No ha hecho falta dejar pasar mucho tiempo para comprobar que la sensación inicial de que los desmentidos ucranianos sobre la idea de reclutar a los ucranianos refugiados en el exterior era una primera toma de contacto para proceder en esa dirección. La rectificación de las palabras del ministro Umerov ante la prensa alemana siempre parecieron buscar únicamente no molestar a los países que acogen a esas familias y probar cuál sería la reacción y la disponibilidad de sus gobiernos. Frente al Gobierno alemán, que se mostró contrario a devolver a Ucrania a los ucranianos que residen en el país, personalidades de la CDU valoraron positivamente la medida. Estonia, generalmente a la vanguardia de los países más beligerantes, quiso dar un paso más y se ofreció a facilitar el traslado a Ucrania a los ucranianos residentes en el país que sean reclutados para las Fuerzas Armadas.
Al mismo tiempo que Ucrania negaba las palabras que la prensa alemana había atribuido al ministro de Defensa Umerov, se ponían en marcha los mecanismos para hacer posible aquello que Kiev negaba haber anunciado. En el tiempo transcurrido desde entonces, Kiev ha dado pasos hacia el desarrollo de la legislación que permitirá reformar el sistema de llamada a filas y que modificará el perfil de las personas que pueden ser reclutadas para las Fuerzas Armadas. Las últimas informaciones disponibles apuntan a la ampliación de las condiciones con las que una persona puede ser movilizada, que ya habían sido rebajadas anteriormente. De aprobarse la legislación tal y como se ha presentado, podrían ser movilizadas personas que hayan sufrido la amputación de un miembro, hayan perdido dedos de las manos, la vista de un ojo, el oído o sufran de insuficiencia renal tras haber perdido ya un riñón. Tras muchos comentarios sobre cuáles serían las formas con las que Ucrania podría comunicar las citaciones a la población tanto en el país como en el extranjero, parece claro que Kiev está desarrollando herramientas para la notificación electrónica. Como ha repetido en numerosas ocasiones en los últimos días el ministro Rustem Umerov, han de recibir las comunicaciones tanto personas que se encuentran en territorio nacional como quienes han salido del país.
En las horas posteriores a los comentarios de Umerov ante la prensa alemana, Mijailo Podolyak, el más mediático de los asesores de la Oficina del Presidente, presentó la idea como muestra de igualdad entre los hombres ucranianos en el país y aquellos que han huido de la guerra. No se puede luchar hasta el último ucraniano si no se puede obligar a luchar a todos y cada uno de los ucranianos. Sin embargo, tanto el número de efectivos planteado para el reclutamiento como las formas de realizarlo y, sobre todo, la ampliación de la obligación de presentarse a filas incluso a pesar de sufrir lesiones o enfermedades graves indican dificultades a la hora de reponer las filas del ejército.
La intención de facilitar la movilización de hombres residentes o refugiados en el extranjero no puede desvincularse de lo anunciado por Volodymyr Zelensky en su rueda de prensa prenavideña: Ucrania debe movilizar a medio millón de personas para mantener su ejército. Sin miedo a ahondar en el cisma entre las autoridades políticas y militares, el presidente afirmó que la petición había llegado del comandante en jefe Zaluzhny. Las dificultades que ha sufrido Ucrania para cumplir los objetivos de reclutamiento este año -en el que de ninguna manera ha logrado reclutar a la cantidad de ucranianos que se había planteado como meta- indica que el proceso ha dejado de ser popular hace tiempo. Culpar de la ampliación a las autoridades militares solo busca proteger a las autoridades políticas de las consecuencias del enfado de la población por una movilización cada vez más amplia y que tampoco implicará la desmovilización de quienes llevan años luchando. Así lo confirmó el ministro Umerov, que afirmó que solo podrá utilizarse esa palabra “tras la victoria”.
En las últimas horas, Zaluzhny ha demostrado de nuevo no tener intención de ocultar las evidentes diferencias de opinión que le separan de las autoridades políticas del país. En primer lugar, Zaluzhny quiso lavarse las manos de la responsabilidad de llamar a filas a ucranianos residentes en el extranjero y dejó en manos del Gobierno la posibilidad de hacerlo. Y contradiciendo al presidente, el héroe militar de Ucrania alegó también que esa cifra de medio millón de nuevos soldados movilizados no fue su petición. Zaluzhny contradijo también el discurso oficial admitiendo la pérdida de las posiciones ucranianas en la ciudad de Marinka. El comandante en jefe describió la ciudad como destruida y, en esta ocasión ciñéndose estrictamente a la narrativa ucraniana, alegó que las tropa se habían retirado de la zona ante el sinsentido de continuar luchando por las ruinas de la localidad. Zaluzhny añadió otra idea habitual, que Ucrania se preocupa más de sus soldados que del territorio. La afirmación contradice la actuación de Ucrania, que ha seguido luchando durante meses por las ruinas de Marinka y que continuará luchando por los restos de Avdeevka, una lucha muy similar a la de la batalla que ahora ha terminado. En ambos casos, Avdeevka y Marinka, Kiev ha luchado por ralentizar el avance ruso e infligir el mayor número posible de bajas, pero también por mantener esas posiciones de los alrededores de Donetsk, no solo para preservar su primera línea de defensa en Donbass, sino también para disponer de posiciones con las que seguir amenazando con su artillería la capital de la RPD. En palabras de Zaluzhny, Rusia capturará Avdeevka en dos o tres meses. El comandante en jefe parece dar la batalla por perdida, pero continuará luchando, preocupándose más por causar bajas ajenas que por evitar las propias.
Ucrania dio la noticia de la pérdida de Marinka, que Rusia había anunciado 24 horas antes tras acabar con la resistencia ucraniana tanto en los límites de la ciudad como en las zonas de dachas del municipio, aprovechando un día en el que podía tapar esa derrota con un éxito. Horas antes, un certero ataque con misiles -previsiblemente británicos- causó un muerto y daños graves en Feodosía, Crimea. Una vez más, el objetivo ucraniano era la flota rusa del mar Negro, en esta ocasión el buque Novocherkassk, que ya había sufrido daños en un anterior ataque en el puerto de Berdyansk. El ataque muestra que Kiev dispone de misiles de largo alcance suministrados por sus socios, por lo que es capaz de seguir causando daños en el eslabón más débil para Rusia: su flota. Ucrania, que no sufre del mismo problema al haber perdido la escasa flota de la que disponía, está logrando así sus mayores éxitos. Dañar la flota del mar Negro no va a cambiar el desenlace de la guerra, pero muestra los puntos débiles de Rusia en Crimea, con la carga psicológica que ello conlleva.
El éxito de ayer supone también una demostración de Kiev a sus aliados y proveedores extranjeros, a los que lleva meses exigiendo más cantidad de misiles de largo alcance precisamente para realizar golpes como este. Y, ante todo, el intento de destruir el potencial ruso en la retaguardia indica que, pese a la ralentización de la batalla durante el invierno y la transición a una fase más defensiva en la línea del frente, el conflicto no se encamina hacia el enfriamiento, sino hacia más guerra. Especialmente si Kiev continúa, como es de esperar, recibiendo misiles de largo alcance del Reino Unido y de otros aliados y los progresos rusos en la primera línea continúan siendo únicamente locales, sin una ruptura en profundidad.
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