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Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, LPR, Rusia, Ucrania

Decisiones difíciles

Con mucho menos ruido del que Ucrania y sus aliados utilizaron para anunciar la contraofensiva que iba a cambiar el rumbo de la guerra, el presidente Volodymyr Zelensky ha admitido implícitamente su fracaso. En términos políticos, los socios de Kiev buscaban una ruptura del frente lo suficientemente rápida y profunda para obligar a Rusia a negociar según los términos de Ucrania, es decir, mucho más allá de sus líneas rojas. Para ello, Ucrania requería de la improbable victoria de sus tropas en una ofensiva que para tener éxito precisaba de una superioridad aérea de la que siempre supo que carecería. En el fondo, contradiciendo la retórica de victoria, Kiev siempre supo que la ofensiva de 2023 no lograría su maximalista objetivo de expulsar a Rusia de todo el sur. De lo contrario, no habría existido la insistencia en la necesidad de obtener F-16, que por la longitud del proceso de instrucción era evidente que jamás estarían disponibles en 2023. Aun así, el discurso se mantuvo y ahora es preciso justificar el cambio en la narrativa y en la situación.

En las últimas horas se han publicado en la red numerosas imágenes de drones rusos atacando las trincheras ucranianas, unas fortificaciones más extensas y comunicadas que en anteriores ocasiones. Sobre el terreno -concretamente en el sector del frente de Lugansk-, la prensa ha podido comprobar también que las tropas ucranianas han comenzado a seguir la orden dada por el presidente Zelensky de atrincherarse y fortificar las posiciones. Las palabras de Zelensky anuncian una nueva fase defensiva de la guerra, algo que se refleja también al otro lado del frente. En las últimas horas, se han publicado también imágenes de las trincheras rusas, que muestran la novedad de la protección contra los ataques de drones. Ambos ejércitos parecen conscientes de que gran parte del frente está condenado a regresar a la guerra de trincheras que Donbass ha vivido durante años, aunque con una intensidad que supera con creces la de aquellos años.

Las dificultades meteorológicas que implica el invierno ya han aparecido en el frente de Zaporozhie. Se unen así a los obstáculos que han hecho que Ucrania haya logrado en seis meses lo que esperaba conseguir en 24 horas, capturar la localidad de Rabotino. La defensa rusa ha hecho el resto y ha impedido que las tropas de Kiev puedan utilizar ese pequeño avance para romper el frente hacia Melitopol. Como hace un año, no es de esperar que se produzcan en este sector grandes batallas en el periodo invernal, especialmente ahora que Ucrania y sus socios parecen haber aceptado ya el fracaso de su gran operación terrestre. Aunque la situación es similar a la de hace un año, existen también matices importantes. En primer lugar, la tendencia se ha invertido completamente, especialmente en lo que respecta a la iniciativa.

A lo largo de 2023 los cambios en el frente de Donbass han sido escasos salvo la excepción de la zona de Soledar y Artyomovsk, donde Rusia logró su mayor éxito en operaciones ofensivas al capturar en enero y mayo respectivamente las dos destruidas ciudades. La línea de contacto no se ha movido en exceso en lugares como, por ejemplo, los bosques de Kremennaya, en la región de Lugansk. Sin embargo, es ahí donde puede observarse un mayor cambio con respecto a hace doce meses, cuando las tropas rusas se defendían para evitar que la ruptura de Járkov continuara con la irrupción ucraniana en el norte de Lugansk, que ponía en riesgo todo el territorio ganado en la RPL desde el 24 de febrero. Las tropas rusas mantuvieron el frente, donde ahora es Ucrania quien cava apresuradamente trincheras en la zona de Krasny Liman, intentando proteger ese eje en el que se encuentra también Seversk. Sin embargo, la estabilidad y superioridad de la defensa frente al ataque parece, por el momento, la tónica que impera en este sector en el que, aun así, la situación de las tropas rusas es notablemente más fuerte que hace un año.

La caída en la intensidad de la batalla en el frente de Zaporozhie y la relativa tranquilidad que se ha producido en las últimas semanas en las retaguardias, donde no han comenzado realmente aún los intentos de ambas partes de desgastar las capacidades logísticas enemigas, han hecho que el foco se centre ahora en la RPD. Es a este sector del frente, especialmente a los alrededores de Donetsk, al que se refería ayer Oleksandr Syrskiy, comandante de las Fuerzas Terrestres de Ucrania, al afirmar que la situación era dura para sus tropas. El oficial añadió escasos detalles, aunque admitió dos datos importantes: las tropas rusas avanzan en todo el frente del este (Donbass) y Ucrania está tomando “decisiones difíciles para estabilizar el frente y evitar muertes de soldados”.

Contradiciendo el discurso ucraniano, que afirma que Rusia no será capaz de capturar Avdeevka -se repite así el mismo guion que hace un año en Artyomovsk-, las tropas rusas avanzan lentamente tratando de sitiar la localidad al norte de Donetsk y se aproximan a la fábrica de coque, lugar clave en la ciudad. Sin embargo, es en Marinka donde las tropas rusas aspiran a lograr un éxito en las próximas horas. Completamente destruido y deshabitado, este suburbio de Donetsk lleva casi una década situado en la primera línea del frente. Desde hace más de un año, las tropas rusas presionan ahí a las ucranianas, aunque los avances han sido aquí aún más lentos que en Artyomovsk. Como Avdeevka, Marinka era una de las zonas más fortificadas del frente al ser un lugar clave para Kiev en sus ataques contra Donetsk. La semana pasada, Rusia constataba avances en la batalla urbana y se publicaban imágenes de la Bandera de la Victoria sobre el edificio del consejo local. Ayer se publicaban las imágenes de una bandera rusa ondeando en un lugar geolocalizado como el último punto de la ciudad. A la espera de la confirmación y de la consolidación de esos pequeños avances -la parte de Marinka a la que Ucrania se aferraba era ya extremadamente limitada-, es probable que sea aquí donde se produzcan esas “decisiones difíciles” a las que Syrskiy se refería.

Pese a las palabras del comandante de las Fuerzas Terrestres de Ucrania, los avances significativos se producen únicamente en la zona de Donetsk y ligeramente en Artyomovsk, donde Rusia recupera el terreno perdido el pasado verano. No hay, por el momento, una ofensiva rusa a gran escala o incluso a escala regional en Donbass, sino movimientos de presión para alejar a los soldados ucranianos de la ciudad de Donetsk y continuar presionando la fortificada primera línea ucraniana.

El temor de Ucrania y sus socios no se limita a la posibilidad de que Rusia aleje a la tropas ucranianas de Donetsk, impidiendo así el constante uso de la artillería contra la población civil de la ciudad, el posible cerco de Avdeevka o las probabilidades de que la situación se complique alrededor de Ugledar. Para explicar la situación, think-tanks como el Institute for the Study of War han apelado a argumentos escasamente convincentes y que no tienen en cuenta la complejidad de la situación. Su informe del día de ayer afirmaba que “es probable que las fuerzas rusas se hayan comprometido a realizar operaciones ofensivas en múltiples sectores del frente durante el periodo de clima más desfavorable de la temporada otoño-invierno en un esfuerzo por tomar y retener la iniciativa antes de las elecciones presidenciales rusas de marzo de 2024”. Rusia lleva meses luchando por la iniciativa y mantenerla es la base de toda la planificación militar desde que comenzara el avance sobre Artyomovsk en Donbass y se paralizara la ofensiva ucraniana en Zaporozhie.

Rusia es consciente de que, al contrario que hace un año, no son sus tropas sino las ucranianas quienes han sufrido el desgaste de la ofensiva. A ello hay que sumar las dificultades occidentales para entregar a Ucrania la munición necesaria y el bloqueo para garantizar nuevos fondos para futuras ofensivas. Los datos de financiación sugieren que Kiev se encuentra actualmente en su momento más vulnerable. Ese parece el argumento más razonable para que Rusia pudiera buscar aprovecharse de la situación y mejorar sus posiciones, especialmente en aquellas zonas del frente que considera prioritarias. Es ahí donde Donbass cobra su mayor importancia. En el resto de la línea de contacto, el planteamiento ruso sigue aparentando, por el momento, una posición similar a la de Ucrania: fortalecimiento de la defensa para mantener el frente estable y minimizar las bajas. En defensa y en ataque, ambos ejércitos se enfrentan ahora a decisiones difíciles para determinar cuál será su estrategia, no solo para el próximo invierno, sino en vistas al próximo año.

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