La semana pasada, el medio opositor ruso The Moscow Times publicó un debatido artículo en el que se trata la diplomacia silenciosa que persiste entre Estados Unidos y Rusia a pesar de la guerra. La existencia de contactos entre Washington y Moscú no es una novedad ni una sorpresa, sino que confirma la voluntad de ambos de no cruzar líneas rojas que pudieran llevar a un choque entre ellos. Los dos países tienen la experiencia reciente de la intervención en Siria, legal en el caso de Rusia al haber sido invitada por el Gobierno internacionalmente reconocido e ilegal la de Estados Unidos, cuya presencia en Siria es contraria al derecho internacional. A pesar de intervenir en defensa de fuerzas que luchan en bandos diferentes, Rusia con el Gobierno y Estados Unidos de mano de las fuerzas kurdas y opositoras moderadas, el contacto entre los dos países ha servido para evitar un enfrentamiento entre sus tropas en algún lugar del frente sirio.
La situación actual es, sin duda, mucho más compleja y comprometida. Como principal aliado, acreedor y proveedor de Ucrania, Estados Unidos se encuentra en una posición privilegiada a la hora de conocer lo que ocurre en el frente y en la retaguardia. El resultado de las negociaciones que se produjeron en febrero y marzo del año pasado muestra la importancia de la postura norteamericana en el desarrollo de los acontecimientos. En el año y medio de guerra contra Rusia, Estados Unidos ha mantenido una postura ambigua, en la que, según las necesidades de cada momento, ha asegurado conocer de antemano los objetivos que iban a ser atacados utilizando el armamento estadounidense y, en otras, defendiendo que Ucrania cuenta con autonomía para seleccionar los blancos y las armas con las que atacarlos. Y pese a que hace tiempo que la idea del ejército ucraniano como fuerza proxy occidental en una guerra común contra Rusia ha dejado de ser únicamente parte del discurso ruso, Estados Unidos ha dejado claro que su voluntad es mantener el conflicto contenido dentro del territorio de Ucrania. De ahí que Ucrania utilizara en sus primeros actos en territorio de la Rusia continental siempre armamento propio y no el enviado por Estados Unidos, que había marcado como línea roja precisamente atacar dentro de las fronteras rusas internacionalmente reconocidas. A lo largo de la guerra, se han cruzado prácticamente todas las líneas rojas marcadas en las primeras semanas y la contención se limita ya únicamente a evitar choques entre Rusia y Estados Unidos y evitar que la guerra desborde el territorio de Ucrania.
El artículo de The Moscow Times incide en una información anterior publicada por la NBC estadounidense, que afirmaba que una delegación de exoficiales del establishment de política exterior de Estados Unidos había visitado recientemente Moscú para tantear la posición rusa en relación con una negociación. El medio opositor ruso se refiere al tipo de diplomacia que está siendo utilizado, un camino intermedio entre la diplomacia oficial entre los dos gobiernos y la extraoficial que puede darse completamente en la sombra. En este caso, se trataría, según las informaciones publicadas, de una opción no necesariamente oficial, pero tampoco absolutamente extraoficial.
Esa diplomacia, que ni siquiera se produce entre los dos gobiernos, fue ampliamente criticada por Ucrania desde el momento en el que la información vio la luz. Al igual que ocurriera en el pasado con las facciones más radicales del nacionalismo ucraniano, que calificaban la continuación del proceso de Minsk como una capitulación inaceptable, ahora la postura oficial del Gobierno es ver traición a su causa en cualquier contacto con Rusia. Es más, algunos de los más prolíficos asesores ucranianos, como Mijailo Podolyak, no dejan de exigir a sus socios occidentales que trabajen por un cambio de régimen en Rusia. Para ello es útil cualquier situación nacional o internacional. Ayer mismo, Podolyak calificaba de “supuesto «golpe de estado»” lo que ocurre actualmente en Níger, donde ve el poder en la sombra de Vladimir Putin, un argumento más para rechazar cualquier negociación.
La diplomacia a la que se refiere The Moscow Times se refiere a una serie de contactos regulares y no a una reunión esporádica con antiguos miembros del establishment ya retirados como parecía apuntar NBC. Una de las fuentes anónimas mencionadas por el medio afirma haber visitado Moscú al menos una vez cada tres meses. Los encuentros, siempre según lo publicado en las últimas filtraciones, se producen periódicamente, al menos dos veces al mes. A ello hay que añadir la conocida comunicación entre Burns y Narishkin, jefes de la inteligencia de ambos países. Esos dos canales de comunicación responden a dos necesidades diferentes: la diplomacia oficial busca controlar el nivel de riesgo de enfrentamiento entre los dos países, mientras que la silenciosa busca objetivos políticos.
Como es habitual, la publicación de este tipo de informaciones ha llamado la atención de los más optimistas, que han querido ver la posibilidad de una negociación entre los dos países. Como es también la norma, los más alarmistas expertos o seguidores proucranianos han percibido la posibilidad de que Ucrania sea abandonada por su socio más importante, Estados Unidos. Esa argumentación procede de la parte del artículo en la que una de las fuentes mencionadas se refiere al intento de tantear la postura rusa en relación con una posible negociación política o incluso una resolución al conflicto.
Teniendo en cuenta las declaraciones citadas por The Moscow Times, esos representantes enviados a Moscú forman parte del sector del establishment estadounidense que busca utilizar a Rusia contra el enemigo real de Washington, China. El argumento se planteó ya antes del inicio de la intervención rusa, cuando este sector proponía reducir el nivel de sanciones contra Moscú para atraer a Rusia hacia las posiciones occidentales como elemento para aislar a China. En aquel momento, esa postura estaba vinculada al ala de la derecha del establishment estadounidense y era explícita en amplios sectores del Partido Republicano, especialmente los sectores más cercanos a Donald Trump.
“De hecho, insistimos en que Estados Unidos necesita, y seguirá necesitando, una Rusia lo suficientemente fuerte para crear estabilidad en su periferia. Estados Unidos quiere una Rusia con autonomía estratégica para que Estados Unidos pueda avanzar en sus oportunidades en Asia Central”, afirma el artículo. No es difícil entender en esta mención el objetivo real de Washington: utilizar a Rusia para contrarrestar a la potencia creciente en la zona, China. “Sobre la cuestión de la creciente relación de Rusia con China, el oficial admitió que la ruptura completa de relaciones entre Moscú y Beijing es poco realista. Sin embargo, debe hacerse el esfuerzo para limitar el nivel de relaciones”, añade la fuente. En un contexto de crecientes sanciones y presión económica contra ambos países, el escenario de presionar a Rusia para alejarse de China era escasamente realista antes del 24 de febrero de 2022 y lo es aún más ahora, por lo que el trabajo de esta delegación no oficial es más que cuestionable en este sentido.
Más clara parece la segunda tarea que menciona una de las fuentes de The Moscow Times: conocer cuál es la postura rusa y, sobre todo cuáles son sus objetivos en Ucrania. El medio cita a sus fuentes presentando la falta de voluntad de Estados Unidos para negociar una arquitectura de seguridad a nivel europeo como un error, el fracaso de no haber anticipado la necesidad de tomarse en serio las preocupaciones rusas. Con ese argumento, e incluso añadiendo planteamientos aún más favorables a los intereses de Moscú, esta misión de diplomacia supuestamente semioficial parece buscar realmente un objetivo de inteligencia: conocer cuáles son los objetivos reales, las intenciones y los medios que está dispuesta a utilizar Rusia para lograrlos. Para ello, la delegación parece no haber dudado en incluir una propuesta absolutamente increíble en las condiciones actuales: apoyar a Rusia en la celebración de referendos para legalizar la situación en los territorios ucranianos anexionados por Moscú durante la guerra. La propuesta no solo es contraria a los intereses de Ucrania y a la actuación de Estados Unidos en su suministro de armas para lograr recuperar ese territorio por la fuerza, sino también a la actuación de Washington desde que se produjera el referéndum de Crimea. Teniendo en cuenta esas contradicciones, no es de extrañar que la proposición obtuviera la negativa de Rusia, que según se lamenta la fuente del artículo, tampoco trasladó cuáles son sus objetivos en Ucrania. No es difícil ver el matiz de inteligencia en la misión de esta delegación, con la que seguramente sería poco recomendable compartir ninguna información.
La falta de voluntad de Vladimir Putin a seguir el juego que plantea Estados Unidos lleva al artículo y a su fuente al final inevitable: si el actual presidente ruso no está dispuesto a aceptar los términos y participar en una farsa en la que se plantea a Rusia unas propuestas flagrantemente falsas, será necesario comenzar a trabajar en las figuras contrarias a la guerra entre la élite rusa “y comenzar a progresar con ellos”. Citando a su fuente, The Moscow Times concluye, explicando que “si hay apoyo entre la élite para otro líder, afirmó, «derrocar a Putin no sería imposible»”. Tener acceso a los círculos cercanos al Kremlin parece ser el objetivo real de esta diplomacia silenciosa, que ni es diplomacia, ni es silenciosa.
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