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Ucrania exige misiles para atacar Rusia

“El presidente Volodymyr Zelensky ha intensificado sus llamamientos a los aliados para que levanten todas sus restricciones al uso de armas occidentales contra objetivos en territorio ruso después de que Moscú lanzara uno de sus mayores ataques masivos con misiles y drones contra Ucrania desde febrero de 2022”, escribía ayer Financial Times en relación al principal esfuerzo político que Kiev está realizando actualmente. El Gobierno ucraniano, que intenta realizar un imposible ejercicio de equilibrio entre anunciar una próxima cumbre de paz y exigir a sus aliados medios para bombardear objetivos en Moscú o San Petersburgo, ha decidido que empeorar al máximo la situación en Rusia es la vía para lograr la posición de fuerza con la que poder aplicar la diplomacia coercitiva y obligar a Moscú a aceptar las condiciones ucranianas. “Zelensky ha convertido en la prioridad diplomática absoluta de Ucrania convencer a Washington y otras capitales occidentales de que le permitan atacar bases aéreas y otros emplazamientos militares que se utilizan para lanzar ataques contra Ucrania en territorio en las profundidades del territorio ruso”, añade el medio estadounidense, que no tiene en cuenta que, a juzgar por las palabras de oficiales como Mijailo Podolyak, entre esos objetivos estaría también la industria militar (o militarizada, para utilizar sus palabras) rusa. Ese es, a día de hoy, el plan de paz y de victoria de Zelensky, para lo que precisa de un notable aumento de la asistencia occidental, una aún mayor financiación y, sobre todo, luz verde para continuar con un plan de escalada que acercaría el conflicto un paso más a la guerra total que Ucrania parece buscar desde hace meses.

El martes, Zelensky anunció la primera prueba de un nuevo misil balístico ucraniano, un arma para la que Kiev no precisaría de permiso de sus socios para atacar territorio ruso. Sin embargo, y pese al tímido intento de reanudar la producción industrial para adquirir cierta autonomía con respecto a sus patrones occidentales, ni la cantidad que Ucrania podría ser capaz de producir ni la potencia de los misiles pueden ser suficientes para lograr el maximalista objetivo del Gobierno. Ucrania no solo necesitaría el permiso de sus socios, sino grandes cantidades de misiles de largo alcance de los que los diferentes países pueden incluso no disponer en sus arsenales. La falta de material ha sido una de las grandes quejas de Ucrania en los dos últimos años, en los que ha insistido repetidamente en la necesidad de aumentar la producción. Para ello, Kiev no ha dudado en exagerar los éxitos de aquellos que percibe como sus enemigos para lanzar un dardo a sus aliados. Es el caso, por ejemplo, de la producción de munición norcoreana. Ucrania no ha dudado en exagerar las capacidades industriales de la República Popular de Corea para contrastar las supuestamente enormes cantidades de munición que Pyongyang ha vendido a Rusia mientras la Unión Europea incumplía su promesa de suministrar a Kiev un millón de rondas en un año. La falta de material suficiente o problemas de producción han sido también argumentos que países como Alemania han utilizado para negar a Ucrania misiles de largo alcance.

Sin embargo, al margen de los problemas de suministro que pudieran existir en los diferentes países, Zelensky es consciente de que la decisión es mucho más política que logística. “Estados Unidos, el Reino Unido, Francia y otros socios tienen el poder de ayudarnos a detener el terror”, afirmó Zelensky, cuyo plan es llevar ese mismo terror que critica a territorio ruso con la esperanza de que Rusia ceda y, en lugar de devolver el golpe, simplemente se rinda. En la lista de países mencionados sorprende la ausencia de Alemania, a quien con tanta vehemencia se le ha exigido en el pasado el suministro de misiles Taurus, con capacidad para alcanzar territorios tan alejados como Moscú. “Kiev quiere los Taurus de fabricación alemana, que tienen un rango de 500 kilómetros, el doble que el Storm Shadow y una cabeza más potente. Pero, hasta el momento, Berlín se ha negado a suministrarlos”, explica Financial Times. Quizá las últimas revelaciones sobre el Nord Stream dificultan en estos momentos que Ucrania pueda presionar a su víctima propiciatoria favorita, Olaf Scholz, que hasta ahora se ha mantenido firme en la negativa a enviar ese material a la guerra. Todo ello a pesar de las presiones que ha sufrido, no solo por parte de Ucrania, sino especialmente de Francia y el Reino Unido, los dos países que antes suministraron misiles a Kiev y que siempre han buscado que otros países siguieran su ejemplo. Finalmente, fue Estados Unidos quien lo hizo, aunque no Alemania, donde existe una división interna a nivel gubernamental en lo adecuado de esos envíos. El canciller Scholz, de cuya opinión depende la aprobación de los envíos, ha sido señalado repetidamente como el hombre que impide que Ucrania disponga de misiles Taurus, mientras que otros miembros de su gabinete y el establishment militar son partidarios del suministro.

Las divisiones que se produjeron en el pasado sobre el envío de misiles a Ucrania se reproducen ahora que la cuestión no es ya el suministro del material, sino su uso. No se trata ya de atacar objetivos en los territorios ucranianos bajo control ruso, en la península de Crimea o el puente de Kerch, el objetivo más deseado de Kiev, sino en la Federación Rusa. Se ha atravesado ya la línea roa de permitir los ataques en Rusia y lo que se debate ahora es poder hacerlo más allá de la relativamente limitada franja fronteriza que Biden autorizó hace unas semanas. “La cuestión ha dividido a los aliados”, explica Financial Times, que añade que “el Reino Unido y Francia son partidarios de permitir a Ucrania golpear objetivos militares en zonas alejadas de la Federación Rusa mientras que Estados Unidos y Alemania se oponen”. A la pregunta de por qué, el artículo responde que “en pocas palabras, porque la administración Biden y el canciller alemán Olaf Scholz están preocupados por el riesgo de escalada si el armamento occidental ataca Rusia”. Como contrapunto el medio recoge la respuesta más habitual, el argumento que Zelensky ha utilizado esta semana: la idea de que las amenazas rusas y las líneas rojas marcadas por el Kremlin son un farol. “Solo porque Rusia no haya respondido a algo no quiere decir que no puedan o que no vayan a hacerlo en el futuro”, respondió Sabrina Singh, una de las portavoces del Pentágono ante ese razonamiento que, en la práctica, es arriesgarse a una guerra aún más dura o a la posibilidad de enfrentamiento directo con Rusia por permitir a Kiev bombardear con misiles occidentales y utilizando sus F16 sin que Moscú sienta que está siendo atacada, no por Ucrania, sino por Occidente.

Según The Telegraph, el Reino Unido es partidario de permitir a Ucrania atacar objetivos en Rusia utilizando el armamento occidental, aunque no está dispuesto a hacerlo públicamente por temor a causar roces con sus aliados norteamericanos. Financial Times añade que “Londres lleva meses abogando ante Washington por que Ucrania pueda disparar Storm Shadows británicos contra objetivos dentro de Rusia. Personas bien situadas han declarado al FT que el gobierno británico envió una petición en ese sentido tanto a Washington como a París a principios de verano”. La división está clara: Londres y París buscan apoyar a Ucrania en su escalada en Rusia, mientras que Estados Unidos y Alemania han mostrado dudas. En el caso de Washington, la postura podría estar cambiando. Como publicaba esta semana The Washington Post, la administración Biden se plantea apoyar esos ataques. Su duda no es ya el peligro de escalada al atacar una de las principales potencias nucleares, sino la efectividad del plan ucraniano. Rusia es capaz, argumenta la Casa Blanca, de alejar sus activos más importantes (como la aviación estratégica) para que se encuentren fuera del alcance de Ucrania. Ese y no el potencial peligro sería el motivo de las reticencias de Estados Unidos.

“En ocasiones anteriores, el Reino Unido y Francia han dado el paso cuando Estados Unidos era reticente”, recuerda Financial Times para argumentar que “es muy posible” que Ucrania reciba el permiso para utilizar misiles de largo alcance contra objetivos en Rusia. En realidad, Londres ha actuado en esta guerra como avanzadilla, dando pasos como el envío de tanques y posteriormente misiles, para abrir un camino que rápidamente seguirían otros países, principalmente Estados Unidos, que de esta manera se presenta a sí mismo como una potencia más responsable y precavida. En realidad, solo Alemania ha argumentado públicamente no ser partidaria de enviar misiles a Ucrania -o permitir su uso- debido a que eso implicaría cruzar la línea de beligerancia, con el evidente riesgo que ello supone de caminar irresponsablemente hacia un enfrentamiento directo con Rusia. El hecho de que tan solo uno de los países proveedores sea capaz de ver ese peligro hace prácticamente inevitable que Kiev reciba, más temprano que tarde, el permiso occidental para dar un paso más y atacar cualquier lugar del territorio ruso, no solo las zonas fronterizas, con armamento occidental.

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