“Con su característica camiseta negra y sus pantalones de color verde oliva y tras una mañana de reuniones de seguridad, parecía llevar el peso del mundo sobre sus hombros. Puede que esa sea literalmente la verdad: el futuro de las democracias occidentales depende en gran medida de lo que ocurra con Ucrania”, escribe en un tono aún más épico de lo habitual, The Philadelphia Enquirer, uno de los últimos medios que ha conseguido una entrevista con Volodymyr Zelensky, sobre cuya persona recae, aparentemente, la seguridad occidental. Ese es el mensaje que traslada el periódico estadounidense, que coincide al detalle con la narrativa que Kiev ha impuesto desde 2022, pero que lleva utilizando desde 2014. A esa línea de pensamiento se adhirió también ayer la ministra de Asuntos Exteriores de Alemania, Annalena Baerbock, representante de uno de los partidos políticos cuyo discurso es más cercano al de la Ucrania de Maidan, los Verdes. “Quiero decir, porque realmente me irrita mucho, que apoyar a Ucrania no es un gesto de caridad. Es una inversión en nuestra propia seguridad, en nuestra propia libertad”.
La seguridad y la libertad de los países europeos, o quizá incluso del mundo libre depende de un país que ha prohibido por decreto toda negociación política y que durante siete años se negó rotundamente a implementar el acuerdo de paz que había firmado. Haber logrado implantar ese relato en la conciencia colectiva occidental es, posiblemente, el mayor éxito de Ucrania en esta última década, en la que ha perdido territorios, ha visto cómo el nivel de vida de su población descendía, ha perdido constantemente población ante la emigración (incluso antes de la invasión rusa) y llama soberanía a la completa dependencia de sus socios para sostener su Estado e incluso pagar sus salarios y pensiones.
Sin embargo, pese a la solidaridad internacional que provocó la invasión rusa y a diez años de favor de la prensa internacional, que no se ha cansado de esconder las vergüenzas de Ucrania para no ofender a un aliado o dejar en mal lugar a un proxy, Kiev no solo lee buenas noticias en los medios de sus socios. “Estados Unidos anunciará pronto más de 2.300 millones de dólares en nueva ayuda militar para Ucrania”, anunció el ministro de Defensa de Ucrania, Rustem Umerov, a principios de esta semana. Sin embargo, por el momento, Washington ha anunciado un paquete de 140 millones, una cantidad notablemente inferior a la esperada. Estados Unidos y sus socios continúan estudiando el mercado en busca de los sistemas Patriot que Kiev exige para su defensa. “Mientras Ucrania clama por más defensas aéreas, los oficiales están tratando de armar una batería Patriot a partir de repuestos esparcidos por todo el continente”, titulaba ayer The New York Times, dejando claro que las carencias de defensa aérea de Ucrania van a continuar al menos durante un tiempo. Desde que el frente se estancó en Volchansk, donde las tropas rusas hace semanas que no logran ningún progreso y es Ucrania quien contraataca, Kiev ha dejado de utilizar la idea de la defensa de Járkov como argumento para exigir más sistemas y munición antiaérea. El Gobierno ucraniano se centra ahora en las infraestructuras de producción eléctrica y, sobre todo, en el peligro de las bombas guiadas para demandar cantidad, calidad y rapidez a sus proveedores.
“La Fuerza Aérea Ucraniana estacionó seis cazas Su-27 en campo abierto a 160 kilómetros de la línea del frente. Un misil ruso destruyó dos de ellos”, titulaba esta semana Forbes en una de las pocas admisiones de pérdidas notables en la retaguardia ucraniana. Kiev acostumbra a jactarse y exagerar hasta el extremo sus exitosos ataques con drones en territorio ruso, pero la prensa no suele exponer tan claramente los contratiempos sufridos por Kiev. “El dron detectó al menos seis cazas supersónicos Sujoi Su-27 ucranianos estacionados al aire libre en la base a plena luz del día. Un misil Iskander ruso se abalanzó sobre ellos, destruyendo dos de los preciados Sujoi y dañando los otros cuatro”, admite David Axe. El portavoz de las Fuerzas Armadas de Ucrania solo había admitido “pérdidas”, sin especificar la cantidad o su importancia.
La guerra implica necesariamente bajas, pérdidas y reveses que Ucrania trata de esconder siempre que es posible y justificar en los casos que no lo es. Incluso en los momentos de mayor nivel de asistencia militar occidental, Kiev ha insistido siempre en la falta de armamento o munición como principal justificación de todo obstáculo en el frente, algo que se intensifica en momentos de incertidumbre como el actual. Zelensky continúa preocupado por la postura del aspirante Republicano a la Casa Blanca Donald Trump, a quien exigió en una entrevista concedida a Bloomberg, que publique su plan para la resolución de la guerra. “Queremos entender si en noviembre tendremos el poderoso apoyo de Estados Unidos o estaremos completamente solos”, afirmó el presidente ucraniano exagerando el riesgo de pérdida de asistencia estadounidense. En las últimas semanas ha podido saberse que la OTAN está ya tomando medidas para sustituir a Washington en la labor de liderazgo de la organización del suministro militar y, según publicaba The Wall Street Journal, “la OTAN destinará a un alto funcionario civil a Kiev, entre una serie de nuevas medidas destinadas a apuntalar el apoyo a largo plazo a Ucrania que se espera que se anuncie en una cumbre que se celebrará en Washington la próxima semana”. Sea cual sea el resultado de las elecciones de noviembre en Estados Unidos, los países de la Unión Europea y la OTAN, que han decidido calificar de existencial el conflicto, están decididos a mantener el apoyo a Kiev. Es probable que en la cumbre que se celebra este mes, se apruebe el compromiso de suministro militar anual por valor de 40.000 millones de dólares que busca el secretario general saliente, Jens Stoltenberg.
Aun así, el riesgo de la derrota y la imagen de una Ucrania dispuesta a luchar hasta el último ucraniano abandonada a su suerte, sin munición que utilizar es una dosis añadida a la épica que Zelensky quiere dar a la guerra. Ayer mismo, el presidente ucraniano volvió a insistir en que la tardanza en el envío de armamento hace que haya 14 brigadas desarmadas. Kiev quiere así eliminar el argumento de las dificultades de reclutamiento para hacer de la falta de armamento el único motivo por el que las cosas no van bien en el frente. “No es un punto muerto, es una situación problemática”, insistió Zelensky en sus declaraciones a Bloomberg. El líder ucraniano quiso precisar que “punto muerto significa que no hay salida. Pero un problema se puede resolver si uno tiene la voluntad y las herramientas. Tenemos la voluntad y las herramientas, pero aún no han llegado”. Ese es el motivo por el que, según el presidente ucraniano, no puede hablarse de contraofensiva y Ucrania debe centrarse en la defensa.
La postura de la Oficina del Presidente, que limita todos los problemas a la falta de armamento y munición, contrasta con una segunda versión que parece generalizarse en los últimos días. “Ucrania «no derrotará a Rusia con generales al estilo soviético»”, titulaba esta semana The Times. Parece evidente que la acusación se dirigía a dos hombres: Yuri Sodol, ya cesado tras las quejas de Azov, y Oleksandr Syrsky, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania y cuya instrucción en la Federación Rusa es útil en los casos en los que parte del Estado ucraniano quieren hacer de él un chivo expiatorio de los errores colectivos y de las tácticas y estrategias sancionadas desde Kiev, Bruselas y Washington. Esas denuncias, que actualmente llegan desde dos focos, Azov y diputadas como Mariana Bezuglaya, aumentan en los momentos en los que la situación se complica en el frente.
Dos focos preocupan actualmente a Ucrania: Chasov Yar y la zona de Gorlovka, esta última un sector del frente en el que Kiev había tenido aspiraciones de avanzar hasta no hace tanto tiempo. Ayer, la fuente ucraniana Deepstate, vinculada al Ministerio de Defensa, afirmaba que Ucrania se había retirado del sector de Kanal, un microdistrito clave en el avance sobre Chasov Yar, último gran bastión ucraniano antes de la aglomeración urbana de Kramatorsk. Ya no tenía sentido defender esas posiciones, alegaba el medio para esconder que el avance ruso había hecho imposible continuar luchando en esa zona. A unos kilómetros al oeste, las tropas rusas parecen progresar de forma importante en la zona occidental de Gorlovka por primera vez desde 2014 en dirección a Toretsk y Dzerzhinsk. Esos avances, unidos a la presión desde la zona de Ocheretino, que continúa pese a resultar de menor interés para la prensa, buscan preparar el terreno para la batalla decisiva por la parte de la región de Donetsk aún bajo control ucraniano. Pese a la lentitud de los avances, la iniciativa sigue en manos de Rusia, que trata de aprovecharse de las debilidades mostradas en los últimos meses por las tropas ucranianas y de explotar las carencias de munición para la defensa aérea.
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