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Armas, Ejército Ucraniano, Estados Unidos, OTAN, Rusia, Ucrania

Preparando el invierno

Volodymyr Zelensky visitó ayer por primera vez desde el inicio de la guerra rusoucraniana la sede de la organización a la que el establishment político del país aspira desde 2014, la OTAN. La aparición de Zelensky y el discurso con el que defendió la postura de Ucrania son un buen termómetro para observar el estado actual de la guerra y, sobre todo, las intenciones y previsiones de Kiev y sus aliados con respecto a los próximos meses. Todo tipo de representantes ucranianos, empezando por Kirilo Budanov, jefe de la inteligencia militar, han afirmado ya que, al contrario que hace un año, en esta ocasión las operaciones ofensivas de Ucrania no se detendrán a causa del invierno. Así lo repitió también ayer el jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, Charles Brown. Sin embargo, como ya pudo comprobarse en 2022, las condiciones meteorológicas son un factor que condiciona notablemente la forma en la que la guerra puede desarrollarse. De ahí que el general invierno fuera uno de los temas relevantes en la cumbre del “grupo de Ramstein”, el colectivo de medio centenar de países que apoyan militar, económica y financieramente a Ucrania en la guerra común contra Rusia.

Tanto en su aparición en la sede de la OTAN ayer como en su presencia mediática de los últimos días, Zelensky ha destacado dos aspectos que posiblemente vayan a convertirse en la base del discurso ucraniano para las próximas semanas: el intento de vincular la situación en Ucrania con la de Oriente Medio y la llegada del invierno. En ambos casos, Ucrania busca simplemente lo que siempre ha perseguido: mantener el apoyo incondicional de sus socios y el suministro continuo de armamento, munición y financiación. Desde el pasado sábado, primero con algo de sutileza y posteriormente de forma explícita, Ucrania ha tratado de aprovecharse de la guerra en Gaza tanto para lograr más apoyo de sus socios como para intentar impedir que la atención que requiere actualmente la situación en Oriente Medio no suponga una pérdida de protagonismo y presencia mediática de Ucrania. De ahí el interés mostrado ayer por Zelensky de viajar a Israel para «mostrar su apoyo». No se trata únicamente de la vanidad de quienes esperan permanecer eternamente en los titulares de la primera página, sino del nerviosismo que causa en Kiev la aparición de un conflicto que pueda relegar a Ucrania a puestos secundarios de la agenda política internacional, especialmente la estadounidense, donde Israel siempre va a ser más importante que un país postsoviético por el que hace menos de dos años había escaso interés mediático.

La estrategia de Ucrania para mantenerse en la conversación mediática no pasa actualmente por generar éxitos en el frente, donde las tropas de Kiev siguen sin lograr ningún éxito mínimamente relevante, sino por crear un discurso en el que su país sea central a pesar de los acontecimientos que se están produciendo en Gaza o quizá incluso debido a ellos. Las autoridades ucranianas han presentado un discurso que carece de toda coherencia, pero que es perfectamente asumible por sus socios y por la prensa occidental, dispuesta a cerrar los ojos ante las flagrantes contradicciones de la narrativa. Miajilo Podolyak presentó la idea de la guerra global contra la democracia y los valores establecidos que Zelensky ha introducido también como base de su discurso actual. Ayer, el presidente ucraniano insistía en vincular a Hamas con Vladimir Putin, aunque el presidente ucraniano no aportaba ningún dato con el que sustentar su acusación. Ucrania no ha presentado aún esos datos de los que dice disponer y que “claramente prueban que Rusia está interesada en incitar una guerra en Oriente Medio”. Es lo que el presidente ucraniano afirmaba este lunes para añadir que el objetivo es “crear una nueva fuente de dolor y sufrimiento que erosione la unidad global y exacerbe las fracturas y controversias, ayudando a Rusia a destruir la libertad en Europa”.

Para la propaganda ucraniana resulta irrelevante que no haga falta la intervención de Vladimir Putin para que exista un conflicto en Oriente Medio ni para romper la inexistente unidad global. No hace falta tampoco explicar la incoherencia entre la retórica anticolonial y contra el ocupante, base de la narrativa con la que Ucrania exige a sus socios apoyo incondicional hasta lograr recuperar sus fronteras de 1991, con su férrea identificación con Israel, potencia ocupante, y con la demonización de la lucha palestina contra la ocupación. En este sentido, la postura de Kiev sí es coherente con su actuación en el pasado. Israel siempre ha sido un referente para Ucrania tanto en su relación con Estados Unidos -Israel es uno de los países más subvencionados militarmente por Washington- como en su tratamiento de las minorías indeseadas. Kiev y Tel Aviv coinciden en desear el control de ciertos territorios -en el caso de Ucrania contra la opinión de la población pero técnicamente dentro de sus fronteras reconocidas- en los que animan a la población a marcharse. En las últimas horas, Israel ha llamado a la población de Gaza a marcharse a Egipto por el puesto de Rafah, que posteriormente ha bombardeado. De forma similar pero en un contexto mucho menos dramático, antes incluso de que las tropas rusas entraran en la guerra, el presidente ucraniano ya había sugerido a quienes en Ucrania se sintieran rusos en lugar de Ucranianos, que se mudaran a Rusia. En el último año y medio, las amenazas a la población de Crimea y las sugerencias a autodeportarse a través del puente de Kerch han sido periódicas y han procedido de altos cargos del Gobierno ucraniano.

Con escasa coherencia en el discurso, pero de forma efectiva, ya que coincide con la narrativa occidental, Ucrania busca presentarse como el ejemplo de qué hacer que pueda servir a Israel, que en realidad cuenta con décadas de experiencia y no precisa de apoyo ni asistencia de Kiev. Aunque son conscientes de que la guerra en su actual formato -sin convertirse en una guerra abierta en términos regionales- no va a hacer peligrar la asistencia militar estadounidense, las autoridades ucranianas siguen precisando de la atención mediática que ha garantizado hasta ahora que las exigencias políticas de Kiev sean consideradas una prioridad. Sin esa atención mediática, sería mucho más difícil para Ucrania presionar a sus aliados más allá de lo que están dispuestos a ofrecer. La intervención mediática fue clave, por ejemplo, a la hora de presionar a Alemania para aumentar su asistencia militar e incluir en ella los tanques Leopard. Si Ucrania aspira a lograr el envío de misiles ATACMS o Taurus y a recibir los esperados F16 lo antes posible, precisa de la capacidad de presión que le otorga el protagonismo mediático.

La cuestión de Israel y la guerra global contra el orden internacional basado en reglas fue ayer uno de los argumentos más repetidos por Ucrania, aunque no el único. La segunda parte del razonamiento de Zelensky volvió a su línea habitual de exigir armamento. “Tenemos que defendernos cada día y defendernos a nosotros mismos”, afirmó Zelensky. “Esto no va solo de la contraofensiva. La contraofensiva es en una dirección, pero además te tienes que defender porque Rusia se está enfrentando a ti, un gran ejército de estos terroristas”, añadió sintetizando las dos ideas.

Los socios de Ucrania respondieron a la preocupación ucraniana recordando que Ucrania es una prioridad y anunciando nuevos paquetes de armamento. Esos anuncios no contenían ni los misiles ATACMS ni Taurus que exige Kiev, aunque sí la otra gran petición: más munición para los sistemas de defensa antiaérea. La insistencia en misiles de largo alcance y defensas contra los misiles rusos indican los objetivos de Ucrania en los próximos meses. No hay ni ha habido en los últimos meses en la lista de prioridades material para la ofensiva terrestre o equipamiento para tratar de forzar el Dniéper, lo que indica que Kiev es consciente de las dificultades que tendrá para continuar la ofensiva en el periodo invernal. El objetivo de la insistencia en obtener misiles de crucero: utilizar el periodo de dificultades para avanzar en el frente para atacar las infraestructuras rusas en la retaguardia y causar el máximo daño posible en lugares como Crimea.

Esas exigencias, unidas a las palabras de Stoltenberg sobre la necesidad de continuar las entregas de armamento, especialmente para las defensas antiaéreas, indican que Ucrania espera un invierno similar al de hace un año. “No hay evidencia de que Putin haya cesado en sus ambiciones en el país, Rusia ha aumentado los ataques contra las infraestructuras críticas y se está preparando otra vez para usar el invierno como arma de guerra”. En realidad, aunque la actividad rusa ha aumentado, esta se ha limitado a objetivos militares y no ha habido por el momento ataques contra centrales eléctricas como ocurrió hace un año. Aun así, el argumento sigue siendo válido para Stoltenberg. “Así que debemos continuar aumentando y sosteniendo el flujo constante de armamento y munición para Ucrania. Cuanto más fuerte sea Ucrania en el campo de batalla, más fuerte será en la mesa de negociación y antes acabará la guerra”, afirmó Stoltenberg, repitiendo nuevamente la idea de fortaleza militar para alcanzar los objetivos políticos.

Sin embargo, sin grandes resultados de avances territoriales en la contraofensiva, ese argumento occidental de lograr que Ucrania acabara el año en una posición de fuerza para obligar a Moscú a aceptar el diktat de Kiev parecen alejarse. El nerviosismo que han causado en el Gobierno ucraniano los cambios que se han producido recientemente -las dificultades de Joe Biden para lograr más financiación para Ucrania según los plazos previstos y la nueva guerra en el Mediterráneo oriental- muestran que, pese al discurso de unidad y de victoria, la realidad manda y Ucrania es consciente de su situación y de sus necesidades. En lo político, en este momento esas necesidades pasan por mantener la atención mediática, seguir presentándose como un socio insustituible en una guerra global contra el terrorismo y el autoritarismo. En lo militar, el objetivo parece ser preparase para lo que anticipa como una guerra de misiles durante los meses de invierno.

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