Entrada actual
Energia, Gas, Nord Stream, Rusia, Ucrania

Juego de espías

Por medio de un artículo publicado de forma independiente, al margen de los grandes medios, que habían silenciado durante meses la cuestión, el veterano periodista Seymour Hersh logró, en febrero de 2023, que se produjera un cambio completo en la narrativa sobre lo ocurrido en septiembre de 2022 con las explosiones en los gasoductos Nord Stream. Ciertas o no, las acusaciones de Hersh, que apuntaba directamente a Estados Unidos, obligaron a las autoridades de los países afectados o sospechosos y a la prensa de sus países a apartar el silencio que había marcado los primeros meses de la investigación. Sorprendentemente teniendo en cuenta la rapidez con la que las autoridades europeas y ucranianas, aunque no tanto las estadounidenses, apuntaron a Moscú como mano ejecutora de un ataque que calificaron de terrorista, los grandes medios silenciaron durante meses tanto la investigación como, sobre todo, la completa ausencia de evidencias que pudiera confirmar la participación rusa.

El silencio, que siempre fue signo de que las autoridades europeas no contaban con ninguna evidencia de la culpabilidad del Kremlin, dio paso a la búsqueda de una narrativa alternativa que desmontara la versión de Hersh. Sin desvelar sus fuentes, el periodista afirmaba que fue un comando estadounidense el que, aprovechándose de unas maniobras de la OTAN, colocó, en junio de 2022, los explosivos que serían utilizados en septiembre para hacer imposible cualquier reanudación del suministro de gas ruso de forma directa de Rusia a Alemania.

Desde el momento de la publicación del artículo de Hersh, los grandes medios han optado por buscar una versión alternativa que exculpara, tanto a Estados Unidos y a su presidente Joe Biden como al jefe de Estado del país que ha resultado ser el único sospechoso: Ucrania. Desde que el artículo de Seymour Hersh obligara a la prensa a ofrecer un relato alternativo, se ha consolidado, utilizando filtraciones interesadas de los gobiernos implicados en la investigación y puede que en el propio atentado, la versión de un reducido grupo procedente de Ucrania que hizo explotar los gasoductos en una operación realizada desde el yate Andrómeda y con solo una pareja de buzos. De la visión inicial sobre la evidente participación de un actor estatal -Rusia-, se pasó a la idea de un “grupo proucraniano” que había actuado sin el conocimiento del Gobierno de Kiev. En aquel momento, se apuntaba circunstancialmente a Petro Poroshenko como posible organizador de los hechos. Sin embargo, las últimas investigaciones realizadas por un amplio grupo de medios de comunicación, entre ellos The Washington Post y Der Spiegel se retomó la idea de la mano de un actor estatal para admitir finalmente que “todas las pruebas apuntan a Ucrania”.

La culpabilidad de Ucrania tiene como contrapartida la exculpación de Estados Unidos, especialmente teniendo en cuenta que uno de los elementos más destacados de las publicaciones de los medios estadounidenses, alemanes, polacos y holandeses que desvelaron las nuevas pruebas era precisamente que la CIA había destapado una trama previa para hacer explotar el Nord Stream y actuó para paralizarla. El hecho de que la inteligencia estadounidense tuviera conocimiento de los planes y que, como admite ahora Der Spiegel, las explosiones se produjeran exactamente tal y como había destapado la inteligencia holandesa y el ataque simplemente se pospusiera tres meses no parece molestar a los medios estadounidenses que publican las nuevas revelaciones como forma de exculpar a su Gobierno.

Dando por hecha la participación de efectivos de las Fuerzas Armadas de Ucrania, el objetivo ha sido siempre desvincular de los hechos a Volodymyr Zelensky. La participación o aprobación del jefe de Estado de Ucrania en un ataque contra las infraestructuras críticas copropiedad de varios países de la OTAN, entre ellos Alemania, uno de los principales proveedores de financiación y armamento a Kiev, podría poner en peligro la estabilidad de la actual guerra proxy, incluso a pesar de la dócil postura del canciller alemán. El silencio de Olaf Scholz y la insistencia de su ministro de Defensa en aferrarse a la idea de la falsa bandera rusa muestran la sumisión de Alemania, dispuesta a ocultar un ataque contra dos gasoductos de los que es copropietaria ante la certeza de que el atentado no fue obra de uno de sus enemigos sino de sus aliados. El hecho de que no haya sido posible inculpar a Moscú ha hecho necesario también olvidar declaraciones como la de Jens Stoltenberg, que tras los atentados afirmó que “cualquier ataque deliberado contra las infraestructuras críticas de los Aliados se encontrará con una respuesta unificada y firme”. Los hechos han dejado de ser también “el resultado de actos deliberados, insensatos a irresponsables de sabotaje” que mencionaba entonces el secretario general de la OTAN.

En un momento en el que las diferencias -tácticas, no estratégicas- entre el sector vinculado a Zaluzhny y el entorno de Zelensky se visualizan en las páginas de grandes medios europeos como The Economist y la fatiga de la guerra comienza a preocupar al entorno del presidente, The Washington Post y Der Spiegel han publicado este fin de semana nuevos datos disponibles sobre lo ocurrido en el Nord Stream. Las revelaciones han de leerse en el contexto de lucha de clanes, pero también en la voluntad de buscar un chivo expiatorio al que hacer cargar con el ataque exculpando al líder ucraniano.

Los medios habían publicado ya un nombre, el soldado ucraniano Valeri K., como uno de los autores materiales del ataque. En esta ocasión, insistiendo nuevamente en que la trama se urdió, planificó y ejecutó de tal manera que Volodymyr Zelensky no tuviera ningún conocimiento, The Washington Post y Der Spiegel presentan al coronel Roman Chervinsky, de las Fuerzas de Operaciones Especiales, rama de las Fuerzas Armadas dependiente, por lo tanto, de Valery Zaluzhny. A él, como comandante en jefe y conocedor de la trama, era a quien apuntaban las anteriores revelaciones publicadas por medios alemanes y polacos.

Los dos medios que publican las actuales acusaciones contra Chervinsky le presentan como agente de la inteligencia de Ucrania, exmiembro tanto del SBU primero como del GUR después, las dos agencias de inteligencia que The Washington Post ha explicado recientemente cómo fueron reformadas y modernizadas de la mano de la CIA y como herramienta para la colaboración mutua. El titular utilizado por el medio en su artículo sobre los asesinatos selectivos en Donbass y en Rusia, “Espías ucranianos con fuertes vínculos con la CIA luchan una guerra en la sombra contra Rusia”, dejaba poco lugar a las dudas sobre la cercanía entre la inteligencia civil y militar ucraniana y la CIA.

Entre las acciones organizadas por Chervinsky se mencionan, por ejemplo, el secuestro en 2019 en la RPD de Vladimir Tsemaj, acusado del derribo del MH17 en 2014 o testigo de los hechos (las versiones son diferentes). Pese a la importancia que Kiev dio a esa captura en el momento en el que se produjo, Tsemaj no fue extraditado a La Haya ni juzgado en Ucrania sino intercambiado como prisionero de guerra. Posteriormente, el agente habría pasado de trabajar con el SBU -que en aquel momento pasó de encontrarse bajo control del Ministerio del Interior a depender directamente de la presidencia- a la inteligencia militar, dependiente del Ministerio de Defensa.

Según los medios, Chervinsky organizó también la trama con la que Ucrania intentó reclutar a soldados de Wagner, que tras hacer escala en Minsk debían de viajar a un tercer país bajo contrato falso creado por los servicios de seguridad de Ucrania. Los soldados fueron interceptados y detenidos en Minsk en un episodio confuso que, en aquel momento, terminó con su liberación y retorno a Rusia. En aquel momento, el periodista ruso Alexander Kots denunció una trama ucraniana de hacer aterrizar el avión al entrar en el espacio aéreo ucraniano para proceder a la detención de los soldados, que posteriormente serían juzgados por su participación en la guerra de Donbass. La trama se destapó por una filtración procedente de Ucrania. Chervinsky, enfrentado al círculo de Zelensky desde 2022, apunta directamente a Andriy Ermak, mano derecha de Volodymyr Zelensky, a quien acusa de espiar para Rusia.

Desde febrero de 2022, Chervinsky servía en una de las unidades de las Fuerzas de Operaciones Especiales bajo el mando del mayor general Viktor Hanushchak, considerado cercano a Valery Zaluzhny y una persona importante en la jerarquía militar ucraniana. Hanuschak había comandado la Operación de Fuerzas Conjuntas, término que sustituyó a la operación antiterrorista para definir la guerra en Donbass. En su carta a los medios que le acusan de participar en el ataque al Nord Stream, Chervinsky se jacta de haber “planeado e implementado” asesinatos selectivos de “líderes separatistas prorrusos en Ucrania”. Hace tan solo dos semanas, The Washington Post escribía precisamente sobre esos asesinatos selectivos, cometidos por unidades “fuertemente vinculadas a la inteligencia estadounidense”. Entre esos asesinatos selectivos que ahora, con cada vez más claridad se apunta al SBU como mano ejecutora, destacan tres: Arsen Pavlov, Motorola; Mijaíl Tolstij, Givi y Alexander Zajarchenko, primer líder de la RPD y firmante de los acuerdos de Minsk.

En su carta, Chervinsky niega, sin embargo, haber actuado incorrectamente en el caso por el que actualmente se encuentra detenido por cargos que considera políticos y causados por su enfrentamiento con el círculo cercano a Zelensky y Ermak. En 2022, una operación en la que supuestamente participaron el SBU y el GUR trató de hacer desertar a un piloto ruso, que aterrizaría su aeronave en un aeródromo ucraniano. Kiev acusa a Chervinsky de haber actuado al margen de las órdenes y de haber puesto en peligro el aeródromo, que efectivamente fue atacado cuando el piloto entregó al comando ruso las coordenadas en lugar de desertar. Chervinsky niega haber actuado unilateralmente.

Su situación actual, detenido por las autoridades ucranianas, su subordinación a Hanuschak, que tampoco forma ya parte de las Fuerzas de Operaciones Especiales, y finalmente a Zaluzhny, no a Zelensky, con cuyo círculo está enfrentado, hace de Chervinsky el chivo expiatorio ideal de una operación que no pudo planearse al margen de las órdenes de las altas esferas no solo militares, sino políticas y que difícilmente podía no contar, cuando menos, con la aprobación tácita de sus colaboradores de la inteligencia estadounidense o británica. Sin embargo, tanto Der Spiegel como The Washington Post, que no ponen en duda la culpabilidad ucraniana, insisten en dar por buenos los desmentidos de Zelensky y Zaluzhny.

“Soy el presidente y doy las órdenes en consecuencia”, afirmó Zelensky en junio cuando las acusaciones contra Ucrania se hicieron claras por primera vez. “Ucrania no ha hecho nada de esto. Nunca actuaría de esa manera”, añadió como recuerda Der Spiegel. Kiev continúa alegando que fue Rusia quien saboteó sus propios gasoductos y afirma no ser capaz de cometer un acto así. Sin embargo, esta misma semana, Ucrania ha amenazado a Rusia con atacar sus infraestructuras de gas y petróleo en caso de que se produzcan ataques contra las infraestructuras eléctricas ucranianas.

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Reportes del frente archivados.

Registro

noviembre 2023
L M X J V S D
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
27282930  
Follow SLAVYANGRAD.es on WordPress.com

Ingresa tu correo electrónico para seguir este Blog y recibir notificaciones de nuevas noticias.

Únete a otros 2.261 suscriptores

Últimos resúmenes del frente

Estadísticas del Blog

  • 2.516.940 hits