Acto a favor de la Alemania nazi en Berezhan, 1942
Han pasado apenas algunos días del polémico homenaje de la Cámara de los Comunes de Canadá al miembro de una unidad ucraniana de las SS, Yaroslav Hunka (Ярослав Гунька), y la posterior dimisión del speaker Anthony Rota. Sin embargo, han aparecido ya los primeros intentos de recuperar la legitimidad perdida para los veteranos combatientes ucranianos, incluso los más contaminados por su pasado nazi, como es el caso de Hunka y de todos sus compañeros de armas de la 14. Waffen-Grenadier-Division de las SS, más conocida como Galizien Division (División Galizia).
El más llamativo intento en esa dirección ha sido el artículo de Keir Giles publicado por Politico. Según el autor, la fuente de indignación masiva surgiría del alistamiento de Hunka “en una de las legiones extranjeras de las Waffen-SS, que luchaban contra las fuerzas soviéticas en el frente oriental de Alemania”. Para Giles, sin embargo, se trata de un asunto complicado y muy matizable “porque luchar contra la URSS en ese momento no necesariamente te convertía en un nazi, simplemente en alguien que tenía una elección insoportable sobre cuál de estos dos regímenes terroristas resistir”.
La cuestión principal, sin embargo, no se relaciona con la difícil elección de aquellos supuestos heroicos defensores de la libertad de Ucrania en un contexto condicionado por el conflicto entre la Alemania nazi, esa “nación occidental civilizada” cuna de los “místicos caballeros germánicos”, según Hunka, y la odiada Unión Soviética de Stalin y sus “enemigos del pueblo”.
Quienes, como Gilles, alegan que “luchar contra la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial no significa necesariamente ser nazi”, disculpan a las personas como Hunka amparándose en la ocupación soviética de 1939. Otros expertos añaden incluso el argumento de Holodomor, pese a que los lugares en los que el fascismo ucraniano se alió con la ocupación alemana formaban parte de Polonia en los años de hambruna y no la padecieron. Fue ahí, en las zonas ucranianas que habían formado parte de Polonia y no de la Unión Soviética, donde se hicieron fuertes los grupos nacionalistas que se inspiraron en el fascismo de la Europa de entreguerras y dieron la mano a la Alemania nazi. De ahí que pueda verse como lógico que los militantes nacionalistas reaccionaran con alegría ante la ocupación alemana de 1941 dado que el nacionalismo ucraniano de la Galizia polaca era una de las principales fuerzas opuestas al régimen soviético.
En abstracto, puede también asumirse que un joven entre los 16 y los 18 años pudiera sentir, en lo personal, que entre 1941 y 1943, bajo esa ocupación, hubiera vivido los mejores años de su vida, tal y como los describe Hunka en el texto que dedica a su generación: En 1941, “Justo acababa de cumplir 16 años y los siguientes dos años fueron los más felices de mi vida. No tenía idea de que lo vivido en esos dos años me llenaría de amor por mi ciudad natal de tal manera que sería suficiente para mí para el resto de mi vida. Entonces no sabía que los sueños sobre esos dos años, sobre la compañía de chicas encantadoras, sobre amigos alegres y descuidados, sobre veladas fragantes en el lujoso parque del castillo y paseos por la ciudad me ayudarían a superar los tiempos de ansiedad de los años siguientes. Que los recuerdos del instituto de Berezhany en el antiguo ayuntamiento, con sus profesores y con sus estudiantes cada vez más alegres y ruidosos, sostendrían mi corazón y mi alma en tierra extranjera en las siguientes décadas”.
Pero, por muy dura que hubiera sido la administración estalinista de 1939-1941 para los nacionalistas polacos y ucranianos, o para las elites económicas de Berezhan, incluida la judía, no es posible caracterizar la hermandad militar ucraniana de las Waffen SS en el contexto del Holocausto como un acto de apuesta por la libertad nacional frente al totalitarismo cuando se profundiza mínimamente en el sentido de la alianza entre las fuerzas ucranianas de la División Galizien y el nazismo. Esa alianza pretendía hacer realidad el modelo de independencia ucraniana al que aspiraban la OUN y otras fuerzas nacionalistas en la Ucrania de los años 30 y 40, un modelo en el que grupos enteros de población no estaban invitados a participar, no ya únicamente comunistas y moscovitas, “esas bestias con forma humana”, según Hunka, sino la población judía en general, no solo aquella situada en la esfera de apoyo al bolchevismo.
La liquidación de la población judía residente en Berezhan: 4 de julio de 1941 al 12 de junio de 1943
Es precisamente el Holocausto el factor que es necesario introducir para entender los sucesos que ocurrieron durante los dos maravillosos años de los que habla Hunka al recordar su idealizada localidad de Berezhan (Berezhany en ucraniano y Brzezany en polaco). Estos sucesos han sido relatados con precisión por algunas fuentes, por ejemplo en el estudio de Arne Bewersdorf sobre Hans-Adolf Asbach, máximo representante de la administración nazi en Berezhan; o en el libro de Shimon Redlich, Together and Apart in Brzezany: Poles, Jews, and Ukrainians, 1919-1945. El trabajo de Redlich constituye, precisamente, la referencia básica del contenido de la parte del Volumen II de la Enciclopedia de Campos y Ghettos, 1933-1945 en la que se hace referencia al Holocausto en Berezhan.
Según nos señalan las fuentes, antes de los sucesos del periodo 1939-1941, Berezhan era una localidad de alrededor de 13.000 habitantes, de mayoría polaca y judía (42,2% de personas de etnia polaca por 35,5% judía y 22,3% ucraniana). Alrededor de tres cuartas partes del comercio estaba en manos de la comunidad judía, con la población polaca más claramente asociada al mundo militar y administrativo. El entorno rural de la pequeña ciudad, en cambio, era de mayoría ucraniana, con un 60% de campesinos ucranianos por un 30% de polacos.
Tras la ocupación alemana de Polonia y la anexión de la Galizia polaca en la Unión Soviética, sin embargo, miles de refugiados, sobre todo judíos, que huían del avance nazi se establecieron en Berezhan y se convirtieron en una parte importante de la población judía local. A ellos se unió la población alemana, tanto del Reich como Volksdeutsch (alemanes étnicos de la zona), que se concentró en la ciudad. Algunas fuentes llegan a situar la población del Berezhan bajo ocupación alemana en unos 20.000 habitantes.
Las primeras unidades de la Wehrmacht entraron en la ciudad el 4 de julio de 1941. Mientras los militantes ucranianos, con sus banderas amarillas y azules con el Tridente, celebraban la llegada del ejército nazi en las calles, judíos y polacos se encerraban en sus casas. Aunque la mayor parte de quienes vitorearon a los soviéticos que llegaron a Berezhan en 1939 eran judíos, y muchos de ellos llegaron a situarse en puestos de autoridad entre 1939 y 1941, sólo un pequeño número de miembros de la comunidad judía de Berezhan acompañó a las fuerzas soviéticas durante su apresurada y desordenada retirada, fuertemente acosadas no sólo por las tropas alemanas, sino también por sus aliados ucranianos.
Ese mismo día 4, tras la llegada del ejército alemán, miles de militantes ucranianos, principalmente de pueblos cercanos, irrumpieron en la prisión de Berezhan, donde supuestamente se encontraron en el sótano con los cuerpos mutilados de nacionalistas que habían sido arrestados por el Comisariado Popular de Asuntos Internos (NKVD); otros cadáveres flotaban en el río local. Las fuentes hablan de unos 150 los nacionalistas apresuradamente asesinados, muchos de ellos sin enterramiento, por parte del NKVD durante la organización de la retirada.
La población judía, a la que los ucranianos acusaban de colaboración con los soviéticos, iba a pagar las consecuencias ese mismo día, tal y como relata un testimonio recogido por Redlich: “En cierto momento vi a dos policías ucranianos, con brazaletes azules y amarillos, escoltando a un pequeño judío con una escoba en la mano al interior del edificio. Unos minutos más tarde, el judío, golpeado y sangrando, apareció en una ventana del segundo piso. Un ucraniano que estaba a su lado gritó: «Acabamos de atrapar a un judío que asesinó a nuestros hermanos». De repente, se escuchó un disparo de pistola entre la multitud y el judío cayó por la ventana. Por todas partes se oyeron fuertes gritos de «Muerte a los judíos». La mayoría de los judíos que murieron en Berezhan ese día fueron asesinados con palos de escoba con clavos. Multitudes de ucranianos, vestidos con sus trajes nacionales, marcharon por las calles gritando ‘Muerte a judíos, polacos y comunistas’”. Según Redlich, además, “Decenas de judíos se vieron obligados a cavar tumbas y enterrar a los muertos en el cementerio cristiano de Brzezany. Posteriormente, estos judíos fueron masacrados en el acto por una turba ucraniana enfurecida. Algunos fueron asesinados con sus propias palas”.
El domingo 6, una nueva concentración masiva de nacionalistas ucranianos, incluidos grupos armados de la OUN, tuvo lugar en Berezhan. “Líderes de la comunidad ucraniana y funcionarios del ejército alemán en la localidad montaron una plataforma festiva, adornada con pancartas alemanas y ucranianas. El Padre Baczynski pronunció un sermón” y se leyó un telegrama en el que “la población de Berezhany y de la región entera, liberada del horror bolchevique en el curso de la invencible marcha del ejército alemán, extiende sus saludos y agradecimientos al Führer del poderoso estado alemán y al Comandante Supremo del más glorioso ejército en el mundo”.
Según Ridlich, ese día, como resultado de los supuestos asesinatos del NKVD, las emociones del acto ucraniano y la actitud permisiva de los militares alemanes, entre cuya labor estaba promover la violencia contra la población judía, se llevó a cabo un nuevo pogromo por toda la ciudad: “Una multitud ucraniana se movió con salvajismo por el barrio judío y se esparció por toda la ciudad en busca de judíos. Había gente muerta y herida. Se incautaron y saquearon propiedades”.
El Gymnasium o Instituto. Antigua escuela secundaria polaca y posteriormente edificio administrativo de la administración del distrito alemán en Brzezany. Foto: Archivo Estatal de Schleswig-Holstein, Departamento 352.3. No 17. Arne Bewersdorf
Algunos ucranianos, en especial los miembros de la inteligentsia local, prometieron calmar a la multitud. Pero, tras ese primer momento marcado por los asesinatos de presos nacionalistas durante la apresurada retirada soviética de junio de 1941 y las revanchas impulsadas por los ucranianos, no llegó ni la calma ni la razón a Berezhan, sino la nueva administración nazi, apoyada por colaboracionistas locales.
La administración civil alemana, liderada por Hans-Adolf Asbach, miembro del partido nazi, se fue conformando a principios del otoño de 1941 en el edificio del antiguo Instituto polaco de la localidad, el Gymnasium, el edificio sin duda más emblemático para todos los protagonistas de esta historia. Asbach contaba con unos 20 alemanes, tanto Reichsdeutsche como algunos Volksdeutsche (alemanes étnicos locales), y alrededor de 30 a 40 empleados polacos y ucranianos situados en puestos de menor rango.
Entre las unidades de policía estacionadas en Berezhan, la más numerosa era la Policía Especial alemana, el Sonderdienst, con un grupo de alrededor de 30 hombres, la mayoría Volksdeutsche , subordinados a Asbach. La Gendarmería alemana estaba compuesta por nueve hombres bajo el mando de varios oficiales y a ella se sumaba otra sección local de la Policía Criminal (Kripo). Además de las unidades alemanas, Asbach contaba con la Policía Auxiliar Ucraniana local (Ukrainische Hilfspolizei). Estaba encabezada por un oficial ucraniano y se componía de unas pocas docenas de hombres, supervisados por la Gendarmería alemana. En el ámbito militar, en Berezhan se encontraba además la Ortskommandantur, el mando militar local.
En el nuevo Berezhan, los ucranianos se encontraron con “un estatus preferente … La Administración Local de la ciudad estaba ahora dirigida por un ucraniano, Volodymyr Pryshliak. Un ucraniano fue nombrado jefe del juzgado local; el médico regional también era ucraniano, el Dr. Lavrovskii. La mayor parte de las oficinales locales principales, que habían sido ocupadas por polacas en los años de entreguerras, estaban ahora ocupados por ucranianos”. El sistema mixto y multinacional de educación universal que habían implantado los soviéticos en sustitución del elitista modelo polaco, que dejaba a gran parte de la población sin escolarizar, se convirtió en una institución exclusivamente ucraniana. El periódico local ucraniano Berezhanski Visti empezó a publicarse a finales de julio, convirtiéndose según Ridlich “en portavoz de la propaganda nazi” y transmisión de los anuncios de la administración alemana. “Artículos antisemitas se publicaban ahí de cuando en cuando”.
El proceso que lleva al Judenrein, a la liquidación prácticamente total de la comunidad judía de Berezhan, se inicia a primeros de octubre de 1941, mes de la primera Aktion alemana en la ciudad, orientada contra la inteligentsia judía local. “Todos los varones judíos locales tenían que presentarse en la plaza del mercado. Alrededor de 600 judíos, en su mayoría profesionales y comerciantes, fueron seleccionados y encerrados en la prisión de Berezhan. Asbach prometió ayudar a liberar a algunos de ellos a cambio de 3 kilos de oro, lo que obtuvo del Judenrat. Nadie fue liberado. Fueron cargados en camiones al día siguiente y conducidos en dirección al pueblo de Rai, donde todos fueron asesinados por un contingente de hombres de la Sipo (Sicherheit Polizei, Policía de Seguridad) de Ternopil. Sus cuerpos fueron enterrados en una cantera cercana”. El Sipo de Ternopil estaba liderado por el SS-Sturmbannführer Hermann Müller, quien se apoyaba en su “especialista en asuntos judíos”, Willi Herrmann, responsable de la Sicherheitdienst, el servicio de seguridad de las SS, en Ternopil.
La siguiente acción a gran escala en Berezhan tuvo lugar poco después, a mediados de diciembre de 1941: “Alrededor de 1.000 judíos, fundamentalmente los ancianos, las mujeres y los niños fueron rodeados por las policías judía y ucraniana y la Sonderdienst de Asbach”. “Fueron llevados a pie y en carros tirados por caballos en dirección a Podhajce. Un destacamento del Sipo, dirigido por Hermann Müller, los esperaba en el bosque de Litiatyn, a medio camino entre Berezhan y Podhajce. Todos fueron fusilados en el lugar y enterrados allí”.
En paralelo, algunos judíos de Berezhan eran deportados periódicamente a campos de trabajo cercanos. “Las redadas para los campos de trabajo eran desarrollados habitualmente por la policía ucraniana y judía. Muy pocos, retornaron”. En los proyectos de Asbach de germanizar Berezhan se emplearon a otros cientos de judíos que se vieron obligados a derribar edificios y preparar espacios abiertos para futuras construcciones, luego nunca realizadas”. Según Bewersdorf, entre 250 y 400 judíos fueron acomodados a tales efectos en un campo de trabajos forzados.
En 1942 se empezaron a sentar las bases del futuro gueto de Berezhan. El 15 de enero de ese año, un anuncio en el Berezhans’ki Visti advertía que: “Los judíos que abandonen el barrio designado sin permiso, así como aquellos que les proporcionen refugio, están sujetos a ejecución”. El establecimiento definitivo del gueto en el centro de la ciudad se hizo realidad en el otoño de ese año. No sólo incluyó a la población local sino a población judía trasladada desde pueblos circundantes. Según Bewersdorf, el gueto se habría cerrado por completo a finales de 1942.
Señal de prohibición delante de las entradas a la zona residencial judía de Berezhan: “Zona de habitación judía. Entrada prohibida”. Foto: Archivo Estatal de Schleswig-Holstein, Departamento 352.3. N° 17683. Arne Bewersdorf
Distintas partes del estudio de Bewersdorf mencionan que la vigilancia del gueto estaba a cargo del servicio de seguridad judío (adscrito al Judenrat) y de la policía ucraniana. Insiste en que la población judía alojada allí tuvo que vivir en las peores condiciones: el hambre, la enfermedad y la muerte formaban parte de su vida cotidiana. “En cada casa vivían hacinadas entre 150 y 200 personas. Según el “Informe Katzmann”, las condiciones en las zonas residenciales del distrito eran tan catastróficas que los involucrados en la solución final no se atrevieron a entrar en ellas”.
Según Redlich, la primera deportación masiva de Berezhan al campo de exterminio de Belzec se produjo entre el 21 y el 22 de septiembre de 1942 a cargo, de nuevo, de la Sipo de Ternopil, “con la asistencia de la milicia local ucraniana”. “Más de 1.000 judíos fueron cargados en vagones de carga en la estación de tren de Berezhan”. Mientras la escena era observada por polacos, ucranianos y Volksdeutsche , “cerca de 2.000 judíos fueron cargados en unos cincuenta vagones de carga en la estación de ferrocarril de Berezhan y transportados hacia el oeste”. Sólo algunos consiguieron volver a la ciudad tras saltar de los vagones y obviar a la escolta alemana y ucraniana.
Siguieron otras deportaciones de miembros de la comunidad judía de la localidad hacia Belzec: alrededor de 1.000 personas el 31 de octubre de 1942 y otras 1.500 el 4 de diciembre de 1942.
A finales de marzo y principios de abril de 1943 se organizó una nueva Aktion, o redada, contra la población judía. Duró tres días. Aunque algunos de los detenidos fueron deportados a campos de trabajo cercanos, otras personas fueron fusiladas en el antiguo cementerio judío de la colina Okopisko, en dirección al pueblo de Rai. Por entonces, ya menos de 2.000 judíos quedaban en el gueto.
La liquidación final del gueto de Berezhan se produjo el sábado 12 de junio de 1943, dirigida y supervisada por el SS-Scharführer Willi Herrmann. “Los últimos judíos del gueto de Berezhan, incluido el grupo «W» de unos 300 hombres judíos, supuestamente necesarios como trabajadores para la Wehrmacht, fueron conducidos al cementerio judío de Okopisko. Ese día, unos 1.400 judíos fueron fusilados uno por uno y enterrados en fosas comunes”. Redlich señala que los disparos los realizaron el SIPO, la SD de Ternopil y policías alemanes locales. Según un testigo, el cerro de Okopisko “estaba cubierto de cadáveres porque algunos de los más jóvenes, al darse cuenta de lo que estaba pasando, saltaron el muro e intentaron correr cuesta abajo. Los alemanes les dispararon con ametralladoras”. Algunas calles de la ciudad también estaban llenas de cadáveres. Sólo un miembro del grupo W consiguió escapar y sobrevivir.
La policía auxiliar ucraniana estuvo presente en todas las acciones señaladas, también en las acciones de exterminio final. Según el máximo victimario en todas estas acciones, Willi Hermann: “Viajamos en camión a Berezhany y allí nos reunimos con la milicia ucraniana y la gendarmería alemana. Luego, todos los judíos restantes fueron llevados del gueto al cementerio [Okopisko]. No se les permitió llevar ningún equipaje. Ya estaba todo preparado en el cementerio. Las fosas habían sido cavadas por los Baudienst. Tenían unos dos metros de profundidad, cuatro metros de ancho y tres metros de largo. Los judíos tuvieron que desvestirse, pero algunos se quedaron en ropa interior. No sé cómo se llevó a cabo la ejecución. Nos fuimos después de la redada. La ropa de los muertos fue recogida por el Volksdeutsche Mittelstelle [la oficina de apropiación de bienes judíos para su distribución entre los alemanes étnicos locales]”.
El único superviviente de Okopisko también afirma que su grupo fue llevado por policías alemanes y ucranianos. “No muy lejos, detrás de los alemanes armados, se reunían pequeños grupos de locales, polacos y ucranianos, que no querían perderse nuestra “procesión”. Otros testigos hacen también referencia a la presencia de la policía ucraniana junto a las unidades policiales alemanas.
Berezhan quedó así oficialmente “limpiada” de una población judía que, considerando a los distintos grupos (refugiados de Polonia y deportados al gueto), había llegado a acercarse a las 10.000 personas. Los miembros de la comunidad de Berezhan que consiguieron evitar la redada “se escondieron con familias no judías, principalmente polacas. Algunos fueron escondidos por familias mixtas polaco-ucranianas, y muy pocos, por ucranianos”. Según Arne Bewersdorf, se trató de alrededor de 70 personas de toda la zona, y de entre 30 o 40 de las más de 3.500 personas judías del propio Berezhan.
Después de la última redada, según Redlich, se colocaron carteles en la entrada de la ciudad: «Este lugar está libre de judíos [Judenfrei]».
La División Galizia en Berezhan
Antes de la última acción de exterminio de la población judía de Berezhan en junio, en nombre del Comité Central Ucraniano en el territorio del Gobierno General,Volodymyr Kubiiovych, que tras la guerra emigraría a Canadá, ya había acordado con Otto Wächter la creación de la División Galizia. El proceso de reclutamiento se inicia en mayo de 1943. El 4 de ese mes Kubiiovych se dirige ya a la población ucraniana de Galizia para que se incorpore a la nueva unidad para, junto a los alemanes, hacer frente al avance soviético.
La formación de la División Galizia fue apoyada con entusiasmo por los líderes locales de la comunidad ucraniana de Berezhan. Los ucranianos de Berezhan celebraron el anuncio oficial de la creación de la División con una manifestación de apoyo. La ciudad estaba decorada con banderas alemanas y ucranianas y los asistentes marcharon en frente de funcionarios y oficiales alemanes y ucranianos. Otro acto de apoyo tuvo lugar unas pocas semanas después. Según Redlich, el principal líder civil, Babiak, y el Padre Baczynski, jefe de la iglesia ucraniana local, “estuvieron muy activos en la campaña de movilización. Casi 3.000 ucranianos se inscribieron desde la región de Berezhan”.
Lev Stetkevych, unos de los 30 jóvenes de Berezhan aceptados por la División, señala respecto a los actos de apoyo a la División Galizien que “la ciudad de Berezhan acompañó a sus voluntarios con música, flores y besos de las chicas”. Yaroslav Hunka sería otro de los jóvenes elegidos en la zona.
Diciembre de 1943. Tras la finalización de la formación en Múnich, un grupo de soldados retorna a la División Galizia. Yaroslav Hunka es el segundo desde la izquierda.
Todos los hechos relacionados con la liquidación de la población judía de Berezhan se desarrollaron antes o en paralelo a la propia incorporación como voluntario de Yaroslav Hunka a la División Galizia en 1943. Sin embargo, se trata de hechos por completo ausentes de las memorias de Hunka. En ellas Hunka se muestra como un hombre de fe con suficiente fuerza moral para hablar de la decadencia espiritual de la persona “soviética” con la que se topó al volver a la Ucrania posterior a la independencia, manifestada en su completa indiferencia: “Esta indiferencia se observaba en cada momento de la vida. El hombre se había vuelto indiferente a su entorno, a las necesidades y a las penas del prójimo, a las de su propio vecino«. Una acusación que contrasta terriblemente con su silencio sobre los hechos ocurridos en Berezhan durante los dos años que presenta como los más felices de su vida. Como señalaba un testigo polaco al describir el último acto, en 1943, del exterminio de la población judía de Berezhan o refugiada en ese localidad, Hunka no puede alegar desconocimiento para justificar su propia indiferencia: “todo esto [la marcha judía hacia su fin último] era terriblemente impactante, especialmente en una ciudad tan pequeña, donde casi todos se conocían”.
En realidad, todo indica que lo ocurrido debió servir a Hunka para “racionalizar” y posicionarse conscientemente ante el hecho que unos años ante le intrigaba: ¿por qué huían de una nación occidental tan civilizada como la alemana aquellos treinta y dos “hijos judíos de refugiados de Polonia” que resultaban mayoría en la clase de sexto grado que había abierto la administración soviética? Y con su decisión, Hunka se colocó, de forma inequívoca, en un lado muy concreto de la llamada “civilización”, la del Judenrein, la de que aquellos que habían liquidado, o estaban a punto de hacerlo, a prácticamente toda la población judía de Berezhan y sus alrededores.
La alianza entre el nacionalismo ucraniano que apostó por la División Galizia y la Alemania nazi no se centró solo en la lucha contra el enemigo bolchevique y quienes eran considerados sus aliados en el frente oriental, fundamentalmente la población judía. Rápidamente, la Division Galizien cumplió otros propósitos bien distintos en apoyo de la Alemania nazi. Por una parte, las Waffen SS ucranianas cumplieron un importante papel de represión de la insurgencia o resistencia antinazi (tanto polaca como soviética), primero en el área de la frontera polaco-rusa en torno a Brody y Zamosc, y luego en el centro de Europa, tanto en Eslovaquia como en la frontera norte de Eslovenia. Por otra parte, cuando ya todo estaba perdido para la Alemania de Hitler, antes de rendirse cerca de Spittal ante las tropas británicas, la División Galizien se convirtió en el principal baluarte de la defensa hitleriana frente al avance de las fuerzas soviéticas en el sur de Austria, en la zona de Feldbach-Bad Gleichenberg.
Con posterioridad, en su militancia política anticomunista y antirrusa (antimoscovita, dirían hoy los interesados), los soldados licenciados que habían colaborado con la Alemania nazi seguirían, en muchos casos, participando en el apoyo a regímenes antidemocráticos. Ese fue el caso, en particular, de aquellos ucranianos de la Halychyna que colaboraron en España con un régimen de Franco que les acogió a través del sector más comprometido con la iglesia de Roma. Entre ellos se encontraba el Coronel de la División Galizien, Teodor Barabash, una de las referencias de Hunka en el campo británico de Rimini donde los británicos concentraron a los restos ucranianos del ejército nazi.
En uno de los documentos publicados en su blog, Hunka hace mención a Barabash. Según describe, cuarenta miembros de la División Galizien, reconvertida en el fantasmal Ejército Nacional Ucraniano, tuvieron la oportunidad de trabajar en el campo de tránsito británico de Rimini, “Gotting Grill”, encargado de organizar la repatriación de las tropas británicas desde el Norte de África y el sur de Italia hacia Inglaterra. El campo incluía seis barracones para los encargados de servir a los británicos. A Hunka, le correspondió ayudar en la selección de estas unidades de servicio dentro del regimiento de artillería de Barabash, entonces ayudante del comandante del campo de prisioneros ucranianos de Rimini y uno de los principales mandos de aquel regimiento.
Hunka cuenta que, en agosto de 1946, un pequeño grupo de divisionistas, con documentos civiles emitidos por el Vaticano, abandonaron Rimini. Formaban parte de un pequeño grupo de “estudiantes” a quienes el obispo Iván Buchko había conseguido plazas en universidades de España y Francia. Barabash sería parte del grupo de 18 personas que llegó a Barcelona el 31 diciembre de 1946 con rumbo hacia Madrid. Hunka, por su parte, no saldría de Rimini sino a mediados de mayo de 1947 en dirección a Inglaterra a través de Venecia y Gibraltar.
Siempre situados en una posición de enemigos de la libertad ajena, ya sea durante la Segunda Guerra Mundial contra los perseguidos por Hitler, durante el franquismo o tras el golpe de 2014, la trayectoria ideológica del nacional-fascismo asociado a la OUN, la UPA, la Division Galizia, etc. ha sido plenamente coherente. Bajo el principio de Slava Ukraina, una versión propia del Deutschland Über Alles del nacionalsocialismo alemán, que sitúa en un plano secundario cualquier otro valor político, esa coherencia también lo es en términos de aceptación de cualquier alianza que permita la consecución del objetivo final: la independencia y soberanía de una Ucrania sin enemigos externos ni internos.
La cuestión esencial que plantea el caso Yaroslav Hunka y el de todos quienes han compartido con él la experiencia de la División Galizia poco tiene que ver con las complejidades de una vida en pleno conflicto contra fuerzas capaces de poder aplastar a una pequeña nación oprimida. La deshonra que siempre los acompañará no tiene tanto que ver con la apuesta puntual por el enrolamiento con las Waffen SS como con la coherencia última de este acto con una trayectoria histórica en la que el principal signo de continuidad ha sido la voluntad de aplastamiento, también en la Ucrania moderna, de la libertad y hasta de la existencia de todos aquellos a los que consideraron y consideran enemigos.
El libro de Redlich incluye el testimonio sobre el gueto de Berezhan de un miembro de la División Galizia, Dmytro Bartkiw, que vivía y estudiaba en sus proximidades. A la pregunta de si observó qué ocurría en él, respondió: “A decir verdad, no me interesaba. ¿Y qué si había judíos en el gueto? Pero se volvió interesante cuando el gueto estaba siendo liquidado y los judíos fueron llevados para ser fusilados en Okopisko”.
Quienes aplaudieron a Yaroslav Hunka en la Cámara de los Comunes de Canadá no pueden alegar en su defensa el desconocimiento de todas estas circunstancias, unas circunstancias que era su obligación conocer. Con su aplauso, quedarán ligados para siempre a la historia de la División Galizien de las SS y a la trágica suerte de la comunidad judía de Berezhan.


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