“Las fuerzas terrestres rusas han avanzado de forma constante hacia el oeste, han tomado el control de varias aldeas y se han acercado al centro logístico de Pokrovsk” (Krasnoarmeisk), afirmaba el martes en su informe diario la inteligencia británica, que continúa realizando un seguimiento de los acontecimientos más importantes del frente. El tiempo avanza, progresivamente llega a Ucrania el material enviado por Estados Unidos y la anterior excusa de la carencia de armas va quedando obsoleta, al menos en lo que respecta al material del que Kiev ha dispuesto. Hasta ahora, Ucrania ha podido escudarse en la ausencia de aviación occidental, aunque ese ya no será el caso durante mucho más tiempo. Esta semana, AP ha informado de que los primeros F16 han comenzado a llegar a Ucrania, lo que ha causado rápidamente la euforia de oficiales como Mijailo Podolyak. Sin embargo, todas las fuentes dan por hecho que el número de aeronaves será reducido, un problema que aparentemente no se va a solventar en el futuro a corto plazo, no por falta de F16 que enviar, sino por la escasez de personal capacitado para pilotarlos.
Aun así, el argumento de que Occidente no ha entregado equipamiento suficiente o que lo hace con excesiva lentitud va perdiendo credibilidad a medida que la situación se deteriora en zonas sensibles del frente. Es el caso de Krasnoarmeisk, de cuyo control depende la estabilidad del frente de Donbass y, al menos en parte, el de Zaporozhie. Es ahí donde Ucrania afirma que Rusia concentra efectivos. Eso sí, pese a la aparente advertencia de signos de ofensiva que supondría la llegada de decenas de miles de soldados rusos a un sector en el que todo avance supone facilitar la defensa de Crimea, las fuentes ucranianas se refieren a ello negando que vayan a producirse movimientos ofensivos y generalmente añadiendo que Rusia carece del potencial ofensivo necesario.
De la misma forma actúa la inteligencia británica, una de las más sistemáticas fuentes para observar la evolución, no necesariamente de la realidad, sino del discurso. En su informe del martes, el Reino Unido admite avances que comienzan a ser peligrosos para Ucrania en una zona clave como Krasnoarmeisk, pero también al oeste de Gorlovka, uno de los lugares más fortificados de la línea de alto el fuego de Minsk, el único punto en el que, en más ´de dos años desde su intervención, las tropas rusas no habían conseguido el más mínimo progreso. El informe añade un detalle que no es menor: además de las “milicias afines a Moscú”, lucha ahí ahora el ejército regular ruso. Las diferencias entre un ejército profesional dotado de equipamiento y armamento de un país desarrollado y el formado hace menos de una década y que se ha surtido generalmente de material antiguo o desfasado son evidentes, pero suelen quedar silenciadas. Comentar esos matices es admitir que Ucrania no luchó durante ocho años contra Rusia sino contra una milicia con grandes carencias. El discurso de ocupación rusa de Donbass que Kiev utilizó en ese tiempo y que ha adoptado también la prensa y la clase política occidental, siempre fue falso y la asistencia rusa se limitó a garantizar que los ejércitos de las Repúblicas Populares no fueran militarmente derrotados por Ucrania para que Kiev no pudiera así imponer sus condiciones a base de una política de hechos consumados.
Los avances en Donbass, lentos y a costa de bajas, pérdidas y enorme destrucción de un territorio que habrá que reconstruir de forma prácticamente íntegra no supone un giro de guion, pero sí una evolución de la guerra. Rusia muestra no tener prisa por lograr sus objetivos en esta región y lo deja claro tanto por la continuación de la táctica como por su discurso. El pasado sábado, la fuente ucraniana DeepState escribía “Pogres no es nuestro. Vovche no es nuestro”, para anunciar la pérdida de ambas localidades. Rusia esperaba hasta el informe diario del lunes para confirmar dichas capturas pese a que eran evidentes días antes. No hay triunfalismo ni exageración de la mejora de las posiciones en Donbass, sino simplemente la rutina de la estrategia de pequeños pasos moviendo el frente poco a poco en dirección a las fronteras administrativas de los antiguos oblasts de Donetsk y Lugansk. El mapa con el que DeepState acompañaba la información sobre los progresos rusos en Donbass mostraba seis direcciones en las que están avanzando las tropas rusas solo en ese sector al oeste de Avdeevka, a las que hay que añadir los progresos al oeste de Gorlovka que admite la inteligencia británica.
La tendencia del frente de Donetsk no es decisiva, pero sí constante: Rusia refuerza sus posiciones mientras que Ucrania sufre, como relata un artículo publicado por The New York Times sobre la lucha en los alrededores de Urozhainoe, para mantener sus posiciones o incluso para retirarse de forma ordenada. Y aun así, las fuentes occidentales mantienen la esperanza. La capacidad operativa de Rusia es “limitada”, afirmaba el martes el informe de inteligencia del Reino Unido, el mismo que se refería a avances en varias zonas de uno de los sectores más fortificados de toda la defensa ucraniana. Es preciso mantener la moral elevada y subestimar a las tropas rusas es el punto de partida.
La segunda parte de ese intento de mantener intactas las posibilidades de Ucrania de lograr el éxito que busca y no encuentra en el frente es asegurar que Ucrania está a punto de resolver sus problemas. “La campaña ucraniana de reabastecimiento de sus agotadas tropas de guerra se está intensificando y debería ayudar a cubrir las carencias de personal en el frente en las próximas semanas, según funcionarios, soldados y analistas militares ucranianos”, afirmaba el martes The New York Times. El discurso ucraniano navega entre la necesidad de presentarse como una fuerza sólida y capaz de reponer sus pérdidas y una realidad cada vez más visible de fatiga de la guerra. Ucrania sigue buscando la forma de ampliar el reclutamiento, conseguir que sus aliados favorezcan el retorno de los hombres en edad militar y limitar la fuga de quienes prefieren jugarse la vida huyendo del país que luchando por él. A las concertinas que intentan sellar la frontera a lo largo del río Tisza se une el trabajo de quienes custodian esos territorios para tratar de detener a quienes buscan cruzar al otro lado. “Si Putin no hubiera atacado, nadie te dispararía por la espalda”, afirmó recientemente en una entrevista Mijailo Podolyak, justificando disparar a matar a quienes intenten evitar el reclutamiento. “Es como si disparara Rusia”, añadió. Ucrania sigue utilizando todos los argumentos a su disposición para aumentar sus posibilidades de reclutamiento, para lo que cuenta con el inestimable apoyo de la prensa nacional e internacional, Esta semana Reuters publica el enésimo reportaje romantizando el reclutamiento de presos, como ya hiciera The Guardian hace algo más de una semana. La puesta en libertad de presos para ser enviados a los lugares más peligrosos del frente no es ya una forma de esclavitud y una muestra de carencia de personal como cuando era Rusia quien recurría a ello, sino una forma de redención.
Las realidades del frente muestran consistentemente un debilitamiento de Ucrania, que al margen de la situación militar sufre otros problemas en la retaguardia, fundamentalmente una crisis energética que amenaza con empeorar con la llegada del otoño e invierno. La certeza de que Kiev no conseguirá un gran éxito lo suficientemente importante como para obligar a Rusia a aceptar los términos dictados por Ucrania y sus socios obliga a buscar soluciones creativas. Por el momento, perdura la idea de “acortar la guerra” a base de un aún mayor flujo de armas, aunque comienza a convivir con otras propuestas que parten de la necesidad de equilibrar los dos objetivos principales: la recuperación del territorio y la adhesión a la OTAN. Y en esa dialéctica, surgen voces que defienden la idea de abandonar temporalmente el objetivo de luchar por territorios como Donbass a cambio de optar por el camino atlantista, una propuesta que está siendo presentada como de compromiso, pero que, en la práctica, es la receta para una guerra aún más dura.
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