Apenas unos días después de que Volodymyr Zelensky anunciara una “nueva fase” de la guerra, en esta ocasión defensiva, los medios sobre el terreno han constatado que han comenzado los preparativos para el fortalecimiento de las trincheras con las que Ucrania espera impedir avances rusos. Un reportaje publicado por The Wall Street Journal, por ejemplo, ha observado el trabajo de fortificación en la zona de Krasny Liman, en la parte de Donetsk bajo control ucraniano. Desde el fracaso de la ofensiva ucraniana sobre el norte de Lugansk, que buscaba amenazar el control ruso sobre Kremennaya y Svatovo, ciudades que Ucrania esperaba ser capaz de capturar a finales de 2022, Krasny Liman se ha convertido en uno de los posibles objetivos del avance ruso en Donbass, única región en la que es de esperar que la batalla continúe a lo largo de los meses de invierno. A pesar de las constantes afirmaciones realizadas en los últimos meses por Zelensky y su equipo sobre la continuación de la contraofensiva ucraniana en invierno, el paso a una guerra defensiva, aceptación implícita del fracaso de la contraofensiva, elimina esa posibilidad. Lo hace también la dificultad de los aliados de Ucrania para asegurar la aprobación de nuevos fondos para continuar el suministro de armamento, munición y financiación que garantice que Kiev pueda cumplir sus planes.
“El mundo libre necesita mantener el apoyo para aquellos cuya libertad está siendo atacada”, ha afirmado Zelensky en su reciente comunicación a los miembros del G7, a los que les insistió en que “Ucrania tiene fuerza. Os pido que seáis tan fuertes como podéis ser”. El discurso del presidente ucraniano es claro y tiene un objetivo simple: conseguir que todo siga como hasta ahora, algo mucho más difícil cuando Ucrania no es capaz de presentar a sus socios resultados claros con los que justificar los fondos, cada vez más difíciles de conseguir ante la creciente fatiga de esta guerra. “Ucrania ya no es especial”, afirma una fuente del German Marshall Fund citada por The Financial Times en un artículo extremadamente preocupante para Kiev. “Ya no se considera este asunto como una cuestión de seguridad nacional ni de importancia primordial para la UE, la OTAN o Estados Unidos. Porque si fuera así, la gente no estaría jugando a la política con él”, añade. Esta visión es precisamente lo que Ucrania trata de evitar, consciente de que solo el favor de Occidente y una definición de la guerra como existencial puede garantizarle continuar con sus planes de no aceptar ninguna resolución a la guerra que no implique su victoria completa.
Las palabras de Zelensky al G7 muestran que el presidente ucraniano ha comprendido esta realidad y trata de limitar sus riesgos. “Rusia solo espera una cosa: que el año que viene la consolidación del mundo libre se colapse. Rusia cree que América y Europa mostrarán debilidad y no mantendrán el apoyo a Ucrania”, afirmó confundiendo Estados Unidos con América y la Unión Europea con Europa y explotando uno de los grandes argumentos para continuar el esfuerzo bélico común contra Rusia: el deber moral de Occidente de apoyar a Ucrania hasta la victoria completa.
El riesgo de derrota sigue conviviendo con el argumento contrario, según el cual Ucrania insiste en su fuerza militar y en la posibilidad de victoria completa a corto plazo, eso sí, siempre que se mantenga el suministro militar. Frente a la proliferación de artículos y opiniones occidentales que dan por fracasada la ofensiva ucraniana y se preguntan si Occidente podrá repetir el enorme flujo de armamento y munición para una nueva ofensiva, medios como la Agencia Efe, continúan dando crédito al discurso del Ministerio de Defensa de Ucrania. Bajo el subtítulo “Contraofensiva rusa fracasada”, un artículo publicado ayer daba por ciertas las afirmaciones ucranianas del mantenimiento de todas las líneas defensivas ucranianas frente a un avance ruso que califican de fallido. El comando ucraniano continúa alegando enormes bajas rusas y añade que es “prácticamente imposible” que Rusia pueda capturar en las próximas semanas la ciudad de Avdeevka, donde incluso los medios occidentales dan por hechos esos avances rusos que Kiev niega. “Rodeados y con escasez de munición, las tropas de élite buscan arruinar el Año Nuevo de Putin” titula, por ejemplo, un artículo publicado ayer por The Times en el que se presenta una épica lucha ucraniana frente al avance ruso en Avdeevka. “Sin obtener más equipamiento, sus posibilidades disminuyen”, admite Maxim Tucker, conocido periodista proucraniano.
“Las fuerzas de Kiev están ahora atrincherándose para lo que podría ser un periodo extenso de tratar simplemente de parar más avances rusos”, explica en la misma línea The Wall Street Journal, que añade que “diplomáticos y estrategas militares occidentales afirman que la exhausta Ucrania precisa de tiempo para reconstruirse y que puede no ser capaz de preparar otra contraofensiva significativa hasta 2025”. Ucrania apenas ha admitido de forma implícita el fracaso de la contraofensiva de 2023 y busca la financiación para la de 2024, pero ciertos medios apuntan ya a dos años vista, espacio en el que Ucrania precisaría de asistencia financiera constante y que daría a Rusia un tiempo significativo para aprovecharse de la producción de su industria militar y aumentar aún más el desequilibrio de fuerzas existente en ciertos ámbitos como la aviación y la artillería.
Occidente ha aceptado ya que Rusia se prepara para una guerra larga y pretende adaptarse a esas circunstancias planteando, según este escenario publicado por The Wall Street Journal, a un calendario aún más amplio de lo esperado. “Es un cambio importante en las sensaciones de principios de año, cuando Kiev -espoleada por haber revertido avances rusos anteriores con una gran entrada de armas occidentales- se lanzó a expulsar a las tropas rusas del casi 20% de territorio ucraniano que ocupaba. Los aliados de Ucrania tenían la esperanza de que podría infligir suficiente daño a las tropas rusas para que el presidente Vladimir Putin viera que la guerra es inútil y accediera a negociaciones aceptables a Kiev”, insiste The Wall Street Jonural, que no incide en los motivos por los que Occidente erró tan radicalmente en sus previsiones. El tiempo y la ausencia de cambios significativos en el frente han probado que Ucrania y sus aliados pecaron de creer su propia propaganda, que proclamaba una serie de lugares comunes que han resultado ser falsos. Occidente preparó una ofensiva terrestre que precisaba de superioridad aérea sin entender que Ucrania no disponía de la capacidad de restablecer siguiera el equilibrio. Se creyó la idea de la bajísima moral de las tropas rusas y, sobre todo, se subestimó también la capacidad del armamento ruso con respecto al occidental así como la habilidad rusa de adaptarse a los acontecimientos y sacar lecciones de sus fracasos pasados.
Las dosis de realidad que Ucrania ha recibido en el frente han provocado la sorpresa y los constantes cambios de discurso y de estrategia, algo que se ha plasmado especialmente en los medios de comunicación. Es el caso de The Telegraph, que hace unos meses daba la guerra perdida para Vladimir Putin, pero que ahora alerta de que “Putin está cerca de la victoria”. Teniendo en cuenta que los medios occidentales han dejado claro que cualquier escenario en el que Rusia no conquistara toda Ucrania sería considerado una derrota rusa, la advertencia de una posible victoria rusa no solo parece fuera de lugar sino una herramienta para argumentar la necesidad de entregar más armas a Ucrania. Aunque no haya ningún signo de la preparación de una ofensiva rusa a gran escala -Rusia no ha realizado una nueva movilización desde septiembre de 2022-, según el medio británico, “el peligro es que la UE se enfrente al mismo destino que el Sacro Imperio Romano”.
La exageración y la constante insistencia en continuar armando a Ucrania incluso en momentos en los que no se esperan nuevas acciones ofensivas para recuperar territorio bajo control ruso se han convertido en el argumento central del discurso. De ahí que el nuevo escenario pase por apoyar a Ucrania en una fase, no solo defensiva, sino de expectativas de ofensiva rusa a gran escala. “Otra esperanza que se expresó recientemente en la cumbre de la OTAN fue que los intentos de Rusia de romper las defensas ucranianas fracasen, minando sus recursos y ofreciendo potencialmente mejores perspectivas a Ucrania para recuperar la iniciativa en el campo de batalla en la primavera de 2025 si consigue superar el próximo año”. Observando una planificación de ofensivas a casi dos años vista, el académico ucraniano-canadiense Ivan Katchanovski denunciaba nuevamente la intención de Occidente de luchar contra Rusia “hasta el último ucraniano”. Condenar al país a la continuación de la miseria de la guerra, la muerte y la destrucción sigue siendo el lenguaje común de Kiev, Washington, Londres y Bruselas.
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