En su discurso en el Foro Económico de San Petersburgo, Vladimir Putin comparó los retos económicos del pasado con los del presente: el problema ya no es reducir las elevadas tasas de desempleo, sino encontrar personal trabajador. El 2,6% de paro que se contabiliza actualmente en Rusia solo supone una buena noticia de forma parcial, ya que Rusia precisa de mano de obra cualificada, especialmente en su industria y en el sector tecnológico, a la que no siempre tiene acceso. No es casualidad que Moscú excluyera específicamente de la población sujeta a la movilización parcial decretada en septiembre de 2022 a trabajadores de los sectores de las tecnologías de la información, telecomunicaciones, ciertos aspectos de las finanzas y profesionales de la comunicación, profesiones difíciles de sustituir. La guerra, especialmente el aumento de la producción militar, pero también las necesidades de reconstrucción han creado miles de empleos, pero ha dejado también a la vista las carencias de personal en ciertos sectores críticos.
En gran parte debido a una problemática común y acrecentados por las circunstancias actuales, Ucrania sufre un problema similar, pese a que no obtenga tanta atención en los medios occidentales, más preocupados por argumentar que la falta de personal puede minar seriamente el esfuerzo bélico ruso que por mostrar la realidad de la guerra. Con una población mucho más limitada que la rusa, Ucrania ha perdido en estos dos años varios millones de personas -en su mayoría mujeres y menores, aunque también hombres en edad militar que han logrado, legal o ilegalmente, abandonar el país- en un país en el que mucho antes de la invasión rusa, la marcha a la emigración era ya una realidad importante. La ausencia de un censo reciente hace imposible calcular la población real residente en Ucrania en febrero de 2022 y la incertidumbre es ahora incluso mayor.
En 2022, Ucrania empleó más de la tercera parte de su PIB en el gasto militar asociado a la guerra, una cifra que posiblemente aumentará en 2024 incluso a pesar del 5% de crecimiento del que el país se ha jactado. El flujo de asistencia militar, que hizo que Kiev alcanzara el 90% del equivalente ruso, indica que el gasto previsiblemente superó con creces el aumento del PIB. Las bajas, la clara fuga de población y la pérdida de territorios ha minado aún más la capacidad de reclutamiento de Ucrania, cuyas necesidades han aumentado en los últimos meses. Consciente de las dificultades de su oponente, Rusia ha tratado de estirar aún más el frente para, incorporando la parte norte de Járkov a la batalla, mantener sobreextendidas las líneas ucranianas, haciendo aún más patente la carencia de personal. Completamente estancado el frente e incapaz de capturar siquiera Volchansk, a apenas 8 kilómetros de la frontera rusa, ese es el único éxito -y ha de considerarse mínimo- de la operación de Járkov.
La cuestión militar manda y el reclutamiento es prioritario sobre el resto de aspectos de la economía -a excepción, por supuesto, de la clase alta, capaz siempre de evitar males mayores-, aunque la falta de personal no se siente únicamente en el frente. “La misma escasez de personal que ha debilitado a las fuerzas ucranianas que resisten el ataque ruso en el campo de batalla también está minando la productividad de las fábricas, las obras de construcción, las minas y los restaurantes de esta nación asolada por la guerra”, escribe Bloomberg. Las dificultades ucranianas no se limitan a la mano de obra cualificada como ocurre actualmente en Rusia, sino que se extienden a todos los ámbitos. Sin embargo, es en las profesiones críticas para la continuación del esfuerzo bélico donde la situación es más preocupante para el Estado ucraniano y los países que lo sostienen. “La falta de hombres y mujeres sanos se está convirtiendo en una carga para las empresas grandes y pequeñas que constituyen la columna vertebral de la economía en tiempos de guerra”, añade el medio, que deja clara la gravedad de la carencia de personal trabajador y la caída de la economía. “Mientras el ejército ucraniano lucha por mantener la línea contra una nueva ofensiva rusa, su economía -que ha perdido una cuarta parte de su producción desde que comenzó la invasión- corre el riesgo de verse aún más debilitada por la disminución de la mano de obra”, insiste.
La contracción de la economía, la pérdida de población trabajadora y los problemas asociados a ello se encuentran directa o indirectamente relacionados con las circunstancias bélicas, que hacen necesario para Ucrania tener que “elegir entre mantequilla y cañones”. Según la fuente principal del artículo, Sergiy Nikokaichuk, vicegobernador del Banco Central de Ucrania, “el desplome de la producción económica con respecto a 2021 está relacionado con una contracción de la mano de obra disponible de alrededor del 27% con respecto a los niveles de antes de la guerra. Además de los más de 6 millones de personas que se calcula que han huido de la guerra, el vacío se ha visto agravado por los hombres que han desaparecido en una economía sumergida de empleos no registrados que eluden el servicio militar obligatorio”.
Mientras Ucrania busca la forma en que compaginar la movilización masiva de hombres para el ejército con el mantenimiento de un nivel de población trabajadora mínimamente estable, los hombres tratan simplemente de evitar ser reclutados para el frente. Las encuestas ucranianas de los últimos meses muestran una tendencia clara: la población no es contraria a la continuación de la guerra y no exige compromisos a cambio de paz en estos momentos, pero es cada vez más reticente a luchar en el frente ahora que es consciente de lo escasamente épico de luchar, malvivir y morir en las trincheras de Chasov Yar o Rabotino. Cualquier establecimiento o lugar de paso es propicio para los agentes de la movilización, que el pasado sábado esperaron, por ejemplo, la llegada de quienes se disponían a celebrar la marcha del Orgullo LGTBI en Kiev para comprobar sus cartillas de reclutamiento. Supermercados y paradas de autobús no son los únicos lugares en los que reclutar y los centros de trabajo se han convertido en uno de los más fiables. El temor a ser reclutados hace que los hombres que no han logrado salir del país pero tratan de evitar el reclutamiento sean reticentes a trabajar en empleos que les expongan a los agentes de reclutamiento.
La situación es especialmente sensible para Ucrania en el caso de la industria militar, de la que depende, por ejemplo, la producción de drones con los que las tropas ucranianas atacan aeródromos rusos. En guerra, los datos escasean y hay que estudiar la situación a partir de otro tipo de informaciones. Por ejemplo, hace unos días, 40 empresas consideradas críticas vinculadas con el sector de Defensa exigieron al Gobierno que sus empleados queden exentos de la movilización. Cuando un empleado cumple 25 años, las empresas están obligadas a notificarlo a las autoridades, con lo que el trabajador queda expuesto y puede ser rápidamente movilizado. La patronal exige así prórrogas o exenciones que permitan a las empresas disponer de mano de obra imprescindible y lo hace bajo la advertencia, o quizá amenaza, de que, de lo contrario, la industria no podrá cumplir los contratos pactados. El subtexto de esa argumentación es, sin embargo, el mismo que en Rusia: la guerra causa escasez de mano de obra en empleos que, en esas condiciones, son considerados críticos.
La situación no es nueva: “A medida que los hombres se marchan a luchar, las mujeres toman sus empleos”, titulaba en diciembre The Economist en un artículo en el que ya podía comprobarse, mucho antes de la entrada en vigor de la ley de movilización, la escasez de mano de obra en el país. El aumento del empleo femenino podría presentarse como un triunfo feminista en un país con tradiciones claramente patriarcales. Sin embargo, la experiencia de otras guerras indica que la situación suele ser únicamente temporal y los datos disponibles hacen pensar que el fenómeno es limitado. Las mujeres en edad activa junto con sus hijos e hijas son el grueso de la población refugiada que huyó de la guerra en 2022 y cuyo retorno es, a medida que la guerra se prolonga, cada vez más incierto. Ucrania puede contar con sus socios para casi cualquier tipo de asistencia, ya sea militar, económica, financiera o política. De ahí que, en la cumbre para la reconstrucción de Ucrania que se celebró la pasada semana en Berlín y en la que se habló fundamentalmente de colaboración público-privada, es decir, privatización, Zelensky exigiera otra vez a sus socios un Plan Marshall. Kiev es consciente de que existe en sus aliados una capacidad y voluntad ilimitada de apoyar políticamente a Ucrania, pero sobrevalora su deseo de invertir indefinidamente en términos económicos. Ucrania es una buena herramienta geopolítica en la que la guerra ha abierto posibilidades lucrativas de contratos de reconstrucción para las grandes multinacionales de la ingeniería civil e industrial, pero difícilmente va a convertirse en una nueva Corea. Y, ante todo, Occidente no tiene la capacidad de cubrir las carencias demográficas del país, cuyas consecuencias empeoran a medida que se alarga la guerra.
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