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La trinchera política

Hace tiempo que nadie esconde ya que una parte importante de lo que vaya a ocurrir en la guerra de Ucrania va a determinarse fuera de sus fronteras, tanto en la Unión Europea, como, ante todo, en Estados Unidos. Es en las capitales extranjeras donde se decide la financiación disponible para Kiev, el tipo y cantidades de armas y munición enviada a Ucrania y los límites de su uso. Esta lógica ha hecho imposible negar la naturaleza proxy de esta guerra, en la que las autoridades ucranianas pueden alegar, como ha hecho estos días Dmitro Kuleba, que Ucrania continuará luchando con palas en caso de que la asistencia extranjera deje al ejército desarmado. Pero esas palabras reflejan los deseos, no la realidad. Kiev, que insiste en que la posibilidad de congelar el conflicto es inaceptable y rechaza toda posibilidad de negociar con el “depredador” Putin, es consciente de su completa dependencia de sus socios occidentales y de su subordinación absoluta a los intereses de esos países.

El ejemplo más claro es la dinámica interna que se está produciendo en Estados Unidos, el país más importante para Ucrania en lo que respecta a la financiación de las fuerzas armadas y el suministro de armas. Porque si bien la Unión Europea, primer donante a nivel global, puede obligarse a compensar con un aumento de su aportación la pérdida de la financiación estadounidense, la experiencia muestra que el complejo militar industrial europeo no está en condiciones de sustituir al estadounidense en lo que respecta al suministro. La potencia y la capacidad de producción estadounidense es un factor esencial a la hora de mantener la guerra a largo plazo, especialmente aquella en la que Ucrania exige, no solo artillería, munición y carros blindados, sino grandes cantidades de misiles de largo alcance. Esa es la guerra que quieren hacer Ucrania y sus aliados. Uno de los acérrimos, Philip Breedlove, veterano de la búsqueda de una gran guerra contra Rusia (los correos electrónicos filtrados en el año 2017 dejaban clara esta tendencia), ha vuelto a insistir en la necesidad de suministrar armas con las que destruir el puente de Kerch.

Breedlove representa a una tendencia que ve como determinante del resultado de la guerra el futuro del puente que une la Rusia continental con Crimea. Su destrucción, entienden Breedlove y otros halcones que parecen haber olvidado que Ucrania no fue capaz de avanzar sobre el territorio del sur de Ucrania y el corredor terrestre a la península, supondría el punto de inflexión definitivo en la guerra. Esta postura, que parece estar ganando cierta tracción en Estados Unidos, ha llegado a la conclusión de que la actual situación en el frente se debe al fracaso de Estados Unidos a la hora de suministrar a Ucrania las armas que precisaba para derrotar a Rusia. Ese es el razonamiento por el que parece haberse decantado el líder republicano en el Senado estadounidense Mike Johnson. Defensor de apoyar militar y económicamente a Ucrania contra Rusia en 2022, Johnson ha pasado en estos años a ser mucho más crítico con la actuación de Biden, lo que le ha acercado al ala trumpista dura del Partido Republicano, que dice reclamar la reducción del gasto en la guerra.

Sin embargo, su discurso es más matizado que el de la facción más a la derecha del partido. El líder republicano opina que Biden carece de estrategia para vencer en la guerra de Ucrania, un argumento útil a la hora de no desmarcarse de la necesidad de continuar armando a Kiev, sin renunciar a utilizar el conflicto para presionar a Biden. La cuestión de la financiación de Ucrania continúa siendo utilizada como arma política entre los dos grandes partidos, haciendo del Congreso y el Senado otro frente más de esta guerra. Según las últimas informaciones de los medios estadounidenses, la legislación podría aprobarse en breve en el Senado, pero se encontraría con una situación mucho más complicada en el Congreso, donde los Republicanos aspiran a seguir presionando a Joe Biden en busca de medidas aún más restrictivas contra la inmigración. A la cabeza de esa actuación continúa el bloque de congresistas afines a Donald Trump.

La semana pasada causó gran impresión en el Gobierno ucraniano el discurso del expresidente tras su victoria en los caucus de Iowa, que le consolidó como líder indiscutible en la carrera por la nominación republicana (aunque en su caso depende también de las causas penales que podrían impedir su candidatura). Trump, líder ideológico de la facción republicana en el Congreso y Senado de Estados Unidos que ha bloqueado hasta ahora la aprobación de los nuevos fondos para Ucrania, insistió en una visión absolutamente contraria a la mantenida por el ejecutivo actual y por gran parte del Partido Republicano. Trump, que afirmó conocer perfectamente tanto a Putin como a Zelensky, se mostró convencido de ser capaz de resolver el conflicto de forma inmediata. Y aunque su política con respecto a Ucrania no difirió en absoluto de la de Obama-Biden y fue él quien finalmente autorizó el envío a Ucrania de los misiles antitanque Javelin que la anterior administración había rechazado enviar para impedir una escalada, el candidato presidencial llegó a afirmar que resolverá la guerra antes incluso de tomar posesión del cargo de presidente de Estados Unidos. Trump, que no se ha caracterizado por tener una postura coherente en la cuestión relativa a Ucrania, nunca ha explicado cómo lograría de inmediato parar una guerra en la que una de las partes ha prohibido por decreto negociar con la otra y que actualmente se encuentra en fase de escalada, especialmente en la retaguardia.

La llegada de Trump es una de las grandes preocupaciones de Ucrania, de la Unión Europea, consciente de que en ese caso deberá aumentar el peso de su asistencia, y también de la administración Biden. De ahí que el momento actual esté centrándose en explotar las debilidades de Kiev. “Por ahora, podemos pararlos, pero quién sabe”, afirma un soldado en las inmediaciones de Avdeevka citado por The New York Times en uno de los muchos artículos que alertan sobre el peligro de ruptura rusa. “Mañana o pasado mañana, a lo mejor no podemos pararlos”, añade el mismo soldado con una frase que bien podría considerarse el lema de la táctica política de los aliados de Ucrania hoy.

Aunque intentando equilibrar la fortaleza de las Fuerzas Armadas de Ucrania con el riesgo de derrota, no inminente, aunque sí cercana en caso de desaparición de la asistencia estadounidense, la administración Biden ha comenzado también a utilizar este argumento como forma de presionar a la minoría republicana. “Asesores de alto cargo del presiente Joe Biden explicaron sin rodeos a los diputados en una reunión privada el miércoles que si el Congreso fracasa en la autorización de asistencia militar adicional para Ucrania en los próximos días, Rusia podría ganar la guerra en cuestión de semanas, o meses en el mejor de los casos”, escribió la semana pasada NBC. Se recupera así el riesgo de victoria rápida de Rusia que se utilizó en 2022, cuando las filtraciones interesadas de la inteligencia occidental hablaban de 72 horas para poner en peligro Kiev. Completamente irreal y fuera de toda lógica, el argumento era propaganda entonces como lo es ahora, cuando el discurso es utilizado como argumento de presión para que el legislador apruebe los nuevos fondos para continuar la guerra.

No hace falta acudir siquiera a un artículo diferente para comprobarlo. Pese a la alarmista apertura del artículo, NBC precisa párrafos más adelante que el Asesor de Seguridad Nacional Sullivan “no predijo una victoria inminente para Rusia”, sino que “enfatizó que la postura de Ucrania se haría más difícil en el transcurso del año ofreciendo datos específicos sobre las fechas en las que el país sufriría escasez de varias capacidades de corto plazo”. El alarmismo como argumento para aumentar la financiación de guerra se debe a la posible escasez de munición para las defensas aéreas de Ucrania ahora que, dos años después del inicio de su intervención militar, Rusia ha dejado claro que su arsenal no va a quedarse sin misiles.

Más allá de la escasez de ciertas armas y munición, las Fuerzas Armadas de Ucrania están sufriendo en  varias zonas del frente tanto a causa de la caída de la asistencia militar estadounidense como por el agotamiento de la guerra. Pero aunque las tropas rusas avanzan en lugares importantes como Avdeevka, sus progresos son lentos y no amenazan con una ruptura en profundidad. Sin embargo, la carencia de financiación estadounidense durante varios meses pone a Ucrania en su situación más comprometida en mucho tiempo y obliga a los países de la Unión Europea a aumentar el nivel de asistencia militar más allá de sus posibilidades. Esa es la importancia de la asistencia de Washington a Kiev, ya que el suministro  de armamento estadounidense difícilmente puede ser compensado con rapidez por países como Francia, Alemania o Polonia.

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