No es habitual que Ucrania tenga que rectificar a los medios occidentales sobre sus actos o declaraciones. Es más, contar con el favor del sector mediático ha sido una de las bases sobre las que ha logrado imponer su relato durante más de un año y medio. Sin embargo, entre las crecientes dificultades políticas y militares, Ucrania se ha encontrado esta semana con la necesidad de desmentir las palabras de su propio ministro de Defensa. Rustem Umerov, que hace unos meses sustituyó a Oleksiy Reznikov, cuestionado a causa de varios escándalos de corrupción, ha sufrido desde su llegada al puesto por la necesidad de justificar la falta de resultados tangibles en la contraofensiva de verano. Con menor experiencia que el resto del entorno de Zelensky en el manejo de la comunicación, no es la primera ocasión en la que sus declaraciones suponen un problema para Kiev. Hace unas semanas, Umerov trató, sin éxito, de justificar la repentina ausencia de Zelensky en su prevista comparecencia ante el Senado de Estados Unidos.
En esta ocasión, Ucrania ha tenido que desmentir no una, sino dos de las afirmaciones de su ministro de Defensa ante los medios alemanes en referencia a dos de los temas más importantes: las expectativas militares de Ucrania y la cuestión del reclutamiento. El primero de los casos, aunque más trivial, es representativo. Según Bild, el ministro afirmó que Ucrania liberaría Crimea en 2024. La declaración suponía una forma de volver a empezar, recuperar la idea original de hace un año para repetir nuevamente el mismo proceso. Como ha demostrado el resultado de la contraofensiva de Zaporozhie, cuyo destino debía haber sido la península, la idea es escasamente realista. Así lo consideran incluso los socios de Ucrania en el Pentágono. Las aparentemente convencidas palabras de Umerov sobre la liberación de Crimea recordaban también a un viejo sketch de Volodymyr Zelensky, en el que el entonces actor hacía el papel de Poroshenko prometiendo que “el año que viene en Crimea”. “¿Me lo creo?”, continuaba, “¡Claro que no! Pero lo tengo que decir”. Años después, también Zelensky caería en esa trampa, como lo han hecho a lo largo de este año sus asesores y el director de la inteligencia militar, Kirilo Budanov, que afirmó que sus tropas llegarían a Crimea antes de finalizar la primavera de 2023.
Pese a que Ucrania trata de generar optimismo entre su población -de ello depende, al menos en parte, la moral de la población, necesaria para cubrir las necesidades de reclutamiento-, las palabras de Umerov parecen haber sido excesivas. Ucrania, que actualmente explota la idea de debilidad ante un enemigo superior para exigir a sus socios más armas, no puede permitirse calificar de fáciles los objetivos que no ha conseguido tras una movilización multimillonaria de recursos. Horas después de las supuestas declaraciones, Umerov precisó sus palabras. Para consumo interno, el ministro insistió en que Crimea será liberada, pero para no mostrar ante sus socios extranjeros que está cayendo nuevamente en falsas promesas de grandes éxitos militares -uno de los principales errores políticos de Ucrania este año-, el ministro ha insistido en que no ha puesto fecha concreta. Incapaz de asumir un error, Kiev ha repetido que las palabras del ministro fueron malinterpretadas. Sin embargo, el episodio es representativo, ya que los comentarios sobre la pronta captura de Crimea han sido una constante a lo largo de la última década. El momento actual, cuando Ucrania trata de lograr un compromiso a largo plazo que implique apoyo económico para una guerra larga dure lo que dure, Kiev no puede permitirse que sus socios dispongan de una fecha límite en la que, sin conseguirse el objetivo, puedan repensar su implicación económica en el conflicto.
Más interesante es la segunda cuestión en la que Umerov se ha retractado acusando otra vez a los medios de no haber entendido sus palabras. En esta ocasión, fue un medio mucho más riguroso, Welt, el que recogió unas palabras del ministro afirmando que los ucranianos actualmente refugiados en países europeos como la propia Alemania comenzarían a recibir citaciones para presentarse ante las oficinas de reclutamiento. La idea implicaba, además, no solo la obligatoriedad de presentarse, sino también la posibilidad de sanciones en caso de no hacerlo. En esta ocasión, aún menos creíble que los medios alemanes hayan malinterpretado al ministro, la rectificación se debe a la necesidad de colaboración de los países europeos para que Ucrania pudiera cumplir con la medida. Todo apunta a la precipitación de Umerov, que no parecía contar con el apoyo o conocimiento de las autoridades europeas en general y alemanas en particular. Eso sí, antes de la rectificación, la noticia fue recogida por los grandes medios de Ucrania, que no mostraron rechazo a esta medida.
El desmentido ucraniano no ha supuesto el final de la polémica. Horas antes de las palabras de Umerov, Volodymyr Zelensky había informado al público de la necesidad de reclutar a prácticamente medio millón de soldados para la guerra. En los mismos términos se mostró Kirilo Budanov, que descartó la posibilidad de que un reclutamiento voluntario pueda reponer las filas de las Fuerzas Armadas de Ucrania para continuar la guerra. Esta semana se ha conocido también que alrededor de 6000 hombres en edad militar abandonan Ucrania a diario, a lo que hay que sumar la negativa de Zelensky a firmar ningún decreto de movilización de las mujeres. Todo ello augura crecientes dificultades para cubrir las necesidades de reclutamiento. De ahí que los comentarios de Umerov sobre la búsqueda de vías para lograr el regreso de los hombres en edad de reclutamiento para ser enviados al frente no hayan parecido una medida extrema o algo que los medios alemanes hayan podido malinterpretar.
El debate, o directamente el consenso sobre la necesidad de implementar esa medida, hace pensar que las palabras de Umerov buscaban únicamente conocer la reacción a nivel nacional e internacional a la propuesta. Como ha afirmado Mijailo Podolyak, asesor de la Oficina del Presidente, Ucrania precisaría del permiso y la colaboración de los países que han acogido -en teoría de forma temporal-, a los refugiados ucranianos. Pese a que Ucrania ha desmentido las palabras de Umerov recogidas por la prensa, es evidente que Kiev busca la forma de poner en práctica la medida. Dando por buenas las declaraciones publicadas, Podolyak, que calificó la propuesta de “correcta”, se ha basado en la idea de la igualdad para justificar, no solo las llamadas a filas a personas refugiadas en el extranjero, sino también las sanciones a quienes no regresen a defender al país. Ucrania precisaría de la doble colaboración de los países europeos: primero en la implementación de los mecanismos de reclutamiento y posteriormente los de sanciones. En ese sentido, Podolyak, ahora mismo uno de los principales asesores de Zelensky, propone incluso que esos ucranianos que rechacen ser reclutados pierdan los permisos de residencia o las prestaciones sociales que reciban en los países de acogida.
Un paso más allá, diputados de la Rada ucraniana planean ya preparar la legislación para poner en marcha la medida. “Las personas que viven en el extranjero, al igual que los ucranianos en Ucrania, seguirán los mismos trámites. Es decir, tendrán que pasar por la identificación. Si pasan y están en la lista de los que están sujetos a movilización, recibirán una citación. Y entonces tú eliges: o vuelves, o te quedas allí y eso será infringir la ley”, afirmó ayer en declaraciones a Radio Svoboda el diputado Vadim Ivchenko, miembro del comité parlamentario de defensa.
Las intenciones de Ucrania están claras y todo indica que las palabras del ministro Umerov buscaban precisamente tantear el terreno a nivel nacional e internacional. En Ucrania, donde los hombres en edad militar pueden ser captados en plena calle, la medida parece haber obtenido el consenso político. Y en el exterior no se ha producido ninguna crítica relevante. El intento de presentar una medida en el espacio informativo y esperar a ver las reacciones ha cosechado un éxito notable y Kiev parece seguir adelante en busca de vías para su implementación. En este contexto, lo único fuera de lugar parece, por el momento, la rectificación del ministro Umerov.
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