Pese al anuncio del entorno de Zelensky durante la visita del presidente ucraniano a Washington, Estados Unidos no ha dado aún el paso de prometer a Ucrania la entrega de los misiles de crucero que lleva meses exigiendo y con los que busca minar las capacidades militares rusas atacando bases militares e infraestructuras de la retaguardia, especialmente las de Crimea. Sin embargo, ayer Ukrainska Pravda recogía con esperanza las palabras de John Kirby, que confirmaba que la decisión de entregar ATACAMS estadounidenses no ha sido descartada. Las declaraciones del coordinador de comunicación estratégica del Consejo de Seguridad de Estados Unidos contrastan con las de Jake Sullivan, que, como recuerda el artículo, había afirmado que tanto el presidente Biden como el Pentágono se han negado desde hace tiempo a esas entregas. El argumento mencionado por Sullivan, que no recoge el medio ucraniano, se basa en el peligro de escalada, puede que incluso nuclear, que podría suponer proveer a Ucrania con armas con las que atacar Crimea tal y como Kiev desea hacerlo.
En su rueda de prensa, Kirby se refirió a la adaptación que supone la guerra, que en cada fase requiere de un armamento diferente. Ese es precisamente el argumento que Ucrania utiliza para exigir los misiles de largo alcance. En su intento fallido de avanzar desde Zaporozhie hacia Melitopol, Kiev requiere armamento para impedir a Rusia seguir luchando. Es ahora cuando precisa de esos misiles para compensar en forma de destrucción de la retaguardia sus dificultades en el frente. Al margen del excesivo optimismo sobre el efecto que los misiles occidentales supondrían en Crimea, es destacable que claramente difieran los objetivos tácticos de Estados Unidos y Ucrania. Eso explica por qué la entrega de ese armamento se ha demorado tantos meses y que Kirby tenga que desmentir que las entregas se hayan descartado. Washington está interesado en la continuación de la guerra en busca de su objetivo de desgastar al máximo a Rusia, pero no en una escalada que no pueda controlar, ya sea por desborde de la guerra más allá de Ucrania o por cruzar una línea roja que provoque un punto de no retorno hacia el uso de armas nucleares.
Como otros medios ucranianos, Ukrainska Pravda se ha quedado con el mensaje de esperanza que supone para Ucrania la posibilidad de recibir una de las armas por las que lleva un año suplicando. Sin embargo, obvia la segunda idea planteada por Kirby en la misma rueda de prensa y que es mucho más incierta para Kiev. “No se puede empezar a planificar apoyo a largo plazo si estás al final de la cuerda. Y en lo que respecta a la financiación de Ucrania, estamos llegando al final de la cuerda”, afirmó Kirby en un mensaje que ha sido recogido con esperanza por una parte de los medios rusos y también por quienes defienden que alargar la guerra a base de más flujo de armamento solo puede llevar a más destrucción y más muerte sin posibilidad de una victoria militar para Kiev. “Hoy hemos anunciado 200 millones de dólares y continuaremos ayudando a Ucrania en la medida que podamos, pero no será indefinidamente”, sentenció el portavoz de la Seguridad Nacional estadounidense.
El mensaje de Kirby, cuyo cargo y experiencia a la hora de transmitir los mensajes oficiales indican que no hay duda de que se trata de la postura de la administración Biden, no de una opinión personal, parece claro: la idea de que Ucrania será una prioridad para Estados Unidos de forma indefinida es errónea y Washington no siempre será capaz de suministrar a Kiev lo que exige. Es ese el subtexto que han querido ver quienes se muestran partidarios del compromiso para concluir la guerra y también aquellos que anticipan, ya sea por temor o por esperanza, que Ucrania sea abandonada por Estados Unidos. Al igual que el punto de vista de los medios progubernamentales ucranianos, que se han quedado únicamente con el mensaje que han podido considerar optimista, se trata de una interpretación errónea de las palabras de Kirby y del contexto en el que se producen.
La situación en Oriente Medio, la necesidad que parece tener Estados Unidos de mostrar su apoyo a Israel a base de suministrarle armas -no las necesita teniendo en cuenta que no se enfrenta a un ejército sino a una milicia cuyo territorio está, además, completamente sitiado- y las tensiones en otras partes del mundo han hecho que Ucrania no sea ya el único escenario geopolíticamente prioritario para Washington. Esta semana, Estados Unidos ha movilizado, a modo de demostración de fuerza militar, a dos portaaviones: uno de ellos al Mediterráneo oriental para mostrar su apoyo a Israel y otro a la península de Corea como amenaza a Kim Jong Un y su acercamiento a Rusia. Estados Unidos no busca reducir tensiones, sino involucrarse aún más en los diferentes conflictos internacionales, activos o latentes.
La idea es también aplicable a Ucrania, donde como han repetido ya numerosos think-tankers, analistas, políticos y periodistas, Estados Unidos está logrando sus objetivos sin necesidad de implicar a sus fuerzas armadas y simplemente en su papel de proveedor. Sin embargo, es ahí donde surgen los problemas. La intensidad de la guerra de Ucrania, muy superior a todas las libradas por los países de la OTAN en las últimas décadas, no solo implica comprometer las reservas de los ejércitos occidentales y la necesidad de aumentar la producción militar, sino un esfuerzo económico que no siempre será rentable, especialmente si no hay resultados tangibles.
Sin embargo, ni los comentarios de Kirby ni la competencia evidente que supone para Ucrania la guerra de Israel en Gaza implican ningún cambio real en la postura de Estados Unidos sino que refleja la realidad en la que se encuentra actualmente la administración Biden. Estados Unidos no afirma que se esté acabando su capacidad de ofrecer asistencia, ni siquiera su paciencia con su proxy de Kiev, sino que busca urgentemente añadir más financiación para los fondos, cuya asignación sí está en peligro de acabarse.
“Cuanto antes haya un presidente del Congreso, obviamente, más cómodos estaremos en términos de nuestras capacidades de apoyar a Israel y Ucrania ahora mismo”, afirmó Kirby en la parte del discurso que no se ha resaltado tanto en los medios de comunicación. Al igual que el Partido Republicano, que está utilizando políticamente su capacidad de utilizar el bloqueo de la asistencia militar a Ucrania como herramienta contra el Gobierno, la administración Biden aprovecha la circunstancia para hacer ver que el statu quo peligra y presionar así al ala no trumpista de la oposición para lograr sus objetivos. “Debido a las apropiaciones y autorizaciones existentes, ha salido bien. Pero eso no va a durar para siempre. Creo que, a corto plazo, ahora mismo, podemos continuar el apoyo, con las apropiaciones y autorizaciones que tenemos, a Israel y Ucrania. Pero, sabe, realmente nos estamos quedando sin pista de despegue”, advirtió dejando aún más claro el mensaje. La administración Biden no busca limitar la asistencia a Ucrania sino librar una lucha en la que presentar al Partido Republicano como el único obstáculo para continuar el suministro a dos aliados que necesitan del apoyo de la nación indispensable.
Más importantes que las palabras, los actos muestran también el uso político de la amenaza de no disponer de los fondos necesarios para proveer de asistencia a los aliados. En las últimas horas, varios medios han publicado la intención de Estados Unidos de vincular los fondos de apropiación que busca la administración Biden para Ucrania a los de Israel, un paquete que los Republicanos jamás podrían bloquear. Ucrania ha sido a lo largo del último año la principal prioridad geopolítica y militar para Estados Unidos, pero Israel sigue siendo más importante para el consenso bipartidista de Washington. Intentar vincular la asistencia militar a ambos países indica que, pese a las dificultades actuales, la intención de la administración Biden es lograr los fondos necesarios para financiar a Ucrania al menos hasta la finalización de la actual legislatura. Eso daría a Ucrania un año entero para mostrar a sus socios -y puede que a una hipotética administración republicana entrante- su utilidad contra Rusia. Los cambios solo pueden producirse a largo plazo y será la capacidad de Ucrania de conseguir objetivos militares la que determine cuánto tiempo se mantenga el flujo de asistencia militar.
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