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Armas, Ejército Ucraniano, Rusia, Ucrania

Ataques en la retaguardia

Dependiendo de las necesidades de cada momento, el discurso ucraniano ha transitado entre alegar constantes victorias contra el débil y mal armado ejército ruso y denunciar encontrarse indefensa frente al poderoso arsenal del segundo ejército del mundo. En ocasiones, con diferente público al que apelar, ambos argumentos han sido utilizados simultáneamente. La experiencia de los últimos dos años -y también de los ocho anteriores- indica que Ucrania necesita de victorias militares para mantener a la población dispuesta a seguir apoyando la continuación de la guerra. Este argumento es especialmente poderoso cuando el país busca ampliar el reclutamiento y precisa del favor de la población, que a su vez necesita ver que no está siendo enviada a una lucha desesperada o a una batalla épica, pero que solo puede resultar fallida.

Frente a ese razonamiento de consumo interno, que busca convencer a la población de que la victoria está a la vuelta de la esquina, Kiev necesita también ofrecer a sus socios motivos para continuar o aumentar la asistencia militar, sin la que, como admiten ahora medios como CNN, Ucrania se enfrentaría a una derrota segura. Dependiendo de la situación en el frente, el argumento ucraniano varía entre la necesidad de un último impulso para lograr la deseada victoria común o el riesgo que supondría la inevitable derrota. Aunque contradictorios, los argumentos de victoria segura y el riesgo de derrota garantizada han sido perfectamente compatibles y no han requerido de mayor explicación.

A lo largo del día de ayer, tras meses en los que Rusia había utilizado fundamentalmente drones para realizar ataques en la retaguardia, Moscú realizó el mayor ataque combinado con drones y misiles de este año 2023. Hasta ahora, la lucha se había concentrado en el frente y no había comenzado verdaderamente la campaña de invierno en la que, ante la complicación de las condiciones para la lucha terrestre, las partes tratan de hacerse daño mutuamente en la retaguardia. Ucrania afirmó haber derribado 87 de los 122 misiles y 27 de los 36 drones lanzados por Rusia en un ataque que afectó a Kiev, Járkov, Dnipropetrovsk, Odessa o Lviv entre otras.  El presidente ucraniano calificó el ataque de terrorista y Ucrania denunció la muerte de al menos 24 civiles. Según la agencia AP, el ataque combinado de ayer superó a los 81 misiles lanzados el pasado marzo y los 96 de noviembre de 2022.

En las horas posteriores al ataque, Ucrania quiso explotar, a la vez, el gran éxito de haber supuestamente derribado la inmensa mayoría de los misiles y drones rusos y denunciar los enormes daños causados por los proyectiles rusos. Como ha sido habitual en anteriores ocasiones, las autoridades ucranianas adjudicaron a los misiles rusos impactos como en el de un edificio de pisos en Kiev en el que las imágenes sugieren que se debió a un misil derribado o al fallo de un proyectil de la defensa antiaérea ucraniana. Sin embargo, este tipo de imágenes han sido las utilizadas por Kiev -que, como Estados Unidos, apoya el derecho de Israel a bombardear diariamente barrios residenciales y campamentos de refugiados en Gaza- para calificar el ataque de terrorista.

Las incoherencias no se han limitado en esta ocasión al intento de exagerar tanto los derribos como los daños causados por los misiles, sino a las contradicciones entre las diferentes voces de las autoridades políticas y militares de Ucrania. Por ejemplo, mientras el ministro de Defensa Rustem Umerov escribía en las redes sociales que Rusia había atacado “edificios residenciales, centros comerciales y hospitales”, el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania, Valery Zaluzhny, admitía que los ataques se habían producido contra objetivos militares. Fuentes anónimas vinculadas a la defensa de Ucrania lo han admitido incluso en declaraciones a medios occidentales. Ayer, The Economist escribía que «una fuente de la industria de defensa ucraniana sugiere que Rusia atacó principalmente instalaciones de defensa. Algunas de ellas estaban vinculadas a la producción de misiles y aviones no tripulados». Frente a las acusaciones de ataques contra hospitales, incluso las fuentes ucranianas admiten en privado que «los ataques tienen un significado estratégico para el enemigo, con el objetivo de reducir nuestra capacidad de ataque».

Contradiciendo al triunfalismo de quienes afirman que Ucrania ha sido capaz de derribar un porcentaje tan elevado de misiles, Yuri Ignat, portavoz de la aviación, afirmó que, desde el inicio de la invasión, Ucrania no ha sido capaz de derribar uno solo de los misiles supersónicos Kh-22 contradiciendo a otros representantes o defensores de Kiev que han afirmado que sí habían sido derribados.

En realidad, las palabras de Ignat son la aplicación del intento de utilizar un argumento y el contrario en busca de objetivos diferentes. Kiev precisa de victorias ante Rusia, algo que realiza alegando estar en condiciones de derribar enormes cantidades de misiles incluso en los casos de ataques masivos, pero también ha de mostrar debilidad, fundamentalmente para exigir a sus socios más apoyo. A lo largo del día, representantes de Ucrania y también de la administración estadounidense utilizaron los hechos para reclamar más asistencia económica para luchar contra Rusia. Esta semana, Estados Unidos ha anunciado el último paquete de asistencia militar a Kiev, con el que ha agotado ya los fondos aprobados por el Congreso.

Tras el ataque, y antes de anunciar que había visitado los alrededores de Avdeevka, el presidente Zelensky denunció que Rusia atacaba “con casi todo lo que tiene en su arsenal”. La Unión Europea, por su parte, calificó el ataque de “cobarde”, mientras que Dmitro Kuleba realizó “un llamamiento a la comunidad internacional para que redoble sus esfuerzos para detener el genocidio ruso del pueblo ucraniano”. Sin necesidad de declaraciones exaltadas, la embajadora de Estados Unidos pronunció de forma directa lo que el resto sugiere: “Ucrania necesita financiación ahora para continuar luchando por la libertad contra este horror en 2024”. Los fondos se han acabado y Ucrania precisa de asistencia exterior para continuar la guerra común contra Rusia. De ahí que tenga que presentarse como una víctima desabastecida que, pese a ser capaz de derrotar al enemigo, necesita de un armamento concreto, especialmente sistemas antiaéreos Patriot, con los que derribar los misiles que Ucrania ya dice derribar. El argumento ya ha tenido éxito: ayer mismo, el Reino Unido anunciaba en envío de “cientos de misiles” para la defensa ucraniana.

En realidad, el ataque de ayer, mucho más potente y dirigido fundamentalmente contra instalaciones militares e infraestructuras críticas es el inicio de la campaña de invierno con la que Rusia, como hace un año, tratará de minar las capacidades de Ucrania de sostener la lucha. Esta escalada se produce apenas unos días después de que Ucrania alcanzara, con uso de misiles de largo alcance, infraestructuras navales rusas en Feodosía, una de las partes más alejadas del frente en la península de Crimea. Los dos episodios ponen de manifiesto tanto que sigue siendo falsa la afirmación de que los misiles rusos escasean, como que existe una notable diferencia de fuerzas en este aspecto. Pese a que los misiles ucranianos han logrado ciertos éxitos, fundamentalmente contra la flota rusa, eslabón más débil a la hora de la defensa, el potencial ucraniano es notablemente inferior al ruso.

El completo rechazo de Ucrania y sus socios a buscar una solución negociada al conflicto en marzo de 2022 ha condenado la guerra a la búsqueda de la victoria de una de las partes. En este contexto, ataques como el de esta semana contra Crimea y el de ayer contra varias ciudades ucranianas incluida su capital aumentarán en los próximos meses duante la ralentización del frente. Y como en ocasiones anteriores, tanto los exitosos ataques propios como los fallidos ataques ajenos serán la base sobre la que Ucrania exigirá a sus socios sistemas antimisiles para defenderse y misiles de largo alcance para continuar atacando la retaguardia rusa, especialmente Crimea.

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