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Bandera, Historia, Nacionalismo, OUN, Polonia, Rusia, Ucrania

Disputas históricas

“Ucrania no entrará a la Unión Europea sin resolver la cuestión de la masacre de Volinia de la Segunda Guerra Mundial, dice un ministro polaco”, escribía el pasado 24 de julio The Kiev Independent para recoger las palabras de Władysław Kosiniak-Kamysz, el titular de Defensa de Polonia, sobre la disputa histórica que los dos países arrastran desde hace décadas. “El ministro se refería a un trágico episodio de la historia polaco-ucraniana en 1943, cuando miembros del Ejército Insurgente Ucraniano (UPA) masacraron a decenas de miles de polacos en Volinia, región ocupada por los nazis que formaba parte de Polonia y ahora forma parte de Ucrania. Miles de ucranianos fueron asesinados en represalia”, explica el artículo como única contextualización de lo que realmente fue el intento de limpieza étnica de la población civil polaca por parte de grupos que habían colaborado con la ocupación nazi de la República Socialista Soviética de Ucrania. Es más, Roman Shujevich, una de las figuras más importantes de UPA, llegó al territorio ucraniano vestido con su uniforme del batallón alemán Nachtigall, que él mismo comandaba. En tiempos soviéticos, Shujevich fue considerado el colaboracionista nazi que fue, matiz que la Ucrania independiente comenzó a olvidar y que la en la etapa post-Maidan se ha reescrito como lucha por la libertad. A golpe de legislación, Kiev convirtió a grupos y personas que participaron en la limpieza étnica de población polaca y también judía, es decir, en el Holocausto, en luchadores por la libertad de Ucrania que merecen homenajes e incluso ser calificados de héroes.

Las autoridades ucranianas modificaron oficialmente el estatus de esos grupos y personas, enaltecidos en la parte nacionalista del oeste del país desde la independencia, en 2015 y lo hizo en paralelo a la demonización y prohibición de los símbolos soviéticos. Teóricamente, esa segunda ley con la que Kiev buscaba reescribir la historia reciente del país en términos nacionalistas prohibía tanto los símbolos comunistas soviéticos como los nazis, siguiendo así la tendencia a equiparar a la máquina de matar más potente de la historia con quienes los derrotaron en Stalingrado, Járkov, Kiev o Berlín y liberaron Auschwitz. Pero si esa equiparación no fuera ofensa suficiente a los millones de ucranianos que lucharon en el Ejército Rojo -frente a las decenas de miles que lo hicieron de la mano de la ocupación alemana en formaciones como OUN, UPA, o la Galizien Division de las SS-, Kiev únicamente ha perseguido el uso de la simbología soviética, obligando, por ejemplo, a quienes quisieran celebrar el 9 de mayo con la Bandera de la Victoria a eliminar la hoz y el martillo del estandarte. No se han visto afectados, por supuesto, los símbolos de las unidades vinculadas a Azov a pesar de su nada sorprendente similitud con unidades nazis como Das Reich, pero tampoco los de la División Galizien de las SS.

El argumento del que fuera el guardián de la memoria en tiempos de Poroshenko, Volodymyr Vyatrovich, fue claro: la legislación prohíbe los símbolos nazis y la división de voluntarios ucranianos de las SS no lo era. Pese a que en 2020 un tribunal falló a favor del medio que lo había denunciado, Strana, nada ha cambiado. El presidente de Ucrania se sumó a la ovación en pie a Yaroslav Hunka, veterano de la división, en el Parlamento de Canadá durante su visita del pasado septiembre. Los símbolos de la unidad de las SS han quedado tan normalizados que han sido vistos en las últimas semanas en Odessa, una ciudad en la que la población judía fue absolutamente masacrada. Allí, vallas publicitarias en las que el león del escudo de la división han sido utilizadas como reclamo para el reclutamiento. “Ayer fueron ellos; hoy, tú”, podía leerse en las vallas publicitarias junto a una de las imágenes más conocidas de la SS-Freiwilligen-Division “Galizien”. La fotografía ha sido, eso sí, ligeramente modificada. Un escudo de la división estratégicamente colocado cubre la parte del plano en el que, en la original, puede verse a Heinrich Himler.

Nada de eso supone un escándalo en la Ucrania actual, en la que la guerra ha facilitado aún más la ya evidente tendencia a justificar lo injustificable, incluso la colaboración con la Alemania nazi y el enaltecimiento de quienes dijeron luchar por la libertad de Ucrania hasta el mismo 9 de mayo de 1945 de la derrota final del nazismo en los campos de Austria, donde también perduran aún sus monumentos. Es más, las críticas han sido escasas en la última década, una excepción y no la norma. En estos diez años, solo Rusia ha sido consistente en su denuncia -en ocasiones utilizada políticamente- del enaltecimiento de ciertas figuras y la demonización de todo lo soviético, mientras que el segundo país más crítico, Israel, se ha limitado a condenar la glorificación de quienes colaboraron en el Holocausto.

Polonia, tan anticomunista como la Ucrania, post-Maidan, ha utilizado la cuestión histórica de forma igualmente selectiva y generalmente limitándose a Volinia. No es del interés de Varsovia lo que grupos como OUN o UPA hicieran contra otras poblaciones afectadas por las masacres: la población judía, romaní o rusa, atacada tanto por motivos nacionalistas como ideológicos. Y aunque la disputa historiográfica a raíz de la masacre de Volinia es antigua y ha pasado por numerosas fases -el enfrentamiento, el perdón mutuo o evitar el tema para prevenir discrepancias-, no parece casualidad que reaparezca cuando acaban de comenzar oficialmente las negociaciones para la adhesión de Ucrania a la Unión Europea. Debilitado el eje de poder París-Berlín y con un papel cada vez más relevante en el bloque político para los países del este, Polonia dispone de esta carta como herramienta para hacerse aún más importante y lograr concesiones bajo la amenaza de veto. Las diferencias en el tratamiento de la historia de la Segunda Guerra Mundial y del asesinato masivo de civiles no han sido un obstáculo para que Polonia se convierta en el país clave para el esfuerzo logístico de la guerra y tampoco van a suponer un obstáculo insalvable en el camino a la Unión Europea. Pero, aun así, la simple mención al hecho de que Ucrania enaltece a grupos como UPA causa ira en Ucrania.

“El Parlamento de la República de Polonia condena la promoción de la ideología y simbología que hacen referencia a la Organización de Nacionalistas Ucranianos y al Ejército Insurgente Ucraniano…. Observando la creciente popularidad de las referencias a la Organización de Nacionalistas Ucranianos y al Ejército Insurgente Ucraniano en Ucrania, la Dieta de la República de Polonia reconoce que deben realizarse esfuerzos a nivel estatal para eliminar tales actitudes», afirma el documento”, recogía del texto parlamentario polaco Ivan Katchanovski, que recordaba que la proclama “Gloria a Ucrania; gloria a los héroes” utilizado por OUN y UPA es utilizado ahora por Zelensky y también en el Congreso de Estados Unidos o el G7.

“Hasta qué punto se han institucionalizado los símbolos de OUN y UPA en el ejército ucraniano tras Euromaidán en palabras de Volodymyr Vyatrovich, exdirector del Instituto de la Memoria Nacional, que promovió todo esto a propósito”, comentaba Volodymyr Ischenko para presentar la reacción del historiador de cabecera de la presidencia de Poroshenko. “Los símbolos de UPA, que según el Parlamento de Polonia tienen que ser condenados, son ahora un elemento integral de la simbología de las Fuerzas Armadas”, ha escrito Vyatrovich, algo evidente en la última década y que ha pasado más desapercibido de lo que debería precisamente por la impunidad que ha tenido Ucrania para reescribir su historia y adaptarla a su conflicto con la Federación Rusa.  En su texto, Vyatrovich se enorgullece de que el uniforme ucraniano lleve elementos de UPA y de que se haya adoptado el grito de OUN como lema oficial de las Fuerzas Armadas. El exdirector del Instituto de la Memoria Nacional se jacta incluso del uso -no oficial, parece lamentarse- de la bandera roja y negra utilizada por esos grupos colaboracionistas. “Así que”, continúa Vyatrovich, “ningún político ucraniano actual va a tener la estúpida idea de rechazar esos símbolos a petición de políticos de un país vecino. Y cuando los actuales sean sustituidos por quienes han luchado bajo esos símbolos, la respuesta a este tipo de declaraciones ya no será el silencio”. La deriva ultranacionalista y la justificación incluso del colaboracionismo con la Alemania nazi parecen inevitables y ni las quejas de Polonia van a rebajarla ni va a suponer un impedimento real para la adhesión de Ucrania a la Unión Europea. Al menos mientras Ucrania pueda seguir enmarcando su revisionismo histórico en la lucha común contra Rusia.

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