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Una nueva fase de la guerra

Consciente de que, a falta de buenas noticias, solo su presencia en el frente puede lograr titulares que recuerden que la guerra de Ucrania sigue activa, Zelensky se dirigió la semana pasada a la línea de contacto. Lo hizo acompañado de los periodistas de la agencia estadounidense AP, con lo que se garantizaba, cuando menos, una entrevista y un reportaje en profundidad que posteriormente serían recogidos por otros medios de Estados Unidos, país al que apela constantemente en busca de atención y financiación. El lugar elegido para la visita no ha sido, como en ocasiones anteriores, la zona más caliente del frente del este. En esta ocasión, el presidente ucraniano ha visitado la zona de Kupyansk, donde los pequeños avances rusos son menos peligrosos a causa de la presencia de la reserva del Oskol.

Es en la zona de Donetsk, que Zelensky visitó en su anterior aparición mediático-militar, donde la situación se ha complicado para Ucrania. Pese al discurso oficial, que afirma que Rusia pierde miles de hombres y centenares de tanques en su intento de avanzar sobre Avdeevka o Marinka, en las últimas horas se han constatado progresos en ambas localidades, batallas locales que son parte de la táctica de asalto paso a paso, localidad a localidad, que las tropas rusas han utilizado en Donbass. El objetivo ruso es alejar gradualmente a la artillería ucraniana de la ciudad de Donetsk, para lo que es preciso romper su primera línea de defensa. Construida a lo largo de los años de guerra en Donbass y aún más fortificada desde 2022, esa barrera puede considerarse el equivalente ucraniano de la línea Surovikin, la defensa que impide a las tropas ucranianas irrumpir con fuerza a través de los campos de Zaporozhie.

En la entrevista concedida a AP, en la que Zelensky admite que los resultados de la contraofensiva no son los deseados -algo que, sin la más mínima autocrítica, achaca a la lentitud con la que sus aliados han enviado las armas necesarias-, el presidente ucraniano se refiere también a una nueva fase de la guerra. Volodymyr Zelensky habla de la llegada del invierno como la causante de ese cambio y advierte, como lo hiciera hace un año, que el país se enfrenta a su momento más duro. El comentario se refiere fundamentalmente a la posibilidad de que Rusia busque repetir su estrategia de hace un año, cuando atacó con misiles las infraestructuras energéticas para limitar la capacidad de lucha de las Fuerzas Armadas de Ucrania. Por el momento, ha sido Ucrania quien ha comenzado a actuar en esa dirección en aquellos lugares en los que tiene la capacidad de hacerlo. La semana pasada, antes de que una potente tormenta que causó daños tanto en Rusia como en Ucrania (donde han llegado a producirse incluso muertes) empeorara la situación, los bombardeos de la artillería ucraniana habían dejado ya sin electricidad a amplias zonas de Gorlovka y la aglomeración urbana de Donetsk, uno de los lugares más castigados por los ataques indiscriminados y diarios de las tropas de Zelensky.

El fracaso en el avance en el frente central de Zaporozhie ha obligado a Ucrania a buscar objetivos secundarios en los que obtener resultados tácticos que presentar como estratégicos. Esa era la meta cuando Ucrania se fijó en Artyomovsk como lugar propicio en el que lograr una victoria local. Consciente de la dificultad de la tarea, Ucrania no envió allí a sus mejores tropas, necesarias en el fallido intento de romper el frente hacia Tokmak-Melitopol, sino a las perfectamente sacrificables unidades como la 3º Brigada comandada por Andriy Biletsky. Pese a semanas de anunciados avances ucranianos, el frente no varió en exceso y también allí las tropas rusas recuperan ahora el territorio perdido. Lejos han quedado las declaraciones de Denis Pushilin sobre la grave situación en los flancos de Artyomovsk.

Fallida la ofensiva local para lograr un éxito menor que presentar como mayúsculo, Ucrania miró a otra zona de Donbass en la que las tropas rusas no habían logrado alejar el frente de sus ciudades principales. Como desvelaba el reportaje sobre el entorno de Zelensky publicado por la revista Time citando a un oficial de las Fuerzas Armadas de Ucrania, a principios de octubre, “el liderazgo político de Kiev exigió una operación para recapturar la ciudad de Gorlovka, un puesto avanzado estratégico en el este de Ucrania que los rusos han controlado y defendido fieramente durante casi una década”.

Situada en la parte más al norte de la línea de separación heredada de los tiempos de Minsk, Gorlovka ha sido, desde que comenzó la guerra, uno de los focos principales de la artillería ucraniana. Fue allí, en un céntrico parque un fin de semana, donde Ucrania cometió una de sus primeras masacres de civiles. La RPD -y no Rusia como afirma Ucrania- defendió a duras penas la ciudad, que durante un tiempo quedó prácticamente rodeada por posiciones ucranianas. Esa presión descendió ligeramente con la captura de Debaltsevo, que, cuando menos, permitía las comunicaciones ferroviarias seguras con Donetsk y Lugansk. Capturar, o incluso aislar, Gorlovka supondría un problema logístico para el mando ruso y recuperar la ciudad habría supuesto el mayor éxito de Ucrania en Donbass desde la captura de Mariupol en junio de 2014.

En las últimas semanas, la prensa rusa se ha hecho eco de la acumulación de efectivos y armamento de las Fuerzas Armadas en los alrededores de Gorlovka, donde Ucrania ha llegado a jactarse de (dudosos) avances en la zona gris. Sin embargo, como se esperaba, no ha habido allí ningún intento de asalto. Recogiendo la respuesta a la exigencia de capturar la ciudad, Time cita a uno de los oficiales preguntando “¿con qué? No tienen ni los hombres ni el armamento”. Las fuerzas necesarias para la captura de granjas en las afueras difieren notablemente de las que requeriría una operación para la toma de una ciudad cuya población supera los 200.000 habitantes, el triple de la población de Artyomovsk.

Las palabras de Zelensky a la hora de describir la nueva fase de la guerra apuntan a que toda movilización y traslado de reservas en el frente de Donbass se debe, no a un intento de romper el frente ruso, sino a mantener el propio. Como publicaron el pasado fin de semana los grandes medios occidentales, el presidente ucraniano ha dado la orden de construir fortificaciones “en todos los frentes principales, en los que tenemos que atrincherarnos, acelerar el paso de la construcción”. Zelensky se refirió fundamentalmente, no al frente de Zaporozhie, donde la guerra ha entrado ya en la fase de trincheras, sino, como reflejaba The Wall Street Journal, “en el este y noreste, donde Rusia busca avanzar desde hace meses, logrando pequeñas ganancias a un duro coste”. En esa división, el noreste se corresponde con la zona al norte de Krasny Liman y hacia la región de Járkov, mientras que el este se refiere íntegramente al frente de Donbass desde esa localidad hacia el sur de Donetsk. Curiosamente, como muestra la lentitud de los avances rusos, esa es la parte más fortificada del frente de 2014. Aun así, es ahí donde el presidente ucraniano insiste en la necesidad de construir -o quizá reforzar- las fortificaciones.

Hasta el momento, ese trabajo de defensa realizado por Ucrania a lo largo de los ocho años de guerra en Donbass ha ralentizado el avance ruso en ciertas zonas, mientras que lo ha impedido en otras. Es el caso de Gorlovka, donde los avances se limitan a la parte norte, con escasos cambios en la línea de contacto al oeste, lo que dejan a la ciudad expuesta a la artillería ucraniana. Con un terreno mucho más urbano que otros sectores del frente, las ciudades de la primera línea de defensa -y ataque- de Ucrania en Donbass actúan como protección de los flancos de las localidades contiguas. Hasta ahora, la lentitud de los avances rusos ha permitido a Ucrania reforzar las siguientes posiciones en caso de pérdida de localidades. Es así, además de por la privilegiada posición en altura, como Kiev ha logrado mantener con cierta facilidad el control de la destruida Ugledar y se ha aferrado durante casi un año a la parte occidental de Marinka, un suburbio al oeste de Donetsk. Ahora, la complicada posición de las tropas ucranianas simultáneamente en Marinka y sus alrededores y en Avdeevka compromete una parte importante de esa primera línea. De ahí la necesidad de construcción de fortificaciones en los lugares que no se encontraban en la primera línea del frente heredado de Minsk.

Zelensky ha dado también la orden de fortificar zonas de las que la guerra se alejó hace más de un año, como es el caso de la frontera bielorrusa. Ucrania debe también proteger los territorios recuperados en septiembre de 2022 en la región de Járkov. La desordenada retirada de las tropas rusas y su rápida derrota de ese año hizo prever a Ucrania que no tendría la necesidad de defender nuevamente esos territorios a los que actualmente han regresado las unidades de la Federación Rusa.

Según recoge The Wall Street Journal, el plan de Zelensky es que sean las Fuerzas Armadas de Ucrania las que construyan esas fortificaciones en la primera línea, algo que, en lugares como Donbass, deberán hacer a medida que se retiren de las posiciones perdidas. En los lugares más alejados, serán iniciativas privadas las que tengan que aportar sus recursos. Se repite así la propuesta público-privada, con la que el Ministerio de Defensa prevé para reformar y ampliar el reclutamiento. La privatización de la guerra supone la entrada de recursos privados para la construcción de fortificaciones en lugares en los que son necesarias, pero también en aquellos alejados del frente, una posible vía para convertir capital público en capital privado. En el caso del reclutamiento, Ucrania busca evitar la corrupción que estaba produciéndose en las oficinas de reclutamiento. Con este argumento, el Gobierno ucraniano, más cercano al libertarianismo de Milei que al liberalismo europeo, quiere insistir en la idea de que la corrupción se produce fundamentalmente en el ámbito público y que la privatización es la solución para todos los problemas.

En cualquier caso, la insistencia de Zelensky en la ampliación del reclutamiento y la construcción de fortificaciones indican que esa nueva fase a la que se ha referido el presidente ucraniano es una fase defensiva para Kiev. Lejos de lograr sus objetivos de ruptura del frente y avanzar hacia la costa del mar de Azov y Crimea, Ucrania reorganiza sus fuerzas para lo que, volviendo a la fase de guerra en Donbass, comienza a ser cada vez más una guerra de trincheras en la que la defensa es más importante que el ataque.

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