La intensidad de la crisis de Krasnogorovka para los soldados de fortuna colombianos, y el interés de los medios locales en su suerte, permite conocer algunos los rasgos del proceso de reclutamiento y de la participación militar colombiana en el conflicto de Ucrania. A este respecto, ya en febrero de 2024 un artículo de Semana señalaba que “Colombia está exportando a cientos de veteranos del Ejército a la guerra que se libra en Ucrania con el fin de que le apliquen a Rusia la misma fórmula que debilitó a las Farc y al narcotráfico”.
El reclutamiento y los principales destinos
La información disponible muestra que el reclutamiento afecta fundamentalmente a personas con experiencia actual o pasada en la policía y en el ejército de Colombia.
Se observa el papel determinante en la actualidad de las redes sociales como mecanismo de contacto e intercambio de información. El seguimiento de las redes permite ver también el papel de los propios combatientes reclutados como vía complementaria de información para la posterior captación de nuevos miembros. La búsqueda de dinero abundante y aparentemente fácil como motivo principal de la acción de reclutamiento queda luego recubierta de apelaciones a contribuir a “la libertad de Ucrania”, la rápida identificación con los colores de la nueva bandera pagadora, o más simplemente con la glorificación de la “camaradería” militar.
El personal ucraniano aparece en la dimensión administrativa de la organización del reclutamiento. En uno de los artículos del medio, un periodista de Semana se hace pasar por voluntario para “conocer los pasos de la contratación … ante el ciudadano ucraniano … encargado de reclutar a varios colombianos y trasladarlos hasta sus batallones”. Las instrucciones, transmitidas por medio de WhatsApp, sitúan el punto de llegada en la ciudad ucraniana de Ternopil (en concreto, el centro territorial regional de reclutamiento encargado de registrar a los combatientes extranjeros) donde esta persona se encarga de tramitar “el paquete completo de documentos”. Sólo es necesario el pasaporte, estar legalmente en el territorio y tener dinero para sostenerse dos semanas. En la práctica, como parte de los reclutados transmitirán a los interesados contactados, el pasaporte se convierte en el único verdadero requisito formal. De lo demás, se encargan los contactos ucranianos.
De particular interés es comprobar la función que se espera de los nuevos soldados de fortuna. De cara al servicio, “tengo múltiples opciones para tu servicio”, señala el ucraniano encargado del reclutamiento al periodista colombiano. “Se refiere a las tres alternativas que tienen las personas que se suman a la guerra: primera línea (cuando se pelea en una misión), segunda línea (cuando vive cerca a la unidad de batalla) y tercera línea (trámites internos)”. Esta última línea se reserva en realidad de forma exclusiva a los ucranianos y no es la mejor remunerada. “La mejor remunerada es la primera línea, cerca de 12 millones de pesos al mes”, entonces equivalentes a alrededor de 2.850 euros mensuales. Sin embargo, la gran mayoría tiene que “superar dos meses de intensas y peligrosas pruebas en las que les distribuyen 3 millones de pesos. En un golpe de suerte y milagro, podrían manipular la promesa”.
El atractivo económico es indudable puesto que, una vez consolidado el proceso de reclutamiento, los mercenarios pueden llegar a obtener mensualmente hasta 17 millones de pesos, unos 3.875 euros actuales. Una gran tentación para las personas con experiencia en armas en Colombia, expolicías o exmilitares que acaban “cautivados por el voz a voz que circula en las filas de la fuerza pública. En un mes se podían ganar hasta 17 millones de pesos y las familias tendrían un comodín millonario en caso de que murieran portando el uniforme”.
Como señala Semana, una vez en Ucrania, los nuevos reclutas son recibidos “en una base donde entrenan por un tiempo, no es claro cuánto, y todo depende de la necesidad del combate”. De eso se encargan unidades como el Batallón 204 de la Defensa Territorial que actúan como unidad de paso para los nuevos reclutas. Dado que, de no llegar a la línea del frente, los salarios no son tan jugosos como los prometidos, existe una fuerte presión por parte de los propios colombianos para pasar a unidades situadas en el frente como la 59ª Brigada de Infantería Motorizada Separada Yakov Handziuk.
Según Roy Barrera, embajador de Colombia en el Reino Unido, ésta no sería la vía predominante de llegada de reclutas colombianos. Según él, la mayoría llegan a través de empresas transnacionales que los contratan por cifras entre los 3.000 y los 5.000 dólares mensuales. Según el embajador, “esas empresas suelen acudir primero al listado de militares retirados y a los que han presentado el servicio militar. A través de organizaciones de militares retirados hacen circular por correos electrónicos”. Sin embargo, al menos en lo relativo a los reclutas enviados a la batalla en Krasnogorovka, la vía de reclutamiento parece haber sido preferentemente la señalada con anterioridad.
Las principales unidades de destino de los colombianos son la Legión Internacional, subordinada al GUR, la unidad ultraderechista Karpatska Sich y la 59ª Brigada de Infantería Separada Motorizada. Desde la apertura del frente de Vovchansk también hay referencias a la 17ª Brigada de Tanques Krivoy Rog.
Las promesas incumplidas
Las condiciones de guerra total que se viven en el frente ucraniano contrastan enormemente con las ambiciones y el optimismo económico de unos reclutas colombianos que parecen esperar unas condiciones alejadas de grandes niveles de riesgo. “Detrás de la vinculación voluntaria hay un doloroso viacrucis, falsas ilusiones y engaños que lloran en varios rincones del país”, señala, por ejemplo, Semana.
Distintos testimonios recogidos por ese medio revelan que “todas las promesas se esfumaron desde el primer día: “Eso no es como les dicen al principio. Allá los tiran a pelear y abandonan al que se defiende”. Según Luis Alberto Cerón, uno de los soldados que viajó desde Colombia a Ucrania. La guerra “es como estar en una película. Usted va, entra a su trinchera y a toda hora está escuchando granadas y balas. Sí, es como estar en una película, pero la está viviendo usted”.
En un artículo de caracol.co del 4 de julio de 2024, algunos de los mercenarios insisten en esas promesas incumplidas: “Expresan estos exmilitares que fueron engañados para ir a combatir a la guerra, donde les prometieron un sueldo de 17 millones de pesos mensuales y hasta el momento no les han dado ni un solo peso”. Uno de ellos, identificado como Diego Andrés Vargas, expresó que pidieron la baja, “debido a que no les están cumpliendo lo que les prometieron y siempre los quieren enviar al frente del combate sin ningún tipo de ayuda militar.
La guerra real no parece ser lo que esperan los colombianos al iniciar el viaje. En diálogo con CNN, la hermana de Miguel Ángel Cárdenas mencionaba, por ejemplo, que su hermano había recibido promesas de tener un salario alto sin tener que combatir en el conflicto. En declaraciones a Infobae, Yuri Cárdenas, la esposa del mercenario detenido en Rusia mencionaba que éste esperaba simplemente “cuidar bases” en su viaje a Ucrania. La realidad era otra: “Lo iluminaron con que allá eran mejores los pagos, un compañero le decía que lo que aquí se ganaba en un año, allá se lo ganaba en un mes, que si salían misiones le pagaban más”. Pero ir de misiones era sin duda ir a la guerra real, un escenario con riesgos bien diferentes a los habituales en la guerra contrainsurgente del ejército colombiano contra las guerrillas locales, de base fundamentalmente rural.
Yuri Cárdenas resalta de nuevo, en cualquier caso, que el viaje de los mercenarios está lleno de promesas incumplidas. “A ellos los utilizaron como carnada, nunca hubo un pago, nunca hubo nada, nunca mi hermano recibió pago de nada…”. Otras fuentes vinculadas a los reclutas señalan, en la misma línea, que “a muchos no les han pagado el sueldo que les prometieron”.
Maltrato
La acción ucraniana con los colombianos es vivida con frecuencia como maltrato. Un militar colombiano, que consiguió huir de Ucrania a través de Polonia, Luis Alberto Cerón, señalaba a Semana que “el Ejército ucraniano dejó sola a la unidad integrada por colombianos”. “Renunciamos todos a la base porque hubo un abandono hacia nosotros, nos dejaron metidos en el combate. Los mismos ucranianos, a algunos compañeros, les alcanzaron a disparar”.
En sus declaraciones de caracol.co, Vargas desarrolla la misma percepción de abandono: “en un combate con los rusos, los dejaron solos, hasta que se les agotaron las municiones y lograron salvar sus vidas porque se dieron a la fuga y durante 16 días estuvieron perdidos y, pese a que solicitaron ayuda, nunca les respondieron. Argumentó que pudieron sobrevivir y se salvaron por la experiencia que tienen cuando fueron soldados profesionales en Colombia”. Tras quedar malheridos en combate, señaló que “la atención en un hospital militar fue muy mala. Dijo que del centro asistencial los sacaron y fueron llevados en una ambulancia a una base militar donde fueron abandonados”.
Vargas señaló también que el apoyo de los comandantes ucranianos es inadecuado, obligándolos a entrar en combate en contra de su voluntad. Pese a que pidieron la baja “aún no les definen nada y les piden ir nuevamente al campo de batalla”. Según Vargas “los colombianos que están en la guerra de Ucrania están arrepentidos, debido a que los latinos que están en el conflicto no son valorados y el trato con los superiores es muy malo y no les importa que estén heridos o enfermos, pero siempre los están obligando ir al combate. Aseguró que se quieren devolver a Colombia, pero no los dejan salir”.
La falta de confirmación de los fallecimientos es otra de las acciones características. Ello permite prevenir el pago de las indemnizaciones prometidas.
La idea de que los soldados colombianos están siendo utilizados por los ucranianos es palpable: “Los ucranianos nos han mentido muchas veces, una de ellas cuando nos dijeron que supuestamente habían recuperado los pueblos que estaban de ahí para atrás y la verdad lo único que uno se encontraba eran carrotanques rusos y viejitas paseando los perros entre las ruinas”.
Por otra parte, los soldados colombianos son conscientes de que se mueven, cuando menos, en los márgenes de los acuerdos y convenios internacionales y que, por ello, “se sienten trofeos para los rusos cada vez que atrapan a uno”.
Peticiones de devolución
Son muchos los mercenarios colombianos que quieren regresar a su país. Según Semana, el Ministerio de Relaciones Exteriores afirma que desde el 24 de febrero de 2022 se han atendido cerca de 300 solicitudes de colombianos que decidieron salir de Ucrania, “quienes fueron evacuados oportunamente, así como los casos de más de 50 colombianos que han resultado víctimas del conflicto, luego de haberse unido voluntariamente a las fuerzas de combate ucranianas”.
En unas declaraciones a primeros de junio, el embajador de Colombia en el Reino Unido, Roy Barrera, señaló que había por entonces alrededor de 200 colombianos combatiendo en Ucrania. La web geochronic.ru recoge una lista de 349 voluntarios. La cifra de fallecidos, según Barrera, es de 51 personas. Algunas listas, como la elaborada por Wikipedia, amplían a 63 los fallecidos dentro de las Fuerzas Armadas de Ucrania, sin contar tres casos de desaparecidos, entre ellos Ekar Camargo. Esto sitúa la tasa de letalidad de los mercenarios colombianos en Ucrania en niveles mínimos situados entre un 14,5% y un 19,0%. Algunas fuentes rusas aportan datos que amplían notablemente estas cifras.
Los familiares de fallecidos se encuentran además ante enormes costes de repatriación de los cadáveres que pueden llegar a acercarse o superar los 7.000 euros, una cifra astronómica para familias colombianas.
El papel de la 59ª Brigada
Es en la primavera de 2024 cuando un número relevante de colombianos empieza a ser enviados a la 59ª Brigada, una unidad regular de infantería motorizada de las fuerzas armadas ucranianas. A partir de mayo son enviados al frente en el área de Krasnogorovka donde alrededor de una docena de ellos perecerían en combate. Los cuerpos de los colombianos fallecidos no fueron recogidos por sus colegas ucranianos y quedaron en el campo de batalla, en situación de desaparecidos.
La 59.ª Brigada de Infantería Motorizada Separada, que lleva el nombre de Yakov Handziuk, tiene una serie de rasgos específicos. Además de ser una de las pocas unidades regulares que acoge a los colombianos, destaca por otros dos aspectos llamativos.
Por una parte, es llamativa la apuesta de la Brigada por las unidades de reconocimiento y asalto constituidas por voluntarios o mercenarios extranjeros. Con anterioridad a la llegada de los colombianos, a la 59ª queda previamente asignada la llamada Chosen Company, también orientada a misiones de avanzadilla en el frente. Compuesta por voluntarios estadounidenses, australianos y de otros países, esta compañía actuó de forma destacada en ese papel durante la contraofensiva ucraniana de 2023. Muchos miembros relevantes de ese grupo, acusado de crímenes de guerra contra soldados rusos, cayeron en ataques de artillería en el avance de la Federación Rusa hacia Avdeevka. En consonancia con lo observado con los colombianos de la Brigada 59, la Chosen Company es considerada como una de las unidades ucranianas con mayor nivel de bajas en la guerra.
Por otra parte, también debe mencionarse que la 59ª Brigada es una unidad muy claramente asociada al apoyo del general Zaluzhny. Este facilitó la inclusión en la Bridada del 108º Batallón Mecanizado Separado de los Lobos de Da Vinci, ya entonces comandado por Serhiy Filimonov, junto a su compañía Gonor. Sin embargo, el comandante actual de la 59ª, Bogdan Shevchuk, accedió con posterioridad a la salida de Zaluzhny de su máxima responsabilidad como comandante de las Fuerzas Armadas de Ucrania.
Son numerosas las quejas sobre los mandos de la 59ª Brigada por parte de los soldados de fortuna colombianos. Por ejemplo, “lo que no pueden creer él y sus compañeros es que un “sargento” que tienen al mando, en lugar de agradecer porque volvieron con vida, le llamó la atención a Vengador por dejar solo el punto que tenía que custodiar”. Los colombianos acusan al comandante de la Brigada como uno de los principales opuestos a la repatriación de los colombianos. “Él no deja que los colombianos rompan contrato y amenaza con quitarles el sueldo si no van a misión. La gente se quiere ir”. Muchos de ellos acaban hablando de práctico secuestro.
Las quejas tienen claros fundamentos. De los más de 60 colombianos muertos hasta ahora en la guerra en Ucrania, alrededor de una quinta parte de ellos murieron en las acciones de la 59ª Brigada en torno a mayo y junio en Krasnogorovka.
Lo más llamativo es que las quejas contra las prácticas de la 59ª Brigada han traspasado el ámbito de los mercenarios y voluntarios, con denuncias internas por parte de representantes significativos del personal militar ucraniano, entre ellas la exnovia de Dmytro Kotsuyibalio, Da Vinci. El motivo de las quejas quedaba resumido recientemente por Kateryna Polishchuk contra el comandante de la Brigada, Shevchuk: “órdenes criminales. negligencia deliberada, desprecio por la vida y la salud del personal, acciones que llevaron a la muerte de un gran número de militares, incluidos aquellos que ocupaban altos cargos directivos, egoísmo, arribismo ciego, eliminación de todos los comandantes «en desacuerdo», represión de la moral y la humillación del personal”. Unas críticas que son compartidas por figuras destacadas del antiguo Batallón Da Vinci. Y es que la abundancia de soldados desaparecidos en combate, de quienes nadie sabe ofrecer información alguna sobre su destino final, no se limita a los mercenarios o voluntarios extranjeros, sino que es una realidad que caracteriza también a los combatientes enrolados, voluntariamente o a la fuerza, en la 59ª Brigada ucraniana.
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