Entrada actual
Armas, Ejército Ucraniano, Estados Unidos, Rusia, Ucrania

La decepción de las armas milagrosas

El pasado miércoles, 28 de agosto, el alcalde de la ciudad ucraniana de Lutsk anunciaba en su perfil oficial de las redes sociales la muerte de un héroe local. “El teniente coronel Alexey Sergeevich Mes murió el 26 de agosto de 2024 realizando una misión de combate para proteger la integridad territorial y la independencia de Ucrania”, escribió Ihor Polischuk lamentando la pérdida. No todos los nombres llevan a la rápida identificación de los caídos, pero así ocurrió en esta ocasión. Mes era un conocido piloto y las fuentes rusas no tardaron en recordar que era público que había participado en la instrucción occidental para el manejo de los cazas F-16 que Ucrania ha solicitado durante meses. El día anterior, los medios habían reportado la primera ocasión en la que Kiev había podido utilizar sus aeronaves de fabricación occidental contra el ataque ruso con drones y misiles. La coincidencia temporal dejaba clara cuál había sido la misión en la que había fallecido el piloto ucraniano, aunque durante más de un día, los medios ucranianos y occidentales prefirieron no dar ningún dato al respecto.

El jueves, los medios estadounidenses rellenaron los huecos a la información que ya había comenzado a difundirse en los canales rusos. The Wall Street Journal era el primero en anunciar que Ucrania había sufrido la primera pérdida de uno de sus escasos F-16. Aunque el artículo mencionaba explícitamente que Kiev no había confirmado el motivo por el que el caza se había estrellado y añadía que no se conocía el destino del piloto, los hechos ya estaban claros. La capacidad de seguir la guerra prácticamente en tiempo real hace que, en ocasiones como esta, sea sencillo atar cabos y deducir que el teniente coronel Mes había fallecido a bordo de su F-16, que finalmente acabaría por estrellarse. Poco después de la publicación del artículo de The Wall Street Journal, CNN precisaba que el accidente no se había debido a un derribo ruso. Todos los medios apuntaban ya al fallo del piloto.

El episodio no es representativo por la pérdida de un único caza -algo que ocurre con cierta asiduidad en una guerra en la que ambos bandos en conflicto cuentan con potentes sistemas de defensa aérea- sino por la forma en la que está reaccionando Ucrania y por la información que aporta sobre el discurso ucraniano y occidental. Para empezar, los aliados de Kiev habían desvelado únicamente haber entregado “una pequeña cantidad” de cazas F-16. Gracias al artículo de The Wall Street Journal, se conoce que Ucrania disponía únicamente de seis aeronaves, una cantidad que, sin duda, aumentará, pero que, por el momento, no puede considerase que vaya a provocar un cambio sustancial en la dinámica de la guerra. Tras recibir ese pequeño grupo de F-16, las autoridades ucranianas no dudaron en hacer volar su flamante adquisición y mostrar a dos de ellos sobrevolando Odessa, una zona alejada de los sistemas antiaéreos de los que Rusia dispone en el frente, en una acción que estaba dirigida a las relaciones públicas. No hacía falta conocer la cantidad exacta de aviones occidentales de los que Kiev disponía para saber que no iban a suponer el punto de inflexión que Zelensky ha prometido repetidamente. “Rusia no tendrá nada que hacer”, ha llegado a declarar. La realidad de la guerra es mucho más compleja y las armas milagrosas no solo no existen sino que pueden llevar a falsas esperanzas. Esa es, otra vez, una de las lecciones de este episodio, que confirma otra obviedad que ya se había repetido incluso en los medios occidentales desde el momento en el que Países Bajos y Dinamarca anunciaron que enviarían varios de sus cazas F-16 a Ucrania: en el hostil entorno de la guerra contra Rusia, su supervivencia no estaba garantizada. Incluso la aviación más potente es vulnerable ante los sistemas antiaéreos modernos y las condiciones en las que los F-16 han llegado y van a seguir llegando a Ucrania están lejos de ser las ideales.

Desde el primer momento, y especialmente desde que Ucrania admitiera la pérdida de uno de los seis F-16 de los que disponía, tanto Kiev como sus aliados occidentales han querido descartar la posibilidad de que la aeronave fuera derribada por los sistemas S-400 o aeronaves rusas. El discurso de las wunderwaffe depende de mantener el halo de superioridad absoluta del armamento occidental con respecto al ruso, por lo que ni siquiera ha de plantearse como escenario hipotético que una de las aeronaves occidentales pudiera ser -ahora o en el futuro- derribada por la aviación rusa. Quedaban así tres posibles causas para la pérdida: el fallo del piloto, un derribo accidental o un fallo de la propia aeronave. Ninguno de ellos es aceptable para Kiev, que desde hace más de un año enaltece las capacidades de los F-16, aunque cualquiera es menos perjudicial para su propaganda que un derribo ruso. Es más, el primer instinto de Kiev fue precisamente culpar a la víctima, el teniente coronel Mes, un héroe caído al que achacar lo ocurrido en una forma de buscar un mal menor para el discurso triunfalista que Ucrania trata de imponer actualmente. Para compensar utilizar al fallecido piloto como chivo expiatorio, los medios ucranianos recogían declaraciones oficiales en las que se afirmaba, de forma completamente inverosímil, que, antes de estrellarse, Mes había derribado tres misiles rusos con un solo disparo. El héroe había realizado su penúltima aportación a la patria, ya que la última sería precisamente cargar con la culpa de la caída del primer F-16 de la guerra.

Sin embargo, la sombra de la duda hizo que no se consolidara esta hipótesis, rápidamente acompañada por la especulación sobre si el caza pudo haber sido derribado, no por las defensas rusas, sino por las propias. Enfrentada actualmente con las autoridades políticas y militares del país, la diputada Mariana Bezuhla fue la primera en lanzar al espacio informativo esta versión, que rápidamente causó la ira de los sectores más nacionalistas y, sobre todo, de la aviación ucraniana. “¿Puede alguien por fin presentar un informe sobre Bezuhla al Servicio Estatal de Investigación? ¿Cuánto tiempo más va a continuar esta burla al país y al ejército? Servicio de Seguridad de Ucrania, ¡aquí también hay trabajo para vosotros!”, escribió su portavoz Yuri Ignat. Esta posibilidad es especialmente perjudicial para Kiev, ya que implicaría, no solo aceptar la evidente vulnerabilidad de la aviación, sino también las dificultades que sufren los sistemas de defensa aérea y, sobre todo, los oficiales que han de manejarla.

Sin embargo, con el tiempo, la versión del fallo del piloto parece haber cedido paso a un error propio de la aeronave o al temido fuego amigo al que se refería la diputada. “Un oficial occidental que ha sido informado de la investigación preliminar afirmó que hay indicios de que el fuego amigo de una batería Patriot puede haber estado involucrada en el accidente”, afirmaba ayer The New York Times. Por el momento, la hipótesis de Bezuhla, que había causado declaraciones apelando a que fuera silenciada, parece la más factible. La realidad vuelve a recordar que la guerra es más compleja que el discurso que pretende analizarla y que no hay armas milagrosas ni libres de vulnerabilidades. Pese al discurso de Zelensky, que en cada ocasión que Kiev recibe un nuevo tipo de arma la encumbra como la herramienta que supondrá un antes y un después en el conflicto, la aviación occidental va a sufrir en la guerra problemas similares a los que ha sufrido la de origen ruso o soviético. De lo contrario, el presidente ucraniano habría dejado ya de exigir a los países miembros del antiguo Pacto de Varsovia la entrega de cazas MiG, como ha hecho otra vez esta misma semana.

El día a día de la guerra tiende a dejar claro lo vacío del discurso propagandístico. Ucrania ha querido precipitar la instrucción y el uso de los F-16 en un ambiente que siempre iba a ser tremendamente complicado para su funcionamiento, sin dejar pasar a su personal por los pasos necesarios para garantizar el buen uso del material. Kiev se ha jactado en el pasado de haber acortado los tiempos de entrenamiento para acelerar la introducción de armamento como los sistemas Patriot en la guerra. La prensa occidental ha colaborado afirmando que la enorme valía de los soldados ucranianos hacía innecesarios cursos tan prolongados, que podían reducirse ante la capacitación exprés y el retorno al frente. Este fenómeno es especialmente relevante en el caso de los F-16, aeronaves superiores a las que Ucrania disponía a su servicio, pero para la que son precisos calidad de la instrucción, un tiempo prudencial de aprendizaje y, sobre todo, horas de vuelo. Los pilotos ucranianos no han tenido la ocasión de recibir los dos últimos, por lo que los fallos, accidentes y episodios confusos como el de esa semana pueden repetirse en el futuro. La causa fundamental por la que es previsible que la aviación occidental no vaya a marcar un punto de inflexión es precisamente la dificultad de instruir al personal y no la escasa cantidad de F-16 de los que Kiev vaya a disponer. Mucho más problemática es el reducido número de pilotos capaces de manejar con garantías esos cazas en los que no han realizado suficientes horas de vuelo, una realidad que Kiev prefiere no ver. Es más sencillo, como ocurrió ayer, cesar al comandante de las Fuerzas Aéreas y culpar a una única persona que comprender la realidad.

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Reportes del frente archivados.

Registro

Follow SLAVYANGRAD.es on WordPress.com

Ingresa tu correo electrónico para seguir este Blog y recibir notificaciones de nuevas noticias.

Únete a otros 2.261 suscriptores

Últimos resúmenes del frente

Estadísticas del Blog

  • 2.519.220 hits