En uno de sus muchos aparentes cambios de discurso, el presidente Volodymyr Zelensky ha tratado recientemente de apelar al Sur Global y se ha permitido incluso recordar que Ucrania reconoce -al contrario que muchos países europeos occidentales- el Estado Palestino. Ucrania ha querido también mostrarse solidaria con la población de Gaza, cuya situación humanitaria es notablemente peor que la de cualquier localidad ucraniana, incluidas aquellas situadas en pleno frente. El 18 de julio, Kiev anunciaba el envío de las primeras mil toneladas de harina bajo el programa “Grain from Ukraine” (Grano de Ucrania), con las que podría alimentarse, según el Ministerio de Asuntos Exteriores de Ucrania a 100.000 familias palestinas durante un mes. “El hambre se ha convertido en un problema persistente en Gaza con el telón de fondo de la incursión de las Fuerzas de Defensa Israelíes”, escribía utilizando un suave eufemismo para describir la situación en Gaza The Kyiv Independent en un artículo en el que recordaba que “Ucrania mostró su apoyo a Israel después de que se viera bajo un mortífero ataque por parte de la organización militante Hamas en octubre de 2023” y también que “el presidente Volodymyr Zelensky afirmó en junio que Ucrania reconoce como Estados tanto a Israel como a Palestina”. Al igual que el artículo del popular medio ucraniano, las declaraciones de Kiev se han mantenido recientemente en la equidistancia entre quien mata y quien muere, lo que contrasta abiertamente con la exigencia de Ucrania de obligar a todos los países del mundo a mostrar su apoyo explícito, no solo a su causa, sino al suministro de armas para continuar la guerra hasta el único final aceptable para su Gobierno.
Las declaraciones más explícitas de Zelensky, que en octubre mostró su apoyo incondicional a Israel e incluso trató de viajar a Tel Aviv para fotografiarse con Netanyahu, se produjeron en un momento en el que Ucrania buscaba modificar la opinión que el Sur Global, y especialmente los poderosos países árabes, habían creado sobre Kiev a raíz de su militante postura proisraelí de los últimos nueve meses. Pero aun así, el presidente ucraniano quiso mantener el equilibrio entre defender que es preciso mitigar el sufrimiento de la población civil -siempre sin mencionar que está siendo masacrada- y el “derecho de Israel a defenderse”. “Ucrania dijo que si los terroristas de Hamas atacaron a civiles el primer día de su ataque a Israel, entonces Israel tiene derecho a defenderse”, explicó Zelensky como introducción. “Y después de eso, cuando Israel estuvo en Gaza y hubo una crisis humanitaria, Ucrania dijo: en primer lugar, estamos dispuestos a proporcionar ayuda humanitaria a Gaza. En segundo lugar, debemos respetar el derecho internacional. En tercer lugar, Ucrania reconoce dos Estados, Israel y Palestina, y hará todo lo posible para convencer a Israel de que se detenga, para poner fin a este conflicto y evitar el sufrimiento de los civiles”, añadió en el momento en el que con más claridad se ha pronunciado sobre los hechos. Incluso en los momentos en los que Ucrania buscaba el favor del Sur Global, que al contrario que Occidente ha mostrado sin paliativos y desde las instituciones estatales su apoyo a la población palestina, Zelensky era incapaz de apartarse de la equidistancia de quien busca el apoyo de ambas partes.
Pero la postura ucraniana en referencia a los acontecimientos de Oriente Medio no se limita a mostrar tristeza por el sufrimiento humano y enviar ayuda humanitaria para paliar ligeramente el hambre en el que viven ahora mismo casi dos millones de personas. Como demuestra un reciente artículo publicado por Yevgen Kornichuk, embajador de Ucrania en el Estado de Israel, el uso político de la tragedia masiva que están suponiendo los bombardeos y el bloqueo israelí para la población palestina es también una herramienta que utilizar para su beneficio geopolítico.
“El mundo no puede ignorar la red maligna de Rusia, Irán, Hamás y Corea del Norte”, titulaba el 16 de julio The Jerusalem Post en un artículo escrito por Kornichuk. “Juntos debemos hacer frente a esta amenaza con toda la fuerza de nuestra determinación colectiva. No nos dejemos atrapar en la red de las malas intenciones”, añadía el medio en el subtítulo. En un artículo en el que en ningún momento se muestra la más mínima solidaridad con la población que está siendo masacrada, que ni siquiera hace una aparición secundaria, el diplomático se centra en la relación entre Moscú y los diferentes enemigos de Occidente: Hamas, Irán y Corea del Norte..
De la República Popular de Corea, sin siquiera mencionar las supuestamente ingentes cantidades de munición que Pyongyang habría vendido a Rusia -y de las que no hay pruebas-, el embajador destaca el peligro mundial vinculado a las armas nucleares. “La proliferación de Corea del Norte y su potencial para proporcionar tecnología militar a Irán y Hamás suponen una amenaza significativa. Su aislamiento en el mundo no le ha disuadido de realizar actividades que socavan la seguridad mundial, y su conexión con este eje de actores malignos no hace sino aumentar los riesgos a los que nos enfrentamos”. El subtexto es evidente: es precisa una actitud más dura. En la práctica, esto se traduciría en sanciones más severas y aislamiento de los escasos países con los que comercia de forma normal, fundamentalmente Rusia, ya que no hay en el artículo ninguna mención a China, un país demasiado poderoso y con el que Ucrania no quiere chocar. Es más, Dmitro Kuleba, de viaje en Beijing, lleva varios días enalteciendo su papel en la paz mundial.
De Irán, Kornichuk afirma que “la asociación estratégica entre Rusia e Irán ha progresado significativamente, culminando en un acuerdo casi definitivo que pone de relieve sus aspiraciones compartidas. Esta relación no se limita a la cooperación económica o militar, sino que se basa en el apoyo mutuo a actores no estatales violentos y a regímenes que violan las normas internacionales”. El embajador ni siquiera menciona la venta de drones Shahed hace alrededor de un año, posiblemente porque parece una prueba escasa para alegar una asociación estratégica que simplemente no existe.
Por el medio en el que fue publicado, el centro del argumento tenía que ser la relación entre el Kremlin y Hamas. En realidad, hasta esta última semana, cuando Sergey Lavrov ha recordado que la cifra de víctimas civiles es muy superior en los últimos nueve meses en Gaza que en dos años y medio en Ucrania, las críticas de Moscú a Tel Aviv han sido escasas. Rusia, que siempre se ha mantenido fiel a la solución de los dos Estados, tampoco ha derribado nunca aeronaves israelíes que se disponían a bombardear al principal aliado ruso en Oriente Medio, Siria, y ha colaborado con Israel en su exigencia de mantener alejados del Golán ocupado a grupos y unidades proiraníes, un acuerdo implícito que también ha dificultado que Israel enviara a Ucrania las armas que Kiev exigía. No solo Ucrania juega al equilibrio equidistante.
Aun así, y a pesar de que la presencia rusa en la región es modesta, el embajador ucraniano en Israel afirma que “Moscú busca sistemáticamente ampliar su influencia en Oriente Medio, a menudo a expensas de la estabilidad regional. Al alinearse con Irán y apoyar tácitamente a sus representantes, Rusia es cómplice de la perpetuación de la violencia y el malestar. Es la misma Rusia que libra una guerra dura y brutal contra Ucrania y muestra un flagrante desprecio por el derecho internacional y los derechos humanos. Es más, la inclusión de Corea del Norte en esta alianza añade otra capa de peligro”, escribe para añadir que “esta red del mal no es solo una amenaza teórica; tiene tangibles y devastadoras consecuencias”.
Para describirlas, el embajador no duda en presentar como equivalentes las luchas de Kiev y Tel Aviv una identificación en la que presenta a Ucrania como la principal sufridora. “En Ucrania estamos siendo testigos directos de los horrores de la agresión rusa. La guerra en curso ha causado decenas de miles de muertos, junto con millones de desplazados, y ha provocado un enorme sufrimiento a nuestro pueblo. Comprendemos mejor que nadie el potencial devastador de un mal incontrolado”. No hay en su argumentación ningún recuerdo a las decenas de miles de palestinos y palestinas -menores de edad en una cantidad desproporcionadamente alta- que han sido asesinados por Israel, del que Kornichuk afirma que “también conoce el dolor de vivir a la sombra del terrorismo y la amenaza constante que suponen las organizaciones terroristas como, por ejemplo, Hamas”.
La receta del diplomático es clara “reforzar nuestras alianzas y apoyarnos mutuamente frente a estas amenazas. Los esfuerzos diplomáticos deben centrarse en aislar y resistir a esta red mediante sanciones, asociaciones estratégicas y más”. No es difícil ver en ese último “y más” una petición de más armas, habitual exigencia de Ucrania a sus socios. Pero más allá de las medidas coercitivas, Kornichuk afirma que “además, debemos mantenernos firmes en nuestro compromiso con los valores democráticos y los derechos humanos. El eje formado por Rusia, Irán, Hamás y Corea del Norte se nutre de la supresión de estos principios. Al preservarlos y promoverlos, no sólo protegemos nuestras sociedades, sino que también ofrecemos un poderoso contraargumento a quienes tratan de socavar la libertad y la estabilidad en el mundo”. Lo dice en nombre de un país que ha cancelado las elecciones, lleva una década acosando abiertamente a toda oposición no nacionalista, inició una operación antiterrorista contra su propia población y se negó a implementar el acuerdo de paz que había firmado. Así se pronuncia el embajador en un país al que una corte investiga al interpretar como creíble la denuncia que se ha presentado contra él por genocidio. Por si quedaba alguna duda, Ucrania, afirma Kornichuk, “apoya a Israel y a todas las naciones comprometidas con la paz y la seguridad”.
“Juntos, debemos enfrentarnos a esta amenaza con toda la fuerza de nuestra determinación colectiva. Que no nos atrapen en una red de malvadas intenciones. Debemos liberarnos y garantizar un mundo más estable y seguro para todos”. Salvo para la población palestina. O para la población ucraniana al otro lado del frente, que para Ucrania lleva cumpliendo desde hace una década esa mezcla de enemigo interno y externo que para Israel cumple la población palestina.
Comentarios
Aún no hay comentarios.