso para utilizarlos contra Rusia, lo que acercaría un poco más a Moscú a entender que está siendo atacada, no por Kiev sino por los países que envían ese material y, como desveló Olaf Scholz, incluso lo operan. “A pesar de las reiteradas peticiones del presidente ucraniano Volodymyr Zelensky, no se espera actualmente que Estados Unidos suavice las restricciones sobre el uso por parte de Ucrania de los Sistemas de Misiles Tácticos de Largo Alcance del Ejército (ATACMS)”, explicaba el sábado CNN rebajando notablemente los cambios que Ucrania espera forzar con su visita y su actividad de lobby para presionar a la Casa Blanca y a Alemania, los dos países cuyos misiles aspira a utilizar contra Rusia. “Nos han oído decir que los ucranianos pueden utilizar la ayuda de seguridad estadounidense para defenderse de los ataques transfronterizos, es decir, el contrafuego. Pero en lo que se refiere a ataques de largo alcance, ataques profundos contra Rusia, nuestra política no ha cambiado”, había afirmado días antes el secretario de prensa del Pentágono. Según CNN, la opinión de la Casa Blanca y el Pentágono se mantiene. Estados Unidos aún no está preparado para dar un paso más en la escalada constante de la guerra. El medio estadounidense alega dos motivos principales para ello: el relativamente reducido número de misiles en los arsenales y el hecho de que algunos de los objetivos propuestos por Kiev se encuentran fuera del rango de los ATACMS. La ambición de Ucrania, un proxy cada vez más exigente, va más allá de las capacidades de los misiles de sus proveedores.
“Ucrania ha utilizado su suministro actual de ATACMS para atacar activos rusos de alto valor en la Crimea ocupada, incluidas defensas aéreas, depósitos de munición y aeródromos. Toda la península de Crimea se encuentra dentro del alcance del ATACMS, por lo que es una zona privilegiada para utilizar el misil de fabricación estadounidense, dijo el funcionario estadounidense”, añade CNN dejando claros tanto la táctica preferida como los objetivos de Washington, que espera que Kiev se concentre en Crimea, técnicamente dentro del territorio internacionalmente reconocido de Ucrania. La intención de la Casa Blanca de mantener el statu quo, posiblemente por motivos electorales, parece clara, por lo que es previsible que la labor de presión de Kiev y sus aliados, con la Unión Europea a la cabeza, tenga que continuar durante un tiempo, en el que Ucrania utilizará como argumento tanto sus victorias en Kursk como sus derrotas en Donbass.
Mientras el frente de Kursk se estabiliza dentro de la lógica que se ha observado hasta ahora, con las tropas rusas controlando que no se produzcan avances profundos aunque sin poder expulsar a las tropas ucranianas de una parte significativa de la zona fronteriza de la región, todo acelera en Donbass. “Nunca he visto tal velocidad”, afirma uno de los comandantes que luchan en el frente de Krasnoarmeisk según cita The Telegraph. “Es muy rápido y nuestro problema es el mismo: no tenemos infantería, no tenemos suficiente artillería o munición. No tenemos suficientes drones”, añade la misma fuente, que insiste también en el aumento de la guerra electrónica rusa y en la situación crítica que vive ese sector del frente, claramente prioritario solo para la Federación Rusa.
“La situación es difícil en la dirección del principal ataque del enemigo”, afirmó Oleksander Syrysky que, por iniciativa propia o por orden política, ha retirado a parte de las unidades que luchaban en Donbass para incorporarlas a la más vistosa ofensiva de Kursk. “Se están tomando sin retraso todas las decisiones a todos los niveles. Pese a que el enemigo tiene ventaja en efectivos y armamento, gracias a nuestros soldados, sufre bajas significativas”, añadió con el discurso habitual de quien ve cómo el frente retrocede, pero necesita dar a su audiencia -tanto la población propia como los líderes extranjeros- motivos para creer que los objetivos se están cumpliendo. Negar la realidad es parte de la propaganda de guerra y Zelensky también ha ejercido esa labor esta semana alegando que el avance ruso en el frente de Pokrovsk se ha ralentizado desde el inicio de la ofensiva de Kursk. No hace falta acudir a las fuentes rusas para confirmar que la aceleración del progreso ruso en el frente es reciente y que, en parte, se debe a la priorización de la incursión en Rusia por encima del frente que hasta ahora había sido principal.
Mapa con las direcciones de los avances rusos en Donetsk en el que se puede apreciar, en la parte más al sur, el cerco que Rusia espera cerrar para expulsar a las tropas ucranianas y mover toda la línea del frente hacia el oeste, alejándolo de la ciudad de Donetsk.
El motivo por el que Rusia no ha optado por un avance rápido hacia Krasnoarmeisk se debe a la lógica militar de quien comprende que Ucrania busca allí una batalla similar a la de Artyomovsk, en la que, a cambio de la destrucción casi completa de la ciudad, el ejército ucraniano pueda infligir grandes bajas en las filas rusas, algo que Zelensky ha afirmado de forma explícita. Las tropas rusas continúan presionando hacia Mirnograd y Krasnoarmeisk, aunque sin exponerse a la posibilidad de un contraataque ucraniano que deje rodeadas a las tropas rusas que trataran de asaltar alguna de esas dos ciudades frontalmente. De ahí que el énfasis no sea iniciar rápidamente la batalla por Krasnoarmeisk-Pokrovsk, que va a ser definitiva para sellar el destino de la parte occidental de Donetsk, sino avanzar hacia el sur en dirección a Marinka, Krasnogorovka y, finalmente, Ugledar.
“La situación estratégica más peligrosa para las Fuerzas Armadas de Ucrania se está desarrollando en el oeste, en la zona de Selidovo y Novogrodovka. Desde estas localidades, como ya hemos escrito anteriormente, se abre la carretera al sudoeste, cubriendo la retaguardia de toda la segunda línea de defensa de las Fuerzas Armadas de Ucrania al oeste de Donetsk, que depende de Ukrainsk, Gornyak y Kurajovo”, escribía ayer el medio ucraniano Strana. Ayer, varias fuentes sugerían que Ucrania había comenzado la retirada de las tropas al este de esa línea para evitar que quedaran sitiadas. “Tras la fulgurante caída de Novogrodovka, parece que el comando ucraniano se dio cuenta de la amenaza, por lo que, según diversas fuentes, fueron transferidas reservas para la defensa de Selidovo, por lo que las fuerzas rusas no pudieron tomar la ciudad inmediatamente. Durante varios días se han producido fuertes batallas, con las que las tropas rusas han conseguido aferrarse a las afueras de la ciudad y están ahora intentando irrumpir en el centro. Sin embargo, según afirman las fuentes rusas, al contrario que en Novogrodovka, aquí las Fuerzas Armadas de Ucrania están plantando una seria resistencia”, añade Strana.
Ucrania lucha en Selidovo, donde Rusia controla ya las alturas dominantes y una parte importante de la ciudad, para ralentizar el avance ruso. Según fuentes proucranianas, para ello, habría trasladado a Selidovo a la 72ª Brigada procedente de Ugledar, donde desde hace dos años se había defendido de los ataques rusos. La posición privilegiada de la localidad había hecho imposible para Rusia avanzar sobre la localidad, de importancia táctica, donde a lo largo de este tiempo ha sufrido bajas muy elevadas. Las fuentes rusas indicaban el sábado por la noche un aumento fuera de lo normal de los ataques de artillería y misiles contra la localidad. Ayer, medios ucranianos daban por hecho el inicio del asalto de Ugledar tras avances rusos en localidades cercanas. Mientras Ucrania busca misiles para elevar la apuesta y ampliar sus capacidades de ataque, Rusia intenta alejar a Ucrania de la ciudad de Donetsk y derribar la última parte del frente de 2014 que aún quedaba en pie. Solo entonces será el momento de avanzar realmente sobre Krasnoarmeisk, cuya pérdida sería el final de la defensa ucraniana de Yuzhnodonetsk, el frente sur de Donetsk.
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