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«Gastos no críticos»

“Según economistas y oficiales ucranianos, Ucrania se quedará sin dinero en meses y se verá obligada a tomar dolorosas medias económicas para mantener en funcionamiento el Gobierno si la asistencia de Estados Unidos y Europa no se concreta”, escribió la semana pasada The Wall Street Journal en un artículo que alerta sobre la posibilidad de que la ruina económica haga imposible para Kiev continuar luchando. Sin embargo, como explica el segundo párrafo del artículo, pese a las alarmistas advertencias de la parte ucraniana, que buscan únicamente exagerar el peligro de que esa financiación no llegue -que, lo hará, aunque quizá no en las cantidades deseadas-,  el problema es el tiempo. Tanto Estados Unidos como la Unión Europea se encuentran en la fase final de la búsqueda de mecanismos con los que convencer a escépticos o esquivar vetos, por lo que la resolución de la cuestión parece ya cercana. Es así especialmente en el caso de la Unión Europea, con mayores dificultades en Estados Unidos, ya que el factor electoral y el error de Biden al vincular la asistencia a Ucrania, no solo a la de Israel, sino también a la política contra la inmigración ha dado a los Republicanos una valiosa carta de negociación y de presión. Por el momento, el líder Republicano en el Congreso ha declarado que la legislación que prepara el Senado no obtendrá la aprobación final, retrasando así la asignación y alargando el bloqueo. La realidad es que la cuestión migratoria se ha convertido en una de las principales cartas del debate político y es del interés del principal aspirante Republicano, Donald Trump, mantener la presión.

Cada semana que se retrasa la aprobación de nuevos fondos supone más presión económica y financiera para Kiev y también para la Unión Europea, que parece haber decidido vincular su existencia a la supervivencia de Ucrania como herramienta contra Rusia. Estados Unidos ha anunciado ya su último paquete de asistencia militar, agotando los fondos asignados según las partidas aprobadas. Y como confirmó el Pentágono, la falta de nuevos fondos pone también en peligro el mantenimiento de las armas estadounidenses ya en el frente. Exhausta tras la fallida contraofensiva y con retrasos en la nueva financiación, Ucrania se encuentra ahora en su momento más comprometido, construyendo líneas de defensa para impedir un avance ruso que obligue a Zelensky a tener que tomar decisiones que no desea como, por ejemplo, una negociación en condiciones de debilidad. Por el momento, Ucrania ha demostrado contar con las defensas y la munición suficiente para preservar sus ciudades más importantes y con munición de sobra para continuar atacando la retaguardia rusa y localidades como Donetsk mientras, pese a algunos avances en zonas concretas, no se espera una ruptura rusa en profundidad que haga peligrar la estabilidad del frente.

Sin embargo, los problemas económicos no se limitan al mantenimiento de la guerra y las dificultades no acaban en el momento en el que Estados Unidos y la Unión Europea consigan determinar con qué fondos contará Kiev este año. El artículo de The Wall Street Journal trata las dificultades económicas que se prevén para Ucrania incluso partiendo de la premisa de que Ucrania consiga, como es de esperar, la financiación occidental que actualmente se está negociando.

El punto de partida es la contradicción entre la situación macroeconómica que reportan las autoridades ucranianas con la realidad de una población tremendamente empobrecida y con las súplicas por más financiación. “La economía ucraniana probablemente creció alrededor de un 5% según el Banco Central. La tasa anual de inflación fue del 5,1% en diciembre, una fuerte caída del 26% a principios de 2023”, resume The Wall Street Journal, que califica de “amarga ironía” una situación macroeconómica que define como “buena teniendo en cuenta las circunstancias” y otorga crédito por ello a las autoridades ucranianas. Evidentemente, la guerra es el principal condicionante para la economía. Sin embargo, no hay que olvidar que las circunstancias incluyen también una financiación continua no solo para el ámbito militar, sino para mantener a flote la economía. No hay en esta guerra un bloqueo o aislamiento internacional como el que sufriera durante años, por ejemplo, Yemen, o un bloqueo limitado roto únicamente por contar con la frontera rusa como padeció Donbass incluso en los años en los que los acuerdos de Minsk exigían la reanudación de las relaciones económicas entre Kiev, Donetsk y Lugansk. En lugar de eso, Ucrania disfruta de una financiación que le permite jactarse de un crecimiento que no repercute en la mejora de la situación de la población civil, cada vez más empobrecida en el país que incluso antes de la invasión rusa era el más pobre de Europa.

El fracaso de la contraofensiva de Zaporozhie y la nueva planificación estadounidense, que en lugar de optar por la repetición de los planes de 2023 en 2024 parece haber elegido la defensa y la guerra a largo plazo, supone que las circunstancias económicas van a seguir marcadas por las condiciones militares durante más tiempo del que Kiev esperaba. Este año, según The Wall Street Journal, Ucrania “se enfrenta a un déficit financiero de 40.000 millones de dólares, algo menos que el obtenido en 2023”. El generoso nivel de financiación occidental supone que Ucrania espere que “la financiación de Estados Unidos y la Unión Europea cubra alrededor de 30.000 de ellos”. La  cifra es el reflejo de la dependencia ucraniana de sus socios occidentales.

“Sin estabilidad económica”, afirma The Wall Street Journal que, citando a una economista de un fondo de inversión añade que “ luchar contra un país que es más grande que Ucrania y tiene mucha más población será muy difícil”. La misma insiste en precisar que “si el presupuesto no es suficiente para pagar pensiones y salarios, ¿de dónde va a sacar el dinero para adquirir munición?”. La premisa de la pregunta peca de cierta ingenuidad, teniendo en cuenta que Ucrania ha dejado claro que hay toda una serie de prioridades por delante de las pensiones. Es más, el propio artículo menciona una de ellas: la estabilidad financiera, que solo en diciembre de 2022 costó al Banco Central 3.600 millones de dólares en mantener el valor de la grivna. Otra de las prioridades es el servicio de la deuda, insostenible mucho antes de la invasión rusa, que se lleva prácticamente el 10% del presupuesto nacional.

The Wall Street Journal, que recuerda que la financiación occidental es indispensable para “mantener al Gobierno funcionando y es utilizada para financiar salarios, pensiones y subsidios a la población”, se pregunta qué puede hacer Ucrania para cubrir ese agujero que estima en al menos 10.000 millones de dólares. Hasta ahora, la búsqueda de crédito ha sido el principal modus operandi de Ucrania, aunque se haya producido a costa de aumento de la inflación, pérdida de valor de la moneda y lo que el medio califica de “pérdida de fe en la economía por parte de la población y los inversores”. En realidad, la consecuencia de esa pérdida de poder adquisitivo de la población nunca ha sido una preocupación para un Gobierno que ha querido dejar en manos del mercado todos y cada uno de los aspectos económicos. Y la caída del valor de la grivna, aunque problemática en términos de financiación de importaciones -aunque los subsidios occidentales no llegan en grivnas sino en euros o dólares-, favorece la llegada de inversores extranjeros, que podrán participar en la privatización y renta de activos públicos en condiciones mucho más favorables. La entrada del gran capital extranjero es otro de los grandes objetivos de la administración Zelensky, que continúa utilizando la guerra para avanzar en esa dirección.

Pese a las constantes exigencias de financiación y las alarmistas declaraciones, según The Wall Street Journal, Ucrania cuenta aún con remanente de la financiación de 2023. Su uso es una de las alternativas para mantenerse a flote hasta la llegada de nueva financiación extranjera. A ello hay que sumar las opciones habituales, que básicamente pasan por el crédito nacional, la emisión de bonos del Ministerio de Finanzas para que sean adquiridos por el Banco Central, o acudir a líneas de crédito extranjeras. Sin embargo, nada de eso puede ser suficiente y, según afirma el artículo, “Ucrania puede verse obligada a imprimir moneda, una estrategia que ha causado la implosión económica en países como Venezuela”. El artículo olvida las notables diferencias entre Ucrania y Venezuela, sometida esta última a durísimas sanciones económicas que contrastan con el flujo constante de financiación del que ha disfrutado Ucrania precisamente para mantener la estabilidad de su economía. Por el contrario, las sanciones contra Venezuela buscaban precisamente el colapso económico.

La conclusión principal del artículo es que Ucrania ha de ganar tiempo para permitir la llegada de la nueva financiación occidental, aunque tampoco eso será suficiente para equilibrar los datos e impedir que sus multimillonarias deudas sigan aumentando, hipotecando el futuro del país. “Kiev podría ganar unos meses retrasando pagos de salarios u obteniendo aún más créditos de sus propios bancos e inversiones nacionales”, añade el artículo, que en ningún momento valora las consecuencias presentes o futuras de las medidas que propone. Y por si quedaba alguna de duda de que la mención a los salarios es una opción real, vuelve a insistir en ella. Citando de nuevo a la fuente de un fondo de inversión extranjero, el medio añade que “Ucrania puede sacar 8.000 millones de dólares y equilibrar su presupuesto para los primeros tres meses del año utilizando el remanente de 2023, retrasando salarios y otros gastos no críticos y aumentando el crédito interno”. Los salarios, gastos aparentemente no críticos, no son una prioridad. Aunque sean la base del bienestar de la población.

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