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El frente de la RPD

La captura de Avdeevka y el avance posterior hacia el eje Orlovka Berdichi, tras el que las tropas ucranianas preparan su línea de defensa y están dispuestas a luchar para impedir más avances rusos, ha abierto la puerta a que el foco de la batalla por Donbass se traslade a otras zonas igualmente importantes al área cercana a Donetsk. La lucha por la región es compleja y en ella se unen la necesidad rusa de continuar al ataque con las dificultades de hacerlo. Al fin y al cabo, pese a la sorpresa que ha causado en ciertos medios occidentales lo rudimentario de las trincheras de las que dispone Ucrania en ciertas zonas del frente, Donbass es la parte más fortificada del frente ucraniano. Es ahí donde las tropas de Kiev se han hecho fuertes y se han curtido en la batalla durante los ocho años anteriores y donde se encontraban sus principales fortificaciones.

El éxito ruso en Avdeevka se ha producido tras largos meses de lucha y más de un año de costosos intentos de avance sobre Marinka, un suburbio al oeste de Donetsk del que Ucrania se retiró a finales de 2023 con la batalla ya perdida y sin ruinas a las que aferrarse. Tras dos años, las tropas rusas han conseguido alejar ligeramente el frente de la ciudad de Donetsk, dificultando así las posibilidades de Kiev de atacar la ciudad y su retaguardia con su artillería más sencilla -y más asequible-, pero la lentitud, la destrucción que ha implicado y las pérdidas que ha supuesto indican que ningún avance más será sencillo. El desequilibrio de fuerzas y el uso de la aviación han decantado la batalla por Avdeevka hasta la victoria rusa, que ha implicado meses de utilización intensiva de recursos materiales y humanos.

Ralentizada notablemente la lucha en el oeste y noroeste de Donetsk, donde los intentos rusos de avanzar sobre la segunda línea de defensa ucraniana continúan a un ritmo similar al de la aproximación a Avdeevka, los expertos militares rusos miran a otras zonas del frente de Donbass para determinar posteriores objetivos. El 22 de febrero de 2022, dos días antes de su entrada en la guerra, la Federación Rusa reconoció la independencia de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk. Pese a la ambigüedad que se mantuvo durante unas horas sobre si el reconocimiento se refería a las fronteras de facto o a las de las regiones en Ucrania, el inmediato intento ruso de avanzar desde el territorio bajo control de las Repúblicas Populares sobre la primera línea ucraniana y su retaguardia en Lugansk dejó claro que todo lo que no incluyera llegar hasta la captura de la integridad de los dos oblasts ucranianos podría considerarse un fracaso. Desde entonces, aunque con las complicaciones derivadas de la elevada urbanización, fuertes defensas ucranianas y las dificultades para emplear activamente la aviación, Rusia no ha dejado de intentar acercarse, poco a poco ese objetivo, que también ha sufrido retrocesos. Los más claros se han producido en Izium, técnicamente en la región de Járkov, pero imprescindible para un posible avance sobre Slavyansk, y Krasny Liman, ambos en septiembre de 2022. En aquel momento, no fue solo la posibilidad de avanzar sobre una de las ciudades en las que comenzó la rebelión de Donbass en 2014, Slavyansk, lo que corrió peligro, sino que lo hizo también la defensa del frente del norte de Lugansk.

En ese invierno, fundamentalmente a base del uso de la infantería de Wagner y a costa de un enorme esfuerzo y elevadísimas bajas, Rusia mantuvo el frente y consiguió avanzar sobre Soledar y Artyomovsk, capturada en mayo de 2023. A pesar de que la ciudad había perdido la importancia estratégica que antaño tuviera como nudo de comunicaciones, su posición en el centro del frente de Donbass hacía de la localidad imprescindible para toda aspiración rusa de victoria en la batalla por la región.

La situación actual, con el frente de Lugansk bajo control y algunos signos de inicio de acciones ofensivas hacia Krasny Liman o Seversk, es propicia para la reactivación del frente de Artyomovsk, secundario desde que quedara claro que las tropas ucranianas no iban a lograr recuperar la ciudad, pero vistas también las dificultades rusas para expulsar a las Fuerzas Armadas de Ucrania de las posiciones tomadas durante la contraofensiva. “Las tropas rusas han sido capaces de conseguir un progreso significativo en la zona de Artyomovsk”, escribe estos días Vzglyad citando al experto militar ruso Mijaíl Onufrienko, que añade que “se ha confirmado oficialmente que la localidad de Krasnoe ha sido liberada. Esto abre la puerta, no tanto a un ataque sobre Chasov Yar, sino a la zona de Klescheevka, donde se produce una fuerte batalla desde agosto”. Junto con Rabotino en el frente de Zaporozhie, Klescheevka fue el gran éxito de la contraofensiva de primavera-verano. Sin embargo, al igual que en el frente central, las tropas ucranianas no lograron capitalizar ese avance para comprometer la situación de las tropas rusas en Artyomovsk. Aun así, lo perdido en verano ha sido difícil de recuperar para Rusia, lo que ha minado el intento de progresar hacia Chasov Yar y más allá, siempre con el objetivo a largo plazo de alcanzar la acumulación urbana que incluye Slavyansk y Kramatorsk, principal zona aún bajo control ucraniano.

“Asaltar áreas pobladas es una tarea complicada y que implica fuertes bajas y destrucción”, afirma Onufrienko, que ve en los avances hacia Klescheevka una muestra representativa de la táctica rusa en Donbass en estos momentos. “Si miramos a un mapa, se puede ver fácilmente que una ciudad se convierte fluidamente en la siguiente y entre ellas hay varias aldeas. Nos referimos, entre otras, a Chasov Yar, Konstantinovka, Slavyansk”, insistió para explicar que Rusia no busca, de momento, una ofensiva a amplia escala que amenace la posición de Ucrania en el norte de Donetsk, sino un paso intermedio: forzar a las tropas de Kiev a oeste del canal Seversky-Donets.

Menos ambicioso que un plan para alcanzar a medio plazo Slavyansk y Kramatorsk, más difícil sin contar con posiciones como Izium, desde las que atacar la ciudad también desde el norte, alcanzar el canal supondría el inicio de un cambio importante. De dicho canal depende el suministro de agua corriente de gran parte de la región, incluidas la región de Donetsk y sus ciudades adyacentes. La progresiva expulsión de las tropas ucranianas de esas zona de la región no solo supondría reducir el riesgo de bombardeos de la población civil de lugares como Gorlovka, sino que sería un paso para recuperar unas infraestructuras críticas para el bienestar de los residentes de la parte más poblada de Donbass, privada durante meses de algo tan básico como el agua potable. Y pese a que las obras realizadas por la Federación Rusa para transportar agua del río Don han conseguido mejorar la situación, todo avance en el Seversky-Donets acerca a Moscú a lograr una situación más definitiva a un problema que se arrastra durante prácticamente dos años.

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