Pasado ya el efecto sorpresa que supuso la invasión rusa de Ucrania en 2022 y también el optimismo exagerado causado por un discurso ucraniano y occidental que elevó en exceso las expectativas, las realidades del día a día del frente de la guerra han perdido gran parte del interés de los medios. Centrados en las cuestiones políticas, las sanciones y sus efectos y las consecuencias internacionales del conflicto y sin grandes ofensivas de las que publicar reportajes fotográficos, el frente se ha convertido en un escenario repetitivo y en el que escasos detalles pueden diferenciar la batalla por una localidad de la siguiente. El ataque ruso en Járkov recuperó cierto interés que perduró apenas unos días, cuando también esa lucha entró en las trincheras y el enfrenamiento de ida y vuelta volvió a tornarse artillero sin lograr grandes objetivos. Como era de esperar teniendo en cuenta la cantidad de efectivos y equipamiento utilizado para la operación, Rusia no se acercó jamás a la ciudad de Járkov, su avance fue paralizado y, pese a lo que se dijo en los primeros días para justificar la necesidad de más armas estadounidenses para evitar el colapso, Rusia solo se acercó, sin llegar jamás, a la primera línea de defensa de Ucrania. Pese a la histeria ucraniana y occidental de las primeras horas del ataque sorpresa, la situación se estabilizó en pocos días y el único rédito que Rusia ha logrado de esta acción ha sido el desvío de ciertas unidades, que hasta entonces luchaban en Donbass.
La situación en Járkov mostró también las prioridades políticas e informativas de Occidente, que rápidamente movilizó recursos para alertar de la amenaza que se cernía sobre la segunda ciudad de Ucrania. Y aunque desde hace meses el frente central, prioritario y único que realmente se mantiene activo en una lucha de alta intensidad es el de Donbass, el foco informativo giró a Járkov de forma rápida y definitiva. Se repetía así el desinterés que la prensa y las autoridades occidentales han mostrado por Donbass, roto únicamente en momentos concretos como el inicio de la rebelión de Donbass, cuando la prensa esperaba la llegada de tropas rusas en una repetición de lo ocurrido en Crimea, los dos momentos de guerra de alta intensidad en el verano de 2014 y el invierno de 2015 y la batalla por Mariupol en 2022. Más allá de esos episodios, la realidad de Donbass que ha mostrado la prensa internacional se ha limitado a los reportajes de periodistas empotrados en diferentes unidades ucranianas y en los que se ha mostrado fundamentalmente el punto de vista de esos soldados.
Lejos de los titulares, la situación de Donbass sigue siendo de extrema precariedad, con un frente activo y de alta intensidad y una retaguardia en la que el peligro de los misiles, HIMARS, drones o artillería perduran, no solo en los sectores más cercanos al frente, sino también en la retaguardia. Aunque de forma más limitada desde la caída de Avdeevka, que durante nueve años fue el fortín desde el que Ucrania se permitía atacar Donetsk, Yasinovataya y otras localidades de las afueras de la principal aglomeración urbana de Donbass, la capital de la RPD sigue sufriendo ataques que causan víctimas mortales en barrios evidentemente civiles. El goteo de víctimas y destrucción se acumula especialmente en aquellas localidades de las afueras más cercanas al frente, las mismas en las que el alto el fuego de Minsk jamás fue completo y en las que la guerra no ha cesado en más de diez años.
El punto de inflexión de Avdeevka supuso un cambio en la dinámica del frente. Tras un progreso extremadamente lento y a costa de muchas bajas y pérdidas de material, Rusia consiguió un avance final rápido al sorprender, utilizando un túnel, a la guarnición de una parte de la ciudad por la retaguardia. Al contrario que en Járkov, donde actúan como refuerzo y su participación consiguió estabilizar el frente, la llegada de la Tercera Brigada de Asalto -la unidad más fiel al primer Azov de 2014, liderada por Andriy Biletsky y Maksym Zhoryn- solo pudo cubrir la retirada y garantizar que el colapso se limitara a la defensa de la ciudad, no a la de todo el sector.
Algo similar ocurrió el pasado mayo en los alrededores de Ocheretino, una pequeña localidad cuya importancia táctica radica en su ubicación en altura. La rapidez con la que Rusia fue capaz, en parte debido a la presencia de los paracaidistas de las VDV, las unidades con mayor capacidad ofensiva del ejército ruso, de tomar las posiciones desde las que Ucrania debió poder defenderse con solvencia contrasta con lo ocurrido a escasos kilómetros en Ugledar. Ante una situación parecida, Rusia ha tratado en varias ocasiones, todas ellas fallidas, de aproximarse al fortín, aún sin éxito. Sin embargo, en apenas unos días, Ocheretino fue capturado y se convirtió en zona privilegiada desde la que continuar alejando el frente de la ciudad de Donetsk y avanzando en varias direcciones.
Los avances rusos no se limitan a la zona al norte y oeste de Avdeevka (noroeste de Donetsk), sino también al oeste de la capital regional. Ucrania y Rusia luchan cuerpo con cuerpo, por ejemplo, en Krasnogorovka, donde la situación de las tropas ucranianas se deteriora por momentos, aunque el foco del empuje ruso sigue siendo hacia el norte. Desde Ocheretino, Rusia busca presionar a Ucrania para tratar de unir el avance procedente de Avdeevka con el que se ha iniciado en los últimos meses, por primera vez desde 2014, al oeste de Gorlovka. Romper el frente al norte de Ocheretino ayudaría a presionar desde el sur y el este sobre la ciudad de Dzerzhinsk (Toretsk), prerrequisito para tratar de proseguir hacia el norte en dirección a Konstantinovka y Chasov Yar, todo ello en dirección a Slavyansk y Kramatorsk, un objetivo a muy largo plazo. Tremendamente fortificado durante los años de guerra de Donbass y muy urbano, Ucrania es consciente de su capacidad de retrasar los avances rusos y causar importantes bajas a costa de esos progresos. Kiev comprende también la importancia de la defensa a ultranza de estos fortines, ya que tras ellos se encuentran ciudades importantes y, en el caso del norte, una zona menos urbana y con posibilidades de avance más rápido antes de la aproximación a lo que posiblemente sería la batalla final en la lucha por Donbass: la importante aglomeración urbana de Slavyansk y Kramatorsk.
Aún queda mucho para llegar a ese punto y no es esa la principal preocupación de Ucrania, cuya posición es algo más comprometida en la sección de Krasnoarmeisk (Pokrovsk). En la historia del conflicto de Donbass, la localidad tiene una importancia simbólica además de su valor táctico: fue allí donde se produjo uno de los primeros enfrentamientos más allá de Slavyansk, donde en ese momento se localizaba la lucha. Durante el referéndum de autodeterminación de la RPD, el 11 de mayo de 2014, un grupo de paramilitares del Praviy Sektor -entre ellos aparentemente DaVinci, el ultraderechista en cuyo funeral se reunió toda la clase política y militar ucraniana y al que acudió también la progresista primera ministra finlandesa Sanna Marin- irrumpió en la localidad para impedir que continuara la votación. Un civil local fue asesinado en el episodio.
Krasnoarmeisk, centro logístico de la zona, es clave como nudo de comunicaciones. Es ahí donde se encuentra centralizado el mando ucraniano que controla este sector clave de la parte occidental de Donetsk, que enlaza con el frente de Zaporozhie, en el que Ucrania sigue teniendo aspiraciones de avance sobre Crimea. Aunque las tropas rusas se encuentran aún a unos 30 kilómetros, la situación es lo suficientemente comprometida para las Fuerzas Armadas de Ucrania como para que haya trascendido en medios extranjeros y sea admitida por fuentes como DeepState. La pasada semana, y de forma algo más sencilla que en batallas anteriores, las tropas rusas capturaron la localidad de Progres, tras lo que continuaron el asalto de las trincheras al norte de la localidad y prepararon posteriores avances.

Mapa de la zona, donde se puede observar el lugar en el que la 31ª Brigada se encontraba semi-rodeada
“Cientos de tropas ucranianas se encuentran prácticamente rodeadas a las afueras de la localidad de Progres, en el este de Ucrania. Es el último revés para las fuerzas ucranianas en lo que actualmente puede ser su sector más vulnerable”, escribe David Axe en Forbes. “El enemigo intenta rodear parte del Grupo de Fuerzas de Defensa cerca de Progres: no hay orden de retirada”, confirma DeepState. “En los últimos días se han producido inquietantes signos en el campo de batalla al oeste de las ruinas de Avdeevka. En el lapso de una semana, un grupo de regimientos rusos de fusiles a motor avanzó seis kilómetros hacia el oeste, un avance rápido para los estándares de la guerra entre Rusia y Ucrania. Rodando hacia Progres, una pequeña localidad con un centenar de casas, la formación rusa se dividió en dos y rodeó en su mayor parte a dos batallones de la 31ª Brigada Mecanizada del ejército ucraniano”, afirma Axe, aunque insiste en que ceder territorio en la zona no urbana de Donetsk no sería una catástrofe, algo que es cuestionable, ya que todo avance hacia Krasnoarmeisk ha de preocupar a Ucrania.
“Tras el colapso, la 47ª Brigada Mecanizada de élite del ejército ucraniano -la principal operadora de los vehículos blindados de fabricación estadounidense del ejército- se lanzó a la brecha en un intento desesperado de impedir un avance ruso más profundo. Pero la brigada, superada en número, «no pudo contener al enemigo», informó DeepState. Ahora la 47ª Brigada Mecanizada y la parte de la 31ª Brigada Mecanizada que no está rodeada fuera de Prohres mantienen la línea al oeste del pueblo”, relata Axe que, citando a Yuri Butusov, uno de los periodistas más críticos con las actuales autoridades militares, apunta a Syrsky y a la estructura de mando de las Fuerzas Armadas de Ucrania. “Cuando una unidad pobremente gestionada es atacada, no puede aguantar”, afirma Butusov. Todos ellos, Butusov, Axe y DeepState esperaban que pronto se diera la orden de repliegue para evitar la pérdida de unidades importantes que están luchando por objetivos que no consideran estratégicos. Así fue y, por la noche, DeepState cambiaba el discurso y calificaba de heroica la «ruptura» de un cerco que en realidad no lo era (según su propia información) y se retiraba hasta la línea ucraniana. Incapaz de aceptar la más mínima derrota, Ucrania intenta ahora convertir una retirada en una victoria épica. Continúa así la dinámica luchar por cada localidad mientras puede hacerse causando más bajas ajenas que propias, posterior repliegue para evitar males mayores y reescritura del significado de la batalla. Esa es, de momento, la realidad del frente de Donetsk, que aunque generalmente ignorado por la prensa es ahora el más importante de la guerra rusoucraniana.
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