La búsqueda de vías para lograr el retorno de personas refugiadas, especialmente aquellas en edad activa, ha sido una constante a lo largo del último año. Cada encuesta en la que las familias en el extranjero mostraban sus reticencias a regresar al país ha supuesto una preocupación añadida para Ucrania, que ve en su población sus garantías de futuro. De nada serviría a Kiev obtener un territorio con un Estado viable y garantías de seguridad si no retorna un porcentaje suficiente de la población que ha huido del país a causa, no solo de la guerra, sino de la situación económica en general. Sin embargo, al contrario que la emigración económica, ya preocupante en los años anteriores a la invasión rusa, la población refugiada ha obtenido ciertas facilidades de acceso al mercado laboral, en el ámbito educativo y, en general, una mayor aceptación social, importante a la hora de la integración de las familias y la posibilidad de crear lazos que sustituyan a los que les unían a su país de origen. El hecho de que Ucrania busque ayuda de sus socios para garantizar que la permanencia de los varios millones de ucranianos y ucranianas que han salido del país en estos años no sea permanente es un indicador del nerviosismo que supone la perspectiva de una enorme pérdida de población.
“Ucrania está manteniendo conversaciones exploratorias con oficiales de la UE sobre las futuras normas de migración del bloque para tratar de garantizar que más de sus ciudadanos regresen a casa el próximo año y reforzar la economía ahora que el esfuerzo de guerra ejerce una enorme presión sobre los recursos”, escribía Político el pasado enero. Ese intento apelando incluso a los sentimientos contrarios a la inmigración que la extrema derecha está utilizando actualmente en el continente es solo una de las iniciativas con las que Ucrania ha tratado de conseguir de sus socios medidas restrictivas para incentivar el retorno. El Gobierno ucraniano ha defendido iniciativas de reducir las prestaciones sociales a las personas refugiadas y la cancelación del acceso gratuito a la educación superior en países como Lituania además de exigir a los países colaboración en la repatriación, voluntaria o no, de los hombres en edad de ser reclutados para la guerra. Reducir los servicios consulares, entre ellos la renovación de pasaportes, a los hombres en edad militar es solo una de las medidas que buscan incentivar el retorno. Y aunque actualmente Ucrania busca recuperar a su población masculina en edad de ser reclutada, la falta de mano de obra comienza a ser también un serio problema. Kiev no solo precisa de masa de población para sostener su ejército, sino para cubrir, por ejemplo, las necesidades de producción del material bélico, única industria que realmente importa en estos momentos.
“La verdadera reconstrucción solo se realizará tras la finalización de la guerra”, ha afirmado Zelensky, pronunciando una obviedad que ya ha podido comprobarse en Donbass en las dos fases de la guerra, la actual desde la invasión rusa y los ocho años anteriores: no hay posibilidad de realizar un proceso completo de reconstrucción si existe riesgo de reactivación de las hostilidades. Pero la reconstrucción del país y de su economía depende, como el presidente ucraniano ha repetido en varias ocasiones, de la vuelta de la población. Si actualmente se busca recuperar efectivos para luchar en el frente o pagar impuestos que hagan posible la continuación de la lucha, en el futuro, el aspecto clave será también la mano de obra. Zelensky espera obtener inversiones y presencia del capital occidental para reconstruir y refundar el país a su antojo, pero, para ello, precisa de una población de la que, a día de hoy, Ucrania no dispone.
Una parte de la población refugiada regresó a lo largo de 2023 a Ucrania. The Wall Street Journal estimaba a principios de 2024 que un millón de personas que en algún momento salieron del país habían retornado. Sin embargo, la misma fuente cifra en seis millones y medio las personas de nacionalidad ucraniana refugiadas en el extranjero, cantidad que define como alrededor del 15% de la población. Esa estimación entiende que Ucrania tendría una población de 43 millones de habitantes, un dato optimista comparado con las cifras dadas por las últimas proyecciones de población que se han publicado en las últimas semanas. Esos datos de Naciones Unidas estiman en alrededor de 37 millones la población actual, con una previsión de cierta recuperación en los próximos años hasta alrededor de los 40 millones.
Las predicciones a corto plazo no contradicen las previsiones del Banco Central de Ucrania que la pasada semana admitía que espera una nueva pérdida de población de alrededor de 700.000 personas más hacia la emigración. “Según el informe del BNU, la principal razón del previsible aumento de la emigración es la difícil situación energética y las inseguridades asociadas durante el próximo invierno, así como la lenta estabilización de los procesos económicos debido a los riesgos de seguridad”, escribía The Kyiv Independent. La situación actual y las malas perspectivas de futuro a corto y medio plazo no animan al retorno sino a la salida del país, algo cada vez más difícil para los hombres, pero también para las mujeres, que ya no encuentran en la Unión Europea la solidaridad de la que sí disfrutaron quienes huyeron de la guerra en 2022.
La emigración no es el único problema demográfico que Ucrania padece actualmente. Como ha publicado esta semana Ukrainska Pravda, los datos de natalidad y mortalidad tampoco son halagüeños. “La mortalidad en Ucrania en 2024 es tres veces más alta que la natalidad”, titulaba el pasado lunes el medio, que cifraba en 87.655 los nacimientos de la primera mitad de 2024, un descenso del 9% con respecto al año pasado, y las muertes en 250.972. La guerra explica una parte de esa descompensación entre natalidad y mortalidad, aunque no toda. Según la misma fuente, que cita datos oficiales, las muertes ya duplicaban los nacimientos en el periodo 2018-2020.
El problema demográfico de Ucrania no es nuevo sino heredado de la decadencia industrial y económica desde la independencia del país. El hecho de que Kiev haya preferido mantener la ficción de los 44 millones de población en lugar de realizar un censo -el último, de 2001, está completamente obsoleto y no aporta ninguna información fiable sobre la situación de Ucrania incluso antes del éxodo de población a raíz de la guerra- muestra que Ucrania no tiene respuesta para un problema que hace tiempo que se ha cronificado. Y pese a las desbordadas esperanzas, posiblemente falsas, de Zelensky y su equipo del retorno masivo de la población refugiada y también de una parte de la diáspora, haya nacido o no en Ucrania, las proyecciones de Naciones Unidas presentan una imagen de decadencia continuada para las próximas décadas. “El popular anuncio televisivo de principios de los 90 «Somos 52 millones» formaba parte de la identidad de los ucranianos de mi generación. Ahora, incluso los escenarios más optimistas predicen la mitad”, escribía, sin esconder la nostalgia, el sociólogo ucraniano Volodymyr Ischenko al comentar la proyección media de 25 millones de población en el año 2100. Aunque únicamente se trata de proyecciones, que pueden oscilar dependiendo de las condiciones en Ucrania y también en otros países, la tendencia a la pérdida de población es clara y supone una preocupación urgente para el Gobierno ucraniano que, hasta ahora, ha sido incapaz de revertir la tendencia.
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