Entrada actual
Armas, Crimea, Diplomacia, Donbass, DPR, Ejército Ucraniano, LPR, Rusia, Ucrania, Zelensky

Ucrania negociando consigo misma

Este fin de semana se celebra en Malta una nueva cumbre de lo que Ucrania espera que sea la consolidación de su plan de paz como única vía posible para la resolución de la guerra con Rusia. El plan de Volodymyr Zelensky exige la retirada unilateral de las tropas rusas de todo el territorio de Ucrania según sus fronteras de 1991, es decir, incluyendo Crimea, como punto de partida de una hoja de ruta que prevé también un tribunal internacional para juzgar los crímenes rusos, protección de las infraestructuras energéticas ucranianas y compensación rusa por todos los daños causados por la guerra.

El plan, que exige una capitulación completa de la Federación Rusa pese a que Ucrania no está militar ni políticamente en condiciones de hacerlo, es una prueba más de que no es sino un intento de obligar a sus socios a presionar a Rusia de tal manera que no pueda continuar la guerra. La falta de realismo teniendo en cuenta que Moscú ha demostrado no ser económicamente tan débil ni encontrarse políticamente tan aislada como a Kiev le gustaría, hace de la hoja de ruta de Zelensky no es una propuesta de paz, sino de guerra. Ucrania exige a Rusia la devolución de todos los territorios, no solo aquellos capturados desde el 24 de febrero, sino también aquellos en los que Kiev niega que haya ningún conflicto civil y en los que repetidamente ha prometido a la población un duro castigo colectivo y represión política una vez recuperado su control.

A lo largo de los 20 meses desde el inicio de la intervención militar rusa, Moscú ha mostrado repetidamente su voluntad de negociar, incluso sacrificando parte de sus objetivos iniciales. En marzo de 2022, apenas un mes después de la invasión, Rusia estaba dispuesta a abandonar todos los territorios capturados desde el 24 de febrero a cambio de la neutralidad de Ucrania y la renuncia a Crimea y Donbass. La propuesta fue rechazada ya que las negociaciones se rompieron de tal manera que, desde ese momento, no ha sido posible reanudar la vía diplomática. Sin embargo, incluso en posición de debilidad tras la pérdida de los territorios de Járkov y la ciudad de Jersón, Moscú volvió a mostrarse abierta a una negociación, que fue nuevamente rechazada por Ucrania. Consciente de que sus planteamientos de exigencia de capitulación completa de Rusia y de la población que, desde hace 9 años, ha mostrado su rechazo a Kiev, en muchos casos con armas en la mano (decenas de miles de ciudadanos ucranianos han luchado o luchan en las milicias de Donbass o ahora en el ejército ruso contra las Fuerzas Armadas de Ucrania), Ucrania ha repetido activamente que Rusia no está invitada a esas cumbres en las que intenta imponer a nivel internacional un plan absolutamente inviable.

La cumbre de esta semana ha quedado completamente eclipsada tanto por la situación en el frente, donde Ucrania no está consiguiendo la posición de fuerza con la que esperaba poder presionar a Rusia, como por la situación internacional. Ucrania no es ya la única prioridad para sus aliados y se ve obligada a competir con Israel, aliado prioritario de Estados Unidos, por la asistencia militar y el protagonismo mediático. Sin ninguna posibilidad de avances hacia la paz o hacia un camino para reanudar la vía diplomática, incluso algunos países que habían aspirado a mediar entre Kiev y Moscú han renunciado a acudir a la cumbre. Es el caso de China, un golpe duro para la propaganda de Ucrania, que esperaba mostrar con estas reuniones el aislamiento político y diplomático ruso, aunque también de Brasil, que solo participará de forma telemática.

En un ejercicio de relaciones públicas que cada vez consigue menor relevancia mediática, Ucrania continuará negociando consigo misma una resolución a la guerra que ignora la realidad y el conflicto interno que hizo estallar la crisis que finalmente derivó en la guerra actual. Sin embargo, la explícita prohibición por decreto de Zelensky de negociar con el Gobierno de Vladimir Putin y el rechazo rotundo a incluir a Rusia en las discusiones sobre el plan de paz no son incompatibles con los contactos que, en la sombra, se siguen produciendo. Hace unas semanas, los medios estadounidenses confirmaban que la comunicación entre Rusia y Estados Unidos no se ha roto ni a nivel oficial ni oficioso, con contactos entre los servicios de seguridad, entre otras cosas, para garantizar que el conflicto no se extienda más allá del territorio ucraniano, posiblemente el único aspecto en el que concuerdan Washington y Moscú. Ahora, The Washington Post incide en los contactos directos e indirectos entre los dos países en guerra, unas revelaciones que únicamente confirman lo que podía reconocerse con el seguimiento diario de la guerra.

A lo largo de la guerra de Donbass, la comunicación directa incluso entre comandantes en las trincheras permitió intercambios de prisioneros y entregas de soldados heridos o fallecidos. Al margen de esos acuerdos verbales directamente en las trincheras, varias organizaciones o mediadores individuales participaron en este tipo de iniciativas. Con excompañeros luchando a ambos lados del frente, en muchos casos en posiciones de mando debido a su experiencia, jugaron un papel relevante aunque desconocido las organizaciones de veteranos de Afganistán, que engloban también a los veteranos de las guerras que se han producido en el ámbito postsoviético desde la disolución de la URSS.

La realidad de la guerra actual, mucho más amplia, intensa y peligrosa que el conflicto de Donbass, exige otro tipo de mediación, aunque permanece la necesidad de mantener ciertas vías de comunicación. No es preciso que sea un medio estadounidense quien desvele que existen negociaciones en la sombra para la realización de intercambios de prisioneros o entregas de los cuerpos de los soldados fallecidos. El caso del gran intercambio de prisioneros en el que se incluyó la entrega de los altos mandos de Azov a Turquía -acuerdo posteriormente incumplido por Recep Tayyip Erdoğan, que meses después entregó a Denis Prokopenko y resto de sus huéspedes a Volodymyr Zelensky- muestra que la comunicación no se ha roto completamente, pero también que ahora son precisos mediadores mucho más poderosos.

“Los países, ahora enemigos declarados que libran una guerra encarnizada, están consiguiendo negociar algunas cuestiones humanitarias fundamentales: el intercambio de prisioneros de guerra y cadáveres de soldados; el paso de barcos desde los puertos ucranianos del Mar Negro; y, más recientemente, la devolución de niños ucranianos desde Rusia”, explica The Washington Post. Ninguno de esos ejemplos debe sorprender.

Los intercambios de prisioneros son un interés común a ambos países, que no desean esperar al final del conflicto, tal y como lo prevén las leyes de la guerra como obligación de las partes, para el retorno de sus soldados, a los que necesitan en el frente. “Los intercambios de prisioneros, así como los de cuerpos de soldados muertos, se realizan fundamentalmente en la región de Sumi, en el noreste de Ucrania, la única parte de la frontera rusoucraniana en la que las fuerzas rusas no tratan activamente de avanzar”, afirma el artículo, que añade incluso la periodicidad con la que se producen estos contactos directos en los que las autoridades rusas y ucranianas observan mientras el Comité Internacional de Cruz Roja dirige el intercambio. “Más o menos dos veces al mes, furgonetas refrigeradas llenas de cuerpos son conducidas a la frontera por personal de los servicios de emergencia de Rusia y Ucrania, que descargan unos cuerpos y vuelven a cargar otros”, explica. La periodicidad da cuenta del continuo y posiblemente muy elevado nivel de bajas.

El caso de los escasos buques que ahora transitan por el mar Negro es también un ejemplo evidente: ninguna empresa arriesgaría sus buques ni su personal de no existir unas mínimas garantías de seguridad. Rusia no ha atacado a ninguno de esos barcos. Finalmente, se conocen ya casos de entrega de niños evacuados de la zona en guerra que han sido entregados a sus familiares ucranianos con mediación internacional, algo que, según el artículo, se produce a través de la frontera entre Ucrania y Bielorrusia, más segura que la rusoucraniana, ahora “de forma semirregular”.

The Washington Post menciona como mediadores en estos aspectos en los que aún es posible dialogar a Cruz Roja -evidentemente en el caso de los intercambios de prisioneros-, Turquía, Emiratos Árabes, Qatar y Arabia Saudí. Todos ellos son ,de una forma u otra, países aliados de Estados Unidos, pero se han desmarcado del discurso oficial de Washington y Bruselas, lo que les capacita para la labor de contacto entre los dos países, que generalmente se refiere, según el medio estadounidense, a aquellas cuestiones que Rusia y Ucrania no han podido resolver directamente. Esa es precisamente la principal revelación del artículo: la confirmación de que el diálogo directo entre Kiev y Moscú se mantiene, en ocasiones sin necesidad siquiera de la mediación de otros países u organizaciones internacionales. “Se han producido algunos encuentros publicitados entre oficiales ucranianos y rusos en Estambul, pero las conversaciones generalmente no se anuncian y el número total es desconocido”, indica el medio, que cita a Mijailo Podolyak afirmando que “si no podemos hacerlo nosotros mismos, lo arreglamos”. Solo en ese caso, es precisa la participación de mediadores externos.

La conclusión es clara: existe comunicación directa e indirecta entre Rusia y Ucrania, capaces de tratar temas económicos, gestionar intercambios de prisioneros y entrega de soldados fallecidos y también de lidiar con cuestiones mucho más delicadas como el retorno de niños a sus familias. Eso excluye únicamente a las cuestiones políticas de los temas sobre los que es posible dialogar. Para The Washington Post, que se basa exclusivamente en fuentes ucranianas para su artículo, “teniendo en cuenta el brutal intento de Rusia de derrocar al Gobierno de Ucrania y robar su territorio, ha habido poco margen de negociación para parar la guerra”. El medio prefiere olvidar que fue Ucrania y no Rusia quien utilizó las negociaciones para ganar tiempo y finalmente rechazar cualquier acuerdo y posteriormente prohibió la reanudación del diálogo. Todo ello con la explícita aprobación de los aliados de Ucrania -personas como Gerhard Schroeder o Boris Johnson van más allá y afirman que el rechazo al acuerdo partió de los países occidentales- y con la consecuencia de abocar el conflicto a una lucha eterna que continúa y en la que no hay un final a la vista. Para Ucrania es, sin duda, mucho más cómodo seguir negociando consigo misma y en presencia de sus aliados en lugar de buscar una vía de resolución del conflicto.

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Reportes del frente archivados.

Registro

octubre 2023
L M X J V S D
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031  
Follow SLAVYANGRAD.es on WordPress.com

Ingresa tu correo electrónico para seguir este Blog y recibir notificaciones de nuevas noticias.

Únete a otros 2.261 suscriptores

Últimos resúmenes del frente

Estadísticas del Blog

  • 2.516.947 hits