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Armas, Donbass, DPR, Ejército Ucraniano, Francia, LPR, Rusia, Ucrania

¿Quién enseña a quién?

Sin ninguna sutileza en sus exigencias, el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania publicó recientemente una lista de aquellos elementos que precisa para continuar la guerra con garantías. Valery Zaluznhy mencionaba, por ejemplo, la necesidad de aviación y misiles occidentales para equilibrar el potencial aéreo, material de guerra electrónica para cegar los drones rusos, equipamiento de desminado para superar los campos de minas rusos o inteligencia. El general ucraniano añadía también la creación de una reserva estratégica, es decir, un amplio y continuo programa de instrucción de soldados ucranianos para poder reponer las filas del ejército a medida que el frente va cobrándose bajas. Según los únicos datos disponibles actualmente -y cuya procedencia es una filtración anónima procedente de Estados Unidos, por lo que se puede asumir que la cifra es una estimación favorable a Ucrania-, Kiev habría perdido en la guerra a 120.000 soldados heridos y 70.000 fallecidos, unas cifras que posiblemente sean incluso más altas y continúen aumentando a medida que la guerra se alarga.

Las bajas, la huida del país de hombres en edad militar y la realidad de disponer de una población muy inferior a la rusa hace de la falta de personal para manejar las armas que exige Zaluzhny un peligro añadido para Ucrania. Kiev ha logrado evitar parte del problema de instruir a la población movilizada con la ayuda de sus socios, muchos de los cuales han organizado programas de instrucción que debían ayudar a las Fuerzas Armadas de Ucrania a, entre otras cosas, abandonar las tácticas y mentalidad soviética para adaptarse a las formas de hacer la guerra de la OTAN. Estos programas de instrucción debían ayudar al esfuerzo bélico también en forma de garantías de seguridad. A lo largo del último verano, mucho se ha hablado de la escasa esperanza de vida de las tropas que eran enviadas a ciertas zonas del frente. Sin embargo, la posibilidad de realizar la instrucción en el extranjero, fuera del alcance de las tropas rusas, supone evitar el peligro de que los campos de instrucción sean alcanzados incluso antes de que los reclutas sean enviados a Avdeevka, Kremennaya, Rabotino o Jersón.

La instrucción en el extranjero debía también mejorar la eficiencia y preparar de forma específica a los soldados para la ofensiva que iban a realizar. Sin embargo, a lo largo de los meses de verano, especialmente en los momentos en los que más claro se percibió que los acontecimientos no sucedían según el plan, la deficiente instrucción fue una de las quejas planteadas por soldados que habían participado en el programa de entrenamiento en países como el Reino Unido. Como pudo leerse entonces en medios ucranianos, los soldados mencionaban, por ejemplo, el escaso trabajo del aprendizaje del desminado, uno de los aspectos que se había demostrado ser clave.

Un artículo publicado por Político tras una visita guiada a uno de los lugares de instrucción de soldados ucranianos en Francia quiere responder a las quejas y carencias que las autoridades ucranianas han denunciado en el pasado. Sin dar detalles sobre la localización del campo de entrenamiento y apuntando al beneficio mutuo para Ucrania y Francia, el medio describe los cambios que se han producido en la rutina de los soldados. Para empezar, el programa impide el intercambio de números de teléfono. El objetivo no es otro que perder el contacto una vez finalizado el programa. “Es momento de cortar lazos”, afirma uno de los capitanes que participan en la instrucción en referencia a la finalización del programa, ya que “de lo contrario, cuando nos enteramos de que alguien ha muerto, nos preguntaríamos qué hicimos mal”.

Político afirma que Francia ha tenido en cuenta las quejas anteriores para incorporar a la instrucción aspectos que se acerquen a las condiciones reales de la guerra. “Según los oficiales franceses, Ucrania pidió a Francia preparar a los futuros soldados para aguantar las duras condiciones del campo de batalla y operar en entornos fríos y ruidosos y privados de sueño. Se han esparcido restos de animales muertos en las trincheras para acostumbrar a los ucranianos al olor a la muerte. Las tropas francesas lanzan ataques sorpresa por la noche”, explica el medio, que también añade que se ha incorporado también el uso de drones. Eso sí, la descripción de la instrucción para defenderse del uso de drones por parte del oponente deja ver el aspecto defensivo, no ofensivo de lo que Ucrania espera que sea una instrucción para operaciones ofensivas a gran escala.

Quizá la parte más interesante del artículo, que no desvela demasiados detalles de un entrenamiento aparentemente poco sofisticado, es el uso de ella que están haciendo los ejércitos instructores. “Enseñar a los soldados ucranianos cuesta a Francia alrededor de 300 millones de euros según un informe del Parlamento. Pero el ejército francés también se está beneficiando”, explica Político, que añade que la base de actuación de fuerzas armadas como la francesa ha sido, en las últimas décadas, la contrainsurgencia, método adaptado a las guerras e intervenciones militares en las que han participado. “La guerra en Ucrania ha cambiado eso”, sentencia sin explicar la diferencia entre la contrainsurgencia que Francia ha realizado en Malí o Estados Unidos en Afganistán con la guerra terrestre entre dos grandes ejércitos que se libra actualmente. “La lucha a vida o muerte en Ucrania da a los estudiantes consejos para sus instructores”, afirma Político calificando la situación de “win-win” pero dando la sensación de que son los países occidentales quienes se están aprovechando de la situación para recuperar para sus ejércitos conocimiento sobre la guerra de trincheras, “algo que pueden usar para preparar a Francia para la guerra de alta intensidad”.

El artículo afirma, citando a un teniente coronel que identifica solo como Erwan que “todo el mundo está volviendo a las trincheras” y explica que Francia “ha vuelto a las doctrinas de las dos guerras mundiales y las trincheras construidas para los ejercicios de los ucranianos serán reutilizados por las tropas francesas”. Es curioso que el artículo mencione las dos guerras mundiales, posiblemente la última ocasión en la que los ejércitos occidentales que deben instruir al mucho más curtido -concretamente por ocho años de barro y frío en Donbass- han pisado una trinchera. “Los ucranianos afirmaron que las trincheras de entrenamiento francesas eran demasiado amplias, que eran más apropiadas las botas de jardinería que el calzado militar y han dado consejos sobre cómo optimizar el uso de granadas”. ¿Quién está en posición de aprender de quién?

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