Es habitual que el discurso de una persona cambie en el momento en que se añade el prefijo “ex” al cargo por el que había sido conocido. El caso más claro en la guerra de Ucrania ha sido el de Oleksiy Arestovich, que desde que fue destituido como portavoz del Gobierno en las primeras semanas tras la invasión rusa, ha pasado de defender el discurso de la victoria inmediata a la necesidad de dar un giro completo a la política ucraniana. Arestovich, uno de los primeros oficiales ucranianos que anunció, ya en marzo de 2022, que Rusia no podría seguir luchando durante mucho tiempo, ya que se encontraba a punto de quedarse sin misiles en sus arsenales, defiende ahora que es Occidente quien ha engañado a Ucrania. En su última aparición estelar, llegó a proponer una alianza rusoucraniana para exigir a los países occidentales reparaciones por los perjuicios causados.
Aunque mucho menos radical, también Hanna Maliar, exviceministra de Defensa de Ucrania, ha moldeado su discurso. Maliar fue, durante meses, una de las caras habituales con las que el Gobierno ucraniano informaba de sus éxitos y, sobre todo, de los fracasos rusos, tanto los reales como los imaginarios. Su discurso contenía todos y cada uno de los lugares comunes que se han convertido en la rutina ucraniana: Rusia atacaba lanzando hordas humanas mal armadas y con la moral por los suelos para intentar avanzar a toda costa contra una mejor armada y organizada Ucrania, que los destruía sin problemas. Sus argumentos desbordaban arrogancia. El discurso se hacía menos creíble en momentos de retroceso de Ucrania, pero Maliar no ha tenido que defenderlo durante la fallida contraofensiva.
Mostrar la opinión personal sin la presión de ostentar un cargo tan elevado como el que ocupaba permite que, aun sin cambiar completamente de punto de vista, Maliar pueda acercarse algo más a la realidad en un momento en el que Ucrania trata de comprender en qué situación se encuentra, cuáles son los objetivos rusos y qué cambios se han producido para que 2023 no haya sido el año de la victoria sino el de la pérdida de la iniciativa. Personas como Maliar tratan de contrarrestar el derrotismo que se ha generalizado en las últimas semanas en algunos medios, que han apostado por el discurso del riesgo de derrota para exigir la reanudación y el aumento del flujo de suministro militar a Kiev, con una narrativa en la que admiten las dificultades, pero intentan mantener el equilibrio.
“¿Qué ocurre en el frente?”, se pregunta Maliar, que promete responder “con palabras claras”. La ralentización que implica el invierno, el final abrupto de la ofensiva de Zaporozhie y el creciente interés por la guerra en Gaza han dejado en segundo plano el interés por los progresos en el campo de batalla ucraniano, lo que da lugar a todo tipo de especulaciones, manipulaciones intencionadas y una niebla de la guerra que crece en los momentos en los que la lucha se centra en lugares alejados y en los que apenas hay presencia mediática. Tres aspectos del breve parte de guerra de Maliar son de interés: la situación en el frente de Járkov, las novedades tácticas de la forma de actuar de las tropas rusas y la mención a Avdeevka. Como es habitual, especialmente en los casos que, como el actual, tratan de dar una imagen más real de los hechos sin causar alarmismo o derrotismo, aquello que se omite es igualmente importante.
Maliar afirma sobre la lucha en el sector Járkov que “los rusos en el este están avanzando al mismo ritmo que en el otoño. Los nuestros repelen potentes ataques y los destruyen, pero el enemigo tiene recursos. Rápidamente reponen la gente y el equipamiento”, afirma antes de tratar de paliar esa alegación de opulencia añadiendo que “ya tienen que ahorrar personal”. Maliar explica también que el número de ataques no solo no disminuye, sino que aumenta, aunque el uso de munición haya descendido ligeramente. El frente de Kupyansk (región de Járkov) es importante para Rusia por diferentes motivos. En primer lugar, todo avance ahí destruye el discurso ucraniano de superioridad, que en el otoño-invierno de 2022-2023 dio por hecho que las tropas rusas habían sido definitivamente derrotadas en ese eje del frente.
En segundo lugar, más allá de recuperar territorio perdido y presionar a las fuerzas ucranianas, cualquier avance en Járkov supone una medida de protección para las ciudades rusas en esa zona. Es más, una de las hipótesis de think-tanks occidentales como el Institute for the Study of War es que Rusia busca crear una zona de amortiguación, algo especialmente importante tras el ataque ucraniano contra el centro de la ciudad de Belgorod, que causó una treintena de víctimas mortales entre la población civil. Ausente del discurso ucraniano, la presión rusa en Járkov en dirección a Kupyansk ha pasado de ser un lugar de ataque secundario para obligar a Ucrania a desviar tropas y recursos de Zaporozhie, una forma de buscar mayor seguridad en su retaguardia. La insistencia ucraniana en alegar grandes cifras de personal y equipamiento denota que la presión es real y elevada. Eso sí, los datos de uso de munición dados por Maliar recuerdan a sus discursos oficiales: la exviceprimera ministra afirma que Ucrania dispone de una gran superioridad, una ventaja de 6:8, en ocasiones 7:10, a lo que cabría preguntar por qué entonces ha sido Rusia y no Ucrania quien ha avanzado en ese frente.
En cuanto a la forma en que se está desarrollando la batalla, Maliar afirma que “los rusos usan la táctica de pequeños grupos de asalto. Esto es esencialmente la táctica Wagner. De esa forma, ahorran personal, pero para la destrucción de un grupo así se precisa la misma cantidad de munición que para grandes grupos”. Esta afirmación niega dos de los principales argumentos que Ucrania y sus aliados han utilizado contra Rusia a lo largo de esta guerra: la idea de las hordas de hombres desarmados y la incapacidad de aprendizaje. Durante el primer año y medio de guerra rusoucraniana, Kiev ha alegado repetidamente la falta de interés de Moscú por preservar las vidas de sus soldados, enviando enormes grupos de personas contra las mejor armadas tropas ucraniana. El Gobierno de Zelensky ha utilizado también a modo de burla la repetición de errores -fueran reales o no- por parte de Rusia, creando una imagen de un ciclo constante de grandes grupos de hombres chocando siempre contra el mismo obstáculo.
También referido a la táctica, en este caso a la de los ataques en la retaguardia, Maliar pronuncia el que posiblemente sea el comentario más interesante. “Su objetivo ahora es agotarnos al máximo de lo posible, para que no podamos crear cadenas de suministro de munición, no podamos preparar el equipamiento y nos derrumbemos moralmente. Actúan de esa manera para que no tengamos tiempo para recuperarnos”. Esta idea, que refleja fielmente lo que Rusia está haciendo actualmente con sus ataques con misiles, es representativa del momento en el que se encuentra la guerra. Al contrario que hace un año, Moscú no busca atacar las infraestructuras críticas como las centrales eléctricas, sino destruir el potencial militar y el intento ucraniano de recuperar parte de su industria militar. Consciente de la importancia que han cobrado tanto en defensa como en ataque, Ucrania parece estar centrando sus esfuerzos especialmente en la construcción y desarrollo de drones. Es a eso, a lo que está destinando Rusia sus misiles a lo largo de este último mes.
Finalmente, aunque sin incidir en la forma ni en el fondo de la batalla, Maliar menciona también la importancia de Avdeevka, para la que Rusia hará “cualquier esfuerzo”. Eso sí, la exviceprimera ministra, que con el comentario da a entender que Avdeevka caerá, antes o después, en manos rusas, insiste en que el objetivo es más propagandístico que militar.
El discurso de Maliar señala varios aspectos importantes: la importancia del eje de Kupyansk y el de Donetsk como lugares en los que buscar un avance; la táctica de avance sostenido en el frente y destrucción del potencial militar ucraniano en la retaguardia y la tarea de agotar completamente a las Fuerzas Armadas de Ucrania. En esta imagen, que aunque distorsionada por los intereses partidistas y excesivamente limitada por el discurso oficial, está completamente ausente, por ejemplo, el frente de Zaporozhie. Maliar no alude tampoco Crimea, mención generalmente obligatoria en los mensajes que quieren incidir en el objetivo final ucraniano y presentarlo como posible. Se trata así de la constatación de una fase defensiva en la que Ucrania intenta recuperar su potencial mientras Rusia trabaja activamente para impedirlo, una forma de actuar que forma también parte de una guerra defensiva.
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