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Contradicciones: los hechos y el discurso

Las contradicciones son parte integral de la guerra, que exige la presentación de una narrativa que no siempre puede sostenerse sobre las realidades marcadas por la situación en el frente. Esta constante afecta, aunque de formas diferentes, a todos los bandos en conflicto, necesitados de equilibrar los altibajos y las noticias negativas del conflicto, con la necesidad de presentar una visión lo suficientemente optimista para evitar la pérdida de credibilidad ante la población. Esta guerra, como todas las anteriores, continúa plagada de este tipo de contradicciones inherentes a la contienda y que afectan tanto a Rusia como a Ucrania, que en diferentes momentos de complicaciones extremas para sus tropas han utilizado el lema de “todo va según el plan”.

Ayer, medios occidentales informaban de que Rusia alegaba haber destruido dos drones ucranianos en las costas del mar Negro, a lo que añadían el comentario sobre la contradicción que suponía este ataque con las declaraciones sobre la derrota de la contraofensiva ucraniana. “Esta noticia llega después de que el representante de Rusia ante Naciones Unidas, Vasili Nebenzia, asegurara este viernes que, tras una serie de operaciones rusas en el frente ucraniano en las últimas jornadas, se podía dar por “completada” la tan comentada ofensiva ucraniana”, escribía Europa Press. Al margen de la escasa precisión en el resumen de la intervención de Nebenzia, la realidad de la guerra indica que la contradicción entre ambas noticias es mínima. Más de cuatro meses después del inicio de la contraofensiva que iba a cambiarlo todo, los avances ucranianos son, como admiten incluso los medios occidentales, tremendamente limitados. No hace falta apelar a las declaraciones rusas para comprender que Ucrania no ha alcanzado ninguno de sus objetivos y, aunque la contraofensiva continúa y lo hará a lo largo del invierno si hay que creer a representantes como Kiril Budanov, no es de esperar que alcance el mínimo resultado relevante que sería asediar Melitopol.

Aun así, y pese al discurso, Rusia es consciente de que el peligro procedente de Ucrania no se limita únicamente a la contraofensiva en el frente de Zaporozhie. Como muestran tanto los actos como las palabras de las autoridades ucranianas, que no han escondido que buscan hacerse con misiles de crucero para atacar las infraestructuras rusas en la retaguardia, especialmente en Crimea, las operaciones terrestres en la parte central de la línea de contacto son solo una parte de esta guerra. Porque frente a la incapacidad, al menos hasta ahora, de romper el frente de Zaporozhie, Ucrania ha logrado atacar la ciudad de Sebastopol, poner a la flota del mar Negro en suficiente peligro como para que sea retirada a puertos de la Rusia continental y, como demostró ayer, aspira a atacar la costa rusa hasta sus lugares más lejanos. Uno de los drones derribados ayer, por ejemplo, trataba de atacar en los alrededores de la ciudad de Sochi, prácticamente fronteriza con Abjasia. La contradicción entre la derrota, al menos momentánea, de la ofensiva ucraniana en Zaporozhie y el peligro que sigue suponiendo Ucrania se manifiesta también en el contraste entre el discurso y el trabajo sobre el terreno. De esta forma, mientras las autoridades rusas buscan reafirmar su posición argumentando, basándose en la realidad de la falta de avances ucranianos, que sus líneas de defensa se han mantenido y Ucrania no ha logrado sus objetivos, aumentan los preparativos en la región de Jersón ante el temor a una posible operación ucraniana para forzar el río Dniéper.

En la guerra, no solo los bandos en conflicto caen en contradicciones, sino que lo hace también la prensa, capaz de criticar o ridiculizar a Rusia por dar por fracasada la ofensiva tras cuatro meses intentando romper el frente principal, pero dispuesta a dar por derrotada la ofensiva rusa sobre Avdeevka apenas dos días después de los primeros movimientos. Como muestran, confirmando algo que ya se conocía, las imágenes de las posiciones ucranianas asaltadas por las tropas rusas en los alrededores de Avdeevka, esta zona del frente cuenta con algunas de las más sofisticadas fortificaciones, fruto de ocho años de guerra de trincheras. Muros reforzados, cámaras de vigilancia y detectores de movimiento son algunos de los detalles que han podido verse en las imágenes distribuidas, un aspecto más de una batalla que solo puede ser dura y que se encuentra aún en una fase iniciática de aproximación. No ha habido un asalto frontal repelido que pudiera ser confundido con una derrota. Avdeevka, desde donde las tropas ucranianas cuentan con posiciones privilegiadas para bombardear Donetsk, es un emplace demasiado importante como para que Ucrania no luche hasta el final, por lo que no debe darse por hecho que Rusia vaya a lograr capturarla en un futuro a corto plazo. Eso sí, tampoco debe darse por finalizada de forma prematura, especialmente cuando se encuentra aún en su punto de salida. Pero la vara de medir éxitos y fracasos a nivel mediático no es la misma para Rusia que para Ucrania.

El hecho de que Rusia haya optado finalmente por tratar de asediar Avdeevka, uno de los puntos más preparados para la defensa, es en sí un dato relevante que muestra que las autoridades rusas tienen más confianza en el uso de aviación en la primera línea del frente y también en su capacidad ofensiva, aunque sea solo a nivel local y no en forma de grandes operaciones. La seguridad absoluta en el frente no existe y Ucrania se está viendo ahora en la posición de tener que defender los lugares más reforzados para la defensa de toda la línea del frente.

Sin embargo, ni la falta de avances en el frente principal ni la difícil situación de sus tropas en Donbass es suficiente para cambiar el discurso, que sigue cayendo en su contradicción habitual de presentarse en posición de dictar los términos tanto en el presente como en el futuro. Así lo ha demostrado nuevamente Dmitro Kuleba con sus últimas declaraciones. En una entrevista concedida esta semana, el ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania ha reafirmado la negativa de Kiev a toda posibilidad de negociación mientras no se cumplan las condiciones exigidas por Volodymyr Zelensky. Es decir, el Gobierno ucraniano insiste en negar todo diálogo con Rusia mientras las tropas rusas no hayan abandonado todos y cada uno de los territorios de Ucrania según sus fronteras de 1991, una postura escasamente realista teniendo en cuenta que la presión militar no ha conseguido, como los aliados de Kiev esperaban, poner a Rusia contra las cuerdas. La contradicción entre el discurso y la realidad toma forma en este caso en la negativa a negociar incluso aunque se hubieran cumplido esas condiciones. La retirada rusa, afirmó Kuleba hablando en futuro del indicativo, ni siquiera como conjetura sino presentándolo como la realidad del mañana, “no significará que Ucrania consienta automáticamente a las negociaciones”. Aprovechándose del desinterés occidental por el proceso de Minsk, Kuleba añadió que “Rusia nos ha engañado a nosotros, a los europeos y a los americanos demasiadas veces como para creerles la primera palabra o el primer paso”. El precedente de negociación en esta guerra apunta al conflicto de Donbass, que Kiev mantuvo activo artificialmente para evitar tener que implementar el único acuerdo de paz existente y que nunca tuvo intención de cumplir. Durante todo el proceso, los gobiernos ucranianos culparon a Moscú, sin recibir ningún reproche de sus socios por la manipulación y la mentira.

Como entonces, la base del discurso de Kuleba es la certeza de contar con el apoyo incondicional de sus socios y aliados, especialmente de la Unión Europea, a la que también apeló el ministro. “Los europeos entienden que esto va de ellos también. Será el final de la Unión Europea si Ucrania pierde”, insistió Kuleba en sus declaraciones a Forbes a pesar de que no hay argumento racional posible que justifique este discurso. Aun así, Kuleba siente la confianza que suponen para Ucrania las constantes declaraciones de representantes de la Unión Europea sobre la necesidad de apoyar a Ucrania “mientras sea necesario”. “Así lo ha expresado el Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, y sus ministros”, aseguró Kuleba sin pararse a pensar en lo vacío de esa frase. Es más, según un análisis de Russia Matters, web vinculada a Harvard, solo una pequeña proporción de ocasiones en las que representantes occidentales han utilizado la expresión “mientras sea necesario” han venido acompañadas de una explicación sobre el resultado esperado. Mario Draghi lo utilizó en términos de la recuperación de la integridad territorial de Ucrania, aunque lo hizo en un momento en el que Crimea parecía quedar al margen de la actual guerra. Más clara en su voluntad de apoyar a Ucrania hasta el final, la primera ministra de Lituania vinculó la asistencia a la derrota de Rusia, como Joe Biden ha hecho en varias ocasiones. Pero incluso ahí, el término victoria continúa sin ser definido, especialmente teniendo en cuenta que una parte de la administración Biden cree inviable e incluso peligroso el intento de Ucrania de recuperar Crimea, cuyo control es la verdadera línea roja para Rusia. Más representativas son las palabras de Jens Stoltenberg, que esta misma semana ha vinculado la fortaleza militar de Ucrania con su posición en la mesa de negociación.

El “mientras sea necesario” de la OTAN, al contrario que el de Ucrania, es consciente de que la guerra acabará, antes o después, en una negociación. En un conflicto en el que todo indica que el resultado se dirige hacia un final no concluyente, y que por tanto precisará de un diálogo, el mientras sea necesario de algunos de los aliados de Ucrania, contradiciendo activamente a su proxy de Kiev, parece implicar un diálogo con Rusia. Es más, colocar a Ucrania en una posición de fuerza, no la completa victoria militar, era el objetivo real de la actual contraofensiva. Pero la contradicción entre la teoría y sus resultados no es suficiente para que Ucrania cambie el discurso o rebaje sus expectativas. Kiev seguirá buscando que el apoyo continúe mientras Ucrania lo siga considerando necesario.

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