“Ālea iacta est. Soy una persona bastante sentimental, hasta cierto punto empática. Sabiendo que hay una guerra en Ucrania, teniendo una responsabilidad con el país, la sociedad y los compañeros soldados, intento resolver diversos problemas de forma que no perjudiquen a nadie. Y, como ya he dicho, creo de verdad en una forma consciente de diplomacia en la que puedes explicar lógicamente a la gente en qué se equivoca y a qué podría conducirle. A cambio, estas personas pueden darte respuestas. Incluso si actúan deliberadamente y son villanos, la diplomacia puede resolver el problema con un mal menor, mediante un trueque, un acuerdo… Esa es, en mi opinión, la esencia de la diplomacia. Por eso, siempre me gusta llevar cualquier problema importante, que a veces no conviene difundir públicamente, a las personas que pueden determinarlo”, escribía la semana pasada el mayor de la Brigada Azov Bohdan Krotevych, que se presentaba a sí mismo como un hombre racional, dialogante y diplomático que no acostumbra a acusar públicamente de nada a nadie justo antes de hacer exactamente eso. “A veces parece que, al comunicarse con los estadounidenses y otros socios occidentales, algunos se olvidan por completo de su propio pueblo y sus tropas. Yo llamo a esta forma de comunicación congelación. Y quizás, si me interesara el beneficio personal, me callaría, porque casi no me afecta en este momento. Pero afecta a la victoria de Ucrania en la guerra (o más bien, a su aplazamiento)” añade para acercarse finalmente a la acusación.
“Escribí una carta a la Oficina Estatal de Investigación pidiendo una investigación contra un general militar que, creo, ha matado a más soldados ucranianos que cualquier general ruso. No me importa que inicien una investigación contra mí y no me importa que me metan en la cárcel. Sí me importa que los comandantes sean juzgados por perder un puesto de observación, pero un general no es juzgado por perder regiones, docenas de ciudades y miles de soldados”, prosigue en el post publicado en las redes sociales en el que finalmente sentencia que “se ha cruzado el Rubicón”. El mayor de la Brigada Azov insiste en que “los soldados recurren a menudo a la publicidad mediática de sus operaciones porque no todo va de maravilla” y se lamenta de que “desgraciadamente, es la forma de Gobierno que tenemos. Maldita sea, de momento es la única posibilidad de cambiar la situación”. La acusación pública que, por supuesto, se presta a todo tipo de abusos y de venganzas, es la forma de actuar para presionar a las autoridades en busca de cambios, correcciones o privilegios.
La prensa no tardó en identificar al acusado: Yuri Sodol, hasta entonces jefe de las Fuerzas Conjuntas y, por tanto, de la Operación de Fuerzas Conjuntas, denominación que el Gobierno de Zelensky dio a la operación antiterrorista de Poroshenko. Y a la sombra de las acusaciones de Azov, se sumaron al escarnio público otras figuras, entre ellas Mariana Bezuglaya, diputada de Servidor del Pueblo y una de las voces más conocidas del partido de Zelensky. La representante se mostró en términos similares a los de Krotevych”. “Otro crimen del jefe del Frente Oriental, el general Sodol: un avance hacia Toretsk. Ahora hemos perdido las posiciones que hemos tenido desde 2014. Inteligencia advirtió. Un día antes de un posible avance, Sodol retira una brigada de su emplazamiento y trae una unidad que ya ha sufrido pérdidas y ha reducido su capacidad de combate. ¡Los acontecimientos se desarrollan de tal manera que no lejos de la salida a la autopista no hay fortificaciones preparadas de nuevo! Combates en Shumy … Parece que el general Sodol no sólo muestra una negligencia criminal, sino también intencionada, trabajando para el enemigo”, escribió yendo aún más lejos que el miembro de la Brigada Azov y afirmando que Sodol disfrutaba de las fiestas de Odessa mientras sus soldados luchaban en el frente. No es la primera ocasión que Bezuglaya critica a Sodol. Pero, a diferencia de los intentos anteriores, en esta ocasión, gracias a la intervención de la Brigada Azov, las acusaciones acarrearon consecuencias.
“He decidido sustituir al comandante de las Fuerzas Conjuntas de las Fuerzas Armadas de Ucrania, Teniente General Yuri Sodol, por el General de Brigada Andriy Hnatov”, afirmó Zelensky apenas unas horas después. Una acusación de la Brigada Azov había sido suficiente para causar un efecto dominó que rápidamente derivó en el cese de Sodol y un efecto dominó de personas que se sumaron a las críticas una vez caído el teniente general. Una de esas voces fue Yuri Butusov, conocida figura en la prensa ucraniana, que no dudó en enaltecer a Azov y comparar a la Brigada con generales como Sirsky o Sodol, cuyo cese calificaba de éxito de la sociedad civil frente a los incompetentes mandos militares. Aparentemente, Azov no solo es una brigada perfectamente aceptable que ha purgado a la extrema derecha, sino que se ha convertido en la representación de la sociedad civil.
El enfrentamiento Azov-Sodol no es nuevo y se remonta a la lucha por Mariupol, donde su papel fue muy cuestionado. Es a él a quien Azov culpa de un cerco que todos, incluido su líder Prokopenko, debieron ver a tiempo. El progreso ruso por el norte y el sur era irreversible con la captura de Volnovaja y Berdiansk, que hacían inevitable que las tropas rusas que avanzaban desde las diferentes direcciones se encontraran para cerrar la vía de salida de la principal ciudad de Donbass bajo control ucraniano. Buscar un chivo expiatorio para explicar errores propios es siempre la vía más sencilla. En este caso, el argumento viene acompañado de una acusación aún más grave. La teoría de la conspiración de Azov ve intencionalidad en los actos de Sodol y le acusan de haber tratado de eliminar a la brigada condenándola a la muerte en una batalla perdida.
La versión de Butusov, cuya fuente es la 12ª Brigada, es que existían en la ciudad varios focos de poder militar pero, ante la inacción de Sodol sobre cuál sería la forma de defensa de la ciudad, Denis Prokopenko, líder de Azov, tomó el mando. La exigencia de Azov, siempre según el periodista, era que Sodol luchara contra Rusia en Berdiansk para evitar el cerco. Sin embargo, Rusia avanzaba con rapidez sin que Sodol ni Prokopenko pudieran hacer nada al respecto. Pidiendo imposibles y adoptando por su cuenta la estrategia de luchar hasta la derrota final, Azov se condenó a sí mismo. Aun así, la Brigada ha guardado ese recuerdo para utilizarlo en el momento más adecuado y finalmente se ha cobrado su venganza ahora que los cambios de personal habían hecho que Sodol volviera a tener bajo su control zonas que afectan directamente a Azov, como es el caso de la zona de Kremennaya. Consumado el cese, personas como Butusov, Bezuglaya o Serhiy Sternenko han aprovechado las circunstancias par acusar a Sodol de actuaciones suicidas como el intento de capturar una cabeza de puente en la margen izquierda del río Dniéper. Sin embargo, al igual que en el caso de Mariupol, la presencia ucraniana en Krinky o la resistencia en Kremennaya, de la que ahora se queja la Brigada Azov, han sido enaltecidos por los sectores militares y la prensa en su habitual tendencia de la épica de la guerra.
El cese de Sodol muestra las realidades de la política de la guerra. Muy cercano a Syrsky, la forma en la que se ha gestado su caída deja en el aire la posición en la que se encuentra el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Nombrado para sustituir a Valery Zaluzhny, el héroe militar que comenzó a ser incómodo por su excesiva popularidad, Syrsky ha sido siempre un general cuestionado por sus tropas, que en el pasado le han acusado de utilizar una táctica que implicaba el sacrificio masivo de soldados para lograr objetivos que no eran estratégicos. Así fue en Artyomovsk, donde Ucrania luchó hasta la derrota final por una localidad que había perdido toda la importancia estratégica y logística que pudiera haber tenido en el pasado. Como en el caso de Sodol, cuya actuación solo parece ser escandalosa ahora, las críticas por las pérdidas de Artyomovsk no llegaron hasta mucho más tarde y desde las altas esferas de la política ucraniana se glorificó ampliamente la continuación de la batalla por la ciudad.
Las encuestas realizadas en los últimos meses muestran una clara tendencia a la pérdida de confianza en Zelensky, en su mano derecha Ermak (de quien desconfía el 64%), en las instituciones políticas, en el programa único que emite una visión favorable de la guerra y en el Parlamento. Sin embargo, el ejército mantiene un 90% de la confianza de la población de los territorios bajo control ucraniano. De ahí la importancia de los nombramientos, las tendencias internas y la forma en la que se producen los ceses y traspasos de poder. Los cambios en las estructuras de las fuerzas armadas en contexto de guerra reflejan el peso político de los diferentes grupos de poder. La rapidez con la que una denuncia de la Brigada Azov ha conseguido cesar a un general que ya antes había sido cuestionado pero que había mantenido su posición demuestra que el poder de la extrema derecha no está en sus resultados electorales sino en su posibilidad de imponerse por la fuerza. En tiempos de paz, esa fuerza está marcada por la capacidad de movilización y organización de una presión callejera, ya sea contra el Gobierno, los medios o la oposición. En tiempos de guerra, todo está marcado por los resultados en el frente, la percepción de los éxitos y fracasos y la imposición de una determinada narrativa. Después de más de dos años de enaltecimiento, la Brigada Azov ha conseguido posicionarse como un grupo de poder capaz de destituir generales y de mostrar su decepción por lo insuficiente de la medida, como ha hecho Krotevych después de recibir la respuesta de las autoridades ante su denuncia.
Pese a las muestras de aumento de su poder, no todo son buenas noticias para el movimiento. Apenas unas semanas después de obtener del Gobierno de Estados Unidos el levantamiento del veto a su financiación e instrucción, una enmienda Republicana ha vuelto a imponer una prohibición de asistencia. Fracasada la enmienda que aceptaba el veto pero lo supeditaba a la verificación según la Ley Leahy -que impide la asistencia a grupos solo si se han verificado violaciones de los derechos humanos-, salió adelante la propuesta que plantea una prohibición mucho más explícita que en ocasiones anteriores, ya que se refiere al “batallón Azov, la Tercera Brigada de Asalto o cualquier organización sucesora”. El veto es únicamente teórico, ya que Estados Unidos ha afirmado repetidamente no poder controlar la forma en la que las armas entregadas son repartidas y utilizadas. Azov es ya una parte integral e inseparable del Estado y, a juzgar por los comentarios de la prensa, también la representación de la sociedad civil. Ahora mismo, asistir a Ucrania es también asistir a Azov. Un Azov que advierte que «no habrá paz sin victoria. Victoria significa que no haya un solo soldado ruso en el territorio ucraniano». Y para ello, Krotevych tiene un plan: «Lo mejor sería convocar a los comandantes de brigada a una reunión, dotar a Azov de armamento occidental, crear divisiones y poner al mando a comandantes de brigada curtidos en mil batallas como Redis. Disolver las Unidades Tácticas Operativas y reducir el número de generales en las tropas: ese es tu plan para la paz a través de la victoria».
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